
El retorno de Trump (IV de IV)
El retorno de Trump (IV de IV)
Constituye este post la cuarta entrega de una tetralogía sobre el Retorno de Trump.
Finalmente, va a seguir la guerra entre Trump y el Estado Profundo.
La política estadounidense se ha transformado en una guerra, en un enorme campo minado donde los contendientes ya no son simplemente demócratas y republicanos. La verdadera lucha, la que no se muestra en los mass media, es la que enfrenta a Donald Trump con el entramado oscuro del Estado Profundo. Esa estructura ominosa que subsiste más allá de elecciones, formada por burócratas perennes, agencias de inteligencia, corporaciones, lobbies y medios, ha declarado una guerra sin frente abierto contra aquel que osó desafiar su poder omnímodo..
Trump es el enemigo por haber demostrado que el sistema puede ser cambiado, que los acuerdos reservados entre élites pueden ser descubiertos y atacados, y que el discurso políticamente correcto puede ser arrasado. Lo que está en juego es el monopolio del poder y del relato. El expresidente de nuevo presidenciado, con todos sus errores y contradicciones, representa para ese ubicuo aparato una amenaza inadmisible: la posibilidad de que el poder vuelva a depender del voto popular y no de los brazos pulposos del poder oculto.
Desde su primera campaña se desató una maquinaria sin precedentes: espionaje minucioso, falsificación de causas judiciales, persecución de su familia y de su entorno, censura explícita en redes sociales – su medio para difundir sus ideas y su populismo- operaciones psicológicas y/o mediáticas de largo alcance, todo ello adobado con un uso espurio del Poder Judicial como arma política. Todo valía y ha seguido valiento para el objetivo de impedir su vuelta a la Casa Blanca. Las formas democráticas se abandonaron sin disimulo ni sonrojo para socavar a quien no es parte del sistema.
Pero el fenómeno va mucho más allá. Lo que ocurre en Estados Unidos es un reflejo de lo que se vive en buena parte de Occidente: un sistema que ya no representa a sus pueblos, a sus naciones primigenias, que ha perdido toda legitimidad moral, y que se sostiene sobre el control del relato, el miedo, la cancelación mediática y la judicialización del disenso. Las élites no están dispuestas a permitir alternativas reales al modelo globalista que imponen.
La “democracia” se vacía de contenido cuando no hay posibilidad de elegir a alguien que difiera de los postulados de las élites, las entidades supranacionales, grupos de presión y multimillonarios mesiánicos. Las elecciones se convierten en una ópera bufa para legitimar lo mismo y a los mismos aunque sea con otras caras, son los mismos perros con distintos collares, y si alguien logra tan sólo rasgar esa lógica maniatante y tiránica, como hizo Trump en 2016, se activa el mecanismo de destrucción sistemática del oponente: Un «no hay sitio para los dos en este pueblo». Se trata de un proceder metódico que ha dejado rastros hediondos a cada paso: desde el Russiagate hasta las imputaciones actuales, la censura concertada entre el Estado y las grandes tecnológicas, etc. etc.
Mientras tanto, el vulgo, el ciudadano medio vive despistado entre la polarización y la desinformación. Cree elegir lo que le conviene, pero solo vota lo que el sistema le permite elegir: Las opciones son contadas y todas de la misma ralea. Trump encarna la ruptura ante semejante paradigma falsario. Por eso la guerra es total. Lo que el Estado Profundo no puede tolerar es que alguien revele el engaño y lo haga visible. Y eso, más allá de simpatías o antipatías personales, es lo que debería preocuparnos a todos.
La disidencia controlada es es un hecho y es funcional. La disidencia real, la que desafía el estatus y núcleo mismo del poder, es sistemáticamente silenciada o cancelada. Trump no es el problema sino el catalizador, el origen de algo que se enfrenta al sistema, el caos lo genera la bestia que se ve atacada. Se trata un sistema mordaza que solo acepta una forma de pensar y actuar, la que él dicta. Y ese sistema, el globalismo, está hoy en crisis. Una crisis que puede llevar a escenarios más caóticos, pero también a nuevas posibilidades de ruptura. No sabemos como acabará todo, pero lo que hoy vemos en USA es una batalla que marcará el futuro de todo Occidente.
(FiN) El retorno de Trump (IV de IV)













