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Las entrañas de la Ideología de Género

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
16/11/2021
Tiempo de lectura 25 minutos.
Las entrañas de la Ideología de Género

Tabla de contenidos

Para combatir al enemigo totalitario hay que conocerlo y este documento persigue dar a conocer las interioridades de la neomarxista “ideología de género”. (Las entrañas de la Ideología de Género )

Las entrañas de la Ideología de Género

Prolegómenos

Se ha estado oyendo durante estos últimos años la expresión «género» y gran cantidad de personas se imaginan que era sin más otra manera más de referirse a la división biológica de la humanidad en dos sexos,;pero detrás del uso de esta palabra se encubre toda una ideología deconstructivista de corte neocomunista;pretende sacar de nuestras mentes la milenaria estructura dual de la humanidad.

Los proponentes de esta ideología quieren afirmar que las diferencias entre el varón y la mujer, fuera de las obvias diferencias anatómicas,;no corresponden a una naturaleza fija que ha hecho a unos seres humanos varones y a otros féminas. Piensan que son el producto de la cultura de un país y de una época determinados no una consecuencia;de la biología que nos ha hecho así, y que asigna a cada grupo de personas una serie de roles establecidos por dicha cultura.

Quieren rebelarse contra ello y dejar decidir a cada cual el tipo de «género» al que desean pertenecer, todos igualmente aceptables. Esto haría que hombres y mujeres heterosexuales, los homosexuales y las lesbianas,;y los bisexuales sean simplemente modos de comportamiento sexual producto de la libre elección de cada persona; libertad que todos los demás deben respetar: Una “libertad impuesta” por un modo de pensamiento único y excluyente.

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No se necesita mucha reflexión para darse cuenta de lo revolucionaria que es esta disposición ideológica, y de las nefastas consecuencias; que tiene la negación de que haya una naturaleza dada a cada uno de los seres humanos por su capital biológico o genético. En definitiva se trata de negar una realidad biológica y crear un ser hipersexuado multidisciplinar. Se diluye la diferencia entre los sexos como algo convencionalmente atribuido por la sociedad negando la ciencia biológica; y dejando que cada uno se invente su propia biología “ad hoc”.

Toda la moral queda sometida a la decisión del individuo y desaparece la diferencia entre lo permitido – normal- y lo prohibido – antinatural-; o con la casuístiva de rarezas biológicas ciertamente marginales en esta materia específica. Las consecuencias religiosas son también reveladoras pues para el constructo se requiere la eliminación de la moral y la estigmatización del cristianismo fuente última de la moral occidental.

Los proponentes de esta ideología usan sistemáticamente un lenguaje equívoco para poder infiltrarse más fácilmente en el ambiente;y las mentes de las personas, “acostumbrándolas” via educación, leyes y medios de comunicación; y, finalmente, hacerlas pensar como ellos con el fin de eliminar todo vestigio de la cultura occidental judeo-cristiana. Es claro que para ejercer el libertinaje de género hay que destruir las normas morales que que limitan el ejercicio responsable de la libertad.

En lo que sigue voy a tratar de introducirles en los aspectos sustanciales de esta ideología deconstructiva para que pueden se conscientes de como,;cuando y cuanto está siendo utilizados para que abandonen sus principios actuales y consientan la variedad de “géneros” ilimitados – van por más de cien estereotipos- que la ideología generista puede inventar.

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El género es una construcción cultural

«El género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente inmutable como el sexo. Al teorizar es una construcción radicalmente independiente del sexo biológico, el género mismo viene a ser un artificio libre de trabas; en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino, etc. etc. etc.»

Estas palabras que podrían parecer tomadas de un cuento de ciencia ficción que vaticina una seria pérdida de sentido común, en este caso biológico, en el ser humano, proceden del libro «Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity» (El Problema del Género: el Feminismo y la Subversión de la Identidad») de la feminista radical Judith Butler, que ha sido profusamente utilizado como libro de texto en diversos programas de estudios femeninos de prestigiosas universidades norteamericanas, en donde la perspectiva de género viene siendo ampliamente promovida desde hace medio siglo.

Bajo la inocente expresión de “género” – como otra forma de expresar el sexo- se esconde una nueva perspectiva que,;para sorpresa de muchos, se refiere al término género como «roles socialmente construidos».

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El asalto a la Conferencia de Pekín por las generistas

La IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, de septiembre de 1995 en Pekín,;fue el escenario elegido por los promotores de la nueva perspectiva para dar el albadonazo a una fuerte campaña global de persuasión y difusión. Desde dicha cumbre la «perspectiva de género»;ha venido filtrándose en diferentes ámbitos no sólo de los países industrializados,;sino además de los países en vías de desarrollo. Observen como se está usando los organismos supranacionales creados originalmente para otros asuntos y competencias como propaladores de ideologías.

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Definición del término “género”

Así, la directiva de esta conferencia de la ONU certificó la siguiente definición:

«El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo».

En esta definición la clave o llave de apertura del nuevo paradigma ideológico es la frase “roles definidos socialmente” de forma;que el sentido biológico de los dos sexos quedaba literalmente socavado, cuando no erradicado en el tiempo.

Esta definición creó confusión entre los delegados a la cumbre, principalmente entre los provenientes de países católicos y de la Santa Sede,;quienes solicitaron una mayor explicitación del enunciado ya que se presentía que éste podría encubrir una agenda inaceptable ;que incluyera la tolerancia de orientaciones e identidades homosexuales, entre otras cosas. Fue en aquel momento cuando Bella Abzug, ex-diputada del Congreso de los Estados Unidos – todos los políticos acaban en los cementerios de elefantes de los organismos supranacionales- intervino para completar la novedosa exégesis del término «género» y dejándolo meridianamente claro, disipando todas las dudas:

«El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo para expresar la realidad;de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio». Llegando a decir «la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta superioridad de uno u otro sexo,;y cuestionar en lo posible si existe una forma natural de sexualidad humana» estableciendo en ese momento que el movimiento generista buscaba su expansión rápida buscando una “guerra de sexos”, de tintes comunistas: Clase oprimida contra clase opresora.

Ante tal situación, muchos delegados cuestionaron el término así como su inclusión en el documento. Sin embargo, la ex-diputada Abzug abogó férreamente en su favor.

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Un panfleto con la lista de conceptos de género

La “lista reivindicativa” de la nueva ideología había sido cuidadosamente preparada durante años en las universidades americanas

El asombro y desconcierto, en aquellos momentos, fue mayor después de que uno de los participantes difundiera algunos textos empleados por las feministas de género – como si fueran octavillas de panfletos comunistas-, profesoras de reconocidos Colleges y Universidades de los Estados Unidos. De acuerdo a la lista de lecturas obtenida por el delegado, las «feministas de género» defienden y difunden las siguientes definiciones:

  • Hegemonía o hegemónico: Ideas o conceptos aceptados universalmente como naturales, pero que en realidad son construcciones sociales.
  • Deconstrucción: La tarea de denunciar las ideas y el lenguaje hegemónico (es decir aceptados universalmente como naturales),;con el fin de persuadir a la gente para creer que sus percepciones de la realidad son construcciones sociales.
  • Patriarcado, Patriarcal: Institucionalización del control masculino sobre la mujer, los hijos y la sociedad, que perpetúa la posición subordinada de la mujer.
  • Perversidad polimorfa, sexualmente polimorfo: Los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza, sino más bien por un condicionamiento de la sociedad. Así, el deseo sexual puede dirigirse a cualquiera.
  • Heterosexualidad obligatoria: Se fuerza a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen sexualmente uno al otro.
  • Preferencia u orientación sexual: Existen diversas formas de sexualidad -incluyendo homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y trasvestis- como equivalentes a la heterosexualidad.

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  • Homofobia: Temor a relaciones con personas del mismo sexo; personas prejuiciadas en contra de los homosexuales. (El término se basa en la noción de que el prejuicio contra los homosexuales tiene sus raíces en el ensalzamiento de las tendencias homosexuales).
  • «La teoría feminista ya no puede darse el lujo simplemente de vocear una tolerancia del lesbianismo como estilo alterno de vida o hacer alusión de muestra a las lesbianas. Se ha retrasado demasiado una crítica feminista de la orientación heterosexual obligatoria de la mujer».
  • «Una estrategia apropiada y viable del derecho al aborto es la de informar a toda mujer que la penetración heterosexual es una violación, sea cual fuere su experiencia subjetiva contraria.»
  • «Cada niño se asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es -femenina o masculino-. Aunque muchos crean que el hombre y la mujer son expresión natural de un plano genético,;el género es producto de la cultura y el pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo.»

Las afirmaciones citadas podrían parecer suficientemente reveladoras sobre la peligrosa agenda de los promotores de esta perspectiva llamada de género, de ahí la profusión con que se usa el término hoy en día. Es así que para las «feministas de género», éste «implica clase, y la clase presupone desigualdad. Luchar más bien por deconstruir el género llevará mucho más rápidamente a la meta»: Comunismo en estado puro.

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El feminismo de género vs feminisno al uso

Pero en qué consiste el «feminismo de género» y cuál es la diferencia con el ,;hasta aquel momento, feminismo que no pasaba de ser un instrumento reivindicativo. Para entender más a fondo la discusión en torno al «término género», vale la pena responder a esta pregunta.

El término «feministas de género» fue acuñado en primer lugar por Christina Hoff Sommers en su libro «Who Stole Feminism?» («¿Quién se robó el Feminismo?»), con el fin de distinguir el feminismo de ideología radical surgido hacia fines de los años 60, del anterior movimiento feminista;que buscaba sencillamente la equidad sin pretensión alguna de cambiar la sexualidad biológicamente entendida.

Hoff Sommers venía a decir:

«El feminismo de equidad es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: tratamiento justo, ausencia de discriminación. Por el contrario, el feminismo del género es una ideología que pretende abarcarlo todo,;según la cual la mujer norteamericana está presa en un sistema patriarcal opresivo. La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del género a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor. Pero esto carece de base en la realidad norteamericana. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer que hoy conforma 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose»

Este «feminismo de género» fue el que tuvo una fuerte presencia en la Cumbre de Pekín. Así lo afirma Dale OLeary, autora de numerosos ensayos sobre la mujer y participante en la Conferencia de Pekín,;quien asegura que durante todas las jornadas de trabajo, aquellas mujeres que se identificaron como feministas abogaron persistentemente por incluir la;«perspectiva del género» en el texto, por la definición de «género» como roles socialmente construidos;y por el uso de «género» en sustitución de mujer o de masculino y femenino.

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Neo Marxismo y ataque a la familia

En palabras de Dale OLeary, la teoría del «feminismo de género» se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Comienza con la afirmación de Marx, de que toda la historia es una lucha de clases,;de opresor contra oprimido, una batalla que se resolverá solo cuando los oprimidos sean conscientes de su situación, se alcen en revolución e impongan una dictadura de los oprimidos. La sociedad será totalmente reconstruida y emergerá la sociedad sin clases, libre de conflictos, que asegurará la paz y prosperidad utópicas para todos.

OLeary agrega que Frederick Engels fue quien sentó las bases de la colusión entre el marxismo y el feminismo. Para ello cita el libro «El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado», escrito en 1884 en el que, resumidamente, señala:

«El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino».

Según OLeary, los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada,;se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad,;se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en institutos de cuidado diario y se eliminara la religión. Sin embargo, para las «feministas de género», los marxistas fracasaron por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la familia, que era la verdadera causa de las clases.

En ese sentido, la generista Shulamith Firestone afirma la necesidad de destruir la diferencia de clases, más aún la diferencia de sexos:

«… asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres);se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana,;incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica,;sino con la distinción misma entre clases económicas,;la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con el privilegio masculino sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente».

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Cuando la Naturaleza estorba

Es claro pues que para esta nueva «perspectiva de género», la realidad natural incomoda, estorba, y por tanto, debe ser destruida. Al respecto, la propia Shulamith Firestone decía:

«Lo natural no es necesariamente un valor humano. La humanidad ha comenzado a sobrepasar a la naturaleza; ya no podemos justificar la continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la Naturaleza. De hecho, por la sola razón de pragmatismo empieza a parecer que debemos deshacernos de ella».

Para los alocados defensores del la «nueva perspectiva», toda diferencia entre el hombre;y la mujer es construcción social y por consiguiente tiene que ser transformada. Buscan establecer una “igualdad total” entre hombre y mujer, destruyendo las diferencias naturales entre ambos, en especial las diferencias sexuales; más aún, relativizan la noción de sexo de tal manera que, según ellos, no existirían dos sexos, sino más bien muchas «orientaciones sexuales».

Así, los mencionados promotores del «género» no han visto mejor opción que declararle la guerra a la naturaleza y a las opciones de la mujer. Según OLeary, las «feministas de género» a menudo denigran el respeto por la mujer con la misma vehemencia con que atacan el irrespeto, porque para ellas el «enemigo» es la “diferencia”, es decir exactamente igual que el relato comunista.

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Diferencia y complementariedad en la pareja humana

Sin embargo, es evidente que no toda diferencia es mala ni mucho menos irreal. Tanto el hombre como la mujer -creados a imagen y semejanza de Dios-;tienen sus propias particularidades naturales que deben ser puestas al servicio del otro, para alcanzar un enriquecimiento mutuo. Esto, claro está, no significa que los recursos personales de la femineidad sean menores que los recursos de la masculinidad; simplemente significa que son diferentes y, no por ello, son malos sino complementarios

Además, consideran que las diferencias de «género»,;que según ellos existen por construcción social, fuerzan a la mujer a ser dependiente del hombre y por ello,;la libertad para la mujer consistirá, no en actuar sin restricciones indebidas, sino en liberarse de «roles de género socialmente construidos». En ese sentido, Ann Ferguson y Nancy Folbre afirman:

«Y las feministas deben hallar modos de apoyo para que la mujer identifique sus intereses con la mujer,;antes que con sus deberes personales hacia el hombre en el contexto de la familia. Esto requiere establecer una cultura feminista revolucionaria auto-definida de la mujer, que pueda sostener a la mujer, ideológica y materialmente fuera del patriarcado. Las redes de soporte contra-hegemónico material y cultural pueden proveer substitutos mujer-identificados de la producción sexo-afectiva patriarcal; y que proporcionen a las mujeres mayor control sobre sus cuerpos, su tiempo de trabajo y su sentido de sí mismas.»

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Las áreas clave del ataque al “Patriarcado”

Con dicho fin, Ferguson y Folbre diseñan 4 áreas claves de «ataque»:

  • Reclamar apoyo económico oficial para el cuidado de niños y los derechos reproductivos.
  • Reclamar libertad sexual, que incluye el derecho a la preferencia sexual (derechos homosexuales/ lesbianos/ trans/ bigéneros, etc.)
  • El control feminista de la producción ideológica y cultural (es importante porque la producción cultural afecta los fines, el sentido de sí mismo,;las redes sociales y la producción de redes de crianza y afecto, amistad y parentesco social).
  • Establecer ayuda mutua: sistemas de apoyo económico a la mujer, desde redes de identificación única con la mujer,;hasta juntas de mujeres en los sindicatos que luchen por los intereses femeninos en el trabajo asalariado.

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No se pretende mejorar la situación de la mujer sino destruir la familia

El propósito de cada punto de la ideología de género no es mejorar la situación de la mujer; sino separar a la mujer del hombre y destruir la identificación de sus intereses comunes dentro de la familia. El interés primordial del feminismo radical nunca ha sido el de mejorar la situación de la mujer ni aumentar su libertad. Por el contrario, para las feministas radicales activas, aun una mejora por pequeña que sea puede dar al traste con la revolución de clase sexo/género opuesto que diluye la esencial “guerra de sexos”.

Esta afirmación es confirmada por la feminista Heidi Hartmann que radicalmente afirma:

«La cuestión de la mujer nunca ha sido la cuestión feminista. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer».

Así, dice OLeary, la «nueva perspectiva» tiene como objeto propulsar la agenda homosexual/ lesbiana/ bisexual/ transexual, y no los intereses de las mujeres comunes y corrientes.

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Destruir los “roles socialmente construidos”

Para ello, las «feministas de género» señalan la urgencia de «deconstruir estos roles socialmente construidos», que según ellas, pueden ser divididos en tres categorías principalmente:

  • Masculinidad y Feminidad. Consideran que el hombre y la mujer adultos son construcciones sociales; que en realidad el ser humano nace sexualmente neutral y que luego es socializado en hombre o mujer. Esta socialización, dicen, afecta a la mujer negativa e injustamente. Por ello, las feministas proponen depurar la educación y los medios de comunicación de todo estereotipo y de toda imagen específica de género,;para que los niños puedan crecer sin que se les exponga a trabajos «sexo-específicos».
  • Relaciones familiares: padre, madre, marido y mujer. Las feministas no sólo pretenden que se sustituyan estos términos «género-específicos» por palabras «género-neutrales»,;sino que aspiran a que no haya diferencias de conducta ni responsabilidad entre el hombre y la mujer en la familia.
  • Ocupaciones o profesiones. El tercer tipo de «roles socialmente construidos» abarca las ocupaciones que una sociedad asigna a uno u otro sexo.

Según Dale OLeary, ésta es la categoría de «roles socialmente construidos» a la que las feministas le atribuyen mayor importancia porque consideran que la experiencia de relaciones «sexo-específicas» en la familia son la principal causa del sistema de clases «sexo/géneros».

  • Si bien las tres categorías de «deconstrucción social» ya podrían ser suficientes,;el repertorio de las «feministas de género» incluye una más: cambiar los mecanismos naturales de la reproducción humana que, según dicen, también es determinada socialmente.

Al respecto, Heidi Hartmann afirma:

«La forma en que se propaga la especie es determinada socialmente. Si biológicamente la gente es sexualmente polimorfa y la sociedad estuviera organizada de modo que se permitiera por igual toda forma de expresión sexual,;la reproducción sería resultado sólo de algunos encuentros sexuales: los heterosexuales. La división estricta del trabajo por sexos, un invento social común a toda sociedad conocida, crea dos géneros muy separados y la necesidad de que el hombre y la mujer se junten por razones económicas. Contribuye así a orientar sus exigencias sexuales hacia la realización heterosexual, y a asegurar la reproducción biológica. En sociedades más imaginativas, la reproducción biológica podría asegurarse con otras técnicas.»

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El objetivo final: deconstruir la sociedad

Queda claro pues, que la meta de los promotores de la «perspectiva de género es el llegar a una sociedad sin clases de sexo. Para ello, plantean deconstruir el lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad, la educación, la religión, la cultura, entre otras cosas. Al respecto, de ello, dicen:

«El género implica clase, y la clase presupone desigualdad. Luchar más bien por deconstruir el género llevará mucho más rápidamente a la meta. Bien, es una cultura patriarcal y el género parece ser básico al patriarcado. Después de todo, los hombres no gozarían del privilegio masculino si no hubiera hombres. Y las mujeres no serían oprimidas sino existiera tal cosa como la mujer. Acabar con el género es acabar con el patriarcado, como también con las muchas injusticias perpetradas en nombre de la desigualdad entre los géneros».

En tal sentido, Susan Moller Okin escribe un artículo en el que se lanza a pronosticar lo que para ella sería el «soñado futuro sin géneros»:

«No habría presunciones sobre roles masculino o femenino; dar a luz estaría conceptualmente tan distante de la crianza infantil, que sería motivo de asombro;que hombres y mujeres no fueran igualmente responsables de las áreas domésticas,:o que los hijos pasaran mucho más tiempo con uno de los padres que con el otro. Sería un futuro en el que hombres y mujeres participen en número aproximadamente igual en todas las esferas de la vida; desde el cuidado de los infantes hasta el desempeño político de más alto nivel, incluyendo los más diversos tipos de trabajo asalariado. Si hemos de guardar la más mínima lealtad a nuestros ideales democráticos, es esencial distanciarnos del género. Parece innegable que la disolución de roles de género contribuiría a promover la justicia en toda nuestra sociedad,;haciendo así de la familia un sitio mucho más apto para que los hijos desarrollen un sentido de justicia».

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La «deconstrucción de la educación»

Urge deconstruir no sólo la familia sino también la educación. Las niñas deben ser orientadas hacia áreas no tradicionales y no se las debe exponer a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni se les debe involucrar en actividades femeninas tradicionales

«La educación es una estrategia importante para cambiar los prejuicios sobre los roles del hombre y la mujer en la sociedad. La perspectiva del género debe integrarse en los programas. Deben eliminarse los estereotipos en los textos escolares y conscientizar en este sentido a los maestros, para asegurar así que niñas y niños hagan una selección profesional informada, y no en base a tradiciones prejuiciadas sobre el género».

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Primer blanco, la Familia:

«La igualdad feminista radical significa, no simplemente igualdad bajo la ley y ni siquiera igual satisfacción de necesidades básicas, sino más bien que las mujeres -al igual que los hombres- no tengan que dar a luz. La destrucción de la familia biológica que Freud jamas visualizó, permitirá la emergencia de mujeres y hombres nuevos, diferentes de cuantos han existido anteriormente».

Al parecer, la principal razón del rechazo feminista a la familia es que para ellas esta institución básica de la sociedad «crea y apoya el sistema de clases sexo/género». Así lo explica Christine Riddiough, colaboradora de la revista publicada por la institución internacional anti-vida Catholics for a Free Choice» («Católicas por el derecho a elegir»):

«La familia nos da las primeras lecciones de ideología de clase dominante y también le imparte legitimidad a otras instituciones de la sociedad civil. Nuestras familias son las que nos enseñan primero la religión, a ser buenos ciudadanos tan completa es la hegemonía de la clase dominante en la familia, que se nos enseña que ésta encarna el orden natural de las cosas. Se basa en particular en una relación entre el hombre y la mujer que reprime la sexualidad, especialmente la sexualidad de la mujer».

Para quienes tienen una visión marxista de las diferencias de clases como causa de los problemas, apunta OLeary, diferente es siempre desigual y desigual siempre es opresor.

En este sentido, las «feministas de género» consideran que cuando la mujer cuida a sus hijos en el hogar y el esposo trabaja fuera de casa, las responsabilidades son diferentes y por tanto no igualitarias. Entonces ven esta desigualdad en el hogar como causa de desigualdad en la vida pública, ya que la mujer, cuyo interés primario es el hogar, no siempre tiene el tiempo y la energía para dedicarse a la vida pública. Por ello afirman:

«Pensamos que ninguna mujer debería tener esta opción. No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirán por ella».

Además, las «feministas de género» insisten en la deconstrucción de la familia no sólo porque según ellas esclaviza a la mujer, sino porque condiciona socialmente a los hijos para que acepten la familia, el matrimonio y la maternidad como algo natural.

Queda claro que para los propulsores del «género» las responsabilidades de la mujer en la familia son supuestamente enemigas de la realización de la mujer. El entorno privado se considera como secundario y menos importante; la familia y el trabajo del hogar como «carga» que afecta negativamente los «proyectos profesionales» de la mujer.

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El ataque generista es contrario a la Declaración Universal de Derechos Humanos

Este ataque declarado contra la familia, sin embargo, contrasta notablemente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada, como es sabido, por la ONU en 1948. En el artículo 16 de la misma, las Naciones Unidas defienden enfáticamente a la familia y al matrimonio:

  1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
  2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
  3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.
    Sin embargo, los artífices de la nueva «perspectiva de género» presentes en la cumbre de la mujer pusieron al margen todas estas premisas y por el contrario apuntaron desde entonces la necesidad de «deconstruir» la familia, el matrimonio, la maternidad, y la feminidad misma para que el mundo pueda ser libre.

En cambio, los representantes de las principales naciones comprometidas con la defensa de la vida y los valores familiares que participaron en Pekín, alzaron su voz en contra de este tipo de propuestas, sobre todo al descubrir que el documento de la cumbre eliminaba arbitrariamente del vocabulario del programa las palabras «esposa», «marido», «madre», «padre». Ante tal hecho, Barbara Ledeen, Directora del Independent Women Forum, una organización de defensa de la mujer ampliamente reconocida en Estados Unidos, señaló:

«El documento está inspirado en teorías feministas ultra radicales, de viejo sello conflictivo, y representa un ataque directo a los valores de la familia, el matrimonio y la femineidad».

El Papa Juan Pablo II, por su parte, tiempo antes de la Conferencia de Pekín, ya había insistido en señalar la estrecha relación entre la mujer y la familia. Durante el encuentro que sostuvo con Gertrude Mongella, Secretaria General de la Conferencia de la Mujer, previo a la cumbre mundial, dijo: «No hay respuesta a los temas sobre la mujer, que pueda pasar por alto la función de la mujer en la familia. Para respetar este orden natural, es necesario hacer frente a la concepción errada de que la función de la maternidad es opresiva para la mujer».

Lamentablemente, la propuesta del Consejo Europeo para la Plataforma de Acción de Pekín fue completamente ajena a las orientaciones del Santo Padre.

«Ya es hora de dejar en claro que los estereotipos de géneros son anticuados: los hombres ya no son únicamente los machos que sostienen la familia ni las mujeres sólo esposas y madres. No debe subestimarse la influencia psicológica negativa de mostrar estereotipos femeninos».

Ante esta postura, OLeary escribe en su informe que si bien es cierto que las mujeres no deben mostrarse únicamente como esposas y madres, muchas sí son esposas y madres, y por ello una imagen positiva de la mujer que se dedica sólo al trabajo del hogar no tiene nada de malo. Sin embargo, la meta de la perspectiva del género no es representar auténticamente la vida de la mujer, sino una “estereotipificación inversa” según la cual las mujeres que «sólo» sean esposas y madres nunca aparezcan bajo un prisma favorable.

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El aborto bajo el eufemismo de la “Salud y Derechos Sexuales Reproductivos”

En la misma línea, las «feministas de género» incluyen como parte esencial de su agenda la promoción de la «libre elección» en asuntos de reproducción y de estilo de vida. Según OLeary, «libre elección de reproducción» es la expresión clave para referirse al aborto a solicitud; mientras que «estilo de vida» apunta a promover la homosexualidad, el lesbianismo y toda otra forma de sexualidad fuera del matrimonio. Así, por ejemplo, los representantes del Consejo Europeo en Pekín lanzaron la siguiente propuesta:

«Deben escucharse las voces de mujeres jóvenes, ya que la vida sexual no gira sólo alrededor del matrimonio. Esto lleva al aspecto del derecho a ser diferente, ya sea en términos de estilo de vida -la elección de vivir en familia o sola, con o sin hijos- o de preferencias sexuales. Deben reconocerse los derechos reproductivos de la mujer lesbiana».

Estos «derechos» de las lesbianas, incluirían también el «derecho» de las parejas lesbianas a concebir hijos a través de la inseminación artificial, y de adoptar legalmente a los hijos de sus compañeras.

Pero los defensores del «género» no sólo proponen este tipo de aberraciones sino que además defienden el «derecho a la salud» que, en honor a la verdad, se aleja por completo de la verdadera salud del ser humano. En efecto, ignorando el derecho de todo ser humano a la vida, estos proponen el derecho a la salud, que incluye el derecho a la salud sexual y reproductiva. Paradójicamente, esta «salud reproductiva» incluye el aborto y por tanto, la «muerte» de seres humanos no nacidos.

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Generistas, Medioambientalistas y Neomaltusianistas en comandita

No en vano, las «feministas de género» son fuertes aliadas de los Ambientalistas y maltusianistas. Según OLeary, aunque las tres ideologías no concuerdan en todos sus aspectos, tienen en común el proyecto del aborto. Por un lado, los Ambientalistas y Poblacionistas, consideran esencial para el éxito de sus agendas, el estricto control de la fertilidad y para ello están dispuestos a usar la «perspectiva de género». La siguiente cita de la Division for the Advance of Women (División para el Avance de las Mujeres) propuesta en una reunión organizada en consulta con el Fondo de Población de la ONU, revela la manera de pensar de aquellos interesados primariamente en que haya cada vez menos gente que vea el «género»:

«Para ser efectivos en el largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles de género a fin de reducir la fertilidad».

Así, los «nuevos derechos» propuestos por las «feministas de género», no se reducen simplemente a los derechos de «salud reproductiva» que como hemos mencionado ya, promueven el aborto de un ser humano no nacido, sino que además exigen el «derecho» a determinar la propia identidad sexual.

En un volante que circuló durante la Conferencia de Pekín, la ONG International Gay and Lesbian Human Rights Commission (Comisión Internacional de los Derechos Humanos de Homosexuales y Lesbianas) exigió este derecho en los siguientes términos:

«Nosotros, los abajo firmantes, hacemos un llamado a los Estados Miembros a reconocer el derecho a determinar la propia identidad sexual; el derecho a controlar el propio cuerpo, particularmente al establecer relaciones de intimidad; y el derecho a escoger, dado el caso, cuándo y con quién engendrar y criar hijos, como elementos fundamentales de todos los derechos humanos de toda mujer, sin distingo de orientación sexual».

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De dos sexos a cinco sexos y de ahí a toda una caterva de géneros y orientaciones sexuales

Esto es más preocupante aún si se toma en cuenta que para las «feministas de género» existen cinco sexos. Rebecca J. Cook, docente de Leyes en la Universidad de Toronto y redactora del aporte oficial de la ONU en Pekín, señala en la misma línea de sus compañeros de batalla, que los géneros masculino y femenino, serían una «construcción de la realidad social» que deberían ser abolidos.

Increíblemente, el documento elaborado por la feminista canadiense afirma que «los sexos ya no son dos sino cinco», y por tanto no se debería hablar de hombre y mujer, sino de «mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales».

La «libertad» de los propulsores del «género» para afirmar la existencia de 5 sexos, contrasta con todas las pruebas científicas existentes según las cuales, sólo hay dos opciones desde el punto de vista genético: o se es hombre o se es mujer, no hay absolutamente nada, científicamente hablando, que esté en el medio.

Identidades de género:

Las entrañas de la Ideología de Género

Ataque a la Religión y al cristianismo

Si bien las «feministas de género» promueven la «deconstrucción» de la familia, la educación y la cultura como panacea para todos los problemas, ponen especial énfasis en la «deconstrucción» de la religión que, según dicen, es la causa principal de la opresión de la mujer.

Numerosas ONG acreditadas ante la ONU, se han empeñado en criticar a quienes ellos denominan «fundamentalistas» (Cristianos Católicos, Evangélicos y Ortodoxos, Judíos y Musulmanes, o cualquier persona que rehuse ajustar las doctrinas de su religión a la agenda del «feminismo de género»). Un video promotor del Foro de las ONG en la Conferencia de Pekín, producido por Judith Lasch, señala: «Nada ha hecho más por constreñir a la mujer que los credos y las enseñanzas religiosas».

De la misma manera, el informe de la Reunión de Estrategias Globales para la Mujer contiene numerosas referencias al fundamentalismo y a la necesidad de contrarrestar sus supuestos ataques a los derechos de la mujer.«Toda forma de fundamentalismo, sea político, religioso o cultural, excluye a la mujer de normas de derechos humanos de aceptación internacional, y la convierten en blanco de violencia extrema. La eliminación de estas prácticas es preocupación de la comunidad internacional».

De otro lado, el informe de la reunión preparatoria a la Conferencia de Pekín organizada por el Consejo Europeo en febrero de 1995, incluye numerosos ataques a la religión: «El surgimiento de toda forma de fundamentalismo religioso se considera como una especial amenaza al disfrute por parte de la mujer de sus derechos humanos y a su plena participación en la toma de decisiones a todo nivel en la sociedad.

Las entrañas de la Ideología de Género

Vale señalar que para el «feminismo de género», la religión es un invento humano y las religiones principales fueron inventadas por hombres para oprimir a las mujeres. Por ello, las feministas radicales postulan la re-imagen de Dios como Sophia: Sabiduría femenina. En ese sentido, las «teólogas del feminismo de género» proponen descubrir y adorar no a Dios, sino a la Diosa. Por ejemplo, Carol Christ, autodenominada «teóloga feminista de género» afirma lo siguiente:

«Una mujer que se haga eco de la afirmación dramática de Ntosake Shange: Encontré a Dios en mí misma y la amé ferozmente está diciendo: El poder femenino es fuerte y creativo. Está diciendo que el principio divino, el poder salvador y sustentador, está en ella misma y que ya no verá al hombre o a la figura masculina como salvador».

Igual de extrañas son las palabras de Elisabeth Schussler Fiorenza, otra «teóloga feminista de género» que niega de raíz la posibilidad de la Revelación, tal como se lee en la siguiente cita: «Los textos bíblicos no son revelación de inspiración verbal ni principios doctrinales, sino formulaciones históricas. Análogamente, la teoría feminista insiste en que todos los textos son producto de una cultura e historia patriarcal androcéntrica.».

Por todo ello, los dueños de la «nueva perspectiva» promueven el ataque frontal al cristianismo y a toda figura que lo represente. En 1994, Rhonde Copelon y Berta Esperanza Hernández elaboraron un folleto para una serie de sesiones de trabajo de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo del Cairo. El folleto atacaba directamente al Vaticano por oponerse a su agenda que entre otras cosas incluye los «derechos a la salud reproductiva» y por consecuencia al aborto.

Contrastantes con todas estas posturas de ataque y agresión a la religión, a la Iglesia, concretamente al Vaticano, son las posturas de la mayoría de mujeres del mundo que según el informe de OLeary defienden sus tradiciones religiosas como la mejor de las protecciones de los derechos y la dignidad de la mujer. Mujeres católicas, evangélicas, ortodoxas y judías agradecen en particular, las enseñanzas de sus credos sobre el matrimonio, la familia, la sexualidad, y el respeto por la vida humana.

La Santa Sede por su parte, señaló en los meses previos a Pekín, el peligro de la tendencia en el texto planteado por la ONU, a dejar de lado el derecho de las mujeres a la libertad de conciencia y de religión en las instituciones educativas.

Las entrañas de la Ideología de Género

Conclusión: Bajo el totalitarismo del “pensamiento único” generista

En palabras de Dale OLeary, el «feminismo de género» es un sistema cerrado contra el cual no hay forma de argumentar: No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia, o las opiniones y deseos de mujeres verdaderas, porque según las «feministas de género» todo esto es «socialmente construido». No importa cuánta evidencia se acumule contra sus ideas; ellas continuarán insistiendo en que es simplemente prueba adicional de la conspiración patriarcal masiva en contra de la mujer.

Sin embargo, existen muchas personas que quizás por falta de información, aún no están al tanto de esta nueva ideología y de los peligrosos alcances de la misma. Vale la pena pues, conocer esta «perspectiva de género» que, según informaciones fidedignas, en la actualidad no sólo está tomando fuerza en los países desarrollados sino que al parecer, también ha empezado a filtrarse en nuestro medio. Basta revisar algunos materiales educativos difundidos no sólo en los colegios del país sino también en prestigiosas universidades.

Ahora bien, en Estados Unidos el «feminismo de género» ha logrado ubicarse en el centro de la corriente cultural norteamericana. Prestigiosas universidades y Colleges de los Estados Unidos difunden abiertamente esta perspectiva. Además, numerosas series televisivas norteamericanas hacen su parte difundiendo el siguiente mensaje: la identidad sexual puede «deconstruirse» y la masculinidad y femineidad no son más que «roles de géneros construidos socialmente».

Si tomamos en cuenta que el avance de las tecnologías ha logrado que dichos programas con toda la nueva «perspectiva de género» lleguen diariamente a los países en vías de desarrollo principalmente a través de la televisión por cable, sin descartar los muchos otros medios que existen en nuestro tiempo, esto nos pone ante un nuevo reto que debe ser enfrentado lo antes posible para evitar las graves consecuencias que ya está ocasionando en el Primer Mundo.

Más aún cuando en palabras de OLeary, la «deconstrucción» de la familia y el ataque a la religión, la tradición y los valores culturales que las «feministas de género» promueven en los países en desarrollo, afecta al mundo entero.

(FiN) Las entrañas de la Ideología de Género

FiN

Identitarismo de género – Populismo Punitivo

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