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La salubridad es algo relativamente moderno y aun no es un logro mundial

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
25/02/2022
Tiempo de lectura 3 minutos.
La salubridad es algo relativamente moderno y aun no es un logro mundial

El mundo ha necesitado siglos para pasar de los pozos negros hasta el saneamiento. La necesidad de alejar los residuos del contacto humano puede parecer obvia en nuestros días, pero durante milenios no fue así en absoluto. La mayoría de nosotros da por sentado la modernidad de nuestros aseos; pero el saneamiento adecuado es un fenómeno relativamente moderno y sigue siendo demasiado raro en las zonas más empobrecidas del mundo. (La salubridad es algo relativamente moderno y aun no es un logro mundial)

Antes de haberse establecido la relación entre los gérmenes y las enfermedades; y de las subsiguientes campañas de salud pública y construcción de infraestructuras de saneamiento adecuadas en la mayor parte del globo terráqueo,;las personas y los desechos vivían entremezclados, con resultados catastróficos.

Millones de personas enfermaron o murieron a causa de enfermedades como la diarrea, la ascariasis (gusanos intestinales); el cólera, la hepatitis, el tracoma, la poliomielitis, la esquistosomiasis, etc.

Por deferencia a nuestros antepasados, hay que recordar que algunas culturas, como la antigua Roma, prestaban la debida atención a la limpieza y el saneamiento. Los romanos construyeron numerosos baños públicos; a los que podían acceder incluso los más pobres a cambio de un precio simbólico; y un sofisticado sistema de alcantarillado que permitió a Roma crecer hasta más de un millón de personas en tiempos de Julio César. Estos logros no se repetirían en Europa hasta el Londres y el París del siglo XIX.

En general, sin embargo, la higiene tendían a ser escasa. La típica vivienda urbana tenía un pozo negro debajo de la casa o al lado de ella. Allí se acumulaban y fermentaban los desechos humanos, animales y de la cocina. Un drenaje inadecuado, un vaciado irregular y las fuertes lluvias desbordaban el pozo negro y las miasmas se filtraban en la casa. Aunque las autoridades municipales lo desaconsejaban, la gente solía vaciar sus jofainas o sus orinales en las calles. Cuando los peatones oían el grito de ‘Cuidado con el agua’ corrían a buscar refugio. Esta frase era la única advertencia de que alguien estaba a punto de arrojar sus desechos por la ventana.

La salubridad es algo relativamente moderno y aun no es un logro mundial

En las zonas rurales, la gente vivía con sus animales,;incluidas las gallinas y las vacas, y utilizaba tanto los desechos animales como los humanos para fertilizar sus cultivos,;una práctica extremadamente insalubre agravada por el hecho de que la gente podía pasar gran parte de su vida sin lavarse nunca las manos. Esto provocaba epidemias de enfermedades y otras consecuencias desagradables. Los judíos, morían en menor proporción que el resto de la población;gracias al frecuente lavado de manos prescrito por el judaísmo, por motivos religiosos que no higiénicos.

La peste negra, que mató entre el 30% y el 60% de la población europea en el siglo XIV, agravó aún más la situación. Según expertos médicos de la época,;«una vez que el calor y el agua creaban poros en la piel, la peste podía invadir fácilmente todo el cuerpo». Por eso, incluso los ricos y poderosos tendían a evitar los baños. Isabel I se bañaba una vez al mes, «lo necesitara o no», pero su sucesor, Jaime I, sólo se lavaba los dedos.

El Journal de la Santé, que los médicos de Luis XIV compilaron desde la infancia hasta unos años antes de su muerte, describe la vida cotidiana del rey con un detalle microscópico, pero sólo menciona el baño una vez. El magnífico palacio de Versalles no contaba con instalaciones adecuadas para los desechos y la gente hacía sus necesidades allí mismo, en los pasillos, detrás de las cortinas y en los jardines.

Un cronista del siglo XVIII señaló que Versalles era «el receptáculo de todos los horrores de la humanidad: los pasillos, corredores y patios están llenos de orina y materia fecal». Toda esa suciedad era un excelente caldo de cultivo para las bacterias y las alimañas, y las mortales enfermedades que periódicamente diezmaban a ricos y pobres por igual.

En nuestros días, la falta de saneamiento se limita sobre todo a los países muy pobres. En el África subsahariana, por ejemplo, apenas un 30% de la población tenía acceso a instalaciones de saneamiento en 2015. Y aun la situación era mejor que con respecto a 1990, cuando solo el 24% lo tenía. En otras partes del mundo, el progreso fue mucho más rápido.

Aun queda mucho camino por recorrer. En Asia meridional, con países muy poblados como India y Bangladesh, la proporción de la población con acceso a saneamiento aumentó del 20 al 45% en el mismo período mientras en el ámbito mundial, aumentó del 53% al 68%. Incluso hoy en día esto debería mejorar con el proyecto «India limpia» del Primer Ministro Modi, que prevé la construcción de unos 111 millones de nuevos retretes en tan solo cinco años.

El objetivo de Naciones Unidas de terminar con la defecación al aire libre para 2030 parece bastante optimista para regiones como el África subsahariana y el sur de Asia, pero no hay ninguna razón aparente para que Asia oriental. América Latina y Oriente Medio no puedan alcanzar el nivel europeo del 93% o incluso el norteamericano del 100% para 2030.

Como en tantos otros ámbitos del desarrollo humano, lo que antes era exclusivo del rico Occidente se está convirtiendo en algo habitual en todo el mundo, ayudando a que cada vez más personas tengan una vida más rica, más sana y más higiénica.

La salubridad es algo relativamente moderno y aun no es un logro mundial

FiN

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