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El enésimo tropezón del relato

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
12/09/2021
Tiempo de lectura 2 minutos.
El enésimo tropezón del relato
Un joven caminando por una calle Malasaña, el barrio donde se produjo la presunta agresión.

La falsa víctima de la agresión homófoba mintió para ocultar sus prácticas sexuales masoquistas a su pareja. El joven español que denunció falsamente las heridas sufridas -tiene marcada la palabra «maricón» en una nalga con un objeto punzante- lo hizo para ocultar a su novio prácticas masoquistas. (El enésimo tropezón del relato).

El enésimo tropezón del relato

El tropezón del «populismo punitivo»

A las mesnadas político mediáticas les da igual hacer el ridículo; como ha ocurrido con los últimos casos impostados de violencia homófoba y xenófoba que no eran sino teatro del absurdo. Meros fuegos de artificio con la mecha mojada, una mascletá sofocada al nacer. Pero esta vez la caída ha sido de las que cuesta levantarse con un mínimo de decoro. Verles tan desorientados a estos revolucionarios moernos del cambio social impuesto, después de un tropiezo tan risible, es un bálsamo para los que soportamos estoicamente tanta intrusiva veleidad infantil de fingido llanto, de dramas troleros y de teatreros miedos despatarrados.

Ellos que se relamían de gusto con perpetrar sus orgiásticas hogueras mediáticas y callejeras de justicia asamblearia; juzgando sin tribunal ni garantías al modo dedo gordo romano hacia abajo, a la manera de linchamiento de turba vaquera, soga en mano. Viven presos de su hedonismo social-justiciero.

Su justicia del pueblo masa postmoderno, su «populismo punitivo» ha caído con estrépito cual meretriz afecta de gálico galopante bajo el peso de la prueba de la nalga juvenil con su «maricón» grabado, en pretendida ocultación de infidelidades masoquistas – hasta la infidelidad ha perdido las formas- o de esa xenofobia de autor amañado para dilapidar de mahometanas maneras a un adversario al que con gusto cortaría las manos ilegalizándolo.

Pero les da igual que les da lo mismo pues se sienten ungidos como gudaris ideológicos, como guardianes emocionales de sus mantras. Nunca, para un grupo humano, como estos neandertales del bulo,;el fin justificó tanto los medios hasta hacerlos caer en el más pueril y esperpéntico de los ridículos. A estos peripatéticos de beata sotana la farsa emocional les sostiene con «impasibles  ademanes» pseudomoralistas, emulando esos de antaño que tanto gustan de criticar.

El enésimo tropezón del relato
Observen cuantos chirinquitos subvencionados convocantes.

Lo que hay en el transfondo del relato

En el fondo el asunto es más utilitario, de un prosaismo que oculta bajo multiples capas de entretelas inguinales sus ladinas intenciones peseteras. Siempre estuvo claro, todo es por la pasta chiringuitera. Homofobia, xenofobia y violencia de género,;los tres hiperchiringos de clase victimada dependen de sostener el relato contra viento y marea. Pero se han encontrado con ‘el discurso de… ¿de quién dijo?’ (1) que lo va diluyendo como aguanís. Tendrán que beberse muchas palomas (2) para levantar un relato que ha quedado tocado para los restos.

Lo otro, el discurso del miedo a la ultralidad, está con un pie en la tumba después de tantas intentonas de grosera impostura. Aun colean los sobres con balas y las amenazas inventadas.

(1) Según palabras del alcalde Almeida a la Ser: «Quizás sea excesivo» relacionar lo de Malasaña con el discurso de… ¿de quién dijo?

(2) Al aguanís en mi juventud lo llamaban «paloma» por ese color blanco brillante de la mezcla de anís con agua. Bebida para infantes imberbes.

El enésimo tropezón del relato.

Sin embargo, no podemos banalizar estos ruines comportamientos. La grosera utilización política de las víctimas como herramienta arrojadiza es una indignidad inaceptable; que se repite una y otra vez sin que sus autores sean condenados y desfenestrados por una sociedad;que ha perdido hace mucho tiempo el norte moral. Recuerden que, no hace ni dos meses, estas hordas amorales se aprovecharon de la muerte del joven Samuel asesinado brutalmente de una paliza, “presuntamente por ser homosexual”. Todo esto desoyendo las peticiones de los padres de no utilizar políticamente la muerte de su hijo.

Quede claro y diáfano que los españoles no son ni homófobos, ni xenófobos ni practican violencias conyugales. Todas la estadísticas que tengan a bien mirar hablan de uno de las países más tolerantes y seguros del mundo; y ocultar esa realidad aplastante requiere un relato omnipresente. Un relato que, con la sucesión de patinazos como estos, afortunadamente, empieza a tener los días contados. Pero, recuerden, mientras tengan pasta para subvencionar esa pléyade de chiringuitos y de medios de comunicación seguirán sermoneándonos.

El enésimo tropezón del relato.

FiN

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