
Viernes Santo | Pasión Muerte y Redención
Viernes Santo | Pasión Muerte y Redención
Tabla de contenidos
Claves médicas y naturaleza excepcional de Cristo
En los cinco misterios dolorosos se contempla la Pasión del Señor:
La Oración de Jesús en el Huerto.
La Flagelación.
La Coronación de Espinas.
Jesús con la Cruz a cuestas.
La Crucifixión.
Al sufrimiento anticipado por el conocimiento de lo que le esperaba, orando en el Huerto, siguieron varios castigos crueles que no se daban conjuntamente en las ejecuciones de la época, confiriendo a la Pasión de Cristo un grado de sufrimiento único en su especie, cuanto menos excepcional.
La flagelación era un castigo cruelísimo. Los judíos lo limitaban a cuarenta azotes menos uno. Para los romanos no había límite. Los flagelos era de cuero con huesos o bolas de hierro en la punta. Las carnes se abrían, el dolor era muy intenso, sangraba todo el cuerpo, solían perder el conocimiento y podían morir.
Entre los romanos la flagelación se imponía como castigo aislado y raras veces como preparación de la crucifixión porque el reo solía morir sólo por los latigazos. Los flagelos llenaban el cuerpo de tumefacciones, rasgaban la piel y podían llegar a dejar al descubierto las entrañas. Se solía respetar la parte del corazón para que el flagelado no muriese, pero, de hecho, no era infrecuente que muriesen en aquel tormento. Si seguían vivos quedan desfigurados, y, a menudo, se desmayaban a causa del dolor de los golpes. El cuerpo de la víctima, podía experimentar un dolor tan grande, que terminaría con una conmoción hipovulémica por la pérdida de sangre.
Después de la flagelación, Cristo sufrió el dolor al portar incrustada en su cabeza la corona de espinas como mofa sobre la supuesta creencia de que se postulaba como «Rey de los Judíos».
Del Palacio de Poncio Pilato al Golgota hay unos mil quinientos pasos. Sabemos que a estas alturas Jesús se hallaba en una situación y/o condición hipovólemica conforme ascendía por la pendiente hacia el Calvario con la cruz a cuestas. El camino de Jesús fue largo, difícil y muy doloroso: descalzo, cubierto de heridas, con un madero bajo los hombros y una corona de espinas, sediento y aturdido, en estado de shock, bajo un fuerte sol de mediodía, rodeado de burlas, injurias y humillaciones que tendría que soportar en su camino. El madero transversal de 30 o 40 Kg fue transportado por Jesús durante esos agónicos 1.500 pasos..
Nuestro Señor se cayó tres veces, posiblemente de cara, con todo el peso del madero en su cabeza: se producen contusiones faciales, traumas en la frente, cara, labios, dolores agudos por contusiones en dientes…
Llegan al Calvario. Jesús está exhausto. Le quitan su túnica. Primero clavarían los dos brazos al madero horizontal Los clavos, ( largas pirámides cuadrangulares de hierro), fueron introducidos entre el radio y los huesos del carpo (muñeca). La herida perióstica era extremadamente dolorosa. Con los brazos estirados, las muñecas eran clavadas al patíbulo.
Los clavos pudieron rozar o atravesar el nervio mediano, lo que produciría intensísimo dolor agudo en ambos brazos, parálisis y contracciones musculares e isquemia (falta de circulación sanguínea adecuada) en muñecas y manos, debilidad de varios ligamentos y posibles desgarros.
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Los pies se sujetaban al madero vertical a través de unos clavos de hierro colocados entre el primero y segundo espacio intermetatarsiano. Es lógico afirmar entonces que el nervio peroneo y los nervios de la planta del pie podrían lesionarse con los clavos, produciendo un agudo dolor referido en ambas extremidades, de modo análogo a las extremidades superiores.
La causa de muerte puede responder a muchos factores, pero el sistema más afectado es el cardiorrespiratorio por las grandes alteraciones que se produjeron:
Los evangelios nos dicen que Jesús clamó con fuerte voz dos veces en la Cruz. «Hacia la hora nona clamó con fuerte voz: «DIOS mío, DIOS mío, ¿por qué me has abandonado?. Este primer grito pudiera ser debido a un primer episodio anginoso, posiblemente trombótico, que pudiera bloquear una arteria coronaria grande.
El hecho de que Jesús gritara por segunda vez en voz alta y luego dejara caer su cabeza y muriera (Jn 19, 30), sugiere la posibilidad de una muerte súbita por infarto masivo, rotura cardíaca o arritmia letal.
De modo resumido, se puede decir que, posiblemente, Jesús murió por asfixia directa de agotamiento muscular, y por asfixia indirecta, secundaria a una insuficiencia cardiaca. Esta insuficiencia pudo provocar un edema pulmonar agudo. El edema explica la salida de agua tras la lanzada del centurión.
=> Análisis medico del dolor y muerte de Cristo
Es evidente que Jesús estaba dotado de una naturaleza humana superior para afrontar su Pasión completa.. Solamente el hecho de sobrevivir a la flagelación, e inmediatamente después hablar a Pilato con la lucidez, y claridad meridianas que nos narran los Evangelios, indican, sin duda alguna, que Jesús era un hombre de una excepcional constitución somática, física, intelectual y espiritual.
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La redención del hombre
Dios ha querido hacer justicia al par que salvar al hombre; Dios por Amor, se hizo hombre, y así ha surgido un ser que ha afrontado desde la igualdad divina el pecado en una existencia humana. Dios ha saldado cuentas con el pecado en un “espíritu”, en un corazón y un cuerpo humanos. He aquí la existencia de Jesús.
Jesucristo quiso someterse por amor, con plena conciencia, entera libertad y corazón sensible a aquella caída del hombre en el abismo de la nada consecuencia de su rebelión contra Dios y que sólo podía llevar a la criatura a la desesperación y al quebranto. El aniquilamiento es tanto mayor cuanto más grande es el ser a quien anonada. Nadie ha muerto como Jesucristo. porqué era la misma vida. |Nadie ha expiado el pecado como Él, porque era la misma pureza. Nadie ha caído tan hondo en la nada – hondura terrible evocada por las palabras: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?” -, porque era el Hijo de Dios (Mt 27, 46). Fue realmente “aniquilado”.
Murió en la flor de la edad. Su obra fue asfixiada en el momento en que iba a florecer. Le arrebataron a sus amigos; su honor fue pisoteado. No tenía nada y ya no era nada más que “un gusano de la tierra y no un hombre”. Descendió, pues, “a los infiernos” en un sentido que de puro profundo es inexpresable; a los infiernos – reino de la nada maligna -. Y descendió a ellos como libertador de las cadenas que atenazaban al hombre en su ser más profundo redimiéndolo, pero sólo después de haber penetrado en el antro sombrío bajo la forma que acabamos de apuntar, terrible e inimaginable para toda mente humana.
En él alcanzó, el Hijo infinitamente amado del Padre eterno, el abismo absoluto, el fondo del mal. Avanzó hasta aquella nada de la que había de surgir la nueva creación, la ‘re-creación’, como la llamaban los antiguos; la re-creación de lo ya existente, que se había deslizado hacia la nada; la transmutación de la existencia en un nuevo ser, en el hombre nuevo, en los cielos nuevos y la tierra nueva. ¡Jesucristo en la cruz! Nadie podrá llegar a comprender jamás este misterio.
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En la medida en que se desarrolla coherente y homogéneamente nuestro cristianismo y vamos aprendiendo a amar a Cristo, empezamos a comprender un poco cómo en la cruz cesan la acción, el trabajo, la lucha y como adviene el sometimiento humano a los designios divinos. Cómo, sin reservas ni esperanza alguna de salvación, todo: el cuerpo, el corazón, el espíritu, es sumergido en un mar ardiente de un sufrimiento universal, devorador; son sometidos a un juicio a causa de las faltas de los hombres hechas suyas redimirlos, juicio que se prolonga sin solución hasta la muerte. En aquel instante alcanzó Cristo aquella profundidad de la que la omnipotencia divina hace surgir la nueva creación.
Desde que el Señor ha muerto todo esto se ha tornado realidad, la realidad que ha transformado todo el mundo. Vivimos gracias a ella en tanto que gozamos de vida verdadera a los ojos de Dios. Si alguien nos preguntara: ¿Qué es seguro? ¿Tan seguro que podamos entregarnos a ello a ciegas? ¿Tan seguro que podamos enraizar en ello todas las cosas? Nuestra respuesta será: El amor de Jesucristo…
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La vida nos enseña que esta realidad suprema no son los hombres, ni aun los mejores, ni los más amados; ni la ciencia, ni la filosofía, ni el arte o las otras manifestaciones del genio humano, ni la naturaleza, tan profundamente falaz, ni el tiempo, ni el destino… No es ni siquiera Dios sencillamente, puesto que nuestro pecado ha provocado su ira. ¿Cómo sabríamos además sin Jesucristo lo que hemos de esperar de Él? Sólo el amor de Jesucristo es seguro. No podemos decir siquiera: el amor de Dios, porque, a fin de cuentas, sólo por medio de Jesucristo sabemos que Dios nos ama. Y aunque lo supiéramos sin Cristo, de poco nos serviría, porque el amor puede ser también inexorable y más duro cuanto más noble. Sólo por Cristo sabemos a ciencia cierta que Dios nos ama y nos perdona.
En verdad, sólo es seguro lo que se manifiesta en la cruz, la actitud que en ella alienta, la fuerza que palpita en aquel corazón. Es muy cierto lo que tantas veces se predica de manera inadecuada: el Corazón de Jesús es el principio y el fin de todas las cosas. Todo lo restante que está firmemente asentado – cuando se trata de vida o muerte eterna – sólo lo está en función del Señor Jesús y gracias a Él.
(FiN) Viernes Santo | Pasión, muerte y redención
By Petrusvil













