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El progresismo globalista reduce al hombre a la nada

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
09/11/2021
Tiempo de lectura 2 minutos.
El progresismo globalista reduce al hombre a la nada

Una de las cosas que más inquietan de nuestra época es que vivimos en sociedades de crisis perpetuas arteramente acrecentadas; de lacras permanentes a “erradicar”, de pánicos morales inagotables. La estomagante progresía se encarga de fabricar ficticias amenazas físicas, materiales y morales sin límite; e invariables alertas naranja con las que la intervención gubernamental y el poder estatal crecen sin tasa;y el deterioro de la salud mental de las personas, también. (El progresismo globalista reduce al hombre a la nada)

Asistimos al auge irresistible de un «progrerío globalista» que aspira a convencernos de que todo cuanto hacemos;y decidimos sin su tutela no sólo es inútil sino peligroso, para nosotros y para los demás. Votamos mal, comemos mal, nos desplazamos mal, nos relacionamos mal, pensamos mal e, incluso, sentimos mal.

Un número creciente de individuos convenientemente “reputados” está arrogándose una capacidad de predicción y planificación que hasta los bolcheviques con sus inútiles planes quinquenales envidiarían. De hecho, se han erigido en omnisapientes y mesiánicos dioses, y han decretado que el común de los mortales necesita ser pastoreado,;conducido por la senda correcta – que casualmente resulta ser la suya-,;porque no sabemos lo que nos conviene y somos incapaces de cuidar de nosotros mismos. Y que, por nuestro propio bien, debemos ser reducidos a la nada convenciéndonos de que todo cuanto hagamos;y decidamos sin su totalitaria tutela no sólo es inútil sino que supone una amenaza para la humanidad.

Una enloquecida maquinaria postmoderna se ha hecho carne en una amable – buenista- pero, a la vez, despiadada pedagogía que liquida nuestros lazos sociales; separara a las personas unas de otras, nos divide en grupos de agredidos y agresores, nos enfrenta, nos segrega en colectivos de clase victimada y victimadora; nos arrebata nuestro pasado, nos deconstruye, nos deja indefensos, dependientes y acobardados,;convenciéndonos de que uno, por sí mismo, no es nada y nada puede hacer.

El progresismo globalista reduce al hombre a la nada

«Si quieres reducir a un hombre a la nada, convéncele de la inutilidad de todo cuanto haga».

 Javier Benegas / Libro “La ideología invisible: Claves del totalitarismo que infecta a las sociedades occidentales

Esta alienación se hace evidente, por ejemplo, en que, desde hace algún tiempo, la guerra es impensable en Europa. No políticamente. Antropológicamente impensable. Esta con ser una buena noticia tiene un inconveniente que el pueblo europeo ha olvidado defenderse; es decir, también se ha eliminado el sentido del deber que va más allá del mero ejercicio de la violencia.

La libertad es un valor trascendente, lleno de significado, por lo tanto, es formalmente incompatible con la creencia;de que no somos nadie y que nuestros actos individuales son intrascendentes. La raiz de la libertad es que cada uno es dueño de sus actos y de sus consecuencias y sabe lo que quiere. Si se destruye la fe en uno mismo se destruye también la libertad que tanto nos cuesta sostener.

Reivindíquese, recupere lo que le pertenece. Su vida es solo suya y nadie le tiene que decir como vivirla. Anímese a recuperar lo que le pertenece; desafíe a quienes quieren recluirle en el umbral de la existencia,;reduciéndole a la nada y privándole del derecho a ser una persona completa y libre; no consienta que le aíslen en espacios falsamente seguros,;sustituyendo sus lazos con los demás por la intensa dependencia en un poder que le dicta cómo ha de vivir, pensar y sentir.

En definitiva, vindicar y reivindicar es la llamada a recuperar lo que nos pertenece;y a desafiar a quienes aspiran a encerrarnos en una vida vacía de contenido, aislándonos en “entornos controlados”, estigmatizándonos o, incluso,;demonizándonos, si discrepamos o nos resistimos,;sustituyendo nuestra iniciativa por el dictado de una nueva inteligencia totalitaria pagada de sí misma y muy poco de fiar.

El progresismo globalista reduce al hombre a la nada

La beata iglesia de la progresía

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