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Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
30/12/2022
Tiempo de lectura 9 minutos.
Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

Tabla de contenidos

En tiempos de Navidad es buen momento para preguntarse: ¿quién es Cristo? Describimos a Cristo como el «Verbo encarnado», el Alfa y la Omega, el Hijo de Dios. Me centraré en este escrito en Cristo como el Verbo (Logos) y hablaré de la razón, y la ciencia que de ella dimana, como Don de Dios. (Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia)

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

Benedicto XVI. In Memoriam.

He querido dedicar este escrito al Papa emérito, recientemente fallecido.

El Papa Benedicto XVI siempre abogó por evidenciar la relación esencial entre Fe y Razón. Buena parte de su obra teológica tuvo que ver con el logos, con la mente o la razón y cómo está relacionado con la revelación.

Modificando el primer versículo del libro del Génesis, el primer versículo de toda la sagrada Escritura, san Juan comienza el prólogo de su Evangelio con las palabras: «En el principio ya existía el Logos». Ésta es exactamente la palabra que usa el emperador [habla del emperador bizantino Manuel II] : Dios actúa «συν λόγω», con logos. Logos significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. De este modo, san Juan nos ha brindado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra con la que todos los caminos de la fe bíblica, a menudo arduos y tortuosos, alcanzan su meta, encuentran su síntesis. En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. «No actuar según la razón, no actuar con el logos es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II partiendo de su imagen cristiana de Dios.

Benedicto XVI. Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006.

El Verbo

En el Credo Niceno, se describe a Cristo de la siguiente manera:

… y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz. Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; …

Credo de Nicena

En el Evangelio de San Juan, se describe a Cristo como «El verbo»:

En el principio existía el Verbo (Cristo), y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio d él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

San Juan 1, 1-18

La palabra Verbo es una traducción débil de la palabra griega Logos que tiene un significado filosófico mucho más profundo que la palabra española. Logos se utilizaba para expresar la racionalidad subyacente del universo (RAE: 1.- Razón, principio racional del universo. 2.- En la teología cristiana: El Verbo o Hijo de Dios, El Logos. 3.-Discurso que da razón de las cosas.), así como el habla, las palabras y muchas otras cosas, antes de que San Juan la utilizara para describir a la Segunda Persona de la Divinidad en el cristianismo.

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

El Logos: El dilema griego

Aunque consideremos a los antiguos griegos como adoradores de muchos dioses, con los presocráticos, los filósofos griegos concluyeron que había un Dios y que este Dios era una mente trascendente (El Nous). El uso de la palabra Logos se atribuye a Heráclito. Según los presocráticos, el universo estaba regido por principios universales que se denominaban Logos. Sócrates, Platón, Aristóteles y otros filósofos griegos posteriores ahondaron en este concepto. Con Aristóteles el Logos culminó en Dios como motor inmóvil.

Pero todos los filósofos tenían un problema que no podía resolverse sólo con la razón. Si Dios era, en el pensamiento de Aristóteles, una mente omnisciente y omnipotente que existía en un estado de perfección inmutable y no necesitada de nadie ni de nada, ¿por qué iba a crear el universo y al hombre? No lo necesitaba ni podía mejorar su existencia con ello. ¿Por qué iba a crear?

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

San Juan resuelve el dilema

Ya hemos visto que el Credo dice: «… y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos«. Pues bien, San Juan, en su Evangelio, se suma al pensamiento griego y resuelve el callejón sin salida de la tradición filosófica cuando afirma que «En el principio existía el Verbo (Logos, Cristo), y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho«. Dios ya tenía clara desde el principio La Creación. El Logos (Razón, principio racional del universo) es el producto de la mente trascendente, la lógica del Nous perfecto. El Logos constituye la segunda Persona de la Trinidad en Jesucristo para el cristiano según las palabras de San Juan. En el catolicismo, Cristo es la solución a la búsqueda griega de la creación del universo y de la realidad última. Es «por Él se hicieron todas las cosas». La lógica subyacente en el universo es el producto de esta mente trascendente y toma la forma del Hijo de Dios, Jesucristo. El Amor tras el Nous perfecto y Su Logos forma la tercera persona de la trinidad, el Espíritu Santo, que sale en espiral de la Divinidad.

Por supuesto, la naturaleza divina de Cristo y el acto creativo serían suficientes para adorar a Cristo y celebrarlo, pero hay un elemento adicional del Hijo de Dios que añade a Su Gloria. «Bajó del cielo, y por el Espíritu Santo se encarnó de María Virgen, y se hizo hombre» (Credo de Nicea). Por esto celebramos la Navidad y por lo que sigue celebramos la Pascua. Con ello, Dios caminó entre nosotros y «por nosotros fue crucificado bajo Poncio Pilato, padeció la muerte y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras. Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre».

Lo que no se celebra explícitamente es que Cristo, a través de la descripción que hace Juan en su Evangelio, resuelve un dilema que ha atormentado al hombre desde los primeros filósofos griegos.

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

Que Dios creó al hombre a Su imagen significa que nos impartió el Logos

¿Podemos conocer cosas de la realidad y, si es así, cómo y POR QUÉ? ¿Cómo puede el hombre saber cosas sobre sí mismo, sobre Dios y sobre la naturaleza? ¿Es posible una verdadera ciencia y por qué no llegó realmente hasta la formación de la Iglesia católica en Europa? Para ello, tenemos que mirar de nuevo a la filosofía griega y al libro del Génesis del Antiguo Testamento. En el Génesis (Gen. 1:26-30)

Y dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Y creó Dios al hombre a su imagen: “a imagen de Dios lo creó: varón y hembra los creó”. Y los bendijo Dios, diciendo: “Creced y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todos los animales que se mueven sobre la tierra”. Y dijo Dios: “He aquí que os he dado toda hierba que da semilla sobre la tierra, y todos los árboles que tienen en sí semilla de su propia especie, para que os sirvan de alimento: Y a todas las bestias de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y en lo cual hay vida, para que tengan de qué alimentarse”. Y así se hizo.

Gen. 1:26-30

Dios no posee dos ojos, dos orejas, una boca o dos brazos, Dios es una mente trascendente. Dios no posee las características físicas que nosotros poseemos como Humanos, excepto en la forma de Jesucristo, quien poseía dos naturalezas, una naturaleza divina, y una naturaleza humana. Cuando el Génesis dice que Dios creó al hombre a Su imagen, significa entre otras cosas que nos impartió el Logos.

Aristóteles llamó al hombre «animal racional«, ahora bien, no explicó cómo ni por qué el hombre destacó entre toda la creación con el rasgo único de la razón.

A través del Evangelio de Juan y del relato de la creación en el Génesis, se responde al cómo y al por qué. La lógica puede decirnos que poseemos la razón, pero no explicar cómo y por qué. El relato cristiano de la creación y la descripción de Cristo en el Evangelio de Juan hacen afirmaciones cosmológicas y, por tanto, filosóficas, no sólo sobre Dios y la moral, sino sobre la relación entre Dios, el hombre y la naturaleza. San Juan expone el presupuesto principal de la razón y de la ciencia que de ella dimana.

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

Para el cristiano, la razón, y la ciencia que de ella dimana, es un Don de Dios

Tras la caída de la Gracia en que se incurrió al comer del árbol del conocimiento, el logos del hombre quedó disminuido. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma lo siguiente:

Aunque es propio de cada individuo, el pecado original no tiene el carácter de una falta personal en ninguno de los descendientes de Adán. Es una privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no ha sido totalmente corrompida: está herida en las potencias naturales que le son propias, sujeta a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte, e inclinada al pecado, inclinación al mal que se llama “concupiscencia». El bautismo, al impartir la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y vuelve al hombre hacia Dios, pero las secuelas para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo convocan a la batalla espiritual.

405 Catecismo

Las secuelas de la caída en desgracia son una naturaleza debilitada y un logos debilitado. La ciencia y el conocimiento de la realidad son posibles gracias al don del Logos, tanto como Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, como al logos que Dios incluyó en la naturaleza humana al crear al hombre a su imagen. Se explican sencillamente en que «En el principio era el Verbo (Logos) y el Verbo (Logos) estaba con Dios, y el Verbo (Logos) era Dios», que Dios creó al hombre a su imagen (impartiendo el logos al hombre, don que llamamos razón), aunque de forma disminuida tras la caída en desgracia.

El universo (o mundo natural) fue creado acorde con el Logos. El hombre, en una forma reducida, posee este logos. Las leyes de la naturaleza provienen del logos y pueden ser conceptualizadas por las mentes de los hombres. Las cosas que existen independientemente de las mentes de los hombres pueden ser identificadas como iguales a las cosas de la realidad a través del logos. El Logos, lo mismo que creó el universo y lo gobierna está inscrito en la naturaleza del hombre (en una capacidad minorada).

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

El principio fundador de la verdadera ciencia

La conexión entre, Dios, la realidad independiente de la mente y la mente humana es Logos, y este concepto es el principio fundador de la verdadera ciencia. El universo está gobernado por leyes independientes de las cosas que la ley humana pretende gobernar. No se derivan de las cosas mismas, sino a través del acto creativo del Logos (Cristo).

El hecho de que compartamos este logos, aun en la forma disminuida, permite al hombre conocer cosas sobre la realidad. Como tal, podemos derivar proposiciones verdaderas sobre el mundo real (la realidad) a través de la razón. Las categorías de la mente son reales y, por tanto, pueden ponerse en relación con otros objetos reales y descubrir leyes naturales. Las categorías de la mente proceden de lo mismo que los objetos y las leyes naturales que pretende descubrir, el Logos.

Aunque el don descrito anteriormente no llega a las alturas del don de la salvación y del único y verdadero sacrificio perfecto que celebramos en Pascua, o de la encarnación de Dios que celebramos en Navidad, es un don maravilloso para todos los hombres cristianos o no.

Porque es a través de la lente del Logos que se nos dió que podemos formar un mundo donde la religión y la ciencia no están en conflicto entre sí, donde el descubrimiento de las leyes de la naturaleza es visto como bueno, ya que esto conduce al descubrimiento de Dios a través de su maravillosa creación.

Glorificamos a Dios descubriendo su Voluntad y su creación utilizando la gracia del logos que nos concedió al crearnos a su imagen. Engañar a los demás sobre estos descubrimientos o sobre la naturaleza de la creación de Dios es un pecado, pues nos aleja del Creador.

El vínculo entre Dios, la naturaleza y el hombre que nos permite tener un conocimiento limitado de Dios y de su creación, así como de nosotros mismos, es el mismo que el don que otorgó a la creación en una noche silenciosa en Belén.

Deo Gratias.

(FiN) Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

FiN

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