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El arte y la verdad – Martin Heidegger

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
13/03/2022
Tiempo de lectura 9 minutos.
El arte y la verdad – Martin Heidegger

Martin Heidegger (Messkirch, Baden-Wurtemberg; 26/09/1889-Friburgo, Baden-Wurtemberg; 26(05/1976) Filósofo alemán. Es considerado el pensador y el filósofo alemán más importante del siglo XX. Su trabajo influyó sobre todo en la Fenomenología y en la filosofía europea contemporánea. (El arte y la verdad – Martin Heidegger)


La esencia del arte es el poner-en-obra la verdad. Pero esta definición es deliberadamente ambigua. Por una parte dice: el arte es el fijar en la figura la verdad que se instituye a sí misma. Es lo que acaece en el crear como producir la desnudez de lo existente. Pero poner-en-obra significa al propio tiempo: poner en marcha y en suceder el ser-obra. Esto acaece como conservación. Entonces el arte es devenir y acaecer de la verdad. Entonces, ¿nace la verdad de la nada? En efecto, si por nada se entiende el mero no del existente y si en tal caso lo existente se representa como lo usualmente presente que luego, mediante el estar-ahí de la obra, sale a la luz y es conmovido como lo único que se supone verdaderamente existente.

De lo presente y usual no se desprenderá nunca la verdad. Antes bien la revelación de lo abierto y la iluminación de lo existente sólo acaece al proyectarse la condición de abierto que se opera en la condición de ser-lanzado. La verdad como iluminación y ocultación de lo existente, sucede al poetizarse. Todo arte es como hacer-suceder la llegada de la verdad de lo existente; como tal es por esencia poesía.

La esencia del arte, en que descansan la obra de arte y además el artista, es el poner-se-en-obra de la verdad. A base de la esencia poetizadora del arte acaece que en medio de lo existente destape un lugar abierto en cuya condición de abierto todo lo demás está como de ordinario. En virtud del esbozo puesto en obra de la desnudez de lo existente que se echa hacia nosotros, mediante la obra todo lo usual y anterior pasa a ser inexistente. Este ha perdido la facultad de dar y guardar el ser como medida. En tal caso, lo curioso es que la obra en modo alguno influye en el existente anterior mediante relaciones de efecto causal. El efecto de la obra no consiste en un influir. Descansa en una transformación que acaece desde la obra de la desnudez de lo existente, es decir, del ser.

Pero la poesia no es una invención delirante de lo caprichoso ni un divagar del mero representar e imaginar hacia lo irreal. Lo que la poesía despliega de desnudez en el esbozo iluminador y lanza de antemano en la escisióň de la figura, es lo abierto que ella hace acaecer y precisamente de suerte que es ahora cuando lo abierto en medio de lo existente hace brillar y sonar lo existente. En la mirada esencial a la esencia de la obra y a su relación con el acaecimiento de la verdad de lo existente, resulta dudoso si la esencia de la poesía es decir, al propio tiempo, del esbozo -puede ser pensada suficiente desde la imaginación y la fantasía.

El arte y la verdad – Martin Heidegger

La esencia de la poesía -que ahora se experimenta desde muy lejos, aunque no precisamente por eso de modo indeterminado debe retenerse aquí como algo digno de interrogar y que es preciso meditar primero.

Si todo arte es en esencia poesía, la arquitectura, la escultura y la música deberían reducirse a poesía. Esto es pura arbitrariedad. Ciertamente, mientras entendamos que las mencionadas artes son subespecies del arte hablado, en el caso de que podamos caracterizar la poesía mediante este título fácilmente susceptible de mala interpretación. Pero la poesía no es sino uno de los modos de esbozar luminosamente la verdad, es decir, el poetizar en este sentido más amplio. Sin embargo, la obra hablada, la poesía en sentido estricto, ocupa una posición sobresaliente en el conjunto de las artes.

Para verlo, basta el debido concepto del lenguaje. En la representación corriente, el lenguaje se considera como una especie de comunicación. Sirve para conversar y ponerse de acuerdo, en general para entenderse. Pero el lenguaje no es solamente ni en primer lugar expresión fonética y escrita de lo que pretende comunicarse. Hace circular lo abierto y oculto, no sólo primero en palabras y frases, sino que el lenguaje es lo primero que lleva a lo abierto lo existente como existente.

Donde no está presente un lenguaje, como en el ser de la piedra, planta o animal, tampoco lo existente tiene condición de abierto y, en consecuencia, tampoco la tiene lo inexistente y lo vacío. Como el lenguaje es lo primero que designa lo existente, ese designar es lo que lleva por vez primera lo existente a la palabra y al aparecer. Este designar nombra lo existente por vez primera para su ser desde éste.

Ese decir, es un esbozar lo claro en que se enuncia como lo que lo existente viene a lo abierto. Esbozar es dar rienda suelta a un lanzamiento: aquel en que la desnudez se conforma a lo existente, El dirigir la palabra para esbozar se convierte en seguida en renuncia a toda sorda confusión en que lo existente se encubra y sustraiga, El decir para esbozar es poesía: la leyenda del mundo y de la tierra, la leyenda ‘ del ámbito de su lucha y, en consecuencia, de la morada de toda proximidad y lejanía de los dioses. La poesía es la leyenda de la desnudez de lo existente.

El lenguaje de cada momento es el acaecer de aquella leyenda en que históricamente se abre a un pueblo su mundo y se conserva la tierra como lo cerrado. La leyenda que esboza, es aquello que en la disposición de lo decible lleva al propio tiempo al mundo lo indecible como tal. En ese decir se acuñan de antemano para un pueblo histórico los conceptos de su esencia, es decir, su pertenencia a la historia del mundo.

La poesía está pensada en este caso en un sentido tan amplio y al propio tiempo en tan íntima unidad de esencia con el lenguaje y la palabra que debe dejarse indeciso si el arte y ciertamente en todos sus modos, desde la arquitectura hasta la poesía agota la esencia de la poesía.

El arte y la verdad – Martin Heidegger

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El lenguaje mismo es poesía en sentido esencial. Ahora bien, como el lenguaje es el acaecimiento en que para el hombre se revela absolutamente por vez primera lo existente como existente, la poesía la literatura en sentido estricto es la literatura más originaria en sentido esencial, El lenguaje no es literatura porque sea poesía prístina, sino que la poesía acaece en el lenguaje porque éste conserva la esencia primigenia de la literatura. Por el contrario, el construir y esculpir acaecen siempre ya y siempre solamente en lo abierto de la leyenda y del designar. Este las rige y conduce. Pero precisamente por esto siguen siendo caminos y modos propios de cómo la verdad se dirige a la obra. Son cada una un modo peculiar de hacer literatura dentro de la iluminación de lo existente, la cual ha acaecido ya y del todo inadvertidamente en el lenguaje.

El arte, en su calidad de poner en obra la verdad, es literatura. No sólo crear la obra es literario sino que lo es igualmente sólo que a su manera peculiar el conservar la obra, pues una obra sólo es real como obra cuando nos sustraemos a nuestra habitualidad y penetramos en lo aclarado por la obra, con el objeto de detener nuestra esencia misma en la verdad de lo existente.

La esencia del arte es la literatura. Pero la esencia de la literatura es instituir la verdad. Entendemos en este caso instituir en una triple acepción; instituir como donar, instituir como fundar e instituir como iniciar. Pero el instituir sólo es real en la conservación. De ahí que a todo modo de instituir corresponda un modo de conservar. Esta estructura esencial del arte sólo podemos hacerla visible ahora en unas pocas pinceladas y aun eso solamente hasta donde la anterior caracterización de la esencia de la obra nos ofrezca una primera indicación en este sentido.

El poner-en-obra la verdad abre de repente lo des-comunal y al propio tiempo vuelca lo seguro y lo que se tiene por tal. La verdad que se revela en la obra no puede documentarse ni inferirse nunca a base de lo anterior. Lo anterior, en su realidad exclusiva, es refutado por la obra. Por esto es por lo que aquello que el arte instituye, no puede ser nunca ponderado ni desafiado por lo existente y disponible. La institución es un desbordamiento, un regalo.

El arte y la verdad – Martin Heidegger

El esbozo literario de la verdad, que se pone en obra, tampoco se consumará nunca en lo vacío e indeterminado. La verdad será lanzada más bien en la obra a los venideros conservadores, es decir, a una humanidad histórica. Pero lo echado no es nunca un arbitrario supuesto. El esbozo verdaderamente literario es la revelación de aquello en que ha sido echada ya la existencia como histórica. Esto es la tierra y, para un pueblo histórico, su tierra, el fondo que se cierra, en el cual descansa con todo aquello que, escondido aún a sí mismo, ya es. Pero es su mundo que rige a base de la relación de la existencia con la desnudez. De ahí que todo lo dado al mismo tiempo al hombre en el esbozo, deba irse a buscar desde el fondo cerrado y además ser colocado sobre éste.

Así es como por vez primera se funda como fondo sustentador. Porque es un ir-a-buscar así, todo crear es un sacar (ir a buscar agua de la fuente). El subjetivismo moderno da, evidentemente, una mala interpretación de lo creador asimismo en el sentido de la faena genial del sujeto soberano. La fundación de la verdad es fundación no sólo en el sentido de la donación libre, sino al mismo tiempo fundación en el sentido de ese fundar que echa los cimientos. El esbozo literario viene de la nada en el sentido de que no toma de lo corriente y anterior su donativo. Sin embargo, no viene nunca de la nada si lo echado por él es solamente la determinación de la existencia histórica misma.

Donación y fundación tienen en sí lo súbito de aquello que denominamos comienzo. Mas ese súbito del comienzo- lo peculiar del salto desde lo no susceptible de mediación -no excluye, sino que incluye francamente, que el comienzo se prepare desde muchísimo atrás y sin que llame en absoluto la atención.
El genuino comienzo es como salto, siempre un salto anticipado en que todo lo venidero se ha rebasado ya, aunque de modo encubierto. El comienzo contiene ya escondido el fin. Desde luego, el genuino comienzo no tiene nunca lo incipiente de lo primitivo, Lo primitivo es siempre sin futuro, porque carece del salto y anticipo donador, fundador. No puede desprender más de sí porque no contiene sino aquello en que está prendido.

El comienzo, por el contrario, contiene siempre la irrevelada multitud de lo descomunal, es decir, de la lucha con loseguro. El arte como literatura es fundación en el tercer sentido de fundación de la lucha de la verdad, es fundación como comienzo. Siempre que lo existente en conjunto, como lo existente mismo, exige la fundación en la condición de abierto, llega el arte a su esencia histórica como fundación. Esa fundación acaeció por vez primera en Occidente en el helenismo. Lo que significa ser futuro, fue puesto decisivamente en obra. Lo existente en conjunto así revelado fue transformado luego en lo existente en el sentido de lo creado por Dios, Eso sucedió en la Edad Media.

Ese existente se transformó a su vez a principios de la Edad Moderna y durante su transcurso. Lo existente se convirtió en objeto que mediante el cálculo podía dominarse y verse totalmente. Cada vez se abría un mundo nuevo y esencial. lCada vez, la condición de abierto de lo existente tuvo que instituirse mediante la fijación de la verdad en la figura, en lo existente mismo. Cada vez acaeció la desnudez de lo existente. Se pone en obra, poner que el arte consuma.

El arte y la verdad – Martin Heidegger

Siempre que acaece arte, es decir, cuando hay un comienzo, viene a la historia un impulso, la historia empieza o vuelve a empezar. Historia no significa en este caso la sucesión de cualesquiera acontecimientos en el tiempo, por importantes que sean. Historia es el retirarse de un pueblo a su misión como inserción en lo dado con él.

El arte es el poner-en-obra de la verdad. En esta proposición se esconde una ambigüedad esencial, en virtud de la cual la verdad es al mismo tiempo sujeto y objeto del poner. Pero sujeto y objeto son nombres inapropiados para el caso. Impiden precisamente pensar esta esencia ambigua, tarea que ya no corresponde a este estudio. El arte es histórico y como histórico es la conservación creadora de la verdad en la obra. El arte acaece como literatura. Esta es fundar en el triple sentido de donación, fundación y comienzo. El arte como fundación es esencialmente histórico.

Esto no significa solamente que el arte tenga una historia en el sentido extrínseco de que en el cambio de los tiempos, además de muchas otras cosas, también se presenta y a la vez se transforma y desaparece y ofrece a la historia aspectos variables, sino que arte es historia en el sentido esencial de que funda la historia y precisamente en el sentido indicado.

El arte hace surgir la verdad. El arte hace saltar como conservación creadora la verdad de lo existente en la obra. Hacer saltar algo, ponerlo en el ser en salto fundador desde la proveniencia esencial; esto es lo que significa la palabra origen.

El origen de la obra de arte, es decir, a la vez de la creadora y conservadora, es decir, de la existencia histórica de un pueblo, es el arte. Es así porque el arte es en su esencia un origen y nada más: un modo excelente de cómo la verdad llega a ser existente, es decir, histórica.

El arte y la verdad – Martin Heidegger

Preguntamos por la esencia del arte. ¿Por qué preguntamos así? Preguntamos así para poder preguntar propiamente si el arte es o no origen en nuestra existencia histórica, si puede y debe serlo y en qué condiciones.

Esa reflexión no puede forzar el arte y su devenir. Pero ese saber reflexivo es la preparación provisional y en consecuencia ineluctable para el devenir del arte. Sólo ese saber prepara a la obra el ámbito, a los creadores el camino, a los conservadores el sitio.

En ese saber, que sólo lentamente puede crecer, se decide si el arte puede ser origen y luego debe ser un anticipo, o si sólo puede seguir siendo un a posteriori y entonces sólo puede ser conducido a la par de otra cosa como fenómeno de la cultura que haya llegado a ser habitual.

¿Estamos en nuestra existencia históricamente en el origen? ¿Sabemos, es decir, respetamos la esencia del origen? invocamos en nuestro comportamiento para con el arte sólo ya los conocimientos cultos de lo pasado?

Para esta disyuntiva y su resolución hay un signo inequívoco. Hölderlin, el poeta cuya obra tienen que examinar aún los alemanes, lo mencionó al decir:

«Schwer verlässt
Was nahe dem Ursprung wohnet, den Ort»
Die Wanderung IV.

(Traducción: «Difícilmente abandona el lugar lo que está cerca del origen”.)

El arte y la verdad – Martin Heidegger

FiN

Creado para ser contemplado – Romano Guardini

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