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Mi violonchelo – Pau Casals

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
06/02/2022
Tiempo de lectura 2 minutos.
Mi violonchelo – Pau Casals

Pau Casals i Defilló, (Vendrell, Tarragona, 29/12/1876 – San Juan, Puerto Rico, 22/10/1973), uno de los músicos españoles más destacados del siglo XX. Es considerado uno de los mejores violonchelistas de todos los tiempos. (Mi violonchelo – Pau Casals)


Mi violonchelo es un Gffriller, hecho por la casa Bergozi. Creo que fue construido en 1733. No posee un enorme sonido, como el de los violonchelos Stradivarius, algunos de los cuales poseen un matiz personal que yo encuentro demasiado fuerte, demasiado imponente para mi gusto. Tan bello, pero no tan fuerte, es el sonido que el mío produce, el cual es verdaderamente igual y regular; y como instrumento es de mucha utilidad para mí, porque no es demasiado voluminoso. Es ligeramente más pequeño que el violonchelo corriente.

Es un instrumento encantador que tiene su propia personalidad; he trabajado con él durante casi cincuenta años, y por nada del mundo lo cambiaría. Es mi amigo inseparable, el compañero de mi vida musical. Reconocería su sonido en las sombras de la noche en cualquier parte, de la misma forma que uno puede reconocer la voz de un ser querido o de un viejo amigo.

Cuando estoy en Puerto Rico guardo mi chelo en la única habitación con aire acondicionado que hay en la casa. A mí no me preocupa si hay aire acondicionado o no lo hay, pero para el instrumento es necesario, ya que la atmósfera es muy húmeda en la isla. Incluso así el sonido se ve afectado. No suena tan puramente aquí como en Europa. Los violines se ven asimismo afectados aquí, pero no tanto, debido a que son más
pequeños. Cuando más usada está una cuerda, mejor suena; y suena mejor aún cuando ya está a punto de quebrarse; cuando le llega su «canto del cisne». Naturalmente, una cuerda muy usada representa un problema para un concierto; pero es cierto que ése es uno de los riesgos que hay que afrontar.

Mi violonchelo – Pau Casals

Recuerdo una vez que estaba dando un recital en Ginebra. Yo interpretaba la «Suite número 6» de Bach. Todo marchaba bien, el preludio, y los demás movimientos, hasta que llegó la Sarabanda; es un movimiento muy difícil, con dobles paradas, y justamente después de que había empezado la interpretación de dicho movimiento, la cuerda A se rompió, Me retiré y cambié de cuerda, mientras el público esperaba. De vuelta al escenario comencé la «suite» desde el principio; es verdaderamente muy duro actuar con una cuerda nueva; todo marchaba otra vez perfectamente, hasta que llegó la Sarabanda; ahí, en el preciso momento, igual que en la representación anterior, la cuerda quebró. Bueno, me retiré de nuevo, volví a escena y empecé otra «suite». Comprendía que la «Suite número 6» no estaba hecha para mí aquel día.

Me agrada mucho dar lecciones, puesto que he aprendido mucho yo mismo siguiendo ese método. Me gustaría poder continuar pasando revista a mis ideas y estudios sobre la música mientras me sea posible. Mi propósito es seguir la verdad de la música. Yo me siento enfrente del alumno con mi violonchelo y toco el instrumento tanto como hablo, o quizá más que hablo, dando así un ejemplo vivo sobre la materia.

Cuando formé mi primera orquesta en Barcelona, en el año 1920, la orquesta Pablo Casals fue mi principal preocupación. Conocedor de los malos hábitos de los músicos de orquesta, me esforcé en crear una atmósfera de superación artística, a fin de despertar o reforzar su sentido de la responsabilidad y así obtener una mayor eficiencia, de manera que cada músico se sienta como un solista. Mi intención nunca ha sido el
actuar como dictador, pero sí he querido inculcar en la mente de los músicos que solamente la música era la que exigía tales medidas, a fin de obtener el máximo de cada uno. No me importó nunca repetir cuantas explicaciones fuesen necesarias. Yo soy del parecer de que cuando el director de orquesta se siente seguro y convencido ha de llevar dicha confianza al resto de los componentes de la orquesta.

Al principio sí gastábamos horas y horas en meros ejercicios orquestales. Se examinaba detenidamente cada pasaje, no solamente en cuanto a frases enteras, sino hasta nota por nota; cada una de ellas ha de ser claramente interpretada. Yo soy una persona humilde en mis convicciones. Como decía en una carta a un amigo en aquel entonces: si yo me sentía tan feliz tocando un violonchelo, ¡cómo me sentiría yo en posesión del más grande de todos los instrumentos: una orquesta!

Mi violonchelo – Pau Casals

FiN

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