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La paradoja del capitalismo

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
21/12/2022
Tiempo de lectura 12 minutos.
La paradoja del capitalismo

Tabla de contenidos

Entre los muchos inventos ingeniosos en la historia humana, el capitalismo nos ha permitido conseguir niveles insuperables de prosperidad. Gracias al capitalismo hemos liberado a más personas de la pobreza en los últimos dos siglos que bajo cualquier otro sistema económico, a lo largo de toda la historia humana. (La paradoja del capitalismo)

A pesar de su éxito, el capitalismo tiene muchos críticos. Algunos de ellos son conservadores que culpan al capitalismo por el “tremendo sufrimiento existencial y la sensación de falta de sentido” en nuestro tiempo. Sin embargo, el capitalismo es un sistema económico y nunca ha aspirado a ser más, no ha sido una ideología ni una ética vital. El capitalismo no es ni hostil a Dios, ni es nihilista. Una sociedad capitalista es simplemente una sociedad donde las virtudes económicas del hombre, incluyendo el ingenio y el trabajo duro, reciben los incentivos adecuados para florecer.

Eso no obsta para ser críticos con el capitalismo que, de hecho, viene con un fallo inherente. Este defecto, una paradoja, se centra en torno a dos conceptos: beneficio e incertidumbre. En la tensión entre ellos, encontramos tanto las semillas del éxito capitalista como el germen de su autodestrucción.

La paradoja del capitalismo

La paradoja del capitalismo

La búsqueda de ganancias: Beneficio vs incertidumbre.

El capitalismo no es ni más ni menos que un sistema económico que maximiza las oportunidades para que empresarios, inversionistas y ciudadanos individuales busquen ganancias. Sin embargo, precisamente porque el deseo de ganar más dinero y generar prosperidad es el alma del capitalismo, el sistema beneficia a todos, no solo a los que finalmente consiguen ser ricos. De igual manera. el comercio entre países beneficia tanto a los países ricos como a los que están en vías de desarrollo.

Normalmente pensamos en la búsqueda de ganancias en términos comerciales, donde la ganancia es el excedente que un empresario ha dejado en el banco al final del día, o como el rendimiento positivo de una inversión. Sin embargo, tendemos a olvidar que las personas que no son propietarias de un negocio pero se ganan la vida a través del empleo también persiguen una ganancia. Los mismos principios que explican el comportamiento empresarial bajo el capitalismo también pueden aplicarse a los trabajadores individuales. Donde el empresario busca aumentar la solidez de su negocio, el empleado quiere buscar el mayor rendimiento posible de sus habilidades profesionales y la experiencia que obtiene.

Los empresarios invierten capital físico y financiero en su búsqueda de ganancias. Los trabajadores adquieren nuevas habilidades, asumen más responsabilidades y buscan oportunidades mejor remuneradas, todo como medio para mejorar su capital humano. Una educación con un título universitario reconocido, un certificado profesional, incluso una experiencia documentada, son todos ejemplos del capital humano que empleamos en nuestra participación laboral diaria. Esperamos que la mejora del capital humano rinda frutos de manera similar a cómo un mejor espíritu empresarial y unas inversiones más cualificadas producen mayores beneficios y rendimientos para los empresarios e inversores.

Hasta ahora todo va bien. Los problemas para el capitalismo surgen cuando la búsqueda de ganancias se vuelve bifocal: el capitalista no solo quiere más dinero, sino también dinero más predecible y seguro

Es aquí, en la búsqueda de un futuro más previsible, menos arriesgado que el capitalista da los primeros pasos que lo encaminan a la perdición del capitalismo: Cuanto más intenta prosperar, cuanto más crece, mayores son los peligros a los que se enfrenta así que se busca minimizar el riesgo y es aquí cuando pueden surgir los problemas.

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Luchando contra la incertidumbre

Por naturaleza, el futuro es impredecible hasta que lo manejamos de otra manera. Hay una larga y rica literatura, sobre todo en economía política, sobre cómo manejamos la incertidumbre en la toma de decisiones económicas

El punto clave es que queremos que el futuro sea menos incierto y los empresarios racionalmente quieren encontrar formas de aumentar su confianza en las ganancias futuras. 

Una forma común de hacerlo es llevar el producto a un nivel de calidad y asequibilidad en los precios con los que pueda dominar el mercado. Esta es sólo una de ellas pero se han ideado muchas maneras para terminar dominando el mercado.

Así Henry Ford perfeccionó la línea de montaje, aumentando la productividad y reduciendo los costos de producción hasta el punto en que su Ford Modelo T dominó el mercado automovilístico estadounidense. Ingvar Kamprad tuvo un enorme éxito con su concepto de muebles de autoensamblaje. Sam Walton, el fundador de Walmart, hizo algo similar en la industria de servicios minoristas.

Cuanto más domina el mercado un empresario, más confianza puede tener en sus ingresos y ganancias. El sueño del empresario en este sentido es dominar del todo el mercado, llegar a ser el más grande productor o llegar a una posición de monopolio con lo que minimiza su incertidumbre y su riesgo.

Microsoft había llegado a vender alrededor del 90% de todos los sistemas operativos para ordenadores personales en el mundo.

Sin embargo, cuando la batalla del capitalista para reducir la incertidumbre llega a este punto, efectivamente ahoga el motor del capitalismo mismo.

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La autodestrucción capitalista

Para el empresario individual, sus esfuerzos por maximizar sus ganancias y asegurar su previsibilidad a largo plazo es poner a trabajar la esencia misma del capitalismo. El capitalismo alcanza su epítome cuando lo hacen sus ganancias.

Para hacerlo convirtiéndose en el vendedor dominante, el empresario querrá eliminar a su competencia tanto como sea posible. La razón es simple: si, y sólo si, se convierte en el monopolista indiscutible – o en el dominante-, es decir, en el único o el más grande vendedor de su producto, puede estar bastante seguro de sus beneficios futuros.

Para el capitalismo como sistema económico, cada monopolista que aparece le acerca un paso más a su desaparición. El monopolio del empresario individual significa que ya no está expuesto a las fuerzas del mercado que, en primer lugar, sacaron a relucir su excelencia, a luchar por la calidad de su producto, a buenos precios y lo alentaron a luchar por más ganancias.

Un empresario sin competencia ya no se preocupa por los medios que le trajeron las ganancias. Hacer más con menos, el credo del éxito en el emprendimiento, ya no es una prioridad. Habiendo asegurado sus ganancias por medio de la dominación completa del mercado, el empresario se vuelve complaciente. Los productos que le llevaron a conseguir su fortuna ya no evolucionan. El estancamiento reemplaza al crecimiento.

En este punto, el emprendedor se enfoca más en eliminar las amenazas a su posición que en la búsqueda de la excelencia empresarial. 

Una de las formas modernas de hacer esto es usar al gobierno como palanca contra la competencia aspirante: los poderosos capitalistas usan canales de cabildeo (grupos de poder) para proteger sus logros mediante baluartes legislativos y regulatorios de los gobiernos que los favorezcan. 

Otra forma de proteger un monopolio es asegurar el control de las industrias de apoyo: una compañía petrolera compra todas las refinerías y los ferrocarriles que transportan el petróleo. Es decir, un monopolio vertical que copa todas la fases desde la extracción hasta el cliente final. La empresa De Beers montó su cuasimonopolio de diamantes de esa manera. Podemos ver en un futuro cercano como un fabricante de baterías para vehículos eléctricos o un fabricante de vehículos eléctricos compran las minas que producen minerales críticos de tierras raras.

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Una estrategia popular entre las empresas japonesas, también utilizada por la familia capitalista sueca Wallenberg, es ser dueño de su propio banco. Esto le brinda músculo financieros incomparables para defenderse de la competencia. Todo esto es un comportamiento racional desde el punto de vista del empresario individual. Cuanto más hace para afianzar su monopolio, menos necesita preocuparse por mejorar constantemente su negocio y su producción. 

Pero desde el otro lado del baluarte, las cosas se ven diferentes y cada vez más preocupantes. Cuantos más mercados e industrias se conviertan en monopolios protegidos, menos innovadora será la economía en su conjunto y menos competencia lo cual minorará la calidad de los productos y elevará los precios.

Con menos innovación viene un crecimiento económico más lento. Se instala el estancamiento, y no solo en la innovación de productos. El estancamiento se extiende a la compensación de los trabajadores, al gasto del consumidor y, finalmente, a la caída de la demanda de los productos con los que el empresario monopolista había prosperado.

La destreza y el apogeo industrial da paso a la impericia y a la pobreza industrial. El capitalismo se autodestruye lentamente desde adentro. A pesar de las leyes antimonopolio vigentes la realidad es que es bastante habitual la existencia de empresas monopolísticas en nuestros mercados u oligopolísticas que se los reparten. 

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El metacapitalismo tecnocolectivista busca el riesgo cero y la perpetuación de las élites

El siguiente nivel de reducción de incertidumbre, que va camino de destruir la bonhomía y los dones del capitalismo, adquiere dimensiones brutales. Lo que acabo de describir es hasta suave comparado con los planes para desligarse de los riesgos del mercado y perpetuarse en el oligopolio que está implementando el “metacapitalismo tecnocolectivista”.

El filósofo Olavo de Carvalho explicó este fenómeno y lo denominó “metacapitalismo”. Según de Carvalho, las estructuras de poder ligadas al origen del capitalismo (liberalismo burgués) son efímeras, ya que tras poco más de “un siglo de libertad económica y política que les ha bastado para hacer que algunos grandes capitalistas inmensamente ricos, que ya no quieren estar sometidos a los vaivenes del mercado que los enriqueció”.

Una élite neoaristrocrática, poderosa y mesiánica. Una nueva fuerza política gobernante con pretensiones dinásticas, omnipotente y cuasi invulnerable porque tiene todos los medios de poder en su mano.

¿Que han decidido hacer estas élites? Controlar el mercado para librarse de las fluctuaciones y las luchas que en todo mercado libre se originan y que, así, no puedan afectar negativamente a sus fortunas.

Y los instrumentos para esto son tres: el dominio del Estado, para implementar las políticas estatistas necesarias para la perpetuación del oligopolio y librarse de los riesgos del mercado; incentivar a los movimientos socialistas y comunistas que invariablemente favorecen el crecimiento del poder estatal hasta niveles dictatoriales; y un ejército de “intelectuales” o periodistas bien pagados destinados a preparar a la opinión pública para renunciar a las libertades burguesas y entrar felizmente en un mundo de represión ubicua y obsesiva (que se extiende hasta los últimos rincones de la vida privada y hasta el lenguaje cotidiano).

Este nuevo mundo es presentado como un paraíso engalanado con la abundancia del capitalismo y la “justicia social” del comunismo a la vez.

Evidentemente esto supone el control absoluto de los medios de comunicación, establecer la tecnocensura en las redes sociales e internet y un enorme entramado de corrupción pública y privada para la compra de voluntades o clientelismo.

En este nuevo mundo, la libertad económica esencial para el funcionamiento del sistema se preserva en la medida estrictamente necesaria para permitirle subsidiar la extinción de la libertad en los ámbitos político, social, moral, educativo, cultural y religioso.

Con esto, los megacapitalistas cambian la base misma de su poder. Ya no dependen de la riqueza como tal, sino del control del proceso sociopolítico. Control que, liberándolos de la exposición aventurera a las fluctuaciones del mercado, los convierte en una potencia dinástica duradera, una neoaristocracia capaz de atravesar ilesa las variaciones de la fortuna y la sucesión de generaciones, abrigada en el baluarte del Estado y de los organismos internacionales.

Ya no son megacapitalistas: son metacapitalistas, la clase que trasciende el capitalismo y lo transforma en el único socialismo que existió o existirá: el socialismo de los grandes señores e ingenieros sociales a su servicio.

Un impulsor del metacapitalismo es el Foro Económico Mundial con su idea de un gobierno mundial que además está involucrado en el siguiente nivel de dominación, que está vez va más allá de los mercados, los gobiernos y las personas.

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La falsa misión: Conseguir la sostenibilidad en busca del Carbono Cero para salvar el planeta

Son los mismos metacapitalistas que descubrieron que necesitaban legitimar sus ambiciones mediante un mecanismo de forzoso cumplimiento, lleno de aparente benignidad: La sostenibilidad para salvar al planeta. Para ello era necesario culpabilizar al hombre, no a ellos, al hombre común de la calle. 

Se trata de dar un sentido de misión revestida de ética que justificara cualquier medida totalitaria como una lucha mundial inevitable, dolorosa y llena de renuncias a la libertad por nuestro propio bien. Una estafa tan antigua como la Humanidad. 

El esquema rezuma mesianismo por todos lados y pretende el seguimiento cerril y borreguero de las masas autoculpabilizadas dispuestas a postrarse en actitud servil y en seguir las consignas de los nuevos mandamientos: Los objetivos de la Agenda 2030.

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La idea inicial del desarrollo sostenible fue introducida por la partisana colectivista Gro Brundtland . El desarrollo sostenible propuesto por esta activista es una estrategia de estafa masiva, que ya está totalmente apoyada y ampliamente promovida por las Naciones Unidas. Brundtland, cuando pergeñó la idea, era vicepresidenta de la Internacional Socialista y antes directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo más irónico es que el telón de acero se derrumbó pocos años después de que lanzara su soflama por el desarrollo sostenible, el agonizante comunismo abrió la puerta a la difusión y aceptación de su nuevo plan de acción adaptado a los tiempos (desarrollo sostenible y cambio climático).

Se preguntarán si la globalización y el desarrollo sostenible están ya muy avanzados. Pues sepan que ¡ya está hecha! De los 195 países del orbe, 193 son miembros de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas y participan de una manera u otra en su Agenda 2030. Este es el gran reajuste final de todas las naciones bajo una gobernanza global donde todos los gobiernos del mundo serán desmantelados y dejarán de existir para el año 2025, 2030 o 2035 o… no sé porque cambian las fechas a voluntad. 

Así el desarrollo sostenible se podría definir como una suerte de «comunismo infiltrado» . Fue ideado por comunistas como un medio para «salvar el medio ambiente», pero sólo era una fachada que, junto con el cambio climático, pretende acelerar la agenda global y persuadir a las naciones de que se suban a bordo haciéndose el harakiri. Detrás de los ODS se encuentran las herramientas para infiltrar eficazmente el nuevo comunismo en el corazón de cada nación. El viejo comunismo palidecería en comparación con este nuevo reinado de la dictadura globalista.

Decir que el globalismo para conseguir su hegemonía bebe tanto del comunismo como del capitalismo y de cualquier ideología como la woke, las LGTBi, generismo, etc.. Realmente las fagocita todas en su provecho.

Hoy en día, los objetivos del desarrollo sostenible (ODS) están implantado en todas las entidades gubernamentales, supranacionales, políticas, universidades, corporaciones y empresas. A través de la fachada de la sostenibilidad, toda la tierra, el agua, los minerales, las plantas, los animales, la construcción, la producción, la información, la energía e incluso los seres humanos serán desglosados, “racionados”, dirigidos y controlados. Todo lo que se considere “insostenible” será excluido y eliminado de la sociedad. 

Bajo el nuevo gobierno mundial se declarará insostenible el estilo de vida de la clase media (por eso el nivel de vida de los países está siendo destrozado), la libertad, la propiedad de casas, negocios y vehículos, los aires acondicionados, los electrodomésticos, la agricultura privada, la vida rural, el consumo de carne roja y el declarado excedente de la población mundial (a la que pretenderán disminuir rápidamente según las ideas maltusianas). 

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Los ODS cambiarán todas las áreas de nuestras vidas al trastocar en forma de limitación sostenible aspectos tan variopintos y “esenciales” como nuestra alimentación, la generación y el consumo de energía, la vivienda, el transporte, la educación, la tecnología y la humanidad misma.

Los propios globalistas ya no se recatan y ellos mismos nos informan de que las leyes y los valores de la sociedad occidental actual no existirán bajo el nuevo gobierno global. Esto significa sin género de dudas que el desarrollo sostenible responde específicamente a una ideología comunista.

El capitalismo está siendo infiltrado por los criterios ESG (Environmental, Social and Governance) que son aquellos que siguen las empresas que pueden declararse sostenibles en los aspectos ambientales, sociales y de gobernanza. Siguen el concepto de inversión ética, es decir, sostenible y responsable. El gobierno ambiental, social y corporativo.

Las empresas son evaluadas en función del grado de cumplimiento de los criterios ESG. Así las empresas con mejor `puntuación ESG tendrán mejores oportunidades de recibir inversiones y las empresas peores no recibirán inversiones (Petroleras, gasísticas, etc.):

Los criterios ESG abarcan los siguientes aspectos:
El factor ambiental (E), para tomar decisiones en función de cómo afectan las actividades de las empresas en el medio ambiente. (Prohibidas inversiones en empresas petroleras, las de armamentos y las de tabaco).
El factor social (S), para tener en cuenta la repercusión que tienen en la comunidad las actividades desempeñadas por la compañía. Por ejemplo, en términos de diversidad, derechos humanos o cuidados sanitarios. (Ideología WOKE, Generista y LGTBi a tope)
Y el factor de gobierno (G), que estudia el impacto que tienen los propios accionistas y la administración. Se basa en cuestiones como la estructura de los consejos de administración (que haya mujeres y gente de distintas razas), los derechos de los accionistas o la transparencia, entre otros.

A partir de ese momento, la llamada inversión ESG, que penaliza a las empresas emisoras de CO2 como ExxonMobil, se ha puesto de moda entre los fondos de cobertura y los bancos de Wall Street y los fondos de inversión, incluidos State Street y Vanguard. Tal es el poder de Blackrock.

En particular, Fink, el CEO de BlackRock, fue nombrado miembro de la Junta de Síndicos del Foro Económico Mundial distópico de Klaus Schwab. Que es el nexo corporativo y político de la Agenda 2030 de la ONU Net Zero. En junio de 2019, el Foro Económico Mundial y las Naciones Unidas firmaron un acuerdo estratégico marco de asociación para acelerar la implementación de la Agenda 2030. WEF cuenta con una plataforma de Inteligencia Estratégica que incluye los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

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Conclusión

Para los metacapitalistas el plan está saliendo a la perfección. Para ellos, esta no es más que otra estructura de liberación del riesgo futuro y de perpetuación del oligopolismo elitista a través la Sostenibilidad (La misión) y la Agenda 2030 (El plan lleno de buenas intenciones que nadie puede rechazar). La realidad: Tenéis que hacer lo que las élites digamos para salvar el planeta. El metacapìtalismo convertido en religión y fin en sí mismo, en busca de la dominación mundial.

Si nadie lo remedia el capitalismo ha sucumbido a las elites metacapitalistas y se ha convertido en un corporativismo global. Ha sido como atarle la patas como si fuera un caballo y ponerle un bozal para silenciarlo, culpabilizándole del cambio climático. Al viejo capitalismo lo han transformado en burro y lo han puesto al servicio de la noria de la Sostenibilidad y la Agenda 2030, donde dará vueltas y vueltas hasta que se derrumbe.

(FiN) La paradoja del capitalismo

FiN

La pesadilla distópica del siglo XXI

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