Política economía y corrupción

Petrusvil, escritor español.

21 de febrero de 2021
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Política, economía y corrupción.

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En estos tiempos postmodernos la política, la economía y la corrupción están pergeñando un sistema extenso y totalitario.

La primera lección de economía, y quizás la única, que debería aprender un político sería la que explica como los incentivos perversos que provocan las subvenciones, subsidios, y legislaciones ad hoc llevan ineluctablemente a la corrupción  pública y privada. Pero claro, sus señorías se agarrarán al clientelismo privado y empresarial, a los lobbys, a las minorías, a todo aquello que genere votos, poder, influencia y, cómo no, dinero. Este comportamiento execrable sólo -lo digo bien alto- sólo es posible si no hay democracia.

Política, economía y corrupción

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La corrupción sólo aparece cuando no hay democracia. Esto es: Cuando no hay elecciones a distritos uninominales de diputados para el colegio legislativo y elecciones presidenciales al poder ejecutivo a segunda vuelta. Cuando no hay mandato imperativo del diputado, revocable por sus electores. Cuando hay consensos porque conculcan la voluntad del elector y cuando no hay separación de poderes; entonces no hay poder representativo de la sociedad, es decir, no hay democracia formal.

Añadamos, porque esto es nuevo, cuando la dictadura democrática decide lo que es o no políticamente correcto. Hay en el túrbido ambiente de inicios de siglo un cedazo que tamiza el pensamiento libre, una obligación de hablar bien de esto y mal de aquello, un ministerio de la verdad. Ítem más, algo que ha vuelto, el absurdo teorema de que lo que decida la mayoría es lo mejor. O este otro, que tan novedosísimo él, nació con el siglo, que la minoría debe imponer su visión a los demás para ser respetada (discriminación positiva); no puedo contenerme en afirmar que ambas aberraciones son totalitarias.

Y queda lo peor, las novedades más peligrosas de todas las que han engendrado las clases dominantes de hoy, verbigracia políticos, la democracia de la opinión pública un constructo pseudocientífico que yo llamo la estadística parlamentarizada y, por último la imposición democrática de los expertos, la opinión sesgada del subvencionado, de aquellos que medran a costa del presupuesto público –el incentivo más perverso de todos– algo así como el nuevo oráculo de Delfos que promociona las creaciones totalitarias de los Estados y sus entes.

¿Y quién es hoy el poder fáctico que ha sobrevivido a todos los poderes que hubo en la humanidad?: El Estado. La nueva iglesia de todos los pueblos. Tan religioso y beato, tan laicista. La ley que deviene de la dictadura parlamentarizada, ese invento del derecho positivo, se convierte en la moral dictada por los Estados. Su catequesis es continua, omnímoda e insalvable para el común de los mortales.  

Política economía y corrupción

Incluyamos – no, no se me escapen por los márgenes- todas las estructuras intranacionales y supranacionales que – válgame Dios son infinitud- cuelgan presupuestariamente de los Estados, que son las  que deconstruyen la civilización tal como la conocemos y las que implantan los nuevos órdenes morales.

El Estado y sus entes son, hoy en día, los garantes de la alienación y la servidumbre del hombre moderno. Nadie debería llamarles para arreglar nada ni para garantizar nada.

Pero hoy ocurre que, no sólo existe la corrupción, sino que esta es usada como un mecanismo de imposición totalitaria. Los Estados compran voluntades de los ciudadanos y de las empresas, además de atraerse las simpatías de los grupos de poder y de las minorías y usarlos para sus propios fines.

A este proceso corrupto se han añadido voluptuosamente las grandes corporaciones, principalmente, la Farmacéuticas, las Big Tech, las Energéticas, los Bancos y los Mass Media. Estados y Corporaciones se compran entre ellos y compran las voluntades de científicos, investigadores, médicos, profesores, ect. en un proceso mercantil que se retroalimenta a si mismo y cuyo único objetivo es el poder y la dominación de los ciudadanos.

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Hay una gran diferencia entre tratar a los hombres con igualdad e intentar hacerlos iguales. Mientras lo primero es la condición de una
sociedad libre, lo segundo implica, como lo describió Tocqueville «una
nueva forma de servidumbre»

Fiedrich Von Hayek

Repasando el Legado de Hayek

FiN

Escritor español Petrusvil: Japalpilpa

No tengo luces sin sombra
ni sigo renglones derechos
pero mi pulso no zozobra
en los márgenes estrechos
No vacilo en la prosa
No dudo en mis versos.

© Pedro Antonio Villegas Santos (@vilpetrus)
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