
La sordera de los políticos
De hace unos años a esta parte la sordera de los políticos se ha acentuado, al punto de la pérdida total de audición en ciertos asuntos mayores y graves. No es que antaño no la tuvieran, que era proverbial su estar teniente una vez bien sitos en el ejercicio del poder conferida tan de democráticas maneras. (La sordera de los políticos)
De la escucha atenta pasaron a la estadística auscultiva de los deseos sociales convirtiendo la necesidad en cosa de mayorías numerales. Superado o soslayado el concepto del bien social, que era más asunto moral que político, colocaron sus menesteres en la mayoría social que era más el desaforado deseo del vulgo – incluyéndoles a ellos- en primearse que del bien humano.
El descuajaringamiento del humanismo cristiano que ejercía de brújula moral por encima de los apetitos desordenados y el endiosamiento del hombre nos condujo al sacrosanto derecho positivo como fuente del libertino pensar humano que convirtió las Tablas de la ley en la «ley entablada» – enlatada, más bien- usease, el Boletín del Estado como norma suprema de lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, como surtidor de los nuevos derechos del hombre sin trabas. Un trasunto ético, estadísticamente plebistizado, parlamentarizado y legalizado.
Sin embargo, una vez transitados los años finales del s. XX y, sobre todo, en llegado el tercer milenio la sordera se volvió sectaria, como la del que oye solo lo que quiere oír.
Había ciertos asuntos que la clase política había decidido colocar por encima de la estadística parlamentarizada otrora voluntad popular. Se produjo una desligazón del mandato social que obligaba al gobernante y le ceñía al servicio del ciudadano. Liberose el político de las cadenas del deberse al pueblo y decidióse a pergeñar un abstruso mundo nuevo, producto de una especie de iluminación política de sus elitistas seseras.
Este proceder de las élites «illuminator creatrix» nos condujo hacia los problemas que acucian gravemente a Occidente. Con ánimo de ser lo más exhaustivo posible aquí va una extensa lista:
La inmigración masiva e ilegal, la fracasada multiculturalidad introducida a paladas, la alianza imposible de las civilizaciones que sustituye y guetiza la población, la inseguridad creciente en las calles, la desindustrialización de la economía y su deslocalización, la pérdida del poder adquisitivo y el hundimiento de la clase media, la paulatina desaparición de la propiedad privada que se traslada a las manos avariciosas de las élites, el naufragio demográfico que convierte nuestro futuras generaciones en un pecio tomado por foráneos multi-procreadores sostenidos por nuestros impuestos, el populístico derrame del permanente chorreo demagógico y emocionista- consecuencia de la apelación contínua de nuestros políticos a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar apoyo popular e imponer sus ideas-.
Prosigo: el adoctrinamiento Woke y generista repleto de clases victimadas como especies protegidas, la desbiologización de la pareja humana, la destrucción de la familia como núcleo constituyente de la sociedad, el hundimiento de la educación como fuente de ciudadanos libres y críticos junto con su inmersión ideológica estatalista, la autoperdonanza de las corrupciones y de sus errores políticos junto con la descomposición de la moral popular que conlleva. La deshumanización del hombre hacia la tecnoraza, la culpabilización de todo el quehacer humano pretérito y presente para embridar su cuerpo y su alma en un contínuo pedir perdón: «No se os puede dejar sólos y libres». Las leyes penalistas que condenan al varón sólo por ser hombre o al que disiente del pensamiento único en preso político, etc. etc. La instrumentalización de la Agenda 2030 y la sostenibilidad para encorsetar la libertad humana a los cánones de las élites.
By Petrusvil
Se entiende la hipoacusia severa sobre sus particularísimos quehaceres doctrinarios porque todos estos problemas los han creado ellos de su puño y letra. De su puño impositor y de su letra desviada. Estos aprendices de tiranuelos están empezando a descubrir que menguar al hombre y ‘civilizarle’ a su totalitaria manera lleva el marchamo del fracaso en sus propias raíces.
(FiN) La sordera de los políticos
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