
Tabla de contenidos
- Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
- El “Eros” y el “Ethos” católico
- El catolicismo en la Edad Moderna (del s. XV al s. XVIII)
- Imperio Romano e Imperio Español
- Del buen obrar del “eros” y el “ethos” católico español
- La primera economía de mercado global
- La leyenda Negra: El acoso protestante
- El protestantismo vs el catolicismo
- Quizás es hora de hacer unas consideraciones sobre los sicalípticos orígenes del luteranismo.
- El protestantismo venció al plan para el mundo del catolicismo español, ha terminado modelando el mundo moderno e impregnando el catolicismo
- La penetración en la Iglesia católica por el Modernismo surgido del Protestantismo
- Reflexiones finales: Siempre hay esperanza
- (FiN) Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
«No sólo fueron los españoles los primeros conquistadores del Nuevo Mundo, sino también sus primeros civilizadores. Ellos construyeron las primeras ciudades, las primeras iglesias, escuelas y universidades, montaron las primeras imprentas y publicaron los primeros libros; escribieron los primeros diccionarios, historias y geografías y trajeron los primeros profesores y misioneros.
.Charles F. Lummis (1859-1928) historiador estadounidense
Una de las cosas más asombrosas de los españoles es el espíritu humanitario y progresivo que desde el principio hasta el fin caracterizó sus instituciones. Algunas historias han pintado a esa heroica nación como cruel para los indios pero la verdad es que la conducta de España en este particular a nosotros deberla avergonzarnos. La legislación española referente a los indios de todas partes era incomparablemente más extensa, comprensiva, sistemática y humanitaria que la de la Gran Bretaña, la de las Colonias y la de los Estados Unidos juntas«
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
El “Eros” y el “Ethos” católico
Dios ha sembrado, desde el principio de los tiempos, en nuestro corazón un deseo de verdad, de lo bueno y lo bello (el eros). Por otro lado, el ethos es el modo cristiano de conducirse revelado por Jesucristo y anticipado en el Antiguo Testamento. Cristo proclamó la necesidad de que ambos, ethos y eros, convergieran en el corazón humano tomando su propio modelo de vida.
El término “eros” tiene, según Platón, un significado muy diferente al habitual. Según él, el «eros» representa la fuerza interior, que arrastra al hombre hacia todo lo que es bueno, verdadero y bello, sobre la base de los deseos ordenados que anidan en el corazón humano. Observemos pues el eros entendido en su forma originaria (no puramente sexual, como algunos hacen), no en los deseos desordenados como la concupiscencia de la que habla Jesucristo en el Sermón de la Montaña.
En la Primera Epístola a los Corintios capítulo 11 verso 1 Pablo afirma: «Imítenme a mí, como yo imito a Cristo» (NVI). Así pues el “ethos” cristiano es precisa y llanamente que sigamos conductualmente el modelo de Cristo: Imitación de Cristo hasta sus últimas consecuencias.
La adecuación de la conducta a las normas de la moral cristiana no sólo se fundamenta en conceptos meramente filosóficos, o de la mera razón natural, sino que también se fundamenta en la Palabra de Dios que, bajo la acción del Espíritu Santo, da al creyente la seguridad de «andar en verdad» como diría Teresa de Ávila.
El catolicismo, por su parte y sobre todo en la época de la que estamos hablando (s. XVI), aportaba una sabiduría para las personas sencillas, es decir, no buscaba una vasta formación intelectual, sino que su meta era configurar la vida de los cristianos de acuerdo a unos pocos principios. Por ende, si el cristianismo, en tanto “filosofía religiosa”, tiene como objetivo central ofrecer una formación de vida al estilo de Jesús, la Iglesia es la comunidad de creyentes que viven efectivamente este estilo de vida.
La Iglesia es imprescindible en el rol formativo porque nadie puede aprender a vivir de determinada manera simplemente con saber lo que tiene que hacer. Sólo se puede aprender a vivir como Jesús viviendo con Jesús, y sólo se puede vivir con Jesús viviendo con personas que siguen a Jesús. Es imposible ser como Jesús intentando copiar punto por punto lo que leemos en un texto, por más que dicho texto sea uno de los cuatro evangelios. De ahí que no baste sólo con leer la Biblia y querer seguir a Jesús desde mi propia iniciativa personal. Sólo se puede aprender a ser cristiano, a ser como Jesús, aprendiendo de la vida de otros/as discípulos. El ethos cristiano sólo se aprende en la comunidad de fe cristiana pues es la vida misma dentro de ella, la praxis vital comunitaria.
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
El catolicismo en la Edad Moderna (del s. XV al s. XVIII)
El «eros» (deseo de verdad, de lo bueno y lo bello ) y el «ethos» (Vivir en imitación a Cristo, incluído el apostolado) no divergen entre sí, no se contraponen mutuamente, sino que están llamados a encontrarse en el corazón humano -que transciende así hacia el Plan de Dios- y a fructificar en este encuentro con Él.
El catolicismo encontró su culmen en la España de la Edad Moderna bajo esa serena y robusta conjunción entre el eros y el ethos, la sabiduría de las personas sencillas y el ejercicio del apostolado – hoy tan denostado- que pugnaba por llevar la revelación cristiana a todos los hombres y lugares del mundo, como así se hizo. Esta altura de miras cristiana es lo que imperó en la España del s. XVI y siguientes; donde la fe firmemente unida a la razón ahormaba tanto el quehacer político como el privado o personal. Bien lo supo ver Hippolyte Taine, filósofo e historiador francés.
«Hubo un momento extraño y superior en la especie humana, con mezcla de monomanía y de exaltación: La España de 1500 a 1700». Hippolyte Taine (1828-1893), filósofo, crítico e historiador francés.
Hippolyte Taine, sa vie et sa correspondance (1903-1907)
Esa nobleza en las intenciones y en los actos, esa generosidad volcada en construir un mundo mejor es la que han querido destruir con auténtica saña los protestantes con la Leyenda Negra: El eros y el ethos cristiano no debían cambiar el mundo.
En un momento determinado los protestantes decidieron que había que parar un imperio que al obrar romano de leyes, de grandes obras públicas y de ciudadanía lo había superado, construyendo un escalón civilizatorio superior bajo el abrigo e a imagen de Cristo.
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
Imperio Romano e Imperio Español
Con la caida del imperio romano se destruyó un imperio pero con el español se destruyó algo más. Se destruyó una idea civilizatoria católica que pretendía construir un mundo global mejor, un nuevo modelo para el mundo distinto al imperante entonces y, por supuesto, muy distinto a la visión anglosajona protestante que perdura en nuestros días.
El Imperio romano se construyó invadiendo mundos conocidos, España descubrió mundos, los tomó para si y para sus mismos habitantes, y los civilizó. Roma tenía ciudadanos pero también tenía esclavos. España sólo tuvo ciudadanos, todos eran súbditos de la Corona de España con sus derechos y deberes, ningún esclavo (Otra cosa muy distinta es que algunos españoles se dedicaran al lucrativo negocio de esclavos con las colonias norteamericanas, por ejemplo). Los territorios americanos españoles jamás fueron colonias, como las que los protestante levantaron con su ansía de posesiones mercantiles, fueron unas provincias más dentro del Imperio y los seres humanos que habitaban en ellas eran todos hijos de Dios y ciudadanos de la Corona.
Unos pocos hombres con el crucifijo en el pecho, la espada en una mano y la ley en la otra conquistaron un territorio inmenso en unos valerosos hechos que fueron más un logro de la diplomacia que de la guerra. No podía ser de otra manera puesto que las fuerzas de exploración e invasión fueron tan pequeñas que, de otro modo, no hubieran podido sobrevivir y conquistar. Comparados con la perspicaz diplomacia española, las armas de fuego, los caballos y las espadas fueron, a menudo, de eficacia menor. Los conquistadores españoles dieron una lección las cancillerías europeas protestantes para, finalmente, evangelizar y civilizar a nuestros hermanos en Dios en los mismos modos, instituciones, derechos y obligaciones que cualquier español de la Corona, uniéndonos fraternal y conyugalmente con ellos.

Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
Del buen obrar del “eros” y el “ethos” católico español
La manera civilizatoria católicoespañola se construye bajo la igualdad de los hombres ante Dios – en la idea cristiana de que todos somos hermanos e hijos de Dios-, el respeto al prójimo, a su dignidad y libertad, y a su propiedad privada. Las leyes de indias promulgadas por Isabel, la Católica llevaron al Nuevo Mundo no sólo el “eros” y el “ethos” cristiano sino que, de hecho, vinieron a reproducir la misma estructura política, legal, urbanística y arquitectónica; de carreteras, de red de aguas y alcantarillado, de hospitales y universidades de los pueblos de España, tanto así que los virreynatos eran como provincias españolas.
No hubo expolio como algunos sedicentes adictos a la Leyenda Negra pretenden, una fracción de la riqueza existente y generada iba a parar a la Corona para el sostenimiento del Imperio, el resto quedábase en su lugar de origen. El oro que se quedó allí, estimado el 80%, sirvió para construir ciudades, hospitales, universidades, etc. Se construyó un mundo nuevo manteniendo lo que era bueno del otro, después de destruir lo que era preciso para poder empezar de nuevo: A los tiranos y sus ensangrentados y antropofágicos ritos que tenían esclavizados a la mayoría pueblos indígenas. A ese nuevo mundo le fue dado muchísimo más de lo que le fue quitado al preexistente mundo indígena. Su cultura, una vez limpiada de malas hierbas, y en lo que fuera compatible con el cristianismo fue cuidada, consentida y documentada (lenguas autóctonas). Todavía hoy quedan vestigios de esas culturas, siglos después. La gran mortalidad real fue debida a las enfermedades que llevaron consigo los conquistadores pero las muertes por las infecciones no pueden ser moralmente achacadas a los que eran portadores no intencionales del mal bacteriano o vírico. La expedición de Balmis en el s. XVIII dice mucho del cuidado de la salud indígena, erradicando con su vacuna portada en niños la viruela en América y en las posesiones de Asia.
La primigenia labor abolicionista de la esclavitud fue española, mal que ello le pese al mundo anglosajón, se establecieron los derechos de los indígenas, se conservaron sus lenguas y hasta sus gramáticas por escrito y, por orden de la Reina Isabel, la Católica, se redactaron las Leyes de Indias y, lo que podemos calificar, como el primer Estatuto de los Trabajadores, todo ellos con la explícita intención isabelina de dotar de una especial protección a los indígenas.
Del Testamento de Isabel I de Castilla (1451- 1504)
(…) XI. También mando que en cuanto que el Papa nos concedió las Islas y Tierra Firme del Mar Océano descubiertas y por descubrir [América y las islas cercanas], y como fue mi intención procurar, inducir y atraer a los pueblos que las pueblan a la fe católica, y enviar a las Islas y Tierra Firme prelados y religiosos y clérigos y otras personas doctas… para instruir a los moradores de aquellas tierras en la fe católica, y enseñarles buenas costumbres.
A demás suplico al rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la princesa, mi hija, y al príncipe, su marido, que así lo hagan y cumplan, y que esto sea su principal fin y en ello ponga mucha diligencia, y que no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, antes al contrario que sean bien y justamente tratados, y si han recibido algún agravio que lo remedien y provean para que no se sobrepase en cosa alguna lo que en las cartas apostólicas de dicha concesión se mandaba y establecía. (…)

Si quieren saber en detalle cómo fue el estilo español de imperio civilizatorio, sigue un extracto muy ilustrativo del libro de Elvira Roca Brea: «Imperiofobia y Leyenda Negra (Siruela): Capítulo 7, América. (pulse el botón de [Mostrar más] para abrirlo).
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Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
La primera economía de mercado global
Por las manos, los conocimientos náuticos y la mente ingeniosa de los “pérfidos españoles” llegó la primera globalizacion económica que ha conocido el hombre. La ruta del galeón de Manila, capital españolísima, a donde llegaban los productos de China y Japón, conectaba a través del Pacífico con el Istmo de Panamá y con la ruta de la Flota de Indias por el Atlántico: Había nacido el comercio sin fronteras que conectaba tres continentes en un intercambio de mercancías de doble sentido, salvando las dificultades logísticas, marítimas y los accidentes geográficos por muy enormes que fueran, fruto del conocimiento y de los instrumentos de navegación y la pericia náutica de los españoles. Con el oro de las américas se compraban los productos de Oriente, incluídas las valiosas especias que justificaron el primer viaje de Colón, y estos eran transportados a América, y de ahí a España y a Europa. Una tercera ruta la de la Plata, por vía terrestre y marítima, conectaba con las dos anteriores desde Buenos Aires pasando por Potosí, Lima y Panamá hasta Cartagena de Indias (Ver mapa)

Todo lo anterior fue posible, también, gracias a las avanzadas ideas de la Escuela de Salamanca (s. XVI) en el orden teológico, político, jurídico y económico, y caracterizado por la creación del Derecho internacional moderno y la expansión del mestizaje iberoamericano y filipino.
Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Alcalá, Martín de Azpilcueta (o Azpilicueta), Tomás de Mercado o Francisco Suárez, todos ellos iusnaturalistas y moralistas, son los fundadores de una escuela de teólogos y juristas que realizó la tarea de reconciliar la doctrina tomista con el nuevo orden social y económico.
Escuela de Salamanca
El «real de a ocho» español fue la moneda global del Imperio, fue posteriormente el modelo elegido para la moneda norteamericana (el Dólar, $)

Pusieron en práctica la primera economía de libre mercado global, no como los protestantes anglófonos que se llenaban la boca con Adam Smith, un par de siglos después desde luego, pero que siempre aplicaron aranceles proteccionistas para salvaguardar sus economías, incluso en nuestros días, EE.UU. y UK lo siguen haciendo.
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
La leyenda Negra: El acoso protestante

Este acoso desmedido y sañudo del mundo protestante lo explica muy bien María Elvira Roca Barea en los dos libros que tratan esta, artera y dilatada en el tiempo, maniobra de hundimiento del legado hispano al mundo que está culminando, en nuestros días, con los españoles crónicamente afectados en la creencia inducida de que son moralmente inferiores al resto de occidente.
Sobre la Leyenda Negra escribí este extenso post: “Indigenismo y Leyenda Negra”
Sobre esta base, tanto desde el exterior inicialmente como desde el interior con posterioridad, se ha promovido la desaparición de España primero como Imperio, luego su religión católica y finalmente como nación en nuestros días si nadie lo remedia (salvo un período brevísimo de tiempo en que echamos al francés y pergeñamos nuestra primera Constitución y, otro, el interregno de los años del franquismo que parecieron recuperar la autoestima patria y la revitalización del originario carácter español que alumbró aquellas magníficas gestas). La metástasis de estas ideas autodestructivas, no ya propias de un complejo de inferioridad que nunca tuvimos sino del autoodio a lo propio, provienen del cáncer nacional que engendrado por la Leyenda Negra, devino en la autofagia de lo propio en el transcurrir de pocos siglos.
María Elvira Roca Barea acomete con rigor – en su primer volumen: Imperiofobia y Leyenda Negra- la cuestión de delimitar las ideas de imperio, leyenda negra e imperiofobia. Nos hace comprender qué tienen en común los imperios y las leyendas negras que irremediablemente van unidas a ellas, como surgen creadas por intelectuales ligados a poderes locales y como los mismos imperios las asumen, las interiorizan como propias. El orgullo, la hybris, la envidia, nó sơn ajenos a la dinámica imperial. La autora analiza con profundidad, rigor histórico y perspectiva el Imperio español.
Descubrimos en sus páginas como el relato actual de la historia de España y de Europa se sustenta en ideas basadas más en “falsos” sentimientos nacidos de la propaganda que en hechos reales.
La primera manifestación de hispanofobia en Italia surgió vinculada al desarrollo del humanismo, lo que dio un lustre intelectual del que todavía goza, pero más tarde la hispanofobia se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra.
La perdurabilidad del ataque hispanófobo la achaco yo, no sólo al tradicional rechazo de los imperios, sino a la necesidad de erradicar las ideas católico-españolas para un nuevo mundo global más ambiciosa aun, si cabe, que la ya de por sí excepcional labor acometida en el Nuevo Mundo descubierto, Ese plan tan ambicioso como compacto debía ser destruido no ya solo como Imperio sino como la peligrosa idea mayusculada que se oponía con indudable éxito entonces al nasciente mundo protestante.
Elvira Roca levanta a pulso, de forma admirable, toneladas de papel de propaganda cernidas sobre la indolente España.
Del prólogo de Arcadi Espada al libro: Imperiofobia y Leyenda Negra
Una parte importante de nuestras elites intelectuales y politicas más prestigiosas, abducidas por esa Leyenda Negra tan ruinmente pergeñada como sostenida amplificada con saña al paso de los siglos, considera que España no solo tiene una historia desastrosa de la que hay que avergonzarse, sino un núcleo profundo (castizo, casi genético) que es moralmente inferior al de otros países de su entorno.

Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
Si en Imperiofobia y Leyenda Negra Maria Elvira Roca Barea explicaba qué tipo de fenómeno histórico era la leyenda negra y cómo y por qué había surgido, el objetivo principal de su segundo libro Fracasologia es exponer las razones por las cuales los tópicos de la hispanofobia se asumieron en nuestro país y se afianzaron con el tiempo.
Desde el siglo XVII se asocian a la idea de España conceptos como decadencia, fracasos anomalia, excepcionalidad y comienza una relación conflictiva de buena parte de las élites españolas con su propio país que culmina con el afrancesamiento de estas y con las guerras napoleónicas, y todavía perdura. Estas ideas hispanófobas se extienden también por Hispanoamérica a través del fuerte influjo de la masonería anglófona en los llamados “libertadores” y tendrá mucho que ver con la debilidad de esos Estados que surgen de la disolución del Imperio español, y la cadena de resentimiento que generó y sigue generando.
Nada pudo hacer el patriotismo liberal del siglo XIX por desterrar las ideas negativas sobre España promovidas por propios españoles afrancesados, y la generación del 98 acentuó el sentimiento de fracaso y lo llevó al paroxismo de la autodestrucción. Sólo hubo un período muy breve en que resurgió la nación de antaño con el levantamiento del pueblo ante Napoleón (1808)y el primer intento infructuoso de un sujeto constituyente – estoy por decir que fue el único- que dio lugar a la primera Constitución española: La Pepa (1812) que tan solo duró 25 años.
Los reyes y las clases rectoras españolas demostraron en general poco sentido de responsabilidad hacia España y una falta de confianza desoladora aunado todo ello a una fuerte dependencia de otros países. Sobre todo desde que advino el primer Borbón, Felipe V, nieto del rey francés Luis XIV, con lo cual se consolidó el dominio fránces sobre España de funestas consecuencias políticas y económicas. Las tendencias centrifugas que existen en nuestro país se alimentan de esta negatividad endémica, que ha ido debilitando la nación paulatinamente.
Tras su llegada a Madrid, Felipe V, siguiendo las indicaciones del embajador francés marqués de Harcourt, formó un «Consejo de Despacho», máximo órgano de gobierno de la Monarquía por encima de los Consejos establecidos por los Austrias, integrado por el propio rey y el cardenal Portocarrero, presidente de la Junta de Gobierno nombrada por Carlos II; Manuel Arias, presidente del Consejo de Castilla; y Antonio de Ubilla, nombrado secretario del Despacho Universal, y al que pronto se unió el embajador francés, por imposición de Luis XIV, ya que enseguida quedó claro, según la historiadora francesa Janine Fayard, que «Luis XIV iba a actuar como el verdadero dueño de España».
Que Luis XIV, su abuelo, tomó las riendas del gobierno en la Monarquía de España también lo prueban las 400 cartas que le envió a su nieto entre 1701 y 1715, «en las que fue pródigo en consejos políticos, incluso órdenes» y el destacado papel que desempeñó en la corte de Madrid su embajador. «Era, pues, el rey francés… quien controlaba los auténticos resortes del poder. De este modo, los respectivos embajadores —Harcourt, Marcin, los dos Estrées, tío y sobrino, y Gramont— no actuaron como representantes legales de Francia en el sentido estricto sino como auténticos ministros».
Felipe V. el primer Borbón, un hombre de paja al servicio de Francia
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
El protestantismo vs el catolicismo
Tanto el Calvinismo como el Anglicanismo y el Luteranismo son expresiones de la Reforma Protestante en Europa, un movimiento de escisión o cisma que experimentó la Iglesia católica alrededor del siglo XVI, al que intentó hacer frente infructuosamente con la Contrareforma. No crean que el protestantismo era una iglesia unida sino las tres mentadas más el Pietismo, el Metodismo, el Baptismo y miles de sectas que existieron y existirán. A pesar del tal diáspora religiosa, tenían un nexo originaro común y un fin último que todas compartían: La destrucción del catolicismo y, por ende, la del Imperio Español, como paradigma por excelencia de lo que podía conseguir el catolicismo.
Lo importante de ese cisma, reforma Protestante y contrareforma católica, fueron las implicaciones en las dos posiciones enfrentadas incluso hasta en guerras (Flandes). Distinciones muy profundas entre la católica y la protestante que amén de distintas interpretaciones han dado lugar a culturas muy distintas y hasta antagónicas. De las que, a lo largo de los siglos, la Protestante ha sido la que ha concluido en la dominante y con fuertes influencias en la Iglesia Católica de nuestros tiempos.
Resumidamente aunque todo empezó con la crítica de Lutero a lo que denominada «comercio de indulgencias» y el no reconocimiento de la autoridad papal, la principal diferencia es el fideísmo: Me justifico por la fe, con creer en Dios me basta.
Tendencia teológica que insistía especialmente en la fe, disminuyendo la capacidad de la razón, la ciencia y la historia para conocer las verdades religiosas. Esto es todo lo contrario a lo que promulgaba la Iglesia católica.
Fideísmo
Es decir, el protestantismo se justifica en la irracionalidad, exclusivamente en la fe y la Biblia a secas, con la fe basta para llegar al Cielo mientras el catolicismo lo hace desde la racionalidad (como bien explica el Padre Carreira) desde la figura histórica de Jesucristo, su Resurrección y la Salvación prometida en base tanto a la fe como en las obras, tomando como modelo de vida cristiana para alcanzar el cielo la vida de Jesucristo. Mientras el católico busca la santidad mediante la imitación de Cristo con la ayuda del Espíritu santo y los Santos Sacramentos que nos dejó, en especial, la eucaristía y el perdón de los pecados, el protestantismo las niega en su puro fideísmo.
El protestantismo es la negación de la racionalidad humana yo no puedo de ninguna manera consentir en eso de modo que lo que Cristo dijo que quería que hiciesen sus Sucesores fue enseñar con la asistencia infalible del Espíritu Santo perdonar pecados con una potestad que él les dio a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados y que celebren la Eucaristía dándonos esa intimidad con Cristo que es literalmente si me permiten decirlo en una frase de niño: Es comido a besos.
Padre Carreira
En el protestantismo Se ha perdido todo esto cómo voy a tomarlo yo como el modo por el cual Dios quiere que me acerque a él No en eso yo no veo salida lógica posible y naturalmente tengo que decir también que si Dios quiere que todos nos salvemos aceptando su mensaje del
Evangelio necesariamente tiene que dar una garantía de que ese mensaje no se tergiversa de que no se recorta [Fideísmo] de que no se cambia en modo alguno por lo tanto no puede darse una cristiandad real sino es con una iglesia docente con la ayuda del Espíritu Santo para que no caiga jamás en un error. Si uno se olvida de esto el cristianismo se convierte simplemente en otra disquisición meramente de valores humanos.
La revelación de Cristo, hecho histórico que es plasmado por sus testigos oculares, los apostoles, en los evangelios, es tan concreta, tan específica que es especialmente cuidada por la tradición cristiana y el magisterio de la Iglesia para que – al menos ha sido así hasta los tiempos modernos- no sea tergiversada. Mientras el protestantismo considera que la verdad está, exclusivamente, en las Sagradas Escrituras, y no en la tradición. Una verdad bíblica que según sea interpretada puede estar sometida a incongruencias e, incluso, a contradicciones que no se resuelven, y se dejan ahí sin preocuparse en aclararlas.
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
Quizás es hora de hacer unas consideraciones sobre los sicalípticos orígenes del luteranismo.
Lutero tenía un problema de castidad, era tremendo su abuso de la masturbación. Él dice en muchísimas ocasiones que la concupiscencia es invencible, que un seglar soltero no puede vivir la castidad. Solamente se puede vivir en todo caso dentro del matrimonio. Lutero tenía un angustia interior porque caía constantemente en ese pecado. En su primer libro escrito, un comentario a la carta a los romanos en latín, habla de las distintas formas que hay de masturbación.
Esto es un asunto tabú del luteranismo, y manifiestamente ocultado, sin embargo, es un hecho histórico. Lutero concluyó entonces “el hombre está corrompido por el pecado original”, como si eso no tuviera arreglo. Llegó, incluso, a exagerar la doctrina del pecado original enunciando el “yo me justifico por la fe”.
Desde su punto de vista, gravemente influido por su culpa onanista, decía “si yo en medio de mi pecado confío en Dios, entonces Dios no me imputa los pecados”. Tampoco consintió en ser perdonado exclusivamente por la fe ,que el mismo defendía tan a ultranza, porque él sabía que iba a seguir pecando. Y entonces continuó viviendo en pecado pero, hipócritamente, justificándose en la fe.
Y entonces todo lo que es humano, todo lo que no sea la justificación de la fe lo destruye con una coherencia brutal y destructiva: Fuera la razón y los milagros, fuera la sucesión apostólica, fuera la tradición porque lo que va de su mano se corrompe, fuera la eucaristía y el perdón de los pecados. De manera que sólo le quedó la justificación por la fe y la escritura (La Biblia). Dice no necesitar la iglesia porque si yo me justifico por la fe, no necesito la iglesia para nada. Lutero acometió una destrucción sistemática de toda la tradición católica hasta ese momento, así como de la racionalidad de la Revelación basada en hechos históricos contrastados.
Hay que ser claros, a través de un problema de castidad que él tenía construye una creencia que al final lo que hace es ensoberbecer al hombre. Esto cuando Dios lo que nos pide es que luchemos contra el pecado, y, en su misericordia, está dispuesto a perdonarlos una y otra vez pero con la condición de hacer propósito de enmienda, de luchar contra ello. Hay que ponerse de rodillas para pedir perdón, es decir nos salva la humildad ante Dios. Para Lutero era un problema de soberbia, yo no voy a cambiar entonces lo cambio todo para adaptarlo a mi situación.
Lutero, entendido así, no se dejó perdonar por Dios, eludió el perdón de Dios porque sabía que iba a seguir pecando, era un obseso. En ese sentido y ese fue el problema, ocurre que claro nadie se atreve a decirlo así: El problema personal de Lutero resultó tan paradójico que de una debilidad inevitable construyó un sistema completo, todo un cisma.
De esas lluvias de hace cinco siglos vinieron estos lodos modernos: ¿Quién no se apunta a pecar sin consecuencias? ¿A ganar el cielo sin obligaciones ni cruces? ¿Quién no se bastará, cómodamente, solo en la fe para salvarse? De estas preguntas sigue el porqué el protestantismo es el vértice cultural del mundo y está deshilvanando al catolicismo por su venta de una acomodaticia salvación sobrevenida. Los protestantes se consideran unos elegidos por Dios, al igual que los judíos.
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
El protestantismo venció al plan para el mundo del catolicismo español, ha terminado modelando el mundo moderno e impregnando el catolicismo
Lo cierto, observando los hechos históricos de los últimoa 500 años, es que el protestantismo es el que ha modelado el mundo moderno, es decir, por ese gran error derivado de la insania concupiscente de Lutero que acabo de describir y de denunciar, por la plasticidad y simplicidad de su «oferta religiosa» vana y aconodaticia, es el que ha modelado culturalmente el mundo occidental en el que vivimos actualmente y está doblegando al catolicismo.
Y esto lo llevan a cabo. primero a través del mundo institucional, el estado moderno es de origen protestante como es de origen protestante el derecho subjetivo de donde se deriva la categoría de los derechos humanos que otrora los tenía inalienables el hombre por el simple hecho de serlo, el derecho positivo que parlamentariza la ley al gusto de unos pocos por encima de la Ley natural y del derecho natural e incluso del Consuetudinario, como es protestante la secularización. Como es protestante el capitalismo en su concepción hedónico-consumista, y es protestante la aceptación de la usura por Calvino, de ahí nació la banca.
Consideración aparte merece este último punto. En el mundo moderno son periódicas las crisis de deuda producto, en última instancia, de la desmedida lujuria protestante por el dinero, la aplicaciión de modelos económicos intervencionistas bien keynesianos basados en el gasto público y/o bien monetaristas basados en el control de la masa monetaria que generan, ambos, cantidades ingentes de dinero (en forma de deuda) que amén de la consabida inflación recurrente por imprimir más dinero del que necesita la economía, ocasionan periódicamente y sistemáticamente crisis de deuda.
El asunto de los bancos y de la creación de dinero por ellos y los Bancos Centrales lo traté en este post: ¿Quién le pone el cascabel al «triunvigato»?
Sin embargo el catolicismo tomó otros caminos basados en la creación de riqueza partiendo de los teóricos de la Escuela de Salamanca del s. XVI, clérigos y teólogos todos ellos, que sustentó intelectualmente la Primera globalización llevada a cabo por el Imperio español. Dichos teóricos se preocuparon de conjuntar la moral cristiana con la economía, desarrollando los primeros postulados del liberalismo económico. La misma teoría económica austríaca, también de corte escasamente intervencionista -por no decir nulo -, considera compatible e, incluso, mutuamente beneficiosa, por sus teóricos, como Friedrich Hajek y el mismo Von Mises, la función de la religión católica; y en concordancia con su teoría del Orden Espontáneo.
Quizá el aspecto que ha hecho recientemente más famosa esta Escuela de Salamanca es por sus investigaciones sobre la economía. El espaldarazo final a la denominación Escuela de Salamanca de economistas vino dado por Joseph Schumpeter en su Historia del análisis económico (1954), aunque muchos historiadores económicos ya emplearon el apelativo antes que él. Schumpeter estudió la doctrina escolástica en general y la española en particular, y elogió el alto nivel de la ciencia económica en la España del siglo xvi. Según el citado economista, esta escuela fue el grupo que más se merece el título de fundador de la ciencia económica. La Escuela de Salamanca no llegó a elaborar una doctrina económica completa, pero estableció las primeras teorías económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido. Desgraciadamente, no hubo continuación desde finales del siglo xvii, y muchas de sus aportaciones acabaron olvidadas para ser redescubiertas décadas después.
Aunque no se ha encontrado una influencia directa, la Escuela de Salamanca se ha comparado muchas veces con la Escuela austríaca.
El reconocimiento tardío de la Escuela de Salamanca
Sí, los grandes fenómenos que caracterizan el mundo moderno son de matriz protestante. Es verdad que esa matriz protestante es racionalista pero eso deviene en irracional y pagana finalmente porque tiene un cuño gnóstico, que cree en el conocimiento directo de la divinidad oculta, y que puede alcanzarse a través de intuiciones místicas o esotéricas,
Doctrina filosófica y religiosa de los primeros siglos de la Iglesia, mezcla de la cristiana con creencias judaicas y orientales, que se dividió en varias sectas y propugnaba tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas, un conocimiento mitológico más que el histórico-revelado que racionalmente fue aceptado por la Iglesia Católica en base a los evangelios de los testigos directos de la vida de Jesús.
RAE
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
La penetración en la Iglesia católica por el Modernismo surgido del Protestantismo
Finalmente es ese mundo protestante el que penetra en el mundo de la Iglesia Católica a través del Modernismo. Cuando San Pío X en su Carta Encíclica Pascendi de 1907 dice que el Modernismo es el Sumidero de todas las herejías y empieza a examinar cuáles son sus grandes tesis primero filosóficas y luego políticas da en el clavo de los problemas de la Iglesia Católica de entonces y de la actual.
[la situación]… exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.San Pío X / Carta Encíclica Pascendi de 1907
Las cuatro grandes tesis que enuncia el Modernismo son primero, el gnosticismo, la doctrina del mito y el simbolismo: “No se puede alcanzar verdad”. Dicen que la razón humana está encerrada en el círculo de los fenómenos y es incapaz de elevarse a Dios, de donde se infiere que Dios no puede ser objeto directo de la razón ni de la ciencia .. y de ningún modo puede ser sujeto de la historia. Es decir, el cristianismo convertido en mito. La doctrina de lo simbólico.
… el concilio Vaticano decretó lo que sigue: «Si alguno dijere que la luz natural de la razón humana es incapaz de conocer con certeza, por medio de las cosas creadas, el único y verdadera Dios, nuestro Creador y Señor, sea excomulgado»(4). Igualmente: «Si alguno dijere no ser posible o conveniente que el hombre sea instruido, mediante la revelación divina, sobre Dios y sobre el culto a él debido, sea excomulgado»(5). Y por último: «Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la fe, sea excomulgado».
Carte Encíclica Pascendi de 1907 de San Pío X
En segundo lugar la inmanencia vital que se eleva por encima de la razón y la ciencia: Todo cuanto se contiene en la historia de la Iglesia se ha de explicar por la emanación vital que surge del interior del hombre. La religión del sentimiento, de la experiencia singular de cada hombre. El sentimiento religioso, que brota por vital inmanencia de los senos de la subconsciencia, es el germen de toda religión y la razón asimismo de todo cuanto en cada una haya habido o habrá.
En el sentimiento religioso se descubre una cierta intuición del corazón; merced a la cual, y sin necesidad de medio alguno, alcanza el hombre la realidad de Dios, y tal persuasión de la existencia de Dios y de su acción, dentro y fuera del ser humano, que supera con mucho a toda persuasión científica. Con esto, mientras se separan del racionalismo caen en la doctrinalidad de los protestantes y pseudomísticos.
¡Cuánto dista todo esto de los principios católicos! Semejantes quimeras ya se vieron reprobadas por el concilio Vaticano I. Hay que advertir que de esta doctrina de la experiencia (inmanencia vital), unida a la otra del simbolismo (agnosticismo), se infiere la verdad de toda religión, incluído el paganismo y el ateismo que, en sí, no son más que creencias. Item más ese sentimiento religioso es válido para todas las religiones, cada una cree en lo que cree y es tan respetable como las otras. Todas las religiones existentes son verdaderas para el Modernismo.
Sin embargo, para el catolicismo, el creyente experimenta una interna necesidad que le obliga a armonizar la fe con la racionalidad, el conocimiento del mundo y la ciencia. Pero para el modernista la divinidad de Cristo es cuestión de fe, no de historia ni racional ni de ciencia, la predican así en sus templos pero cuando escriben de historia no hacen mención de la divinidad de Cristo: El me justificó tan solo por la fe, protestante. Así mismo dicen que su Iglesia nace de la conciencia religiosa inmanente de sus creyentes y no que fuera fundada por Cristo.
En tercer lugar, el subjetivismo. circunstancia que va ligada y casi como consecuencia a las dos tesis anteriores del gnosticismo y la inmanencia vital que abre la puerta de par en par al relativismo y al nihilismo
En cuarto lugar, resaltar el carácter reformador crónico del modernismo protestante con el que ha sido largamente irrigado el catolicismo. Andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero príncipalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada. La Iglesia, para ellos, se ha de adaptar a los tiempos modernos.
Ese Modernismo es el que se infiltra en la Iglesia Católica y que se expande con gran fuerza en ella, es fundamentalmente de progenie protestante y hiere en el fondo la cultura católica, destruyendo el principio fundamental de la teología católica expuesto por Santo Tomás en la cuestión primera de la Summa Theologiae: “la gracia no quita la naturaleza sino que la perfecciona”. Esa es la conjunción armónica que nos dio el Creador entre la fe, la razón y la ciencia, entre el eros y el ethos.
Por un lado, en nuestros días ya no hay naturaleza, destruida y sustituida por un constructo irracionalista por el que ya no es la naturaleza en sí. Y, por otro lado, la fácil conversión en un sencillo y simple fideísmo que es otro gran problema y otra gran tentación para la cultura católica. Recuerden: ¿Quién no se apunta a pecar sin consecuencias? ¿A ganar el cielo sin obligaciones ni cruces? ¿Quién no se bastará, cómodamente, solo en la fe para salvarse?
El protestantismo, en nuestros días, se mueve entre dos grandes errores que han ido impregnando al catolicismo a lo largo de cinco siglos y que además en el fondo convergen y se retroalimentan. Por una parte la destrucción de la ley natural por omisión y por otra parte el fideísmo convertido en un sentimentalismo en el que la fe es un puro sentimiento y la Salvación es regalada por Dios. Y esta es la gran tragedia del catolicismo esto se ve reflejado en todo en la Iglesia Católica, se ve en la teología, se ve en la filosofía, se ve en la moral, en la liturgia -todas las grandes reformas litúrgicas últimas tienen ese fondo-.
Según Charles Péguy el mundo moderno, es moderno en todo y por tanto es anticristiano en todo y que allí donde hay restos de cristianismo o de cristiandad, el gran golpe maestro de Satanás es modernizarlo. Y termina Péguy: “cuando hay un eclipse todos estamos a oscuras”. Y esta es la tragedia de la cultura católica en nuestros días, como consecuencia de esa invasión protestante que la ha destruido en su raíz de bien. Desde su máximo esplendor hace poco más de cinco siglos, el catolicismo, regalado generosamente por los españoles en los inicios de la Edad Moderna con el eros y el ethos operando en su máxima expresión, está cayendo hacia el paganismo insuflado lenta pero inexorablemente a lo largo de ese medio milenio por el protestantismo.
Ver mi entrada: El alma de los clásicos – Charles Péguy
Protestantismo: El eros y el ethos católicos no debían cambiar el mundo
Reflexiones finales: Siempre hay esperanza
Y para que no os quede un regusto amargo como el que queda en el paladar y el ánimo del derrotado, incluso ya convencido de su inferioridad moral por su vencedor, tengo que deciros que considero el carácter y pundonor del español como algo asido a su alma y que, a no mucho tardar, se desembarazará de su derrota y de la desidia que por su depresión inducida por tantos siglos de ignominias echadas sobre sus espaldas le aflige ahora.
Dice Elvira Roca Barea que la Leyenda Negra es como una pesada losa que nos impide levantarnos. Yo digo que somos como el titán Átlas, que se dejó poner y aceptó sostener las esferas celestes por la eternidad. La solución es tan sencilla como dejar de sostener la losa de la infamia, apartarnos de ella y dejarla caer. Pregonar nuestra historia real, no la inventada por los demás.
Esto que digo no es fácil porque requiere dos cosas, una de ellas es una fomación educativa por generaciones que nos cuente nuestra historia tal como fue (cosa esta difícil de conseguir mientras estemos en la dinámica balcanizante en España y no haya un sistema educativo único) y la otra que en alguna de esas generaciones salgan los auténticos líderes dispuestos a batallar dialéctica y formalmente en su país y con los países que nos pusieron encima tamaña losa de autodestrucción.
Por eso he querido acabar con las conclusiones finales y esperanzadoras de Elvira Roca Barea:
“Sobre la aceptación universal e incontestada de la leyenda negra se dibujó un paisaje de Europa que incorporó en su diseño el eje de la superioridad del norte frente a la inferioridad del sur. Hoy, en el siglo XXI, nadie cuestiona esto. Ahora bien, aquí hay que distinguir dos niveles de discurso.
- Es indiscutible que, a lo largo del siglo XIX, la hegemonía del mundo occidental pasó del eje católico-mediterráneo al protestante-atlántico.
- Es absolutamente discutible que esto lleve aparejado alguna clase de superioridad moral o que esta hegemonía del norte venga causada por ella.
Y lo más discutible de todo es que esta situación sea irreversible y eterna”.
FiN
P.D.- Para el que desee leerse las reflexiones finales de Roca Barea al completo, las dejo a continuación.
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