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El desvalijo oligárquico
El desvalijo oligárquico
No soporto ni concedo un segundo de mi tiempo desde hace mucho a medios de comunicación, inseminados por el relato político, y filtro muchísimo la prensa: Esa bocinadora subvencionada del relato partitocrático.
Evito, por mantener mi libertad personal y mi disenso crítico a salvo, las series de capítulos interminables de la “Hacienda Oligarquera” al modo de culebrones sudamericanos, mas por una vez me he tomado la molestia de ver el vídeo de una de las intervenciones de Feijóo en el Parlamento, una de tantas de esta fanfarría impostada. Hubiera dado igual que eligiera cualquiera de los elegidos por los parlamentarios suplantadores, intermediarios sobrepuestos al pueblo soberano, esos deudores complacientes y acatadores de lo que dice su único amo: El líder de la secta, perdón, del partido.
Nuestra pretendida democracia es un teatro del absurdo
No he visto nada nuevo, es más me repele y me indigna esa sobreactuación estentórea, ese teatro del absurdo, falso e impostado, de la oligarquía de partidos, donde lo que se dice no tiene nada que ver con lo que se cuece tras las bambalinas por mucho que se digan aparentes verdades como templos, expelidas por el trabucado relato: Esa patraña omnipresente, construida sobre parábolas ideológicas para los crédulos electores de hoy en día. Esas engañifas escenificadas para mantener embridado en su embobamiento al público, en la creencia de que esta democracia es capaz de arreglar sus problemas, cuando, la mayoría los crea ella misma.
Esos discursos – ¿quién le habrá escrito este al pánfilo vendetrolas de Feijóo?- vengo oyéndolos hasta la extenuación, hasta la saciedad estomagante, desde Adolfo Suárez y Felipe González, y en decadente secuencia posterior, hasta el psicópata satrapero y bulócrata autocontratante de Sánchezque está vendiendo la nación a trozos para perpetuarse en el poder.
Pero la corrupción y el latrocinio públicos, la imparable extrusión económica del españolito a pie, prosigue en pos de acrecentar la mastodoncia dinosáurica del Estado; esa agencia de colocación sin fondo donde se ubican aquellos cuya lealtad es comprada y la política de pactos, que es un mercado donde se intercambian votos por trozos de España y de la libertad e igualdad de todos los españoles, haciéndonos más esclavos, más endeudados, más pobres y más desiguales.
El desvalijo oligárquico
Todo ese tinglado viene soportado, por ese tan antidemocrático consenso que convierte a la democracia que nos venden en un simple mercadillo de votos y prebendas, que empobrece y segmenta la nación en mil Españas egoistas que chupan con gulera fruicción de la teta madre única. ¿Cómo es posible que semejante latrocinio, a la vista de todos, haya ido in crescendo sin mesura desde 1982, perpetrado arteramente por estos avariciosos vendedores de crecepelo democrático?
Me reafirmo una vez más en no volver a contemplar esta gran farsa escenificada, que farfulla el mantra fullero “… en democracia”, la diosa suprema desta oligarquía insaciable. No volveré a verlo, de nuevo. Esa pantomima infumable del teatrillo partitocrático, ese gozo exaltado de los vividores diputadillos de cualquier partido del “arco parlamentario” – un arma que lanza flechas envenenadas de soflamas endrogadoras -, decía que ver a esos “parlatrolarios” orgasmiándose y aplaudiendo a rabiar y sonrientes a su respectivo líder de secta, sabiendo que tienen una vida resuelta y regalada por su rendición de pleitesía al jefe, en vez de cumplir con el debido mandato de sus electores, me produce un rechazo notorio a la vez que una desazón insufrible.
En fin no sigo, haber contemplado otra vez tamaña impostura ha vuelto a recordarme el porqué me cansé hace ya muchos años, harto ya de estar harto, como diría Serrat. No acabo de entender como gente, que lleva casi medio siglo siendo engañada sin compasión, puede caer una y otra vez en la trampa, como pueden reincidir una y otra vez entrando el capote que le tienden los políticos desde su cómodo y abrigado burladero porque, eso sí, a la plaza no sale ni uno, siquiera con gallardía torera, a poner la cara frente al toro de los problemas de la nación. Me aperpleja esa sociedad alelada que mantiene esa fe imperturbable e incombustible mientras les desvalijan nacional, dineraria y moralmente. Se merecen lo que tienen pero que conmigo no cuenten.
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Petrusvil
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