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Sinteticemos el cristianismo que falta hace

7 de septiembre de 2021
Escritor español Petrusvil: Japalpilpa

Petrusvil, escritor español.

Tiempo de lectura 16 minutos
Sinteticemos el cristianismo que falta hace

Tabla de contenidos

Sinteticemos el cristianismo que falta hace

El cristianismo forjó la civilización occidental.

El cristianismo forjó la civilización occidental aunque su vocación es claramente universal. No es producto de una abstracción sino una verdad revelada al hombre sea cual sea su origen y condición. De la filosofía griega extrajo su substancia teológica, y de la cultura romana, la posibilidad de su realización histórica. ( Sinteticemos el cristianismo que falta hace )

En San Pablo convergen la herencia judía, el milagro griego y el legado jurídico romano. Con San Pablo el mensaje de Cristo tornose universal, destinado también a los gentiles (no judíos). Católico significa universal.

[…] A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y sacar a luz cuál es la dispensación del misterio que por los siglos ha estado oculto en Dios, creador de todas las cosas;

Efesios 3:7-9

San Agustín situó la razón como la única cualidad capaz de alcanzar la verdad y superar el escepticismo (hoy mutado a relativismo).

Fides quaerens intellectum. (Fe que busca comprensión)

Credo ut intelligam (Creo para entender)

San Anselmo

Sinteticemos el cristianismo que falta hace

La condición irrenunciable del cristianismo es la libertad.

Santo Tomás fue un paso más allá con las cinco vías de la demostración de la existencia de Dios reconciliando fe y razón. Su legado nos dejó el concepto del libre albedrío – Dios dejó libre al hombre-. La libertad humana como valor primodial es para Santo Tomás esa propiedad –o facultad- de la voluntad y la razón por la que elegimos un bien racional.

« Dios hizo al hombre desde el principio y lo dejo en manos de su albedrío. Si tu quieres puedes guardar sus mandamientos y es de sabios hacer su voluntad. Ante ti puso el fuego y el agua; a lo que tu quieras tenderás la mano. Ante el hombre están la vida y la muerte; lo que cada uno quiere le será dado. Porque grande es la sabiduría del Señor; es fuerte, poderoso y todo lo ve. Sus ojos se posan sobre los que le temen y conoce todas las obras del hombre. Pues a nadie ha mandado ser impío ni le ha dado permiso para pecar »

(Eclesiástico 15, 14-20)

Si Cristo no hubiera constituido el cristianismo como iglesia, este no habría podido materializar su misión y así sobrevivir a los cambios de época. Por mucho que se intente adaptar el cristianismo a los tiempos modernos el mensaje revelado es inmutable. «Creo en una Iglesia santa, católica y apostólica». ¡Apostólica! La raíz intrínseca de la Iglesia es el apostolado universal (Católica)

« Toda autoridad me fue dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y enseñad a todas las naciones; […] Enseñadlas a observar todo lo que os prescribí ». (Mt 28, 18-20)

«Como el Padre me envió, así también yo os envío a vosotros» (Jn 20, 21).

Así pues, todo cristiano que se precie no puede dejar de hacer apostolado, aunque sólo sea con la expresión pública de su fe y con el ejemplo. Y ha de hacerlo en modo y manera universal, en todo lugar por donde pase o esté. Los cristianos que están dejando enterrar su fe en su interior y no hacen apostolado, cuanto menos ejemplificando, no están siguiendo el mensaje de Cristo. Visto esto, e incluyendo los sacramentos que Cristo nos dejó, es un absurdo in terminis definirse como «cristiano no practicante», terminología banal tan usual hoy en día. Si acabamos de verlo: Cristo mandó al cristiano a practicar su cristianismo y a propagarlo por el mundo.

Porque si predico el evangelio, no tengo nada de qué gloriarme, pues estoy bajo el deber {de hacerlo;} pues ¡ay de mí si no predico el evangelio!


1 Corintios 9:16

Sinteticemos el cristianismo que falta hace

Tres mensajes están claros: El Verbo, la Redención y la Resurrección,

1.- El Verbo (la Verdad revelada, la palabra de Dios). Jesucristo vino para anunciaros la palabra de Dios;

Después volvió a Nazaret, el pueblo donde había crecido. Un sábado, como era su costumbre, fue a la sinagoga. Cuando se levantó a leer, le dieron el libro del profeta Isaías. Jesús lo abrió y leyó: «El Espíritu de Dios está sobre mí, porque me eligió y me envió para dar buenas noticias a los pobres, para anunciar libertad a los prisioneros, para devolverles la vista a los ciegos, para rescatar a los que son maltratados y para anunciar a todos que: ¡Éste es el tiempo que Dios eligió para darnos salvación!»

Jesús cerró el libro, lo devolvió al encargado y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga se quedaron mirándolo. Entonces Jesús les dijo: «Hoy se ha cumplido ante ustedes esto que he leído.»

Lucas 4:16-21

2.- La Redención, Dios sufre a través de su Hijo en la cruz para redimirnos y nos mostró que la vida no es un camino de rosas, cada uno ha de aceptar su cruz como Cristo aceptó la suya:

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.1Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. […] Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino. [,,,] Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. […] Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

Lucas 23: 34,42,43 y 46

3.- y, por último la Resurrección como esperanza de los que sufren, la reparación última de las injusticias terrenales. La esperanza de la Resurrección es lo que da sentido radicalísimo a la vida del cristiano y de cualquier ser humano.

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Juan 11:25-26

Jesús les dijo: —¡Qué necios y torpes para creer cuanto dijeron los profetas! ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura se refería a él. Se acercaban a la aldea adonde se dirigían, y él fingió seguir adelante.

Pero ellos le insistieron: —Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día va de caída. Entró para quedarse con ellos; y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Se dijeron uno al otro: —¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura? Al punto se levantaron, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros”

Lucas 24: 24-33 (Camino de Emaus)

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Lo que le es consustancial al cristianismo es la Resurrección

La aportación fundamental de Cristo es su Resurrección, que imprime un sentido a la vida del hombre y a la historia. La fiesta por antonomasia del cristiano es el Domingo de Resurrección. Es la cumbre de la verdad revelada, el hecho cenital del cristianismo que aporta un telos – del griego τέλος, ‘fin’, ‘objetivo’ o ‘propósito’- al alcance de todos los hombres y por encima de cualquier realidad mundana ya sea social o política. La resurrección no es un dato de experiencia, sujeto a verificación, sino una verdad revelada. La inmortalidad «está más allá de la razón, pero no contra ella».

Se ha intentado socavar la promesa de la inmortalidad diluyéndola como una fantasía concebida para edulcorar la existencia individual y, más torticeramente, a la religión cristiana como el «opio del pueblo». Sin embargo, lo que subyace en la creencia cristiana no es sólo la supervivencia individual, sino la del género humano. El cristianismo es consuelo, esperanza y no un montaje para hacernos más llevadera la vida.

La resurrección eleva al hombre por encima de la triste condición humana, de ese fin absoluto, de ese desaparecer en la nada y para siempre, la muerte eterna. Es la fuente que poporciona el efecto reparador de las injusticias, dando sentido a las vidas arrebatadas por las desgracias, las enfermedades, el odio o la violencia. Posibilita una esperanza más allá de la muerte, más allá de todas las aberraciones humanas – políticas y de toda índole-, más allá de todo lo vital o de las catástrofes naturales. El dolor de los inocentes no queda sin respuesta. Dios revive el cuerpo y el alma, es decir, la persona en toda su completitud.

El cristianismo entiende que la carne resucita con el alma, pues de otro modo no sería posible garantizar la continuidad de la persona: «El hombre es espiritual y carnal. Esta doble condición es requerida si el hombre, sin dejar de serlo, ha de gozar de una vida perdurable».

La inmortalidad no se postula como una experiencia individual, sino como una convivencia entre hermanos. El amor traspasa la muerte, preservando los lazos que nos unieron a otras personas. La eternidad se habita con los otros. Es la anhelada comunión con el Padre, donde la persona conserva su identidad y actualiza definitivamente su proyecto existencial. Negar esa perspectiva implica despersonalizar al ser humano, reducirlo a su mera dimensión biológica, abocándolo a su aniquilación.

La cosificación del hombre conlleva la «insignificancia» del universo. El cosmos es un proceso regulado por leyes físicas y matemáticas, sin ninguna finalidad o meta. Nuestra especie es la única capaz de hacerse preguntas. Algunos consideran que esa capacidad constituye una desgracia. Son quienes verdaderamente dicen «no» a la vida, como Schopenhauer o Cioran. Otros opinan que el hombre debe ser menos racional y vivir más, preocupándose tan solo de suprimir los obstáculos que se oponen a su voluntad. Es el caso de Nietzsche. En las dos posturas se aprecia la ausencia del otro, del prójimo. Para el cristiano, ese punto de vista es inaceptable, pues la Casa del Padre acoge a todos los que se sienten llamados a su mesa.

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Fe, Esperanza y Caridad.

Fe, creer aunque la vida nos sea dura y nos golpee con inmisericorde fiereza. Y, en esos momentos transformar nuestras dudas en preguntas, incluso en lamentos a nuestro Padre Celestial con un ¿por qué, Señor? y recobrar el ánimo fiel encomendándose a Él; como hizo Jesús. El consuelo cristiano y el fortalecimiento de la fe radica en el desconocimiento (humildad) que tenemos de los planes últimos de Dios y, por ende, de su aceptación (ponerse en Sus Manos). La fe ha de ser sostenida en la vida y en el momento de la muerte.

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Lucas 9, 43b-45

A eso de las tres de la tarde, Jesús clamó en voz fuerte: «Eli, Eli, ¿lema sabactani?», que significa «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» .

Mateo 27:46

Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

Lucas 23:46

De la Esperanza deseamos a Dios como Bien Supremo y confiamos firmemente alcanzar la felicidad eterna y los medios para ello.

« El Señor es mi pastor, nada me falta… Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo… » (Sal 23 [22],1-4). El verdadero pastor es Aquel que conoce también el camino que pasa por el valle de la muerte; Aquel que incluso por el camino de la última soledad, en el que nadie me puede acompañar, va conmigo guiándome para atravesarlo: Él mismo ha recorrido este camino, ha bajado al reino de la muerte, la ha vencido, y ha vuelto para acompañarnos ahora y darnos la certeza de que, con Él, se encuentra siempre un paso abierto. Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte y que con su « vara y su cayado me sosiega », de modo que « nada temo » (cf. Sal 23 [22],4), era la nueva « esperanza » que brotaba en la vida de los creyentes.

Carta encíclica Spe Salvi, Benedicto XVI

La esperanza también colma el ansia humana de preservación de los seres que amamos. Deseamos que aquellos seres a los que estamos muy unidos no desaparezcan destruidos por un proceso corporal. El amor que sentimos por ellos anhela un mañana compartido: En la medida en que se ama, se necesita seguir viviendo o volver a vivir después de la muerte, para seguir amando. La piedra angular del cristianismo es el amor. La fe no es una convicción filosófica, sino un fruto de un amor temerario a la vida y el mundo. La perspectiva cristiana lleva a compartir comunalmente la esperanza en un Amor que nos salvará de ser polvo y olvido.

Y, por último, la Caridad cuyo objeto es el amor a Dios por sobre todas las cosas, lo cual también se traduce en el amor al prójimo.

Aspirad a los carismas mejores. Sin embargo, todavía os voy a mostrar un camino más excelente. Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, sería como el bronce que resuena o un golpear de platillos. Y aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, no sería nada.

Y aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, si no tengo caridad, de nada me aprovecharía. La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

San Pablo, 1 Co 12,31—13,13

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El Dios cristiano es Padre por su misericordia ilimitada y su cercanía

La verdadera consistencia del cristianismo es la misericordia. El Dios cristiano es Padre por su misericordia ilimitada. Si no fuera así, no se habría hecho hombre, aceptando las servidumbres de la existencia finita, sufriendo y muriendo por nosotros. La Encarnación representa la oportunidad de participar en la vida divina, pero sólo a partir de «una aceptación libre» y «rigurosamente personal». Definir a Dios como amor implica admitir que es una Persona. Sin la dimensión personal, no hay un vínculo afectivo. Siempre se ama a un «Tú», a una alteridad que nos permite trascender nuestra soledad.

El Dios cristiano tiene alma, cuerpo, historia. Es «alguien con quien se puede convivir, con quien se puede hablar, a quien se puede imaginar, a quien se puede evocar e invocar». Se hizo pequeño y humilde para acercarse al hombre. No se trató de un contacto fugaz, sino de una aproximación permanente.

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El Dios cristiano es providente

A diferencia del dios aristotélico, ensimismado y escindido del cosmos y la historia, el Dios cristiano contempla la realidad desde «infinitas perspectivas». Dado que es Padre, se ocupa de su creación en toda su diversidad: «Por ser infinito, su atención no se agota, puede dirigirse a toda realidad, a la totalidad de sus aspectos y posibilidades». La humanidad no está desamparada, sino acogida y resguardada por el amor de Dios. Un amor que establece «un vínculo radical» entre todos los hombres.

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El cristianismo no menosprecia la vida ni el mundo porque, ambos, le fueron dados por Dios

Torticeramente se ha pretendido que la exaltación de la humildad conduce a una aversión a la vida terrenal. Craso error. La existencia en el mundo físico no es un «trámite desdeñable y edulcorado por la esperanza en la resurrección» para el cristiano. Vivir en el espacio y en el tiempo mundano comporta servidumbres, pero es lo que hace posible que cada vida sea irrepetible. La inagotable diversidad de la existencia y la belleza del universo es la prueba inequívoca de su trascendencia que se nos muestra como un indicio de cómo será la eternidad.

La plenitud no puede consistir en suprimir toda esa riqueza que, al fin y al cabo, es junto con la vida que Dios nos dio un bien entregado por Él al hombre. Un don que junto con la exigencia que conlleva en su libertad y el dolor. Hoy nos encontramos con que el hombre huye tanto de la libertad como del dolor que conlleva. La eternidad no debe ser imaginada como la pervivencia de un residuo, sino como el enriquecimiento y desarrollo de lo singular.

Dios glorifica e ilumina toda la realidad, preservando lo particular y peculiar. «El hombre ha acontecido de manera fecunda y complejísima sobre la tierra; no parece lícito entender su destino más alto como una simplificación». La eternidad no es algo estático, sino «una empresa infinita e inagotable» que sobrepasa todos los límites. La salvación de la persona no es la preservación de una esencia, sino la persistencia de su faceta «proyectiva, imaginativa, interpretativa, libre, dramática».

Julián Marías aventura que la inmortalidad se «puede entender como la realización de las trayectorias auténticas que no se han cumplido, o sólo lo han hecho de modo deficiente, en la vida terrenal». Dado que nos sentimos llamados a hacer algo y a ser alguien, «nuestra realidad personal, inteligente, amorosa, carnal, ligada a formas históricas, hecha de proyectos de varia suerte, articulados en trayectorias de desigual autenticidad, es la que ha de perpetuarse, transfigurarse, salvarse. No puede imaginarse ninguna mutilación ni disminución».

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El cristiano y la política

El cristiano ejerciendo como político no puede dejar de ser cristiano. No se puede votar a favor de una ley, por ejemplo el aborto, el divorcio, la eutanasia y otras tantas más, y andar diciendo por ahí que se es cristiano.

Julián Marías lo dice muy claro:

«No hay una política cristiana, porque los cristianos pueden tener muchas y muy diversas; lo que hay ciertamente es políticas -demasiadas- que no pueden ser cristianas».

«Y son aquellas que destruyen o pretendan destruir aquello en que consiste el hombre para un cristiano, y por supuesto su vida sobre la tierra. vSi se despoja al hombre de su libertad política y social; si niega su libertad personal; si se reduce su horizonte [sólo] al de este mundo. iSi se le despoja de su esperanza en una vida perdurable, dejándolo abandonado a la radical desesperación de la adversidad, a la mutilación, la enfermedad, la vejez o la muerte sin otra alternativa. lSi se lo utiliza o explota como un medio;jsi se lo priva de sus derechos en este mundo remitiéndolo hipócritamente al otro.

hSi se reduce la producción por cualquier motivo, condenando a los demás a la pobreza innecesaria; jsi se suplanta su conciencia personal con decisiones arbitrarias. Si se desprecia la voluntad de los hombres y no se cuenta con ella ni se tolera su expresión. Si no se siente la responsabilidad por el destino de los demás, se ha abandonado radicalmente la condición cristiana y no se la puede invocar con ningún pretexto ».

«Pero esto no quiere decir que el mismo cristiano no se encuentre en la necesidad de saber a qué atenerse en política, y es falso que su cristianismo nada tenga que hacer en ello».

«A los obispos hay que pedirles orientación religiosa, aunque no desdeñen los valores, lo que primariamente deben buscar es la salvación de los hombres» .

Pilato respondió: ¿Soy yo judío? Tu nación misma, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero ahora mi reino no es de aquí.

Juan 18, 35-36

«Para ello hace falta que la politica de los cristianos tenga libertad, justicia y moralidad – la politica de los cristianos y no la «politica cristiana», porque esto no existe».

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El cristiano, el progreso y las instituciones humanas

Me limitaré aquí a citar un texto del Papa Benedicto XVI en su Carta Encíclica « Caritas in Veritae » (En cursiva y negrita textos de la Carta Encíclica de Pablo VI «Populorum Progressio»):

«El auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones. Sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento. Encerrado dentro de la historia, queda expuesto al riesgo de reducirse solo al incremento del tener; así, la humanidad pierde la valentía de estar disponible para los bienes más altos, para las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige» .

«El hombre no se desarrolla únicamente con sus propias fuerzas, así como no se le puede dar sin más el desarrollo desde fuera. A lo largo de la historia, se ha creído con frecuencia que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo».

«Desafortunadamente, se ha depositado una confianza excesiva en dichas instituciones, casi como si ellas pudieran conseguir el objetivo deseado de manera automática. En realidad, las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado».

«Por lo demás, solo el encuentro con Dios permite no ver siempre en el prójimo solamente al otro, sino reconocer en él la imagen divina, llegando así a descubrir verdaderamente al otro y a madurar un amor que es ocuparse del otro y preocuparse por el otro».

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Estructuras humanas, mesianismos y la libertad responsable

Vuelvo al Papa Benedicto XVI en su Carta Encíclica « Caritas in Veritae » (En cursiva y negrita textos de la Carta Encíclica de Pablo VI «Populorum Progressio»):

«No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana. La vocación es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable. El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana».

«Los mesianismos prometedores, pero forjados de ilusiones, basan siempre sus propias propuestas en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposición. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio para el desarrollo, mientras que la humildad de quien acoge una vocación se transforma en verdadera autonomía, porque hace libre a la persona».

«Solo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; solo en un régimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada».

Hoy, lo cierto, es que nos encaminamos a un tipo de hombre que ni es libre ni es responsable. 

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Codas

  • El que entierra su cristianismo en su interior no es cristiano. El cristiano no puede recluirse, encerrarse como se pretende hoy en día en su interior. El enclaustramiento en una fe personal introspectiva vacía la esencia del cristianismo. Si se es cristiano se es por dentro y por fuera. Porque abarca toda la vida en su completitud, toda la existencia y el mensaje no puede encerrarse. La revelación, la palabra de Cristo nos fueron dadas para ser divulgadas no sólo interiorizadas.

«Id y divulgar mi palabra por el mundo»

Marcos 16:15.
  • El «tolerante» no es cristiano. La caridad no puede convertirse en sometimiento a lo que contraviene a la moral y la fe cristiana. El mismo Cristo, ejemplificó esto, echando a los mercaderes del templo encendiendo la mecha que prendió el camino de su crucifixión. Y hoy volvemos a tenerlos dentro del templo.

Llegaron a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y los asientos de los que vendían las palomas, y no permitía que nadie transportara objeto alguno a través del templo. Y les enseñaba, diciendo: «¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”? Pero ustedes la han hecho cueva de ladrones». Los principales sacerdotes y los escribas oyeron esto y buscaban cómo destruir a Jesús, pero le tenían miedo, pues toda la multitud estaba admirada de Su enseñanza.

Marcos 11:15-18
  • El que busca un «modelo sostenible» – producto de una ideologización mesiánica- en el sentido de constreñir o limitar la vida y el crecimiento humano, no es cristiano pues el cuidado del mundo y sus criaturas es compatible con el desarrollo humano.

Creced y multiplicaos, y llenad la tierra

Génesis 1:28
  • La omnisapiencia y la soberbia, no son cristianas. El cristiano reconoce su poquedad y fia su vida terrenal y eterna en las manos de Dios.

  • El divorcio, el aborto, la eutanasia… no son cristianos.

Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

Mateo 19:9

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás . . . Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio”

Mat 5:21-22

“No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte;…”. Eclesiastés 8:8a

… sólo Dios es soberano sobre cuándo y cómo ocurre la muerte. Dios tiene la última palabra sobre la muerte

En la hora de mi muerte, llámame.

Alma de Cristo
  • El «cristianismo light» no es ser cristiano. La moral cristiana es exigente y dura pero hoy se pretende diluirla en un «relativismo moral» o laxismo como estado de conciencia inclinado a considerar leve lo que es grave, y permitido lo que está prohibido. Por un lado está el que busca una exigencia acomodaticia, fácil de sobrellevar. Y, por el otro, el que se apoya en la vana presunción de que Dios es muy bueno y no me condenará. Se olvida, de este modo, que si la misericordia divina es infinita, lo es también su justicia. Jesucristo no decía «bueno, depende…» sino «no» o «haced» de una manera taxativa o en modo imperativo:

« En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna? Jesús dijo: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. No matarás, no cometerás adulterio, no robarás…»

(Mt 19, 16-18).

Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Mateo 26:26-28

Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. Lucas 22:19

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FiN

El alma es la que crea el cuerpo – Marcelino Menéndez Pelayo

Escritor español Petrusvil

Japalpilpa

Pedro Antonio Villegas Santos

Pedro Antonio Villegas Santos

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