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Suiza aprueba el uso de la cápsula suicida

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
06/12/2021
Tiempo de lectura 2 minutos.
Suiza aprueba el uso de la cápsula suicida
Sarco Suicide Pod

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Hace algún tiempo, el “demonio necrófago” australiano y promotor del suicidio Philip Nitschke, inventó una máquina para facilitar el suicidio. ( Suiza aprueba el uso de la cápsula suicida )

Suiza aprueba el uso de la cápsula suicida

Cómo es el «Sarco Suicide Pod» o SSP

Lo llamó el «Sarco Suicide Pod» o SSP, un aparatito futurista en el que entra la persona que se quiere suicidar. Una vez cerrada la tapa, la persona “desesperada por morirse”;responde algunas preguntas para confirmar y dejar constancia de su deseo de suicidarse manifestando que en el uso de sus facultades mentales;se presta voluntariamente a ello y, finalmente, presiona un botón y muere en poco más de 30 segundos al llenarse la cápsula de nitrógeno. Muerte eficiente que supuestamente es indolora, “inolora e insípida”.

La cápsula se llama «Sarco» – abreviatura de sarcófago- y es una máquina impresa en 3D con ventanas inventada;por el activista de la eutanasia australiano Philip Nitschke y el diseñador holandés Alexander Bannink;viene en un pack con un ataúd desmontable que se monta sobre un soporte que contiene la botella de nitrógeno. En palabras de Nitschke “la persona que quiere morir presiona el botón y la cápsula se llena de nitrógeno. Se sentirá un inicialmente un poco mareado, pero luego rápidamente perderá el conocimiento y morirá. “El Sarco está diseñado para proporcionar a las personas una muerte indolora y efectiva cuando desean morir».

Es aterrador este “nihilismo bizarro” como para ser real pero en estos días en el mundo nada parece demasiado extremoso y esto es totalmente verídico; como lo es el hecho de que el gobierno suizo – que permite las clínicas de suicidio por pago haya aprobado el SSP (Sarco Suicide Pod);para aquellos que deseen acabar con su vida.

Los sistemas convencionales de suicidio asistido generalmente han involucrado sustancias químicas. El inventor Philip Nitschke de Exit International dijo al sitio web SwissInfo que su «death pod» ofrece un enfoque diferente. «Queremos eliminar cualquier tipo de revisión psiquiátrica del proceso y permitir que el individuo controle el método por sí mismo», dijo. «Nuestro objetivo es desarrollar un sistema de detección de inteligencia artificial para establecer la capacidad mental de la persona. Naturalmente, hay mucho escepticismo, especialmente por parte de los psiquiatras.”

La cápsula se puede activar desde el interior y permite remolcar;y ubicar el “sarcófago eutanásico” en el lugar deseado para morir: «Puede ser en un entorno idílico al aire libre;o en las instalaciones de una organización de suicidio asistido, por ejemplo” dijo Nitschke haciendo alarde de un cinismo mercantilista mortuorio.

Suiza aprueba el uso de la cápsula suicida

La Cultura de la muerte

El primer principio del movimiento internacional de eutanasia es el individualismo radical. El principio de que cada uno de nosotros posee su propio cuerpo y,;por lo tanto, debe poder hacer lo que quiere con él, incluido destruirlo. No solo eso, sino que si queremos morir, la libertad individual dicta que deberíamos tener acceso fácil a una «muerte digna o buena muerte», una muerte pacífica y sin dolor.

Jack Kevorkian fue uno de esos activistas. En 1992, Kevorkian escribió en el American Journal of Forensic Psychiatry que deberían establecerse clínicas de muerte que permitan que los moribundos, los discapacitados; y, eventualmente, los «pacientes torturados por otras enfermedades que no sean orgánicas» reciban una muerte facilitada, un proceso que él llama «medicide» (medicidio). A pesar de esta clara defensa de la muerte bajo pedido,;y a pesar de haber ayudado a los suicidios de decenas de discapacitados en lugar de moribundos (cinco víctimas ni siquiera estaban enfermas,;según sus autopsias), Kevorkian sigue siendo tremendamente popular entre los activistas de la eutanasia,;hasta el punto de que es considerado por muchos como un “mártir” del movimiento (debido a su encarcelamiento).

Phillip Nitschke es otro destacado defensor de la eutanasia que revela la mentalidad individualista radical del movimiento de la eutanasia. Nitschke es conocido como el Jack Kevorkian de Australia, y por una buena razón: cree firmemente en la muerte bajo pedido. Y al igual que Kevorkian, no ha limitado su «asesoramiento para morir» a los enfermos terminales. Este fue el caso de una mujer llamada Nancy Crick que apareció en los titulares cuando anunció en la televisión australiana e internacionalmente a través de su sitio web que se suicidaría asistida porque tenía cáncer terminal. Pero cuando su autopsia mostró que estaba libre de cáncer, Nitschke admitió que él y Crick habían sabido todo el tiempo que ella no se estaba muriendo, pero declaró que ese hecho médico era «irrelevante» porque “quería morir”.

Al final, las intenciones del movimiento proeutanasia se desvelan con claridad estremecedora: Para ellos basta que lo desees para que se te conceda.

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