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Creado para ser contemplado – Romano Guardini

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
27/02/2022
Tiempo de lectura 3 minutos.
Creado para ser contemplado – Romano Guardini

Romano Guardini (Verona, Italia; 17/II/1885-Múnich, 1/X/1968). Sacerdote, pensador, escritor y académico católico alemán. Se lo considera uno de los teólogos más acreditados del siglo XX: su influencia se extendió a figuras como el filósofo Josef Pieper, su amigo el director de orquesta Eugen Jochum y los papas Benedicto XVI, y Francisco. (Creado para ser contemplado – Romano Guardini)


El artista, observando y configurando, lleva la esencia del objeto a más pura patencia. En esa misma patentización hace también evidente su propio ser, y por tanto, el ser humano en general. Y ambos elementos, de tal modo que no sólo tienen lugar a la vez, sino lo uno en lo otro; en la mirada, valo-
ración y percepción del hombre, la cosa adquiere una nueva plenitud de sentido; y recíprocamente, en la cosa llega el hombre a la conciencia y desarrollo de sí mismo. Pero al ocurrir esto, resuena en la obra la totalidad de la existencia, y la azarosa forma parcial se convierte en símbolo del todo.

Como el proceso de la formación tiene lugar en materia real color, piedra, sonido, lenguaje su resultado se hace obra objetiva, y perdura. Al percibirlo quien no es creador, puede participar en el proceso de que ha surgido. «El artista, nacido para ver, puesto para contemplar» ha logrado así algo que no le atañe sólo a él personalmente, sino al hombre en general. Esto queda conservado en la obra y puede ser entendido, percibido e imitado por otros.

Por todo esto, la obra de arte tiene otro carácter que el que puede ser propio de una cosa cualquiera, por grande, útil o preciosa que sea. No está ahí por sí misma, sino hecha por el hombre, y por tanto, no pertenece sólo al primer mundo, que está dado de antemano, la Naturaleza, sino al segundo, que surge del encuentro del hombre con la Naturaleza. Pero entre los productos de ese segundo mundo, que es deber del hombre formar, tiene una posición especial, aunque condicionada y limitada de mil maneras; tiene un acabamiento y una totalidad que la capacitan para ser símbolo de la existencia en general, del Todo.

Creado para ser contemplado – Romano Guardini

Toda obra de arte auténtica, aun la más pequeña, lleva adherido el mundo; un ámbito conformado, lleno de contenidos de sentido, en que se puede penetrar mirando, oyendo, moviéndose. Ese ámbito está estructurado de otro modo que el de la realidad inmediata. No sólo es más justo, más hermoso, más profundo, más vivo que el de la vida diaria, sino que tiene una cualidad propia: la cosa y el hombre están abiertos en él. En el ámbito de la existencia diaria el hombre y la cosa están atados y velados. Lo que se puede percibir de ellos, expresa su ser, pero también lo oculta. Toda relación va de una cerrazón a otra, a través de lejanía y extrañeza.

El acto de intuición y representación del artista ha llevado el ser a expresión más plena. Lo interior está también fuera, es presencia y puede verse; lo exterior ahora está también dentro, se siente y
se percibe y puede asumirse en la propia experiencia. Pero precisamente por este proceso se ha hecho poderosa la unidad, presente y perceptible la totalidad. Ahora está superada la separación. En el ámbito de la obra están cerca las cosas entre sí y el hombre respecto a las cosas, de un modo diverso al del mundo inmediato. Por eso el contemplador, al entrar en ese mundo y percatarse de él, puede vivir él mismo en la totalidad.

Lo que aquí se requiere al captar la obra de arte no es sólo ver u oír, como ante los demás objetos que nos rodean; ni aun un disfrute y satisfacción, como ante alguna cosa placentera. La obra de arte, más bien, abre un espacio en que el hombre puede entrar, respirar, moverse y tratar con las cosas y personas que se han hecho patentes. Pero para eso tiene que esforzarse; y aquí, en un momento determinado, se hace evidente ese deber que para los hombres de hoy es tan apremiante como apenas ningún otro: el de la contemplación. Nos hemos vuelto activistas, y estamos orgullosos de ello; en realidad hemos dejado de saber callar, y concentrarnos, y observar, asumiendo en nosotros lo esencial.

Creado para ser contemplado – Romano Guardini

Por eso, a pesar de tanto hablar de arte, son tan pocos los que tienen una relación auténtica con él. La mayor parte, ciertamente, sienten algo bello, y a menudo conocen estilos y técnicas, y a veces buscan también algo interesante por su materia o incitante a los sentidos. Pero la auténtica conducta ante la obra de arte no tiene nada que ver con eso. Consiste en callar, en concentrarse, en penetrar, mirando con sensibilidad alerta y alma abierta, acechando, conviviendo. Entonces se abre el mundo de la obra.

Pero en su ámbito, el que contempla percibe también que ocurre algo con él. Llega a otra situación. Se afloja la cerrazón que rodea su ser; más o menos, en cada ocasión, según la profundidad con que penetre, según la viveza con que la comprenda, la proximidad en que se sitúe respecto a ella. Se hace él mismo más evidente; no reflexionando teóricamente, sino en el sentido de una iluminación inmediata. Se aligera el peso de todo lo que hay en uno que no ha sido penetrado al vivir. Se da uno cuenta más hondamente de la posibilidad de hacerse él mismo auténtico, puro, pleno y configurado.

Creado para ser contemplado – Romano Guardini

FiN

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