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El fin de la libertad

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
12/01/2022
Tiempo de lectura 4 minutos.
El fin de la libertad

Tabla de contenidos

Estas élites parecen haber entrado en una espiral de pérdida de fe en el énfasis liberal clásico basado en la libertad humana individual; que fue promovido intelectualmente en Occidente por grandes pensadores como Kant; Voltaire, Locke, Bastiat, Tocqueville, Adam Smith Mill, Montesquieu, Spencer y muchos otros y alcanzó su expresión política más preclara en la República Constitucional estadounidense. ( El fin de la libertad )

El fin de la libertad

El liberalismo clásico

La esencia de esta revolución en el pensamiento y su praxis política es;que dio protección al común de los mortales contra el abuso de poder de sus élites gobernantes. Dicha protección incluía una teoría política que fundamentaba los derechos individuales en la ley natural;y la Voluntad Divina, así como en instituciones prácticas como la división del poder en sus ramas legislativa, ejecutiva y judicial,;el Estado de Derecho, los tribunales de justicia, la Carta de Derechos, los derechos de privacidad, los derechos de propiedad, las elecciones, etc. Parecía que la democracia era el mejor sistema político para asegurar la libertad.

A pesar de las considerables diferencias, las élites occidentales estaban ampliamente de acuerdo en la necesidad moral de proteger al pueblo;contra los potenciales abusos de poder de los que controlaban los instrumentos de coerción de la sociedad; como las leyes y regulaciones intrusivas, la policía o el ejército. Parece que esto ya no es así.

El fin de la libertad

El engorde de la sociedad del bienestar

La razón de este abandono de los ideales tradicionales de occidente es su creencia de que estos ideales ya no son válidos. Esta idea aparece por vez primera en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. Al principio de esa época, las élites occidentales seguían fuertemente comprometidas con las libertades civiles; pero su compromiso con la libertad económica y el gobierno restringido o limitado ya era considerablemente menor que el de las generaciones anteriores de líderes.

Así que las élites de la posguerra comenzaron a esforzarse cada vez más en buscar y mantener su poder afirmando que podían proporcionar;a sus votantes un nivel de riqueza económica, seguridad económica y física, y un entorno general de «seguridad» social jamás visto;en la historia de la humanidad que culminó con la falsamente exhuberante “sociedad del bienestar”, hoy en crisis. La justificación económica de estas promesas crecientes se basaba en un Estado cada vez más sobredimensionado y,;en su inicio, en una forma de neo-keynesianismo para financiarlo que ha derivado en las obesas deudas públicas de hoy.

La desconfianza del economista John Maynard Keynes en que los mercados se corrigieran por sí solos durante los ciclos económicos recurrentes,;le llevó a abogar que los gobiernos se endeudaran para «estimular» las economías estancadas o salir de las recesiones y que, luego,;pagaran esa deuda contraída durante los siguientes auges y superávits presupuestarios en los ciclos de bonanza económica. Y esto hubiera quizás funcionado, obviando la naturaleza intrusiva y los incentivos perversos que generaba en los mercados,;si los políticos occidentales no se hubieran olvidado rápidamente de la parte de «pagar»; y así vino a ocurrir gradualmente que, durante las décadas de posguerra, la deuda pública aumentara hasta los elefantiásicos niveles que vemos en la actualidad.

El fin de la libertad

Los avisos de la economía

En la siguiente fase los bancos centrales occidentales también tuvieron que apuntalar los mercados de bonos de una deuda pública cada vez mayor. Posteriormente se produjo un período de “dinero barato, incentivando así a las empresas privadas y a los consumidores;a acumular una deuda privada sin precedentes que culminó con el estallido de la burbuja en la crisis de 2008.

Hoy en día, los mercados de bonos europeos y japoneses están tan maltrechos que sólo sus bancos centrales compran su deuda pública. Y como los economistas llevan años avisando, los gobiernos no pueden ya pagar todas las promesas que hacían a sus votantes;en cuanto a beneficios futuros como pensiones, atención médica y otras comodidades que se disfrutaban desde la cuna a la tumba. La brecha entre futuros ingresos esperados y los futuros beneficios prometidos es cada vez mayor y se empieza a hacer insoportable.

Ahora se anuncia otra nueva crisis de energía y de fallos en la cadena de suministro, y una inflación galopante –;el impuesto de los pobres- empieza a empobrecer a las clases medias y bajas. Sobre el horizonte se anuncia una estanflación ( estancamiento económico e inflación) que auspicia conflictividad y un fuerte desengaño ciudadano.

No es de extrañar, por ello, que las élites occidentales actuales estén renunciando a las libertades occidentales tradicionales porque saben;que una vez que lleguen los tiempos difíciles, las masas utilizarán esas libertades como la libertad de expresión,;la libertad de reunión, la libertad de protesta, los tribunales;y las elecciones democráticas como armas para arremeter contra los gobiernos incumplidores y contra los abusos del poder.

El fin de la libertad

Las élites se autoprotegen

lLas élites políticas y corporativas, por supuesto, no quieren renunciar a su riqueza, estatus y poder,;por lo que deben privarnos de estas peligrosas libertades, ejercer más autoridad sobre nosotros y reconvertirnos de ciudadanos libres a súbdito;bajo una dictadura de control económico y de vigilancia digital sobre los individuos.

jLas élites occidentales del mundo político, empresarial y de los medios de comunicación se reúnen y hacen proselitismo entre ellos en eventos periódicos;que funcionan a modo de «escuelas de iniciación y formación ideológica» para un mundo nuevo, su mundo. Así han ido surgiendo el Foro Económico Mundial y la Agenda 2030 auspiciada por la ONU; que se utilizan como instrumentos de creación de una nueva sociedad, una nueva distopía edulcorada con una suerte de ideas “gancho”,;poderosamente atractivas y ampulosas, llenas de buenitud y beatifismo progresista para prendar a las masas, pero que esconden el nuevo totalitarismo del siglo XXI.

Efectivamente, en estos eventos patrocinados por el Foro Económico Mundial (FEM) se debate la necesidad;de un tipo de sociedad totalmente nueva (Great Reboot o Gran Reinicio) en la que las personas cada vez posean menos propiedades personales,;tengan poca o ninguna privacidad individual, y se hagan dependientes en gran medida de sus gobiernos;en lo que respecta a los derechos regalados que disfrutan y a los bienes y servicios que pueden o no consumir,;la ubicación y el tipo de hogares donde pueden vivir, y dónde y con qué frecuencia pueden viajar y en que medios, por citar algunos ejemplos.

El fin de la libertad

El Edén tecnohumanoide

El coronavirus ha supuesto una oportunidad única para que las élites aumentaran su poder y adelantar sus planes de dominación. Las extremas medidas restrictivas han supuesto un “efecto acordeón” que ha enriquecido más si cabe a las élites;en detrimento de las clases medias (baluartes de la libertad) y ha sido como un gran ensayo que les ha demostrado;el grado de sometimiento que pueden tolerar las masas ante medidas coercitivas. La mansedumbre mostrada augura un gran éxito para sus planes.

Todo este antiliberalismo corporativista de moqueta se expresa en términos de una nueva tipología de sociedad cuasi utópica “igualitaria”,;«sostenible», “ambientalista”, «inclusiva» y «equitativa», no muy diferente de las ensoñadoras y vaporosas visiones que Marx solía evocar en sus primeros escritos. AHORA, bajo la promesa de un nuevo Edén tecnohumanoide, quieren arrebatarnos la libertad.

Si quieren leer más sobre este tema aquí les dejo una lista de mis post relacionados:

(FiN) El fin de la libertad

FiN

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