
La Declaración de Derechos y la Cultura de la Muerte
La Declaración de Derechos y la Cultura d ela Muerte
Todo tiene un comienzo y un motivo, y la cultura de la muerte encontró su génesis en la Declaración de Derechos promulgada por la ONU y en su ulterior desarrollo ideológico, llenando el corpus legal de superlativas legislaciones y regulaciones cada vez más permisivas; perpetrado, todo ello, por el ejercicio desaforado de ese malhallado invento del Derecho Positivo del que abusan las élites paganas parlamentarizadas.
En cuanto al motivo o motivos no están del todo claros o pueden ser variopintos. En mi opinión es primigenia consecuencia del ensoberbecimiento del hombre – la «voluntad de poder» Nietziana- y del abandono de Dios, de toda referencia moral y de las Leyes Naturales. Hay un ansia desmedida en el homínido del tercer milenio en escapar de o difuminar las leyes de la naturaleza y biológicas.
Los Derechos Humanos una vez escritos en un papel no sólo quedan en manos de la política sino que abren de par en par la puerta a la creación sintética de derechos en los laboratorios ideológicos para alienar al hombre con multitud de derechos regalados que se construyen sobre las tumbas de los derechos naturales enajenados a otros hombres o, incluso, al propio que lo ejerce. Tal ocurre con la negación de la vida al feto, al terminal o al anciano, la conculcación del derecho del varón dando toda la legitimidad a la hembra y toda una suerte de ‘discriminaciones positivas’ – oximorón pinacular ideológico- que ‘protegen’ al hombre de color, al indígena, a la mujer y a toda esa tribu inventada de los ofendidos u victimados, en detrimento y a costa del derecho de los demás.
Sobre todo esto hablo en mi post: Declaración de derechos y política
By Petrusvil
«El aborto es un derecho» afirmará categóricamente convencido cualquier homobípedo neopagano al uso, demostrándose que las leyes han devenido en sustitutas de la moral, el catecismo paganero.
Especial crecimiento cancerígeno – ya en grado socialmente metastásico- está teniendo la legislación del aborto concediendo a las niñas menores de 17 años plena capacidad para abortar libremente soslayando la patria potestad, que recientemente ha sido homologada por el Tribunal Prostitucional.
Con este último artificio leguleyo se reafirma el “derecho a matar” a un hijo en el seno materno despreciando la necesaria vigilancia moral de los padres hacia los posibles excesos basados en la inconsciencia o incontinencia de sus hijas menores de edad.
La Declaración de Derechos y la Cultura de la Muerte
No sólo eso sino que también se niega el acto de repensar las consecuencias – que pesarán gravemente sobre la vida de las muchachas- anulando el periodo de tres días de reflexión y negándole a las muchachas toda información de los posibles efectos secundarios del aborto – físicos y psicológicos-, a diferencia de lo que ocurre en cualquier intervención médica con el consentimiento informado.
Aun va más allá la exhuberancia prohibitiva y de obligado cumplimiento, al vetar alternativas viables para que las mujeres puedan decidir seguir adelante con su embarazo. A machamartillo legal se obliga a los hospitales públicos a participar en la matanza, poniendo en el punto de mira en los médicos objetores y excluyéndoles de los comités hospitalarios de bioética.
Se discrimina – otra vez la turbia palabreja- a las asociaciones que sostienen la defensa de la vida de los niños no nacidos, negando que puedan recibir ayudas públicas, simplemente por razón de su “opinión”.
El Estado asume la visión de la sexualidad de la ideología generista, vulnerando el principio de neutralidad ideológica del Estado y fagocitando el derecho de los padres a formar la conciencia moral de sus hijos desde sus propias convicciones.
El mundo jurídico es ya un putrefacto caldo de ‘contradictios in términis’. No ha mucho, en 1985, el mismo Tribunal Constitucional, ora Prostitucional, que reconoció el ‘derecho a la vida del nasciturus’ avala ahora sin por ello coscarse ni un ápice la constitucionalidad de una ley que permite abortar libremente.
Todo estó empezó con la Declaración de Derechos Humanos de la ONU en 1948, hace tres cuartos de siglo. ¡Quién lo hubiera podido siquiera imaginar!
(FiN)
By Petrusvil













