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Covid: La verdad sólo la verdad y nada más que la verdad

Escritor Español Petrusvil

19/09/2021
Tiempo de lectura 39 minutos.
Covid: La verdad sólo la verdad y nada más que la verdad

Aviso que este documento es muy exhaustivo y abarca todos los aspectos relevantes de la Covid. A quién no desee leerlo en su completitud le sugiero;que use la tabla de contenidos al principio del mismo para ir directamente al tema que más le pueda interesar. (La verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad de la Covid). Si desean algo más liviano pueden leer mi post Covid en veinte párrafos (6 minutos).

Tabla de contenidos

El miedo impide pensar, por lo que resulta imprescindible recuperar la calma.

Tras año y medio de covid, que se nos ha hecho una eternidad,;hemos tenido que lidiar ahora con una epidemia de pánico causada por una perenne campaña de terror mediática; un bombardeo diario de cifras diarias de muertos y de historias de terror que han inundado la imaginación colectiva; transformando un virus respiratorio en un virus con superpoderes – el “bicho” en el decir popular-;que supuestamente nos amenaza en cada esquina o en cada persona con la que nos cruzamos; y nos ataca de las formas más insospechadas: Huelgo decir que tamaño. La mecánica de terror nos ha inundado de sentimientos de culpa si no cumplimos con las normas impuestas, por irracionales o absurdas que nos parezcan, alguien morirá.

¿Tenemos motivos para vivir aterrorizados y atrapados por la culpa o, por el contrario,;se ha utilizado el terror y la culpa como poderosísimas armas de manipulación y dominación? ¿Está esto relacionado con el mayor ataque a nuestra libertad sufrido nunca mediante medidas totalitarias, abusivas e ilegales, mayoritariamente inútiles desde el punto de vista epidemiológico pero que han generado una epidemia de neurosis, de paranoias, de trastornos obsesivo-compulsivos, de histerias, de agresividad y de depresión? El miedo impide pensar, por lo que resulta imprescindible recuperar la calma. Al covid, como a la mar, hay que tenerle respeto, pero no miedo.

La única forma de vencer al miedo es el conocimiento objetivo del causante, de su auténtica naturaleza y de la cuantía objetiva de sus efectos. Voy a dedicar estas páginas a desmontar la farsa covid aportándoles datos científicos, fehacientes y contrastados.

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¿Cuáles son los parámetros relevantes para medir el impacto de la Covid?

El número de contagiados oficiales (IA) nunca ha sido un parámetro fiable ni representativo, pues no sólo depende del número de test realizados, sino que,;como pudo comprobarse con los estudios serológicos realizados en España y en otros países, el número de personas que habrían estado expuestos al SARS-CoV-2 (muchos de ellos sin llegar a desarrollar la enfermedad, pues un asintomático, por definición, no está enfermo) era tres veces el número de contagiados “oficiales”.

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La mortalidad IFR es el parámetro más fiable

Hay tres formas diferentes de medir la letalidad de una enfermedad. El Case Fatality Rate (CFR) que mide el número de muertes dividido entre el número de casos con diagnóstico confirmado (“oficiales”). Dado que, como hemos visto, el número de casos reales es varias veces superior al número de casos “oficiales”, el CFR siempre sobreestima la letalidad. Para corregir esto existe el Infection Fatality Rate (IFR); que mide el número de muertes dividido entre el número de casos estimado o conocido por estudios de seroprevalencia (Un estudio para conocer la cantidad de gente que se ha infectado de una enfermedad). Es una medida más realista de la letalidad de un patógeno.

En el siguiente cuadro, realizado por el Ministerio de Sanidad de España), pueden observar que la letalidad para ;mayores de 70 años es del 4,1%, es decir, que se recupera el 96% de las personas mayores de 70 años que se contagian. En el rango de edad de 50 a 69, la letalidad del covid ya baja al 0,3% (se recupera el 99,7%). Para la franja de 20 a 49, la letalidad es del 0,03% (sobrevive el 99,97%), y para menores de 20, la letalidad, si me lo permiten, es asintótica con el 0%.

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En otros países las cifras son similares. De este modo, el riesgo para un joven es 1.000 veces inferior que para un anciano. Este dato resulta crucial, puesto que ¿cómo se justifica tomar las mismas intervenciones no farmacéuticas; (confinamientos, mascarillas, etc.) o farmacéuticas (vacunas) para personas cuyo nivel de riesgo es 1.000 veces diferente? El estudio, arroja otro dato significativo: el riesgo para una mujer adulta es la mitad que para un hombre.

Por último, reseñar que en las cifras anteriores están incluídos pacientes que tenían enfermedades preexistentes. Cuatro comorbilidades (obesidad, diabetes, hipertensión y problemas cardíacos) suponen casi dos terceras partes de las hospitalizaciones por covid. De este modo, la probabilidad de morir por covid para una persona sana es varias veces inferior a las que se deducen de las tablas anteriores. Así pues, el riesgo diario de morir por coronavirus para personas sin comorbilidades es equivalente al riesgo de morir yendo en coche a trabajar a diario. Por último, en niños y adolescentes la mortalidad por covid es cercana a cero.

¿Por qué se ha “protegido” a quienes no hacía falta proteger de una enfermedad tan leve mientras se desprotegía a quienes debían ser protegidos (mayores de 80 años), especialmente a las en residencias?

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Estudios MoMo: Exceso de mortalidad, la llave que desmonta la farsa.

La gravedad de una epidemia queda reflejada en el exceso de mortalidad, es decir, en que mueren muchas más personas de lo normal. Por consiguiente, el estudio del exceso de mortalidad arroja mucha luz sobre la verdadera gravedad de la epidemia a lo largo del tiempo. En los siguientes dos cuadros podrán observar la mortalidad normal y el exceso de mortalidad desde el comienzo de la epidemia. La zona sombreada color azul claro es el rango de variación de mortalidad en un año normal;con una línea azul oscura que muestra los datos medios.

Podrán observar que hay muchas más muertes en invierno que en otras épocas del año. La línea negra más gruesa son los muertos contabilizados durante la epidemia. Cuando la línea negra sobrepasa la zona sombreada azul claro, entonces se produce un exceso de muertes respecto de un año «normal»,; como es especialmente evidente en el mes de abril del 2020. En el primer cuadro, referente al exceso de mortalidad en España para todas las edades, observarán que desde la primavera del 2020 ;sólo ha habido un pequeño exceso de mortalidad en otoño y otro en invierno,;pero desde mediados de febrero del 2021 no ha habido prácticamente exceso de muertes.

Así pues no ha habido las cinco olas que nos han vendido. Sino la mayor en la primavera de 2020 y otra, equivalente a un 40% de la primera en el invierno de 2021 pero con mucho menos exceso de muertes relativa respecto a la banda azul promediada. Propiamente la epidemia, como tal, acabó a finales de mayo o principios de abril de 2020.

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El segundo cuadro, que pueden ver en la siguiente página, muestra el mismo exceso de mortalidad pero sólo para menores de 65 años. Como podrán comprobar, desde mayo del 2020 (y con un ligerísimo repunte invernal) puede decirse ;que no ha habido prácticamente exceso de mortalidad de menores de 65 años en España; o sea, que no han muerto más menores de 65 que en un año normal. Es decir, que para esta franja de edad no ha habido epidemia si la medimos de este modo desde mayo del 2020. Podríamos preguntarnos por qué entonces se les ha seguido imponiendo tantas medidas restrictivas, liberticidas y ruinosas.

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Las innumerables creencias supersticiosas que han transmitido los titulares periodísticos (y torticeros “expertos” cuidadosamente elegidos para transmitirlas); contrastan con lo que dice la ciencia, como comprobarán en los próximos capítulos de boca de los principales expertos mundiales; con transcripciones literales de publicaciones científicas (pueden ver la fuente tras cada cita).

… ni quinta ola, ni cuarta, ni tercera, ni segunda.

Las epidemias tienen siempre un componente local. Por ello, su evolución ha sido completamente distinta en distintas regiones. En el siguiente cuadro puede verse el número de fallecidos diarios en Madrid con covid desde el comienzo de la epidemia. Pueden observar una primera ola gigante en abril del 2020 cuando Madrid (y alguna otra región) lo pasó francamente mal, con médicos que tuvieron que realizar traumáticos triajes seleccionando qué pacientes tratar y cuáles no, y que veían impotentes cómo el covid se llevaba por delante a tantos, pero desde entonces no ha habido ninguna ola más, sino tan sólo dos pequeños repuntes, en otoño e invierno. Las cifras de este último, además, incluyen con toda probabilidad muertos por gripe contabilizados como muertos por covid por síntomas compatibles a pesar de análisis negativos. En Madrid, por tanto, no ha habido ni quinta ola, ni cuarta, ni tercera, ni segunda.

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Niños y colegios: un maltrato innecesario

Desde prácticamente el principio de la epidemia se sabía que los niños no eran los responsables principales de la transmisión; y que el covid para ellos era como un simple resfriado. Esto es lo que decía la ciencia:

• “Los niños no son responsables de la mayor parte de la transmisión y los datos apoyan la apertura de escuelas”. Fuente: S. Mallapaty, Nature (7 mayo 2020)
• “Para los niños el Covid es menos peligroso que la gripe”. Fuente: Dr. M. Kulldorff (Prof. Medicina, Harvard University) et al., gbdeclaration.org (4 octubre 2020)
• “Cuando los niños se infectan, la mayoría son asintomáticos, y mientras que la transmisión adulto-adulto y adulto-niño es común, la transmisión niño-adulto no lo es”. Fuente: Dr. J. Bhattacharya (Prof. Medicina, Stanford University) & Dr. M. Kulldorff (Prof. Medicina, Harvard University), WSJ (3 septiembre 2020)
• “La transmisión de niño a niño en las escuelas es infrecuente y no es la causa principal de infección por el SARS-CoV-2”. Fuente: ECDC (6 agosto 2020) (European Center for Disease Prevention and Control), máximo organismo europeo de control de enfermedades infecciosas y homólogo del conocido CDC (Centers for Disease Control and Prevention) norteamericano.
• “En Suecia, donde no cerraron los colegios, no ha habido ni una sola muerte en una población escolar de casi dos millones de niños”. Tampoco los maestros han tenido un riesgo relativo superior a la población. Fuente: Dr. J. Bhattacharya (Prof. Medicina, Stanford University) & Dr. M. Kulldorff (Prof. Medicina, Harvard University), WSJ (3 septiembre 2020) y Dr. J.F. Ludvigsson (Epidemiólogo, Royal Caroline Institute & Örebro University Hospital) et al., NEJM (18 febrero 2021)

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A pesar de ello, las autoridades han continuado creando un ambiente irrespirable en los colegios. Como era de prever, esto ha tenido graves efectos perniciosos en ellos:

• “El confinamiento estricto de niños y adolescentes tiene consecuencias significativas en la salud mental de ambos”. Fuente: J.P. Pizarro-Ruiz et al., Nature (3 jun 2021)
• “Se duplican los casos de urgencias psiquiátricas infantiles; los trastornos de conducta alimentaria; los casos de ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos, depresión y las autolesiones e intentos de suicidio en adolescentes, empezando a saturar las consultas y las urgencias hospitalarias”. Fuente: Asociación Española de Pediatría (3 junio 2021)

Por último, si para menores de 65 apenas había habido exceso de mortalidad desde mayo del 2020, en niños no ha habido exceso de mortalidad alguno desde el comienzo de la epidemia. Como puede apreciarse en el cuadro siguiente: para los niños no ha habido epidemia alguna, puesto que para ellos el covid, en el infrecuente caso de presentar síntomas, es leve, leve, leve.

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Si para los niños el covid es menos grave que la gripe, si la probabilidad de transmisión a los adultos es bajísima (entre otras cosas porque la mayoría de niños cursan asintomáticos paucisintomáticos) y el riesgo para los profesores (la mayoría, de población no de riesgo y ahora vacunados) es, por tanto, bajísimo, ¿por qué se siguen transformando los colegios en campos de concentración? ¿Quién se hace responsable de los trastornos mentales creados a nuestros hijos? La ciencia apoya, sin duda, que los colegios funcionen con absoluta normalidad, sin mascarillas ni parafernalias. Lo contrario, por consiguiente, es acientífico y sólo puede catalogarse como medidas políticas que sacrifican a sabiendas la salud de los niños (que no votan) para tranquilizar a sus mayores (que sí votan) o para que un grupo de políticos se cubra las espaldas, un verdadero escándalo que debe acabar ya.

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Contagios improbables: asintomáticos y vía superficies

Asintomáticos (lo nunca visto en epidemiología)

La idea del contagio de asintomáticos ha sido otra farsa del miedo, lo nunca visto en epidemiología,; puesto que generalmente la contagiosidad de una persona guardaba cierta relación con la virulencia de sus síntomas. Si bien es cierto que una persona presintomática (o más bien deberíamos decir paucisintomática); puede transmitir el virus 24-48 h antes de desarrollar síntomas evidentes, la probabilidad de ello es baja. Sin embargo, el contagio de asintomáticos ha convertido a cualquier familiar, vecino o transeúnte; en una potencial amenaza para la integridad física. Con el consiguiente desarrollo de neurosis, paranoias y conductas agresivas de personas trastornadas por el pánico.

Pero ¿qué dice la ciencia?

• “El tiempo de liberación de carga viral es inferior en asintomáticos (…), que tienen un menor peso en la propagación del SARS-CoV-2 (…). Un estudio de prevalencia en Wuhan no encontró evidencia de transmisión asintomática”. Fuente: A.M. Pollock et al., BMJ (21 diciembre 2020)• “La transmisión secundaria en hogares de asintomáticos fue sólo del 0,7%, mientras que en personas con síntomas fue del 18%.” Fuente: Dr. Z.J. Madewell (Florida University) et al., JAMA (14 diciembre 2020)
• “De 1.174 casos de contactos estrechos con asintomáticos, no se encontró ni un solo positivo”. Fuente: Y. Gan (Huazhong University, Wuhan) et al., Nature (20 noviembre 2020)
• “La transmisión de covid por parte de asintomáticos es muy inhabitual”. Fuente: María van Kerkhove (Responsable de Enfermedades Emergentes de la OMS), The Guardian (9 junio 2020)

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Contagio vía superficies

Más miedo inducido sin causa científica probada. El miedo a contagiarse a través del contacto con superficies “infectadas” ha sido una de las características más llamativas de esta epidemia. A causa de ellos, se han desarrollado multitud de trastornos obsesivo-compulsivos (TOC, OCD en inglés) que no desaparecerán de la noche a la mañana.

Recordemos que al comienzo hubo incluso una recomendación/obligación de llevar guantes en determinados casos. Así, hemos visto a personas dejando los zapatos en la entrada de su casa por la creencia supersticiosa; (desacreditada por virólogos italianos desde abril del 2020) de que el virus permanecía activo en el asfalto.

También hemos visto clubes deportivos que obligaban a sus socios a limpiar las suelas de las zapatillas con gel antes de utilizar las instalaciones y personas que limpiaban con lejía toda la comida a la vuelta de la compra. Desgraciadamente, la adicción al gel hidroalcohólico continúa siendo muy frecuente. Sin embargo, desde el principio mismo de la epidemia; (como tuve ocasión de denunciar en un artículo publicado en junio del 2020); se sabía que esta creencia era supersticiosa: la probabilidad de contagiarse vía superficies es remota. A pesar de ello, al comienzo de la pandemia éstos eran los titulares periodísticos:

La ciencia no apoyaba estas creencias supersticiosas:

• “En general, debido a la escasa supervivencia de estos coronavirus en las superficies, es probable que exista un riesgo muy bajo de propagación a partir de productos alimentarios o envases”. Fuente: CDC (22 junio 2020)
• “El riesgo de transmisión de covid a través de fómites se basa en estudios que no se asemejan a la vida real. Intentando replicar las condiciones reales en las que una superficie podría ser contaminada por un paciente, no se detectó SARS-CoV-2 viable en superficies. La posibilidad de transmisión a través de superficies inanimadas es muy pequeña”. Fuente: E. Goldman (Prof. Microbiology and Molecular Genetics, NJ Medical School), The Lancet (30 julio 2020)

La higiene sensata de manos es importante, pero una cosa es la necesidad de una higiene reforzada y otra la creación de trastornos obsesivos-compulsivos. Sigamos los consejos de nuestras abuelas cuando éramos niños (lávate las manos antes de comer y cuando vuelvas de la calle y no te metas el dedo en la nariz); pero no nos volvamos locos fregoteando nuestras manos hasta el paroxismo sin razón alguna.

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La poderosa y duradera inmunización natural

Una de las características más sorprendentes de esta epidemia ha sido el desprecio y ninguneo de la inmunización natural. Doblemente chocante por cuanto contrastaba con una fe totémica en la eficacia de unas vacunas poco testadas ;que entonces sólo eran una vaga esperanza y cuyas antecesoras frente a otros tipos de coronavirus se habían saldado en rotundo fracaso. En efecto, el contubernio mediático-político-farmacéutico trasladó a la opinión pública desde el comienzo una desconfianza en la duración y calidad de la inmunización a largo plazo causada por la infección por covid.

La ciencia, la experiencia y el sentido común no apoyaban tal desconfianza. Antes bien al contrario, se sabía desde el principio que el SARS-CoV-1, primo hermano del SARS-CoV-2; producía una inmunización extremadamente duradera a quien había pasado la enfermedad, por lo que el caso probable era que ocurriría lo mismo ahora. Sin embargo, la prensa hablaba constantemente de reinfecciones, cosa que sencillamente no estaba ocurriendo.

Para que se hagan una idea, a enero del 2021 sólo había 31 reinfecciones documentadas en todo el mundo; (sobre varios centenares de millones de casos). Paulatinamente, una multitud de estudios fueron apuntalando que la inmunización natural tras haber pasado el covid era amplia y muy duradera. La doctora Iwasaki, inmunóloga de la Universiada de Yale, se sorprendía de que dichas noticias causaran sorpresa; y defendía que eso era lo esperable desde el principio,;por lo que cabe preguntarse por qué se quiso instalar en la imaginación colectiva que pasar el covid no protegía de nuevas reinfecciones.

La preocupación por el menguante número de anticuerpos detectados en análisis serológicos tras la infección sólo denotaba ignorancia; pues una reducción de anticuerpos es exactamente lo que cabe esperar tras una infección combatida victoriosamente.

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Si usted ha pasado la covid, aunque sea levemente, estará protegido durante décadas o quizá para siempre

Si usted ha pasado la covid, aunque sea levemente, estará protegido durante décadas o quizá para siempre, y no debería preocuparse más; pasar el covid no sólo protege contra posteriores reinfecciones, sino que además supone una protección mucho más completa y duradera que la otorgada por las vacunas. Tanto en evitar la reinfección como la hospitalización, como está quedando de manifiesto y veremos cuando hablemos de ellas.

La superioridad de la inmunización natural es múltiple. Entre otras cosas, la variedad de antígenos presentados por las células presentadoras de antígenos (en inglés, APC) y memorizados por el sistema inmunitario adaptativo es enorme, por lo que las células B fabricarán anticuerpos y las T activarán células NKT (Natural Killer T-cells) específicos contra todos ellos y reconocerán con mayor facilidad variantes y mutaciones posteriores, tanto a nivel humoral como celular.

Sin embargo, el único antígeno presentado por las vacunas es la proteína Spike, o sea, que el sistema sólo tiene una foto anticuada del virus y no el resto de la información. Como recogen científicos de la Universidad de Oxford, “esto tiene potencialmente enormes implicaciones para las vacunas que sólo utilizan el antígeno S,  puesto que provocarán una respuesta de células T CD8+ más estrecha que la producida tras la infección natural con el SARS-CoV-212”.

Por ello, las mutaciones pueden sortear más fácilmente al sistema inmunitario vacunado artificialmente que al vacunado naturalmente. En segundo lugar, la infección natural se produce vía mucosas, por lo que se activan las defensas allí y en especial los anticuerpos IgA (clave en la lucha contra el SARS-CoV-2 y, sin embargo, obviados en los estudios serológicos) y no sólo IgG. De ahí que la inmunidad natural pueda ser esterilizante de modo que, en caso de nuevo contacto con el coronavirus, no se desarrollarán síntomas ni se podrá transmitir la infección.

Por el contrario, la protección con vacunas suministradas por vía subcutánea o intramuscular producen una limitada protección sistémica y, aunque puedan mitigar los síntomas en caso de nueva exposición al patógeno, no siempre los evitarán (con la variante delta, la mayoría no lo evitan), y la persona vacunada podrá seguir transmitiendo la enfermedad. Es decir, que “esta vía de administración [de vacunas] puede no generar una respuesta inmunitaria protectora en el tracto respiratorio superior que en cambio sí se genera en la infección natural”. De hecho, un estudio recientísimo concluye que “los anticuerpos de memoria seleccionados a lo largo del tiempo por la infección natural tienen mayor potencia y amplitud que los anticuerpos obtenidos por las vacunas”. Es exactamente lo que estamos viendo en países con un amplísimo porcentaje de población vacunada, como Israel, cuyos casos y muertes están aumentando.

Fuentes:

Researchers find long-lived immunity to 1918 pandemic virus | CIDRAP (umn.edu)
Frontiers | Will SARS-CoV-2 Infection Elicit Long-Lasting Protective or Sterilising Immunity? Implications for Vaccine Strategies (2020) | Immunology (frontiersin.org)
Antibody Evolution after SARS-CoV-2 mRNA Vaccination | bioRxiv

No existen razones médicas para este ninguneo de la inmunización natural, por lo que el motivo sólo puede obedecer a intereses bastardos. Existe, desde luego, un gigantesco interés económico en las farmacéuticas, que quieren vacunar a cuantas más personas, mejor. ¿Explica el interés económico por sí mismo estas medidas acientíficas o existen también otros motivos políticos más oscuros? Sólo puedo formular esta pregunta mas no responderla, pues entraría en un terreno especulativo que quiero evitar aquí.

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Inmunización natural, lo que dice la ciencia

Es momento de ver qué dice la ciencia.

• “El SARS-CoV-2 está estrechamente relacionado con el SARS-CoV, compartiendo casi un 80% de identidad de secuencia genómica”. Fuente: S. Jiang (Lindsley F. Kimbal Research Institute, New York) et al., Trends in Immunology (2 abril 2020)
• “Aquellos que superaron el SARS-CoV-1 siguen teniendo inmunización hasta 17 años después”. Fuente: D.E. Anderson (Duke-NUS Medical School, Singapore) et al., Emerging Microbes & Infections (8 mayo 2020) & X. Guo et al., medRxiv.org (14 febrero 2020)
• Las personas que han superado el covid, incluso de forma leve, generan inmunidad natural a muy largo plazo y en todos los niveles de defensa: mucosas, humoral, celular (células T), e incluso inmunidad esterilizante. Fuente: A. Mantovani, El Mundo (15 abril 2020); Q. Long et al., Nature (29 abril 2020); L. Ni et al., NCBI (3 mayo 2020); A. Wajnberg et al., medRxiv.org (5 mayo 2020); N. Le Bert et al., Nature (15 julio 2020); S. Burgess et al., BMJ (3 septiembre 2020); M.W. Russell et al., Frontiers in Immunology (30 nov. 2020); D.S. Kim et al., Frontiers in Immunology (9 diciembre 2020)
• “La infección leve por el SARS-CoV-2 induce una memoria inmunitaria humoral robusta y de larga duración en los seres humanos”. Fuente: J.S. Turner (Dept. Immunology, Washington University School of Medicine) et al., Nature (24 mayo 2021)
• “Los datos sugieren que la inmunización de las personas convalecientes será muy duradera”. Fuente: Z. Wang (Lab. Molecular Immunology, Rockefeller University, NY) et al., Nature (14 junio 2021)
• Era lo esperable: “Eso es lo que se supone que tiene que ocurrir”. Fuente: A. Iwasaki (Inmunóloga, Yale University), NYT (17 noviembre 2020)
• “31 casos de reinfección por covid han sido confirmados en todo el mundo”. Fuente: C. Stokel-Walker, BMJ (19 enero 2021)
• “Aunque los anticuerpos disminuyan por debajo de los límites de detección, no significa que su ‘memoria’ haya desaparecido. El virus ni siquiera tendrá una oportunidad la segunda vez”. Fuente: Dr. M. Mina (Inmunólogo, Harvard University), NYT (26 julio 2020)
• “Aunque el nivel de anticuerpos sea bajo, las personas previamente infectadas pueden tener una respuesta de células T lo suficientemente buena como para proporcionar protección”. Fuente: A. Iwasaki (Inmunóloga, Yale University), NYT (26 julio 2020)

Si usted ha pasado el covid, quédese tranquilo. Está estupendamente protegido y es innecesario o incluso irracional que se vacune o que se preocupe más por esta enfermedad.

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¿Cuánto tiempo se es contagioso? La sobredosis de PCR

Otro misterio de la epidemia es por qué se han estado guardando cuarentenas de 15 días cuando desde marzo del 2020;se sabía que 8 días después de presentar síntomas no se era contagioso, independientemente de lo que dijera una PCR. Los gobiernos tardaron meses en reducir el período a 10 días. La disrupción causada por cuarentenas tan prolongadas tanto en el hogar como en el trabajo; y los trastornos debidos a un aislamiento tan prolongado tratando a los enfermos como si fueran leprosos, han sido daños fácilmente evitables de haber seguido las autoridades políticas las recomendaciones de la ciencia, y no al revés.

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¿Durante cuánto tiempo se puede contagiar el covid?

¿Qué dice la ciencia?

• “No se pudo obtener cultivos virales positivos después del octavo día de enfermedad en personas con infecciones leves”. Fuente: R. Wölfel (Institute of Microbiology, Munich) et al., medRxiv.org (8 marzo 2020) & statnews.com (9 marzo 2020)
• “Existe ARN detectable durante más de 14 días pero el potencial de infección disminuye después del octavo día incluso con elevadas cargas virales”. Fuente: T. Jefferson (Epidemiólogo, Oxford University & Cochrane Collaboration) et al., NCBI (3 diciembre 2020)
• “Personas con SARS-CoV-2 (…) pueden continuar siendo infecciosos hasta siete días después del inicio de los síntomas; el virus viable tiene una vida relativamente corta”. Fuente: A.M. Pollock, BMJ (21 diciembre 2020)

Por lo tanto, en infecciones leves (la inmensa mayoría), no es necesario realizar una nueva PCR tras pasar la enfermedad; ocho días después (o diez, si quiere dejar un margen de seguridad); usted ya no contagia y puede reanudar su vida normal sin meterse más cosas por la nariz.

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La sobredosis de PCR

En realidad, la prueba de reacción en cadena de polimerasa o PCR ha sido erróneamente canonizada durante la epidemia como instrumento diagnóstico automático aun en ausencia de síntomas y con autonomía de observaciones clínicas o trazabilidad epidemiológica. A pesar de que desde principios del 2020 se conocían las enormes limitaciones de dicha prueba.

  • – Aplicando el Teorema de Bayes, con una prevalencia del 1%; la probabilidad de que una persona elegida al azar no tenga covid con un PCR positivo sería del 50%. Con una prevalencia del 0,1% sería aproximadamente del 90%.
  • – “A medida que la prevalencia desciende, el riesgo de falso positivo aumenta. Esto significa que la probabilidad de que una persona que ha dado positivo esté verdaderamente infectada con SARS-CoV-2 desciende a medida; que la prevalencia es menor, con independencia de la especificidad que se le atribuya”. Fuente: OMS (13 enero 2021)

La propia OMS, meses después del comienzo de la epidemia y tras aislar y angustiar equivocadamente a millones de personas, lanzaba el comunicado precedente y aclaraba que los ensayos de PCR simplemente están indicados “como ayuda para el diagnóstico”; por lo que deben combinarse con “observaciones clínicas, el historial del paciente, el estado confirmado de cualquier contacto y la información epidemiológica.

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Algunos científicos, de hecho, tras revisar detenidamente la investigación que canonizó la PCR ( y encontrar entre otros aspectos que alguno de sus autores tenía intereses económicos en fabricantes de PCR sin haberlo declarado como conflicto de interés) tildaron este test de “inútil” desde el punto de vista epidemiológico.

Por otro lado, incluso ante un verdadero positivo debemos ser cautos: la PCR amplifica tremendamente la señal genética del virus por lo que confunde materia vírica inerte e inocua con infección activa y contagiosa. De este modo, incluso un verdadero positivo puede no ser contagioso en absoluto. De ahí que ya muy avanzada la epidemia, las pruebas PCR incluyeran información sobre el umbral de ciclo (Ct o cycle threshold) en que se había obtenido positivo, es decir, cuántas amplificaciones había sido necesario realizar para detectar la señal genética del virus. Sorprendentemente esta información se conocía desde el principio de la epidemia y no se utilizó. Ignoro el motivo, pero el efecto es que millones de personas perfectamente sanas han creído seguir siendo contagiosas y han sido aisladas innecesariamente.

Recientemente el CDC norteamericano ha comunicado a los fabricantes que a partir del 31 de diciembre de este año ya no recomendará las PCR y sí test diagnósticos que detecten simultáneamente si la infección es producto del covid o de la gripe18. De este críptico comunicado de cambio de política cabe deducir que el CDC cree que este invierno se han contabilizado como covid a pacientes de gripe a quienes no se les practicó una prueba específica dando por sentado que si presentaban síntomas compatibles con covid tenían la enfermedad.

Aquí tienen una breve muestra de lo que decía la ciencia desde el mismo comienzo de la epidemia. Las autoridades, una vez más, prestaron oídos sordos.

• “No solo es posible, sino habitual, detectar ARN vírico sin que haya ningún virus infeccioso presente, puesto que los pacientes recuperados pueden continuar mostrando ARN vírico sin que estas partículas sean infecciosas”. Fuente: A. Rasmussen (Viróloga en la Universidad de Columbia), Forbes (7 abril 2020)
• “Pacientes recuperados dieron positivo nuevamente porque el test PCR identifica equivocadamente materia vírica inerte con infección activa”. Fuente: KCDC (Korean Center for Disease Control), Forbes (18 mayo 2020)
• “Hasta el 90% de la gente habría dado positivo sin apenas carga viral” lo que significa que se estaría aislando innecesariamente a 9 de cada 10 personas. Fuente: New York Times (29 agosto 2020)
• Las PCR realizan hasta 40 ciclos de amplificación cuando “a partir de un umbral de ciclo (Ct) de 30 se asocia a no contagiosidad, y a partir de 35 el 97% de los positivos tienen un cultivo viral negativo”. Fuente: R. Jaafar et al., Clinical Infectious Diseases. Oxford Academic (28 septiembre 2020) y T. Jefferson (Epidemiólogo, Oxford University & Cochrane Collaboration) et al., medRxiv (29 septiembre 2020)
• “Hemos identificado errores preocupantes y falacias inherentes que hacen que la prueba PCR para el SARS-CoV-2 sea inútil”. Fuente: Dr. P. Borger et al., Corman-Drosten Review Report (27 noviembre 2020)

Covid: La verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad

La variante delta

Las sucesivas campañas de terror mediáticas han dado pábulo a la creencia de la inminente llegada de mutaciones apocalípticas. Un somero repaso de los titulares permite observar que tanto con la variante británica (alfa), como con la sudafricana (beta), brasileña (gamma) e india (delta), las agoreras frases eran prácticamente idénticas. Sin embargo, todas estas variantes han llegado y han pasado sin pena ni gloria, como ocurrirá con delta. Esto no es nuevo.

Un artículo publicado por el epidemiólogo de Yale Dr. Grubaugh (et al.) en Nature en febrero del 2020 prevenía sobre este alarmismo: “No deberíamos preocuparnos cuando un virus muta durante una epidemia (…). La palabra mutación naturalmente conlleva miedos a cambios inesperados y gigantescos. En realidad, las mutaciones son una parte natural del ciclo de vida de un virus y raramente impactan dramáticamente a una epidemia. La constante afirmación de que un virus mutará para convertirse en mucho más virulento durante una epidemia es ilustrativo de este fenómeno, aunque el espectro de un virus súper asesino es completamente infundado.

Fuente: We shouldn’t worry when a virus mutates during disease outbreaks | Nature Microbiology

Parece comprobado que la variante delta es, en efecto, claramente más contagiosa que otras, pero su letalidad, por el momento, está resultando inferior a variantes anteriores por una combinación de factores de difícil ponderación entre la que puede estar la evolución natural del virus hacia variantes más contagiosas pero más benignas, su estacionalidad o una población de riesgo parcialmente protegida por las vacunas o completamente protegida por haber superado la enfermedad.

A pesar de ello, los medios y las autoridades han vuelto a encender las alarmas y endurecido las restricciones de forma acientífica mientras siguen despreocupándose de los efectos adversos de las vacunas y, en particular, de los posibles casos de potenciación inmunitaria o ADE (Antibody-Dependent Enhancement) entre personas vacunadas expuestas a delta, que sí debería ser objeto de seguimiento y que podría explicar el reciente aumento de mortalidad en mayores 100% vacunados (por ejemplo, en residencias).

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Secuelas o covid largo

Existen serias dudas sobre la existencia de un covid largo como enfermedad de características propias, lo que no significa que la percepción de síntomas por parte de las personas afectadas no sea sincera: su sufrimiento es muy real y merece atención, como ocurre con la depresión. En efecto, el llamado covid largo es, en primer lugar, muy minoritario; en segundo lugar, generalmente muy leve, y en tercer lugar, parece fundamentalmente un problema psicosomático provocado probablemente por una exposición prolongada al bombardeo sistemático de la propia campaña de terror mediática. Los escasísimos casos de mayor relevancia son indistinguibles de las secuelas de cualquier estancia prolongada en UCI.

• “Los síntomas que se han notificado como consecuencia de un covid largo están asociados a muchas afecciones (…) y son sorprendentemente comunes, incluso en la población general. A esto hay que añadir que el año pasado se han disparado los niveles de angustia social y malestar emocional mental (…) y no hay duda de que el sufrimiento mental puede producir sufrimiento físico”. Fuente: A.W. Gaffney (Cambridge Health Alliance & Harvard Medical School), Statnews.com (22 marzo 2021)
• Los síntomas del covid largo “pueden ser generados psicológicamente o causados por una enfermedad física no relacionada con la infección anterior. El covid largo es en gran medida una invención de grupos activistas de pacientes, legitimados con una generosa financiación que puede hacer que los síntomas empeoren”. Fuente: J.Devine (Psychiatry Resident, McMaster University, Canada), WSJ (22 marzo 2021)
• “De un total de 1.199.812 adultos con covid agudo, 3.327 casos sufrieron covid de larga duración”, esto es, un 0,277%, siendo uno de los “factores de riesgo asociados una pobre salud mental”. En los jóvenes el porcentaje es aún inferior. Fuente: Dr. E.J. Thompson (King’s College London) et al., medRxiv.org (25 junio 2021)

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Vacunas: beneficios y riesgos

Todos nos hemos vacunado de niños, de jóvenes y de adultos y sabemos que las vacunas son un gran descubrimiento de la medicina, pero cada una de ellas debe cumplir tres requisitos desde el punto de vista de la salud pública:

Tres requisitos de las vacunas que no se cumplen en las vacunas covid

1ª Necesidad:

La vacuna debe cubrir una necesidad de su población objetivo evitándoles una enfermedad grave. Nadie se vacuna para evitar una enfermedad leve, y dado que para la mayoría de la población el covid lo es, no se estaría cumpliendo este requisito salvo para la población de riesgo.

Por tanto, los intereses comerciales creados por un programa de vacunación masivo cuya campaña de publicidad ha sido la campaña de terror mediática son enormes, y no deben perderse de vista nunca. Se estima que Pfizer ingresará en el 2021 unos 14.000 millones de dólares por vacunas covid. Moderna, que en el 2019 estaba en pérdidas facturando sólo del orden de 100 millones de dólares, facturará 11.000 millones y obtendrá 6.000 millones de beneficios sólo en el 2021 gracias a la vacuna covid (fuente: Bloomberg).

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2. Eficacia:

Cada vacuna debe ser eficaz en evitar la enfermedad para la que se ha creado. Abajo pueden ver la eficacia teórica en los ensayos clínicos de las cuatro “vacunas” o terapias genéticas (utilizando la terminología del Harvard Stem Cell Institute) aprobadas en Occidente y también su reducida eficacia estimada con la variante delta:

  • Pfizer = 95% (42% est. con delta)
  • Moderna = 94% (76% est. con delta)
  • AstraZeneca = 76% (62% est. con delta)
  • Janssen = 67% (33% est. con delta)

Fuente: NEJM (31 diciembre 2020), NEJM (4 febrero 2021), AstraZeneca (25 marzo 2021), NEJM (10 junio 2021); López-Bernal et al. NEJM (21 julio 2021) y WSJ (6 julio 2021).

La realidad es que la eficacia real en la prevención de infección y presentación de síntomas de las vacunas covid ha ido disminuyendo con fuerza conforme aparecían nuevas variantes.

Teniendo esta información no parece racional vacunarse con las vacunas menos eficaces (ceteris paribus), pero como nos están vacunando como si fuéramos ganado sin poder elegir nada y sin informar debidamente al paciente (¿dónde quedan el consentimiento informado, el art. 12 y 16 del Código de Deontología Médica?), esto no está siendo posible.

Con todos estos datos, es difícil justificar una recomendación universal e indiscriminada de vacunarse desde el punto de vista médico. Más bien, dicha recomendación parece estar basada en la obediencia funcionarial de las consignas burocráticas ordenadas desde las circulares del Ministerio o las Consejerías de Sanidad, en el comportamiento de manada o en la totalitaria presión ejercida por los Colegios Médicos en España.

No se distingue si el paciente pertenece o no a la población de riesgo, ni se pregunta por su historial clínico o por los medicamentos que está tomando y que pudieran interactuar con las vacunas (aunque los médicos lo preguntaran, no podrían dar una opinión formada, puesto que no se han hecho estudios de interacciones con otros medicamentos, como puede leerse en los prospectos).

También se vacuna innecesariamente a quien ha pasado el covid, en algunos casos justificándolo como vacuna “de refuerzo”. Este argumento, creado ad hoc, es muy débil, y no sólo porque sepamos que la inmunización natural sea muy superior a la artificial. Las vacunas de refuerzo se ponen años después de la primera inmunización, no meses o semanas después.

En definitiva, estamos ante una situación en la que vacunas y terapias genéticas sujetas a prescripción médica no se prescriben por el médico sino que se administran a granel en un océano de desconocimiento sin que nadie se responsabilice ni el paciente firme un consentimiento informado sobre los riesgos en que incurre, como hacemos con una vulgar radiografía.

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3.– Seguridad:

Cada vacuna debe ser segura, esto es, no provocar efectos adversos graves o que los potenciales efectos tengan una probabilidad tan remota de ocurrencia que compense la gravedad de los efectos de la enfermedad que se procura evitar. De nuevo, dado que el covid no es una enfermedad sino dos, los beneficios de la vacuna pueden compensar los riesgos para un segmento de la población pero no hacerlo para otro. Si para un joven el riesgo de morir por covid es 1.000 veces menor que para un anciano, no se puede generalizar (como desgraciadamente hace la EMA) diciendo que “los beneficios compensan los riesgos”. Depende de para quién.

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Efectos adversos de las vacunas a corto plazo

De forma ciertamente extraña, los efectos adversos de las vacunas covid se han convertido en un tema tabú. A pesar de verlo con sus propios ojos, el sesgo de gran parte del estamento médico, quizá debido a los motivos antes señalados, es mirar hacia otro lado y negar contumazmente que efectos probablemente debidos a las vacunas estén causados por ellas.

En la siguiente tabla pueden observar como los efectos adversos leves de estas vacunas son todo menos normales. ¿Conocen ustedes alguna vacuna que produzca fiebre (más de 38 grados) a uno de cada seis vacunados? ¿O escalofríos, dolor muscular y de articulaciones a la mitad?

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Estos son los efectos leves conocidos. Más adelante, conforme ha adelantado el programa de vacunación, se han comenzado a ver casos más graves. Unos de los más conocidos, entre niños, adolescentes y jóvenes, son los casos de miocarditis y pericarditis cuyas elevadísimas tasas brutas preliminares notificadas al VAERS tras vacunación con ARNm pueden verse en la siguiente tabla:

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Dado que para este segmento de la población el covid es una enfermedad leve, la propia OMS, con todos sus bien conocidos sesgos, se manifestaba así: “Se necesita más evidencia para el uso de las diferentes vacunas contra el covid en niños para poder hacer recomendaciones generales” (Fuente: OMS 15 junio 2021).

Asimismo, la campaña de ocultación se apoya en que el hecho de que alguien muera tras vacunarse no implica que haya muerto por vacunarse. Este argumento de distinción entre correlación y causalidad parece sólido a primera vista, pero se deshace como azucarillo cuando se descubre que el 25% de las muertes se han producido a las 48h de vacunarse y que el 40% de los muertos comenzaron a sufrir los síntomas que les llevarían a la muerte antes de 48h después de vacunarse. Adicionalmente, es bien conocido que VAERS sólo refleja una pequeña parte de los efectos adversos, por lo que las cifras son probablemente superiores.

La siguiente tabla es una de las más importantes de este capítulo. En ella podrán comparar el número de muertes tras vacunarse de los primeros seis meses del 2021 (vacunas covid) con las muertes acaecidas en los últimos 30 años. Observen con atención este dato, que es sumamente preocupante: En 8 meses de vacunas covid ha habido más del doble de muertes tras vacunarse que la suma de muertes por todas las vacunas en los últimos 30 años:

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En el siguiente gráfico pueden observar que el 50% de las muertes suceden en primeros días después de la vacunación. La relación causa-efecto entre las muertes contabilizadas por VAERS y la vacunación es evidente.

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Fuente: OpenVAERS

Los datos muestran, sin atisbo de duda, que la peligrosidad de las vacunas covid es inusualmente alta. Que haya habido “expertos” médicos diciendo públicamente que estamos ante vacunas normales de las que sólo podemos esperar que nos duela un poco la zona del pinchazo resulta incomprensible.

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Efectos adversos de las vacunas a medio y largo plazo

Por último, los efectos adversos a largo plazo de estas vacunas son desconocidos. Generalmente el proceso de aprobación de una vacuna dura entre 7 y 10 años. Este largo proceso permite identificar los efectos a largo plazo. Sin embargo, antes de su aprobación para uso de emergencia, las vacunas y terapias genéticas covid sólo se probaron durante 3 meses. Esta incertidumbre es real, como manifiesta la preocupación de las farmacéuticas por esta eventualidad, que han exigido (y obtenido de los gobiernos) contratos con cláusulas de indemnidad que les eximen de toda responsabilidad.

El DR. Dobber, Presidente de la Unidad Biofarmacéutica de Astrazeneca dijo al respecto: “Simplemente no podemos asumir el riesgo si en cuatro años la vacuna presenta efectos secundarios” (Fuente: Reuters, 30 julio de 2020). Si las farmacéuticas no son responsables y los políticos jamás lo son, estamos ante un programa masivo de vacunación irresponsable con un sistema de incentivos perverso que no augura nada bueno.

Cabe considerar aquí que no queda claro si los gobiernos presionaron a las empresas farmacéuticas o viceversa o, simplemente, fue un contubernio entre ellos con lavado de manos como Pilatos de ambos.

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Quién debería vacunarse y quién no

¿Qué conclusiones pueden extraerse? A la vista de la evidencia y mediante cálculos sencillos y el uso de la lógica, puede concluirse lo siguiente:

Para la población de riesgo (por edad (> 70 años o comorbilidades) aparentemente los beneficios de las vacunas y terapias genéticas superan los riesgos por lo que tendría sentido que se vacunan. Aunque cabe la duda porque éstos se han ocultado en gran medida tanto a corto como a largo plazo.
Para niños, adolescentes y adultos jóvenes sanos, los beneficios de las vacunas no compensan sus riesgos: para ellos la vacuna tiene más riesgos (e incertidumbres) que el covid, y es inmoral empujarles o forzarles a vacunarse.
Para personas que ya hayan pasado la enfermedad es absurdo vacunarse, pues no aporta beneficio adicional alguno y sí ciertos riesgos.

Éstas son las conclusiones, basadas en los datos y en la lógica, a las que también llegan el Dr. Ladapo y el Dr. Risch, profesores de Medicina en la Universidad de California (UCLA) y de Epidemiología en la Universidad de Yale, respectivamente, en un interesantísimo artículo publicado en el Wall Street Journal hace pocas semanas: Are Covid Vaccines Riskier Than Advertised?

Tristemente, en España resulta impensable leer este ejercicio de libertad de opinión y sentido común basado en la evidencia científica. Léanlo, por favor, con detenimiento:

Algunos científicos han expresado su preocupación por la subestimación de los riesgos de seguridad de las vacunas Covid-19. Pero la política ha relegado sus preocupaciones a las afueras del pensamiento científico, por ahora. Sin embargo, la gran agrupación de ciertos eventos adversos inmediatamente después de la vacunación es preocupante, (…). Estigmatizar tales preocupaciones es malo para la integridad científica y podría perjudicar a los pacientes.

Cuatro acontecimientos adversos graves siguen a este arco, según los datos tomados directamente de VAERS: disminución de las plaquetas (trombocitopenia); miocarditis no infecciosa, o inflamación del corazón, especialmente para los menores de 30 años; trombosis venosa profunda; y muerte. (…) Investigaciones anteriores han demostrado que sólo se comunica una parte de los efectos adversos, por lo que el número real de casos es casi seguro mayor.

«Los riesgos de la vacuna Covid-19 pueden superar los beneficios para ciertas poblaciones de bajo riesgo, como los niños, los adultos jóvenes y las personas que se han recuperado de Covid-19 (…). Y, aunque nunca se sabría al escuchar a los [jerarcas] de salud pública, ni un solo estudio ha demostrado que los pacientes con una infección previa se beneficien de la vacunación contra el Covid-19”.

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Quién haya pasado la covid no necesita vacunarse

En relación al último punto, un estudio de la conocida Cleveland Clinic concluyó que “es poco probable que quienes han tenido una infección de SARS-CoV-2 obtengan algún beneficio por vacunarse contra el COVID, por lo que puede darse prioridad en la vacunación a quienes no lo hayan pasado”. Necessity of COVID-19 vaccination in previously infected individuals | medRxiv  

Carece de sentido vacunar a toda la población

Desde el punto de vista médico también carece de sentido vacunar a toda la población.

Las mutaciones son normales y menos letales

Ya sabemos que no hay razón para temer como caso probable la aparición de mutaciones apocalípticas del virus: las mutaciones son algo absolutamente normal que no suele cambiar significativamente el cariz de una epidemia. Normalmente son más infectivas pero menos letales.

La covid no se erradicará, será una enfermedad endémica como todas

La esperanza de erradicar un coronavirus diseminado por todo el mundo es ilusoria: con toda probabilidad, el coronavirus se convertirá en endémico, aunque con letalidad claramente decreciente. No es mi opinión, sino la del 90% de inmunólogos, virólogos y expertos encuestados por Nature hace unos meses. No olviden que la única enfermedad completamente erradicada del planeta en toda la Historia ha sido la viruela, una vacuna inventada hace 200 años y que requirió de 14 años seguidos de programa de vacunación mundial.

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La «vacunación» no está evitando la trasmisión

Y más importante, la eficacia de las vacunas y terapias genéticas es mucho menor de lo anunciado inicialmente, como era previsible, por lo que la vacunación no evitará la transmisión. Como hemos visto, en el mundo real y con la natural llegada de nuevas variantes, la rigidez y estrechez de respuesta de las vacunas y terapias genéticas aprobadas ha ido quedando de manifiesto. Por ejemplo, el Ministerio de Sanidad de Israel hizo público que la “vacuna” de Pfizer había disminuido su eficacia al 39% con la variante delta (frente al 95% ( inicial publicitado en los ensayos clínicos).

Aunque distintos estudios coinciden en identificar una significativa pérdida de eficacia de las vacunas pero difieren en su cuantificación, el dato procedente de Israel ha sido corroborado por un recientísimo estudio de la Mayo Clinic que cifra la eficacia de Pfizer ante delta en julio en un 42%. Esto implica que la mayoría de los vacunados con pauta completa pueden enfermar de covid y desarrollar síntomas y, por tanto, transmitir la enfermedad a terceros. Semejante reducción de eficacia no es baladí, puesto que con una eficacia inferior al 50% la FDA no habría aprobado ninguna vacuna.  En palabras del director del Centro de Vacunas de Oxford, Andrew Pollard, «con la variante Delta variante la inmunidad colectiva no es una posibilidad porque infecta a las personas vacunadas»

Riesgo relativo, Riesgo Absoluto y NNT (nº de personas que es necesario tratar)

Tenemos que considerar que las farmacéuticas presentan solamente la disminución del riesgo relativo (RRR) como la eficacia de la vacuna [y los reguladores lo aceptan], y que no presentan en el reporte o publicación la reducción del riesgo absoluto (RAR). Este dato – RAR – es muy importante, porque permite poner en contexto la protección real que ofrece la vacuna a las personas cuando hay (como en este caso) una heterogeneidad en exposición y en riesgo (asociado a edad y condiciones concomitantes). Ahora bien, hay fórmulas que usan todos los epidemiólogos para calcular tanto la RAR como la NNT.

Hay incluso publicaciones que hablan sobre el sesgo que ocasiona el que se presente únicamente la diferencia de riesgo relativo (RRR), que tiende a exagerar la protección real y suele magnificar la apreciación sobre el efecto de un fármaco. Sin embargo las farmacéuticas sólo informaron del Riesgo Relativo aportándo una información incompleta que no indica la eficacia real del fármaco. En la tabla siguiente pueden ver el RRR, RAR y el NNT (con una sencilla explicación de lo que significa cada parámetro) de algunas vacunas covid:

Para que entiendan claramente lo que significa cada columna de la tabla (por ejemplo para la vacuna Pfizer):

Reducción Absoluta del Riesgo RAR= 0.71%
El tratamiento con la vacuna reduce el riesgo en 0.71%. Es decir, que de cada 100 personas que tratemos con la vacuna, se librarán de la Covid 0.71 personas más que si no hubiésemos dado la vacuna a ninguno (no llega ni a una persona)

Reducción Relativa del Riesgo RRR= 95% (la que nos han vendido las farmacéuticas)
El tratamiento con la vacuna reduce el riesgo en un 95%. Es decir, que al vacunarse la probabilidad de librarse de la Covid es un 95% respecto a las personas que no se vacunen.

Número de personas a vacunar para evitar un caso de Covid. NNT= 141
NNT = 1 / RAR = 141. Es decir, Se necesita vacunar a 141 personas para evitar un caso de Covid.

Vacunando al mundo entero salvaríamos de covid a una población equivalente a Italia

Como podemos ver, la eficacia relativa (95% para la Pfizer), aunque es técnicamente correcta, tiende a magnificar el efecto y no cuantifica claramente el esfuerzo que se debe realizar para obtener los resultados deseados contra la covid.

Según el NNT si vacunáramos a toda la población mundial (7.894.000000 personas) evitaríamos 56.000.000 casos covid, es decir vacunando al mundo entero salvaríamos de covid a una población equivalente a poco más de la población de Italia. Ahora sí que se ve clara la escasa eficiencia de las vacunas covid y aquí entra en juego la sospecha del puro interés comercial de las farmacéuticas que han conseguido para sí el tablero completo de la población mundial como clientela, cosa jamás vista.

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El pasaporte sanitario no sirve para nada, es un asunto político.

Estos datos ponen de manifiesto que el llamado pasaporte sanitario (cuya exigibilidad ha sido declarada ilegal en España por varios Tribunales Superiores de Justicia) es otra farsa política más, aunque esta vez con siniestros tintes orwellianos. En efecto, el pasaporte limita arbitrariamente la robusta y amplia inmunización natural a 6 meses y luego obliga a estas personas a vacunarse. Sin embargo, sabemos que las personas que han pasado el covid quedan inmunizadas durante décadas y tienen una remota probabilidad de transmitir la enfermedad.

De hecho, la inmunización natural es de mayor calidad y duración que la inmunización artificial propiciada por estas “vacunas” desarrolladas con demasiada prisa. A sensu contrario, el pasaporte extiende carta blanca a quienes se vacunan con unas vacunas que parecen proteger sólo unos meses y que tienen una eficacia de sólo un 40%, por lo que la mayoría de los cuales podrá diseminar a diestro y siniestro el virus bajo una ilusión de seguridad. Todo ello indica que el pasaporte covid no es una medida científica o epidemiológica, sino otra cosa: dejo al lector que decida si se trata de una chapuza burocrática, de una ayuda comercial más a las farmacéuticas o de una inaceptable medida totalitaria que responde a oscuras agendas de poder dirigidas al control de la población. En cualquier caso, resulta un precedente peligrosísimo y del todo inaceptable.

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Confinamientos: la irracionalidad de encerrar a los sanos

Que las medidas gubernamentales para intentar frenar la epidemia han fracasado en todas partes resulta indiscutible. Como no podía ser de otra manera, el virus se ha propagado inevitablemente en aquellos países en los que fue capaz de establecer una cabeza de playa a comienzos del 2020. Por tanto, insistir en las mismas políticas fracasadas una y otra vez resulta irracional, esto es, salvo para cubrir las apariencias, proteger intereses políticos y tapar tantas falsas expectativas creadas. De hecho, la repetición de actos esperando resultados diferentes es un síntoma de desorden psicológico.

El instrumento preferido por las autoridades políticas ha sido los confinamientos masivos e indiscriminados de la población que han causado la ruina de miles de familias y todo tipo de problemas físicos y mentales. Tachada de “medida medieval”, por un Premio Nobel. Los medios de comunicación, sin embargo, citaban a sedicentes y complacientes “expertos” que recomendaban una y otra vez nuevos confinamientos.

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Los confinamientos: Un enorme fracaso epidemiológico y económico

En realidad, los confinamientos han resultado un enorme fracaso desde el punto de vista epidemiológico a la par que han arruinado países enteros, empobrecido a gran parte de la población y trastornado mentalmente a muchos. De hecho, no ha habido correlación alguna entre severidad del confinamiento y muertes por millón de habitantes, ni en países de la UE ni en EEUU, y, evidentemente, sin correlación no puede haber causalidad. España tuvo el confinamiento más drástico del mundo entre marzo y junio y los muertos por covid se multiplicaron por 120 en 90 días (para un virus cuyo período medio de incubación se establecía en 5 días).

(Nota de Vilpetrus: Véanse los análisis de Luis Huete (compañero de promoción de IESE y profesor de la IESE Business School; que comenté en mi hilo de 18/mayo/2020: Mi artículo-hilo de hoy: «Salvar vidas o salvar la economía«)

 No hace falta saber mucho para comprender que algo no funciona.

• “Dejen de utilizar los encierros como principal método de control”. Fuente: OMS, Washington Examiner (10 octubre 2020)
• Los confinamientos, el cierre de colegios y el distanciamiento de la población no de riesgo podrían haber aumentado la mortalidad al retrasar la inmunidad de rebaño y alargar la epidemia, porque “el número de muertes no depende del número total de contagios sino de la distribución de la edad de los mismos”. Fuente: K. Rice (Edinburgh University) et al., BMJ (7 octubre 2020)
• “Los encierros a largo plazo pueden tener importantes consecuencias negativas para la salud (suicidios, empeoramiento de la salud mental, enfermedades cardiovasculares, etc.)”. Fuente: John P.A. Ioannidis (Prof. Medicina, Stanford University) et al., NCBI (1 julio 2020)

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Declaración de Great Barrington desautorizando los confinamientos

Quizá el documento científico más importante sobre confinamientos haya sido la Declaración de Great Barrington, liderada por epidemiólogos de Harvard y Stanford y firmada por 60.000 médicos y científicos de todo el mundo. Sus conclusiones son demoledoras para los confinamientos y, en general, las políticas seguidas por las autoridades en la mayoría de países occidentales:

  • “El confinamiento causa devastadores efectos en la salud pública a corto y largo plazo”.
  • “Aquellos que no son vulnerables deben reanudar inmediatamente su vida normal (…) para alcanzar la inmunidad a través de la infección natural, mientras se protege a la población de riesgo”.
  • “Escuelas y universidades deben abrir presencialmente, adultos jóvenes de bajo riesgo trabajar normalmente y no desde casa y restaurantes y negocios abrir (…), mientras la sociedad disfruta de la protección otorgada a los vulnerables por aquellos que han adquirido inmunidad de rebaño”. Fuente: Dr. M. Kulldorff (Prof. Medicina, Harvard University) et al., gbdeclaration.org (4 octubre 2020)

Ya en aquel entonces se sabía que las principales fuentes de contagio eran los hogares y los hospitales. Los sanitarios (todos con mascarilla y elementos de protección, lo que debería suscitar ciertas dudas, digo yo, sobre su eficacia real) se contagiaron a mansalva y exportaron el virus fuera de los hospitales. En hogares pequeños y mal ventilados se obligó a convivir a sanos y enfermos. Los mayores no pudieron salir a pasear y tomar el aire, provocando deterioros cognitivos y cardiovasculares, y la población vio mermado el nivel de vitamina D que produce la exposición solar disminuyendo la capacidad de su sistema inmunológico justo en el momento en que éste debía ser reforzado. En definitiva, los penosos resultados de los confinamientos hacen insostenible su defensa por nadie que respete mínimamente la verdad y estudie someramente los datos.

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El paradigmático caso sueco

Finalmente, merece la pena detenerse un instante en el único país occidental que decidió tomar su propio camino. Por ello fue demonizado, puesto que los gobiernos de los demás países occidentales temían una comparación de resultados que pusiera en evidencia su enorme fracaso. Hablamos, cómo no, de Suecia, donde no ha habido ni confinamientos, ni mascarillas, ni toques de queda, ni limitación de comensales, ni demás medidas liberticidas, coercitivas y muchas veces abiertamente ilegales. Año y medio después, y sin que pueda considerarse desde luego un éxito absoluto, podemos sin embargo observar que Suecia, sin vulnerar los derechos de sus ciudadanos, ha tenido menor muertes por millón de habitantes que España, Francia, Reino Unido o Italia con sus draconianos encierros.

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La farsa de las mascarillas

Todos recordamos el súbito cambio de opinión de autoridades y “expertos” sobre la utilidad de las mascarillas: de no ser necesarias, pasaron a ser “imprescindibles”. Sorprendentemente, este cambio de opinión se justificó admitiendo con descaro que nos habían mentido la primera vez dada la escasez de mascarillas a nivel mundial. «No sé ustedes, pero cuando alguien me miente, yo pierdo inmediatamente la confianza en todo aquello que me ha dicho y comienzo a dudar».

¿Son realmente útiles las mascarillas?

Probablemente les sorprenda leer las siguientes citas, porque las autoridades han trasladado una falsa sensación de seguridad con las mascarillas y un ser humano asustado necesita agarrarse a cualquier cosa que le dé la esperanza de que puede hacer algo para evitar un mal, pero es una mera ilusión de control:

• “Las mascarillas son una distracción. El virus se propaga inevitablemente”.  Fuente: Dr. Ladapo (Prof. Escuela de Medicina Univ. California UCLA), WSJ (28 octubre 2020)
• “La eficiencia de los filtros de las mascarillas no médicas es muy baja. Las mascarillas de algodón están asociadas a un mayor riesgo de penetración de microorganismos en comparación con no llevar mascarilla”. Fuente: ECDC (9 abril 2020)
• “Llevar una mascarilla quirúrgica podría suponer poca o ninguna diferencia en enfermedades similares a la gripe en comparación con no utilizar una mascarilla”. Fuente: Revisión Cochrane de T. Jefferson et al. (Epidemiólogo, Oxford University), Cochrane.org (20 nov. 2020)
• Primer ensayo controlado y aleatorizado sobre la eficacia real de las mascarillas quirúrgicas frente al covid: “El 1,8% de quienes las llevaban se contagiaron de covid frente a un 2,1% de quienes no las llevaban, una diferencia estadísticamente insignificante”. Fuente: H. Bundgaard (Univ. Copenhague) et al., ACP Journals (18 nov. 2020) & The Spectator (19 nov. 2020)
• “La evidencia respecto a la eficacia de las mascarillas médicas (…) es compatible con un efecto de protección de pequeño a moderado”. Fuente: ECDC (15 febrero 2021)

Cuando la OMS decía al principio de la epidemia que “las mascarillas no son requeridas porque no hay evidencia sobre su eficacia en personas no enfermas, y las mascarillas de tela no están recomendadas bajo ninguna circunstancia”, acertaba.

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Texas, la prueba palpable de la inutilidad de las restricciones y las mascarillas

El 2 de marzo del 2021, el gobernador del estado de Texas, con sus 29 millones de habitantes, declaró la vuelta a la normalidad absoluta. Eliminó las mascarillas y todo tipo de restricciones ante las protestas de los profetas de calamidades partidarios de mantener a la población en un estado de miedo supersticioso permanente. Los negocios, colegios y universidades abrieron con total normalidad, y se prohibió el uso del llamado pasaporte sanitario. Me adelanto a su pregunta: sólo el 7% de la población estaba completamente vacunada por aquel entonces. ¿Qué ocurrió? El número de muertes diarias siguió disminuyendo. En el siguiente gráfico pueden verlo: la línea roja vertical marca la fecha de la vuelta a la normalidad en Texas:

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El súmmum del absurdo ha sido la imposición de las mascarillas al aire libre

Como verán, la ciencia duda mucho de la utilidad real de las mascarillas. El hecho de que las autoridades aceptaran que se portaran mascarillas de tela, elegidas por su estampado y no precisamente por su filtro, debería haber bastado para comprender que nos encontrábamos ante una farsa, pero una población en pánico es una población que no se detiene a pensar. El súmmum del absurdo ha sido la imposición de las mascarillas al aire libre, estando solo en la calle o paseando por el campo. La probabilidad de contagiarse en una calle cruzándose con gente es prácticamente cero. Estando solo es exactamente cero. Hasta los políticos, algunos de los cuales son inteligentes pero muchas veces asintomáticos, podrán comprenderlo. Vean cuatro breves citas escogidas de una evidencia abrumadora. La primera, por cierto, corresponde a un científico que está entre el 1% más citado del mundo.

• “Llevar mascarillas al aire libre con independencia de la distancia no está basado en ninguna evidencia científica robusta”. Fuente: M. J. Nieuwenhuijsen, PhD, ISGlobal (13 julio 2020)
• “La posibilidad de transmisión del virus en la calle es muy limitada. No hay nada que justifique que toda la población vaya con mascarilla por la calle”. Fuente: Dr. Almirante (Jefe Enfermedades Infecciosas del H. Vall d’Hebron, Barcelona), Antena3 (20 mayo 2020)
• El ECDC sólo recomienda el uso de mascarillas “en espacios públicos cerrados”. Fuente: ECDC (15 febrero 2021)
• “De 318 focos de contagio, sólo 1 se produjo en exteriores”. Fuente: Dr. H. Qian (Southeast University, China) et al, medRxiv.org (7 abril 2020)

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Los efectos perniciosos de las mascarillas

Adicionalmente, las mascarillas tienen efectos perniciosos: “el uso de las mascarillas tiene efectos fisiológicos y psicológicos adversos: hipoxia, hipercapnia, activación de la respuesta del miedo, inmunodepresión, fatiga, dolor de cabeza, estrés crónico, ansiedad y depresión” (fuente: B. Vainshelboim, NCBI, 22 noviembre 2020). El hecho de que personas yendo solas en un coche llevaran mascarillas demuestra que no son inocuas desde el punto de vista mental. Además, “dificultan la respiración y pueden provocar un empeoramiento de las personas infectadas” (fuente: A.I. Lazzarino, epidemiólogo de la University College London, et al., BMJ, 21 mayo 2020).

Si las mascarillas son muy poco útiles y tienen claros efectos adversos, ¿por qué se han convertido en una obligación casi religiosa? La respuesta sólo puede ser especulativa, pero en este caso resulta obligado dar una opinión formada.

El primer motivo es que la mascarilla traslada una potente sensación de peligro que mantiene a la población es un constante estado de miedo. A esta conclusión llegó un grupo de psicólogos británicos que denunció las tácticas de terror de su gobierno. (Ver: El miedo ha sido la verdadera epidemia en mi blog) El subconsciente identifica que, si todo el mundo lleva mascarillas, algo peligroso debe estar ocurriendo, y convierte a todas las personas con las que nos cruzamos en amenazas potenciales a nuestra salud física y, consecuentemente, enciende la agresividad y la histeria hacia quien no las porta.

El segundo motivo es que los políticos aparentan así hacer algo para evitar la acusación de inacción y, aún más sutil, trasladan la responsabilidad del fracaso en la gestión de la epidemia al ciudadano: poner el foco de la culpa en la población (particularmente en la joven, cabeza de turco oficial) es un instrumento idóneo para eximir de responsabilidad a las autoridades. Así, si el virus circulaba era porque los ciudadanos no cumplían con las obligaciones impuestas.

Covid: La verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad

Recuerden que una de las grandes falacias de esta extraña epidemia es que las autoridades nos han hecho creer que si cumplíamos con sus normas (tantas veces sacadas de la chistera) estábamos salvados. Por último, su imposición abusiva en situaciones absurdas forma parte del experimento totalitario que estamos viviendo, pues supone “un símbolo de sumisión, una norma de etiqueta del súbdito bueno y obediente, igual que bajo la dictadura comunista de Mao Tse-Tung estaba bien visto (y a veces era obligatorio) vestir el “traje Mao” como símbolo de uniformidad proletaria y sumisión al régimen”. régimen”.

Fuentes:

– State of fear: how ministers ‘used covert tactics’ to keep scared public at home (telegraph.co.uk)
The ethics of using covert strategies – a letter to the British Psychological Society (II) (coronababble.com)
Creencias erróneas y medidas abusivas | Fernando del Pino Calvo-Sotelo (fpcs.es)

Covid: La verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad

FiN

Mean Source: SUPERSTICIÓN Y CIENCIA EN EL COVID (en PDF)
“El antídoto del miedo es el conocimiento” Por Fernando del Pino Calvo-Sotelo

El miedo ha sido la verdadera epidemia

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