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Una difícil facilidad – Auguste Rodin

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
02/09/2021
Tiempo de lectura 2 minutos.
Una difícil facilidad – Auguste Rodin

Auguste Rodin (París, 1840 – Meudon, Francia, 1917) Escultor francés. De modestos orígenes, se vio obligado a ganarse la vida como ayudante de decoración, compaginando el trabajo profesional con su dedicación a la escultura. Su concepción del arte le permitió inaugurar una nueva etapa en el ámbito de la escultura. Su obra más conocida es “El pensador” (1882) ( Una difícil facilidad – Auguste Rodin )

Una difícil facilidad – Auguste Rodin

Hay que cuidarse de la facilidad

Hay que cuidarse de la facilidad. Por lo común, entendemos por la palabra facilidad la manera hábil con la que, en lugar de afrontar francamente una dificultad, la evadimos al pretender salvarla; en esta forma, la realidad es sobrepujada por la apariencia.

El público, intrigado, admira al virtuoso y lo aplaude; los artistas sinceros se muestran impresionados por ese equilibrio sorprendente, sintiéndose incapaces de imitar las fantasías brillantes permitidas por él; sin neceside apreciar o de gustar del procedimiento, lo envidian un poco. Además, ¿acaso los más fáciles no disfrutan del prestigio del éxito? Pero ¡cuántas obras caen pronto en el olvido!

Es necesario echarle cuando menos una ojeada a nuestros museos y ver de nuevo, en las exhibiciones retrospectivas o en las galerías públicas, tantos éxitos auténticos del ayer y del anteayer, antes de comprender hasta qué punto es cierto lo que digo.

Entretanto, es importante que el artista sea realmente maestro en su oficio, que dedique todos sus recursos para proporcionarle su expresión total; en una palabra, que le devuelva al material utilizado por él todo aquello que sea susceptible.

Don natural y método

Existe una clase de facilidad de ejecución que es el resultado de un don natural que cada artista lleva consigo en mayor o menor grado; pero por más sincero que sea el estudio, el verdadero método favorece la ejecución. No hay una sola obra hermosa que no dé, a primera vista, la impresión de haber sido ejecutada con facilidad; es sólo después de observarla durante largo tiempo cuando comprendemos todo lo que contiene.

¡Qué tristeza no haber sido comprendido, no haber estado completamente libre sino al cabo de largos años de lucha! El artista se enfrenta a tantos obstáculos… Al principio, cuando joven, lleno de ardor y de sinceridad, se enfrenta a dificultades que no puede resolver al primer intento, y se vuelve más vulnerable a la crítica que aquel que está limitado a aplicar ciertas fórmulas en boga. A mayor abundamiento, el investigador deberá encontrar en el estudio de la verdad, aquellos elementos que resultan tan difíciles de determinar, y sin embargo, tan necesarios para la expresión de su sentimiento. Si da con ellos y los afirma, las hostilidades redoblan. ¿Les sorprende, entonces, que sean tantos los audaces los que se detengan a medio camino? Podría decirse que cada uno de nosotros defiende, ante la amenaza del innovador, un pedazo de propiedad. Los obstáculos surgen a sus pies.

El Pensador, Rodin

… con una voluntad férrea y con un ardor infatigable

De no haber trabajado con una voluntad férrea y con un ardor infatigable, no hubiera comunicado a mis obras mi expresión personal de la naturaleza y de la vida; es el trabajo y la determinación los que han fortalecido, los que han dado vigor a mi arte.

El que, combatido, olvidado, se da por vencido y no lucha por su comprensión personal de lo hermoso, no merece el nombre de artista. Si persiste en su esfuerzo, afirmándolo todavía con más fuerza, triunfará y acabará por imponerse. En una obra de arte, por más incomprendida que sea a primera vista, la verdad siempre hará valer sus derechos.

Un artista no debería titubear al comprometer todas sus fuerzas al servicio de su arte. El tratar de vivir su vida, con una parte de inteligencia y de flaqueza, es una especie de felicidad aminorada, pero felicidad al fin.

Cuando por complacer a ese monstruo de un millón cabezas llamado el público, perdemos personalidad e independencia. Al limitar nuestras necesidades, podemos trabajar como pensábamos hacerlo, permaneciendo totalmente libres dentro del marco de nuestros propios pensamientos.

Bien sé lo mucho que hay que luchar, pues con frecuencia estamos en contradicción con el espíritu de la época.

Una difícil facilidad – Auguste Rodin

FiN

No hay arte viejo ni arte nuevo – Luigi Pirandello

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