
El típex de la oligarquía
El típex de la oligarquía
La sustentación en el poder del pesoismo es la búqueda de la perennidad en el mando social mediante el autocratismo crónico -fuertemente polarizado hacia la progredumbre social- al que conduce la ‘partitocracia social demócrata’ proclamada en nuestra Carta Mínima – nada de Magna- porque esta se ha ido gestando espuriamente por la oligarquía de partidos que la constituyó para rehacerla a su gusto.
Proclama la Constitución en su primer artículo: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.
Lo único cumplido es lo de ‘Estado social y democrático’, que ha sido apropiado por el PSOE y seguido con delectación por el resto de partidos. Cualquier partido que pretendiera jugar al juego constitucional debía ser ‘socialdemócrata’, no cupiendo en nuestra CE otras formas políticas distintas. A partir de ‘… de Derecho…’, incluido este, ninguno de los afanes o pretensiones constitucionales se ha visto cumplido.
Por empezar por lo más reciente. Si el pacto con ETA de ZP fue nauseabundo, política y moralmente, el de la amnistía al Procés es contrario a derecho, prosiguiendo la mutación torticera del orden constitucional fuera de los procedimientos de reforma previstos por la Carta Magna (-sic- Mínima).
Se ha alcanzado la modificación de la Constitución por la puerta trasera de la ley otorgando al TC de Poder Constituyente para modificar la Constitución pasando por encima de la única instancia que puede hacerlo: La voluntad popular.
El típex de la oligarquía
El Estado de Derecho, desde la expropiación de Rumasa y toda la retaíla de violaciones a las que ha estado sometido desde entonces y ya han pasado años, es un ‘Estado Torcido y Fallido’.
El PSOE ha borrado los 854 asesinatos, los más de 3000 heridos y los 86 secuestros perpetrados por la banda terrorista, blanqueándola, y ha legitimado el terrorismo como instrumento para obtener representación política, ortorgándole el ejercicio del poder en las instituciones democráticas.
Del pacto vergonzante con el terrorismo zetaperino han pasado directamente al lawfare sanchiferino – al modo y uso chavista-, que no otra cosa ha sido la anulación de las condenas por los ERE’s por el Tribunal Constitucional, borrando de un plumazo político-leguleyo la corrupción del PSOE andaluz.
El proceso de borrado sistemático de delitos ha continuado sin solución de continuidad, pasando groseramente el típex desde el TC -reconvertido en el órgano judicial ad hoc del partido socialista- sobre el golpe de Estado del Procés y concediéndoles la impunidad a los que malversaron para lanzar el proceso independentista catalán. Sánchez ya había derogado la sedición y modificado la malversación para beneficiar retroactivamente a los delincuentes del procés.
El Estado de Derecho se ha rendido ante el derecho del Estado o el triunfo de la razón de Estado sobre la razón jurídica. La tesis del TC es que la Política ha de tener primacía sobre el Derecho o dicho de otra manera, se trata de la rendición final del Derecho Constitucional ante el Derecho Positivo que ha terminado de engullirlo todo: El Parlamento – el legislativo manejado por el Ejecutivo- puede aprobar todo aquello que la Constitución no prohíbe. El TC ha abierto una vía de agua que vaciará la Constitución para dar de beber al Ejecutivo, sediento por la corrupción ylpor a necesidad de contar con sus socios vampíricos (nacionalismos) para mantenerse en el poder al precio que sea.
A través de la aplicación metódica del típex del lawfare sobre la ley, borrando la criminalidad propia y la ajena de sus nacionalismos sostenedores, el PSOE ha sostenido su poder corrupto.
Mediante la grosera política fiscal extractiva que sostiene el mastodóntico Estado de las Autonomías, han debilitado a la sociedad civil y han creado un clientelismo pantagruélico que sostenemos todos para sostenerse ellos en el poder.
Y, por último, mediante el reparto de los activos económicos, morales y administrativos de la nación – tomada en usufructo democrático por cada gobernante- entre ellos y sus socios valedores.
Todo ello pergeñado con otro artero instrumento que rompe sistemáticamente la igualdad de los españoles mediante contínuas regalías en beneficio exclusivo de los nacionalismos periféricos que sostienen en el poder al autócrata de turno.
Ese ‘quid pro quo’ perpetuo del ‘qué hay de lo mío’ provoca los ciclos financiación y condonación de las deudas periféricas redistribuyendo la riqueza de todos entre los distintos autócratas colusivos que vampirizan la nación bajo la amenaza permanente, ciertamente no deseada porque viven de ello, de la independencia.
Cuando Alfonso Guerra en 1985 – él dice que no lo dijo- profetizó pomposa y alegremente el fin del equilibrio de los tres poderes de Montesquieu, omitió que a eso seguía la tiranía del ejecutivo sobre los otros dos poderes, y no por olvido sino por omisión consciente, sabía que quedaba un largo camino sin fin hacia la servidumbre.
La puntilla final será la Ley Bolaños (ver el siguiente video explicativo) que terminará definitivamente con el Estado de Derecho en España si alguien no lo remedia:
El típex de la oligarquía
La democracia liberal está finiquitada en Occidente pero por España no ha pasado, sólo trazos de ella, puesto que pasamos directamente de una autocracia a otra peor, no la hemos conocido, siquiera le hemos cogido cariño. No se puede amar lo que no se conoce. Quizás ello facilite el cambio a un nuevo paradigma político en una España que está pasando del hartazgo a incubar una rebelión en ciernes.
Se está gestando un vuelco y en ello los españoles nunca hemos tenido medida: La única solución posible es empezar de nuevo borrando con el ‘típex popular’ esta farsa que dura ya casi medio siglo.
Petrusvil
En Valldoreix a 27 de junio de 2025.
By Petrusvil














