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La tiranía de la Cultura del Miedo

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
02/12/2022
Tiempo de lectura 8 minutos.
La tiranía de la Cultura del Miedo

Tabla de contenidos

La tiranía de la Cultura del Miedo

El sucedáneo de la inmortalidad del hombre moderno

El hombre moderno vive en una especie de sucedáneo de la inmortalidad: Pura falsedad pues de la muerte nadie se libra. Para sostener el sucedáneo se impulsa la cultura del miedo que pretende prevenirlo todo. Estamos en una sociedad subyugada por el miedo. El miedo a la pérdida de la calidad de vida, a la enfermedad, al morir.(La tiranía de la Cultura del Miedo)

Vivimos como animalillos asustados, en perpetua vigilancia ante lo que pueda perjudicar nuestra salud. Más aun, el Estado se ha convertido en un proponente tiránico de pautas de conducta hipersensibilizadas ante nuestra salud o la posibilidad de sufrir accidentes y no lo hace como un padre, por nuestro bien, sino por minimizar el coste que nuestro comportamiento le supone.

Ese miedo personal junto con el otro miedo inducido por el Estado nos están arrebatando nuestra libertad y nos impiden vivir libremente. Un vivir esclavizado por el miedo es un permanente sinvivir. El hombre fue creado libre, y no para arrastrarse por el suelo acongojado en cada momento por lo que le pudiera pasar.

La sociedad actual es mucho más miedosa que la de nuestros antepasados. Los pequeños de antaño montaban en bicicleta o jugaban en la calle, de vez en cuando se caían y se hacían alguna herida. La culpa no era del exceso de velocidad ni de la torpeza del niño, ni del descuido del padre sino de la fuerza de la gravedad. Vivir es arriesgarse. Hoy en día hay niños que van en bici con casco, coderas, rodilleras, guantes (y móvil, naturalmente). Los niños no aprenden lo primero que hay que aprender que es asumir las consecuencias de nuestros actos y sobrellevarlas.

La libertad siempre va acompañada del riesgo y  la asunción de las consecuencias de nuestras decisiones. El niño de hoy no aprende a ser libre, ni a arriesgarse sino que vive abusadamente tutelado por sus padres, por la escuela y por el Estado: Un futuro sirviente dócil e indeciso. Vivir es arriesgarse. Si uno no se arriesga no aprende. Si uno no se arriesga vive una vida limitada, pobre y angosta.

Nuestros padres y abuelos no vivían obsesionados por la salud ni por vivir muchos años. Nuestras generaciones anteriores no se preocupaban por cuanto iban a vivir sino de vivir. Para ellos les resultaría absurdo que se les recomendara beber dos litros de agua al día, puesto que bebían cuando tenían sed, cuando la sabia naturaleza se lo decía.

Hoy, por el contrario, los medios de comunicación tienen una sección de “Salud” en la que nos asustan con todo tipo de enfermedades y nos prometen que, si cumplimos con unas normas, seguimos un estilo de vida determinado o la dieta de moda, vamos constantemente al médico y nos atiborramos a medicinas, viviremos cuasi-eternamente.

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A pesar de todo la esperanza de vida a los 65 años no ha aumentado significativamente

El hombre moderno, controlado por la Cultura del Miedo, vive obsesionado con la eterna juventud intentando olvidar que la muerte existe. Pero esas ínfulas de inmortalidad no han tenido éxito.

La respuesta quizá les va a sorprender. Naturalmente que la esperanza de vida al nacer ha aumentado mucho, pero no hay que confundir esperanza de vida con longevidad. No es que el ser humano viva mucho más, sino que un número mayor de los que nacen llegan a la vida adulta gracias, sobre todo, a la reducción de la mortalidad infantil.

Platón, en el s. IV a. C, vivió 80 años; san Juan (s. I), cerca de 90; san Alberto Magno, en el s. XIII, 87 y Juan de Mariana, en el s. XVI, 88 años.

De hecho, la esperanza de vida a los 65 años apenas ha aumentado 4 o 5 años en el último siglo, lo que significa que un hombre de 65 años que a finales del s. XIX esperaba vivir hasta los 78 ahora puede confiar en vivir cinco años más hasta los 83 [ 1 ] . En personas de más de 80 la esperanza de vida apenas ha aumentado en Occidente en los últimos 100 años [ 2 ] , y esto a pesar de vivir en la sociedad más cuidada y medicada de la Historia.

La tiranía de la Cultura del Miedo

¿Necesitamos vivir entre algodones? Una vida de privaciones físicas tampoco parece ser óbice para alcanzar una provecta edad. Diógenes, en el s. IV a.C., caminaba descalzo todo el año, dormía en los pórticos de los templos envuelto en un manto y alcanzó los 90 años. Claro está, lo hizo durante el Período Cálido Romano, cuando la temperatura del planeta era superior a la actual (para susto de los cambioclimatistas [ 3 ]).

San Antonio Abad, uno de los eremitas del s. III conocidos como los Padres del Desierto, llegó a los 105 de edad de ayuno en ayuno. Y el psicólogo Viktor Frankl, superviviente de Auschwitz, murió con 92, y no fue una excepción, pues los supervivientes de los campos de concentración han sido estadísticamente longevos [ 4 ] .

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El miedo a todo provoca la búsqueda compulsiva de la seguridad

Primero situémonos en que es el miedo. El miedo es la ansiedad anticipatoria de un daño, real o imaginario. Cuando el miedo anticipa un daño real evitable nos protege, pues podemos prevenirlo. Sin embargo, cuando nos anticipa un daño inevitable, o un daño evitable, pero lo hace de forma desproporcionada o, peor aún, cuando nos anticipa un daño meramente imaginario, puede resultar funesto.

La Cultura del Miedo exacerba, interioriza y extiende a la vida cotidiana un miedo desproporcionado, creando una sociedad caracterizada por la búsqueda compulsiva de una seguridad inalcanzable que idealiza una fantasía: que es posible vivir con riesgo cero.

Así, la Cultura del Miedo nos ofrece la falsa promesa de seguridad a cambio de nuestra libertad y lo hace bajo dos premisas. La primera es que todo es peligroso; la segunda es que todo peligro puede ser evitado si obedecemos determinadas normas ordenadas por el Poder, sea político, científico o médico, que nos protegerá de todo mal. La divinización de la seguridad no deja de ser otra idolatría

El miedo al covid, al cambio climático o a la guerra nuclear son sólo ejemplos concretos. Los principales temores con los que nos asusta la Cultura del Miedo son el miedo a la falta de amor, a la soledad, a la enfermedad, a la ancianidad y a la muerte, a la crítica, a la pobreza, y, de forma muy significativa, a la libertad. En definitiva, la Cultura del Miedo nos induce que tengamos miedo a la vida, con lo cual nuestra vida se convierte en un no vivir.

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Las trampas de la Cultura del Miedo

Lo siniestro es que esta cultura del temor constante no desea solucionar estos miedos, sino hacerlos crónicos. Así, frente al miedo a la pobreza nos propone más Estado, menos libertad y menos propiedad privada, exactamente aquello que aumenta la pobreza.

Por el miedo a la falta de amor y a la soledad se propone la destrucción de la familia mediante el divorcio exprés, el aborto y la perversa ideología de género. Si es a la enfermedad, propone la hiper medicación que conduce a la hipocondría, o los aberrantes confinamientos de personas sanas, el aislamiento social, la farsa de las mascarillas o la vacunación coercitiva con terapias genéticas ineficaces y peligrosas.

Frente al miedo a la ancianidad, propone la eutanasia; y frente al miedo a la muerte, la desesperanza. Hay algo muy oscuro en todo esto, ¿verdad? Por último, la Cultura del Miedo, y las élites totalitarias  que la promueven, desean fervientemente que tengamos miedo a la libertad, pues libertad implica responsabilidad.

Simultáneamente crean el miedo a lo que ellos llaman “perder la libertad”, pero se trata de un sucedáneo. Por ejemplo, nos proponen que no nos comprometamos de por vida con nuestro cónyuge y que no luchemos por nuestro matrimonio (divórciate y recobra “tu libertad”). O que no tengamos ese maravilloso hijo que nos atará de por vida con los lazos del amor, sino que lo destruyamos en el vientre de su madre (aborta y recobra “tu libertad”). O que no intentemos, en fin, vencer nuestras pasiones y luchar por obrar bien: “libérate”, hombre, y haz lo que te dé la gana.

Esto sólo conduce a la infelicidad y a la esclavitud, pues en vez de elevar al ser humano lo animaliza.

El miedo ese instrumento de Poder Totalitario

El miedo es consustancial al ser humano, pero, en la sociedad moderna, las élites totalitarias  lo han exacerbado. Así son los nuevos totalitarismos, que utilizan el miedo para controlarnos. El poder no quiere individuos que piensen y sean capaces de dominar sus temores, sino réplicas obedientes y asustadas. No desean individuos libres, sino hombres-masa dependientes y controlables.

La libertad, el mayor don que nos dio Dios a los hombres, siempre está amenazada desde el poder.

Decía Ralph Waldo Emerson que el antídoto contra el miedo es el conocimiento, y es cierto, pero el conocimiento exige pensar, y Occidente vive hoy un declive de la razón: “El hombre de hoy simplemente no piensa”.

Si pensar es al antídoto del miedo y el miedo es el instrumento de las élites totalitarias  para controlarnos, éstas laborarán para que no pensemos y que nos tragemos sin digerir la última noticia o el menú ideológico del día. Para nuestra dominación también utilizan el vicio, que nos esclaviza. Mientras que la virtud nos libera. Fomentan el vicio haciéndolo resultar  “atrayente y deseable”.

Raro es que un político proponga a los votantes sacrificio, generosidad, esfuerzo, responsabilidad, altruismo, fidelidad, cumplir con la palabra dada, veracidad o respeto a quien opina diferente. Más bien les enseñará a temer (y, por tanto, a detestar) al adversario político, denominará “solidaridad” a la envidia, a la codicia de los bienes ajenos y a fantasías como vivir sin trabajar (o sea, del trabajo de otros) y “derechos” a evitar toda obligación y toda responsabilidad, incluso hacia nuestro cónyuge e hijos.

La tiranía de la Cultura del Miedo

Las falacias de la Cultura del Miedo

  • Las élites totalitarias  utilizan el miedo como táctica de control: primero crean un miedo, real o ficticio, que pronto se transforma en ira; luego señalan un culpable, real o inventado, hacia el que dirigir dicha ira; y finalmente se postulan como salvadores si les entregamos nuestra libertad. Así, el miedo acaba conduciendo a la servidumbre. En el caso paradigmático de la covid: primero crearon el terror para luego buscar un chivo expiatorio: los no vacunados, a los que condenaron a un vergonzoso apartheid; y finalmente se mostraron como salvadores si les obedecíamos sin rechistar renunciando a nuestra libertad con los confinamientos, mascarillas, “vacunas” y demás tomaduras de pelo.
  • Pero el miedo también funciona como arma para doblegar voluntades de forma más directa mediante la presión de la masa social. El hombre que es un animal social y gregario teme por ello el aislamiento: Es muy vulnerable a la amenaza de ser estigmatizado y condenado al ostracismo si se atreve a discrepar.Dios nos creó individuos, únicos e irrepetibles. Las élites totalitarias  promueven la destrucción de nuestra individualidad para poder transformarnos así en dóciles e indistinguibles cyborgs-autómatas.
  • Los likes y los Retuits de las redes sociales son otro instrumento para gregarizarnos y masificarnos. En las redes sociales construimos nuestra imagen sobre nosotros mismos en función del aplauso ajeno.
  • Al miedo a la presión de grupo se suele unir el abuso del principio de autoridad, que antaño era política, militar o religiosa. Hoy las élites totalitarias  han decidido manipular la Ciencia convirtiéndola en cientismo. Así la dotan de Autoridad, es el nuevo dios, y a los científicos en los sumos sacerdotes, siervos útiles subvencionados por el poder. Lo dice “la Ciencia”, “hemos seguido la ciencia”. No discutan y obedezcan.

Nos encontramos ante las ya conocidas falacias desde el mundo antiguo:

  • La falacia ad verecundiam, que defiende algo únicamente porque alguien considerado una autoridad lo ha afirmado.
  • La falacia ad hominem, que en lugar de proponer argumentos desacredita a la persona que defiende la postura contraria.
  • La falacia ad populum, que defiende que algo es verdad sólo porque así lo opina una mayoría o la “opinión pública”.

Durante la covid, las medidas “científicas” más absurdas, las mentiras más descabelladas y las creencias supersticiosas repetidas ad nauseam por las élites  totalitarias y sus portavoces mediáticos no han sido más que una sucesión de falacias.

“El miedo parece proporcionar una solución provisional a la incertidumbre moral y, por esa razón, es objeto de interés por parte de colectivos e individuos” dice Furedi en su libro «Cómo funciona el miedo» que predice que hasta que la sociedad encuentre una orientación más positiva hacia la incertidumbre, florecerá la politización totalitaria del miedo.

(FiN) La tiranía de la Cultura del Miedo

FiN

Una generación de infantilizados y traumatizados

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