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Una entrevista a Aldous Huxley

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
23/11/2021
Tiempo de lectura 6 minutos.
Una entrevista a Aldous Huxley

Aldous Leonard Huxley (Surrey, 26/VII/1894-Los Ángeles, 22/XI/1963) Escritor y filósofo británico que emigró a los Estados Unidos. Es conocido por sus novelas y ensayos, pero publicó también relatos cortos, poesías, libros de viajes y guiones. A través de sus novelas y ensayos, ejerció como crítico de los roles, convenciones, normas e ideales sociales. ( Una entrevista a Aldous Huxley )


Entrevistador (E): Nos diría usted algo, en primer lugar, ¿sobre su forma de trabajar?

Aldous Huxley (AH): Trabajo con regularidad. Siempre por la mañana, y después un poco más antes de cenar. No soy de los que trabajan por la noche. Por la noche prefiero leer. Generalmente trabajo cuatro o cinco horas al día. No paro hasta que me canso, hasta que me siento decaer. A veces, cuando me atasco, me pongo a leer – novela o psicología o historia, no importa mucho lo que sea-, no para tomar ideas o materiales prestados, sino sencillamente para volver a cobrar impulso. Casi cualquier cosa sirve para eso.

(E): ¿Reescribe usted mucho?

(AH): Generalmente, lo escribo todo muchas veces. Todos mis pensamientos son segundas consideraciones. Y hago muchas correcciones en cada página o la reescribo varias veces a medida que adelanto.

(E): ¿Usa usted un cuaderno de apuntes, como ciertos personajes de sus novelas?

(AH): No, no lo uso. Ocasionalmente he llevado diarios durante periodos breves, pero soy muy perezoso y generalmente no lo hago. Creo que conviene tener cuadernos de apuntes, pero no lo he hecho.

(E): ¿Esboza usted los capitulos o planea la estructura general cuando comienza una novela?

(AH): No, trabajo los capítulos uno a uno, encontrando mi camino a medida que adelanto. Cuando comienzo tengo una idea muy vaga de lo que va a suceder. Sólo tengo una idea muy general, y las cosas se desarrollan conforme escribo, Algunas veces – me ha sucedido más de una vez escribo mucho, después descubro que no funciona y tengo que tirarlo todo. Me gusta terminar un capítulo antes de comenzar el Pero nunca estoy completamente seguro de lo que va a suceder en el siguiente capítulo hasta que lo redacto. Las cosas me vienen en pequeños chorros, y cuando llegan tengo que trabajar duro para convertirlas en algo coherente.

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(E): Es agradable o doloroso el proceso?

(AH): Oh, no es doloroso, aunque es trabajo duro, Escribir es una ocupación muy absorbente y a veces agotadora. Pero siempre me he considerado muy afortunado de poder ganarme la vida haciendo algo que me gusta. ¡Es tan poca la gente que puede hacerlo!

(E): ¿Suele usar usted mapas o esquemas o diagramas para guiarse en su trabajo literario?

(AH): No, no uso nada de eso, aunque sí leo bastante sobre mi tema. Los libros de geografía pueden ser muy útiles para no incurrir en errores. No tuve ninguna dificultad para orientarme en la parte inglesa de “Un mundo feliz”, pero me vi obligado a hacer enormes lecturas sobre Nuevo México porque nunca había estado allí. Leí toda clase de informes del Smithsonian Institute sobre la región y después hice todo lo que pude para imaginármela, En realidad no fui allí sino seis años después, en 1937, cuando visitamos a Frieda Lawrence.

(E): Cuando comienza a escribir una novela, ¿qué tipo de idea general tiene usted? ¿Cómo empezó Un mundo feliz, por ejemplo?

(AH): Bueno, eso comenzó como una parodia de Men Like Gods de H. G. Wells, pero gradualmente se me salió de las manos y se convirtió en algo muy diferente de lo que yo había concebido originalmente. A medida que fui interesándome más y más en el proyecto, fui alejándome en igual proporción de mi propósito original.

(E): Algunos escritoresVirginia Woolf, por ejemplo han sido dolorosamente sensitivos a la crítica. ¿Lo han afectado mucho a usted sus críticos?

(AH): No, nunca han tenido ningún efecto en mí, por la sencilla razón de que nunca los he leído. Nunca me he propuesto escribir para ninguna persona o público en particular; sencillamente he tratado de hacer lo mejor que he podido y dejar las cosas así. Los críticos no me interesan porque ellos se ocupan de lo que ya está hecho y pertenece al pasado, en tanto que yo me ocupo de lo que viene a continuación. Nunca he releído mis primeras novelas, por ejemplo. Tal vez deba leerlas uno de estos días.

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(E): ¿Cree usted que ciertas ocupaciones son más favorables a la creación literaria que otras? En otras palabras, ¿el trabajo lo que se desempeña o las personas que se frecuentan afectan lo que se escribe?

(AH): No creo que haya ninguna ocupación ideal para el escritor. Este podría escribir casi bajo cualquier circunstancia, incluso en el aislamiento completo. Vea usted a Balzac, encerrado en una habitación secreta en París, ocultándose de sus acreedores y produciendo la Comédie Humaine. O piense en Proust en su habitación forrada de corcho (aunque, desde luego, él recibía a muchos visitantes), Supongo que la mejor ocupación es sencillamente la de conocer a muchas clases diferentes de personas y ver qué les interesa. Esa es una de las desventajas de hacerse viejo: uno se inclina a hacer contactos íntimos con menos personas.

(E): ¿Qué es, a su juicio, lo que hace al escritor diferente de otras personas?

(AH): Bueno, uno siente, antes que nada, el imperativo de ordenar los hechos que uno observa y de darle significado a la vida; y junto con eso va el amor a las palabras por las palabras mismas y el deseo de manipularlas. No es cuestión de inteligencia; algunas personas muy inteligentes y originales no sienten amor por las palabras ni tienen el don de usarlas eficazmente. En el nivel verbal se expresan muy mal.

(E): ¿Y en cuanto a la capacidad creadora en general?

(AH): Sí, ¿qué en cuanto a eso? ¿Por qué en la mayoría de los niños la educación parece destruir el impulso creador? ¿Por qué tantos muchachos y muchachas dejan la escuela con las percepciones embotadas y la mente cerrada? La mayoría de los jóvenes parece sufrir de arterioesclerosis mental cuarenta años antes de sufrir la física. Otra pregunta: ¿por qué algunas personas permanecen abiertas y flexibles hasta la vejez extrema, en tanto que otras se vuelven rígidas e improductivas antes de llegar a los cincuenta años? Es un problema de la bioquímica y la educación de los adultos.

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(E): Algunos psicólogos han sostenido que el impulso creador es una especie de neurosis. ¿Está usted de acuerdo con eso?

(AH): Decididamente no. No creo que un solo momento que la capacidad creadora sea un síntoma neurótico. Por el contrario, el neurótico que logra triunfar como artista ha tenido que vencer una tremenda desventaja. Crea a pesar de su neurosis, no gracias a ella.

(E): A usted nunca lo ha convencido mucho Freud, ¿no es cierto?

(AH): Lo malo de la psicología freudiana es que se basa exclusivamente en un estudio de los enfermos. Freud nunca conoció a un ser humano sano; sólo conoció pacientes y otros psicoanalistas. Además, la psicología freudiana sólo se interesa en lo pasado. Otros sistemas de psicología, que se interesan en el estado presente del sujeto o en sus potencialidades futuras, me parecen más realistas.

(E): Volviendo a la literatura, en Contrapunto usted hace decir a Philip Quarles: «Yo no soy un novelista nato.» ¿Lo diría usted de si mismo también?

(AH): No me considero un novelista nato; no. Por ejemplo, me cuesta mucho trabajo inventar argumentos. Algunas personas nacen con una asombrosa facultad narrativa; es un don que yo nunca he poseido en absoluto. Uno lee, por ejemplo, lo que cuenta Stevenson acerca de que todos los argumentos de sus cuentos le fueron dados, mientras soñaba, por su mente subconsciente (lo que él llamaba «los duendes» que trabajaban para él), y que todo lo que él tenía que hacer era elaborar el material dado. Yo nunca he tenido ningún duende. El gran problema para mí ha sido siempre el de crear situaciones.

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(E): ¿El desarrollo de los personajes ha sido más fácil para usted que la creación de los argumentos?

(AH): Sí, pero tampoco soy muy bueno para crear personas; no tengo un repertorio muy amplio de personajes. Esas son cosas difíciles para mí. Supongo que en buena medida es una cuestión de temperamento. Yo sencillamente no tengo el tipo adecuado de temperamento.

(E): Al decir «novelista nato» creíamos que usted se refería a alguien que sólo está interesado en escribir novelas.

(AH): Creo que ésa es otra manera de decir lo mismo. El novelista nato no tiene otros intereses. Narrar, para él, es una ocupación absorbente que llena su mente y toma todo su tiempo y su energía, mientras que otra persona con un tipo de mente diferente suele llevar a cabo otras actividades extracurriculares, por decirlo así.

(E): Al pensar en sus propias novelas, ¿cuáles le satisfacen más?

(AH): Personalmente creo que la más lograda fue Time Must Have a Stop (El tiempo debe detenerse). No sé, pero me parece que en ella integré lo que podría llamarse el elemento ensayístico con el elemento novelístico mejor que en las otras novelas. Tal vez no sea así. Pero es la que más me gusta porque pienso que fue la que mejor salió.

(E): Tal como usted ve las cosas, entonces, ¿el problema del novelista es el de fundir el «elemento ensayístico» con la historia que se narra?

(AH): Bueno, hay muchos narradores excelentes que son sencillamente narradores, y creo que ése es un don maravilloso, después de todo. Supongo que el ejemplo extremo es Dumas: ese viejo caballero extraordinario que se sentaba y escribía como si tal cosa seis volúmenes de El conde de Montecristo en unos cuantos meses. ¡Y vaya que es una buena novela! Pero no es la última palabra. Cuando uno puede encontrar narraciones que contengan al mismo tiempo una especie de significado parabólico (como el que se encuentra, pongamos por caso, en Dostoievski o en lo mejor de Tolstoi), eso es algo extraordinario, me parece a mí. Siempre me quedo con la boca abierta cuando releo algunas de las piezas cortas de Tolstoi, como “La muerte de Iván Ilych”. ¡Qué obra prodigiosa es ésa! O algunas de las cosas cortas de Dostoievski, como “La casa de los muertos”.

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FiN

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