Muchas veces he pensado que con dar ejemplo bastaba. Sin embargo, la Iglesia originaria – sus miembros- era tan insolente con la Verdad. La pregonaba sin ambages aún a costa de sufrir martirio; y la Divina Providencia hizo el resto. Así nació la Iglesia Romana. La Verdad se explicitaba a bocajarro, sin protocolos ni miramientos, ni un «qué dirán de mí» tan de nuestros días. San Pablo no se andaba con rodeos ni remilgos. (No os calléis: Sed insolentes)
“Las hagiografías nos muestran que la insolencia es una de las características sobresalientes de gran parte de los santos. El Santo Cura de Ars la poseía en alto grado. Una vez, al cruzarse con un hombre que paseaba a su perro, le dijo: «Sería de desear, señor, que su alma fuera tan bella como su perro». Aquel hombre no era practicante, pero ese mismo día se confesó y cambió su vida. Murió treinta y seis años después como trapense”.
Resulta obvio, que no pudiendo la postmodernidad laicista con la fe cristiana, busca subyugarla, arrinconándola en nuestro interior. Esto es, ocultándola, sin dar fe de ella para destruir el cristianismo una vez desalojado de la esfera pública.
La conversión de los demás ( o, la más necesitada hoy, la reconversión de los que están en la «fe cómoda» – protestantizados-, sin las Obras – son amores-) no depende de subterfugios, ni de consentir, ni de la habilidad diplomática, ni de un orquestado proselitismo, ni de tolerar todo para ganar adeptos, ni de meter «en la tienda» a todo quisque haciéndose más mundano que el mundo (De eso parece ir el Sínodo de la Sinodalidad).
Cristo sólo nos pidió que arrojásemos a nuestro paso la Verdad Revelada – en el Nuevo Testamento está escrita-. Sin más, sin remilgos, tal cual nos la dejó. Cosa que requiere valor, lo reconozco, nadie ha dicho, y menos ahora, que sea fácil.
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
Marcos 16:15-18
Pregúntenselo a los primeros cristianos o a los de Nigeria actuales. Y, aunque, pensemos que no nos espera la muerte que tuvieron unos y que están teniendo los otros, nos espera la cancelación, la proscripción o el silencio mediático.
Os expulsarán de las sinagogas; pero viene la hora cuando cualquiera que os mate pensará que {así} rinde un servicio a Dios.
Juan 16:2
Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.
Mateo 24:9
Pero, y esto es la clave, olvidan que el cristianismo es comunitario – no digital globalista- y, tal cual predijo Benedicto XVI ante el auge del paganismo, incluso entre los cristianos: “Pervivirá el mensaje de Cristo en comunidades pequeñas y de ahí empezará de nuevo”.
Así pues, seamos lanzados e insolentes pero humildes porque, por lo demás, el crecimiento y la cosecha de Dios son quehacer exclusivo de su Divina Providencia.
«Cualquiera que quiera ser cristiano hoy debe tener la fuerza para decidir y el coraje para no ser moderno, como todos los niños de mañana y de ayer»