
Meditación sobre la Felicidad
Meditación sobre la Felicidad
Una aventura no es más que una pequeña inconveniencia a resolver manejada desde la fértil imaginación en vez de desde la frustración: Como bien saben hacer los niños. Si, hay en los niños una felicidad innata – venimos al mundo con la felicidad bajo el brazo, además del pan – que los adultos hacemos lo imposible por preservarla, protegiendo la tierna infancia. Incluso, siendo conscientes de la pérdida parcial de esta que nos sobreviene al hacernos mayores, luchamos por volver a recuperarla. Sin embargo, el mundo actual, que parece reñido con la felicidad infantil y adulta, no sólo deja de estar in vigilando para proteger a la infancia sino que pretende someter sus incipientes mentes a una vil hipersexualización a tan temprana edad.
Si, ineludiblemente en la vida, hay que pasar por ellas – por las inconveniencias- deberíamos convertirlas en gozo, como niños que se aprestasen a jugar, a combatir dragones fantásticos o a ganar novelescas batallas. El puro acto de alcanzar un sombrero o un papel llevado por el viento lo podemos transformar, de una escena cómica y frustrante, en una aventura a la caza de la volandera presa.
Acabo aquí de tomar prestadas unas palabras de Gilbert K. Chesterton – en su libro «Después de todo» páginas 33.38 – que me han servido de catalizador mental par construir esta pequeña disertación sobre, nada más y nada menos, que la Felicidad, así en mayúsculas.
Vivir las inconveniencias como una aventura convierte las pequeñas dificultades de la vida en grandes vivencias. Y la felicidad primera, la segunda siendo ya adultos, debe ser algo muy parecido a esto: La manera de hacer de las pequeñas trabas una aventura más. Una experiencia vital más. Hacer de solventarlas una diversión.
Por otro lado, las grandes dificultades de la vida no tienen otra forma de solucionarse que vivirlas y superarlas desde la perspectiva dramática, y no desde la de una entretenida novela o desde una emulación de un juego infantil, porque pertenecen al género dramático de la condición humana, cosa esta en última instancia insuperable.
Es indubitable que sólo podemos transitar por ellas desde la pena, vivirlas desde la angustia y superarlas desde nuestra grandeza. Este es otro orden mucho más elevado de la felicidad, su tercera esfera: La aceptación de la vida como una tragedia, y la lucha denodada por resolver las grandes o graves dificultades que nos acontezcan, es lo que hace grande al hombre. Enfrentándose con honor y dignidad ante ellas, aunque claro estas bellas palabras están vacías de contenido para el hombre de nuestro tiempo.
Meditación sobre la Felicidad
Es la felicidad de la madurez y del entendimiento íntimo de la poquedad humana. Esta vivencia sita en la humildad hace que vislumbremos nuestra auténtica capacidad posible, lo cual nos ayudará a afrontar los eventos adversos o a dejarlo por imposible si está fuera de nuestro alcance, y eso es de por sí fuente de paz y felicidad porque nos hace «dueños de sí». Esa dueñanza propia y calmada está labrada sobre la tranquilidad de espíritu y sólo sobre ella puede el hombre construir, sobre el amor y la humildad, una vida plena.
El amor se constituye en el cuarto estadio de la felicidad, contemplado como la entrega al ser querido, a nuestros seres cercanos o al prójimo. El amor así vivido se libra del círculo vicioso y dañino del «amor» como posesión, del egoísmo como motor gripado de las relaciones humanas que convierte al hombre en un ser permanentemente insatisfecho.
En la entrega desinteresada encuentra el hombre el sentido de la vida, no por lo que obtiene a cambio, que es mucho, sino por la dicha que trae consigo y que le hace sentirse bien consigo mismo. Hay en la entrega desinteresada una búsqueda de la felicidad desde la perspectiva de la plenitud vital que proporciona.
El quinto ámbito de la felicidad es la trascendencia. Es la fe que emerge como un asidero de esperanza más allá de la muerte propia o de nuestros seres queridos.
La triste e inexorable condición humana que no es salvable ni soslayable. No podemos escapar a ella en modo alguno salvo por el ficticio autoengaño o la dilución a través del «soma» del entretenimiento vital – situación está que concurre con especial relevancia en el comportamiento evasivo del hombre postmoderno, como instrumento psíquico que intenta, y no lo consigue, eludir la inevitabilidad de la triste condición humana sin más consideraciones.
Este quinto epítome de la felicidad se sustenta en la creencia finalísima en la justicia o reparación Divina, última, de las desgracias inopinadas, insalvables e injustificables que acontencen al hombre durante su vida.
También hay una forma elevada de evasión, álgida y vitalista, que es la adquisición de experiencias vitales por medio de la lectura. La literatura nos permite «vivir» vidas ajenas, construidas literariamente en base a las vidas pretéritas narradas, contadas más o menos fielmente, o imaginadas, es decir, pudiendo ser estas incluso no vividas jamás por nadie sino producto de la sola imaginación del escritor.
Esto es lo más parecido a la Creación Divina que puede alcanzar el hombre, es su obra de arte cumbre, junto con las otras artes mayores como la pintura, la escultura u otras elevadas creaciones humanas.
Meditación sobre la Felicidad
Que, con ser esto, un sumergirse en la vida de otros, un vivir tantas vidas como personajes pasen ante nuestra mirada lectora, y aniden en nuestra imaginación, no deja de ser una forma elevada de gozo, de cuasi felicidad, que no lo es del todo porque no es vida propia sino trasuntada de la de otros. Es un vivir sin estar en la piel propia por mucho que nos lo parezca, no es lo mismo vivir que imaginar que se vive sobre los hechos de otro. Vivir vidas ajenas nos da cierto nivel de gozo interior pero no es tácitamente, felicidad.
Bien es cierto que el conocimiento y la experiencia adquiridas al hacerlo – leer sobre vidas ajenas- nos da ciertas habilidades vitales para ser más felices pero no hay nada como las que se adquieren a través de la experiencia personal, en nuestras propias carnes: Por mucho que nos anticipen o nos digan que hay en el camino una piedra solemos tropezar con ella, al menos la primera vez.
Por último el pensamiento puro que deja la realidad a un lado para resolver problemas complejos o decidir sobre la vida de uno mismo retornando posteriormente a ella para obrar lo pensado o lo decidido; o la meditación que es sumergirse en nuestro interior para comprendernos; o el acto interior de entender el mundo distanciándonos de él – el filosofar- también son una cuasi felicidad porque no es un vivir en sí, sino en cierto modo una abstracción vital, eso sí fértil y elevada. Reconozco que hay un cierto grado de gozo en entender, aprehender o conseguir lo pergeñado pero eso es satisfacción personal más que felicidad.
Me queda, sin embargo, algo de duda en que estos pensares de los que hablo, que evidentemente también forman parte de la vida, contemplados como una excepcionalidad o un estado supraelevado de la consciencia y la vida humana, si puedan ocasionar felicidad, al ser una puerta que dejó entreabierta la Divinidad Creadora para que atisbáramos levemente como sería la felicidad inefable e inescrutable de estar estar con Dios en la otra vida.
Es claro, eso sí, que se trata de un ámbito superior, de naturaleza más elevada en el hombre y más consciente que el inútil e irreflexivo subterfugio del entretenimiento que subsume al hombre que hoy vive inserto en la esnobista modernidad, ese vano y hedonista espécimen en voga que he mentado antes, como forma lúdica y parcial de pasar por la vida sin vivirla en toda su extensión o profundidad posible.
Llegados aquí, he de retomar a la quinta felicidad, la de la transcendencia, pues el pensar místico, ejercido desde la meditación y el ascetismo, como búsqueda (apofática) de una experiencia personal, unitiva y amorosa con Dios, también pertenece a esta categoría, es decir, permite alcanzar una felicidad «casi» suprema, la más elevada de todas las que podamos imaginar en esta nuestra vida contingente.
Meditación sobre la Felicidad
Cualquier otra definición o alternativa que le ofrezcan de la felicidad debe guardarse en el cajón de la duda metódica, si quieren cartesiana o de la razón o incluso intuitiva, que de esta inteligencia inexplicable también está felizmente dotado el hombre.
Hay en el mundo actual la propensión falaz a confundir la felicidad con el hedonismo que no es más que el disfrute desmedido y malsano del placer de los sentidos o en lo emocional, que trae consigo la satisfacción hormonal, es decir, volcada sólo en el «sensus» en términos estrictos.
Lo mismo ocurre con el consumismo desaforado que ciertamente nos autoconsume por ser una forma de comprar una felicidad ficticia o artificial, tal es la autosatisfacción del poseer o del ego personal en el tener en vez de en el ser.
Incluso, no nos fiemos del que dice, muy ufano y convencido, que la felicidad no existe, pues el no haberla conocido sólo es signo de no haber sido capaz de encontrarla. Con tan sólo la mirada limpia, en la contemplación de la belleza del mundo y del universo en el que vivimos, la podemos encontrar en su estado más primigenio. Ese si que es un éxtasis vital, y de una sencillez al alcance de cualquiera, que tenemos con ejercitar nuestra simple mirada. Claro que la contemplación de la belleza, la felicidad extraida de la ensoñación estética, requiere de la ética necesaria, sine qua nom, para aprehender lo bello, y esta brilla hoy en día por su ausencia.
En la naturaleza del hombre está inscrita la felicidad en esta vida, pues de esta urdimbre vital – propendiente al disfrute mesurado que nos ha sido dado por el Sumo Hacedor- nos ha hecho Aquel que nos otorgará, o no, la dicha inmedible venidera del otro reino que no es de este mundo, por ser ignota aunque susceptible de ser levemente percibida, la naturaleza del nuevo “ser resucitado» que seremos en la otra vida.
Estoy profundamente convencido de que Dios nos quiere felices en esta vida a pesar de todos los desagradables o incluso trágicos aconteceres que nos trae el ejercicio de la libertad que nos legó para vivirla en este mundo tal y como es, incluidas sus catástrofes y desdichas.
(FiN) Meditación sobre la Felicidad
Petrusvil, en Valldoreix a 14 de diciembre de 2024
By Petrusvil













