
Meditación sobre «biengastar nuestro tiempo»
Meditación sobre «biengastar nuestro tiempo»
Ese que se gasta en la conciencia de vivirlo, en sentirlo en toda la intensidad de los pequeños instantes eternos. El tiempo hay que biengastarlo en el regusto de las pequeñas cosas que nos llenan y en el amor gozosamente entregado a aquellos que queremos.
No se llena el corazón del hombre del tiempo vanamente perdido en la vanagloria de lo utilitario sino del tiempo generosamente gastado en lo vital.
Ese hombre que bien se gasta, seguro de sí por su fe, transita por el amor a las cosas bien hechas sintiendo el pálpito del corazón, esa calidez del alma, elevándose sobre la fría losa marmórea de la pragmática razón. Mora en la sutilidad fértil de los momentos compartidos, impone sobre el hacer, sin dejar de obrar sino obrando sensatamente, la vitalidad del ser.
By Petrusvil
Se autoimpone ese deberse al bien ajeno, al de las cosas y seres de la Creación. Con esa nobleza obligada, construye ladrillo a ladrillo, en el vivir, la casa de los buenos hábitos morales; el castillo inexpugnable de la hidalga bonhomía.
Esa dueñanza propia y calmada que se gasta está labrada sobre la tranquilidad de espíritu y sólo así puede el hombre construir sobre el amor una vida plena. Porque ¿qué es el amor sino una renuncia perpetua de sí?
Sólo así puede honrar su trabajo con la buen hechura del que elige la perfección sobre la prisa – cosa esta moderna y humanamente desquiciante-, que elige el amor entregado por sobre los deseos desordenados. El tiempo se vuelve eterno para el que no tiene prisa pues piensa en presente contínuo. El pasado ya pasó y el futuro no es suyo sino de Dios.
El hombre de hoy que cree que controla su vida, y piensa que la domeña, vive en una ensoñación. Por el contrario el que, igualmente, se esfuerza y obliga, y en su humildad nada espera, agradece lo que la vida le entrega de la mano invisible del Eterno; pues nunca sabe cuando será llamado a Su vera y rara vez sabe para qué le puso en la tierra.
El seguro de sí, obsérvenle, es un hombre alegre, de sonrisa permanente, vive y duerme feliz. Espera cada nuevo día con la paz del que desea volver a entregarse por entero a su obrar sereno, al trabajo o la creación bien hechos y a admirarse, sin perder frescura con los años, por las maravillas que puso Dios en el mundo.
Dueño de sí – Meditación sobre un texto de Juan Ramón Jiménez
By Petrusvil
Como un niño eterno que mora en un adulto que se renueva en cada vivencia ya sea hermosa o fea, exitosa o fracasada, dichosa o malhadada. Y piensa que por algo será, por lo que sea, será. Estará de Dios lo que advenga pero bienvenido sea. Así se goza en cada nuevo día que se le brinda estar sobre la tierra.
Sito en la querencia del bien obrar podrá desplegar su amor sobre sus semejantes casi sin querer pues ‘Obras son amores y no buenas razones’. No se jacta ni se explaya en sus obras pues en la caridad pone su cuita.
En la tendencia actual a perderse en lo utilitario o en el vanal entretenimiento conviene recordar las palabras de Cristo a Marta, a la que también amaba, para reenfocar su quehacer:
«—Marta, Marta —le contestó Jesús—, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará» (Lucas 10:38-42).
María, por sobre todas las cosas, eligió escuchar a Cristo. Obremos pues prestando atención a lo que nos dejó dicho y al ejemplo que nos dio.
Petrusvil
En Valldoreix, a 23 de agosto de 2024
«Perder el tiempo solo angustia cuando no mana de nosotros», confiesa Antonio Escohotado en su diario. Pero yo suprimiría el adverbio de exclusión: perder el tiempo angustia cuando no mana de nosotros.
«En busca del tiempo gastado» Ismael López Gálvez
La contemporancidad es la edad del vértigo, de los presentes efimeros, del estimulo, del clic, del scroll, del like, del «no tener tiempo». ¿Y cómo ibamos a tenerlo si perdimos las horas?, ¿si a su regreso nos vaciarán sin compasión y sentiremos la oquedad de la vida desperdiciada?
En cambio, tener tiempo es gastarlo, y para gastarlo hay que consumirlo, y este solo se consume, parafraseando a Aristóteles, si al ver sentimos que vemos, al escuchar que escuchamos, al caminar que caminamos; en definitiva, a percibir que percibimos y que, por tanto, somos. Deténganse. Ahora. El Estagirita escribió: «En aquellos en que se da en mayor medida la contemplación, se da también el ser feliz». Cierto, no cabe la menor duda.
Así también lo confirma uno de los textos fundacionales del Tao, paradigma de que en lo esencial no somos tan diferentes: «Si usas los ojos para mirarte los ojos, los oídos para percibir los oídos y el corazón para sentirte el corazón lograrás la quietud».
Escrito lo cual, solo me queda exhortaros a la pausa, al recogimiento, a la introspección. Gasten, si hace falta, diez años en la Guerra de Troya y otros diez más para regresar a ltaca, visiten la fundación mitica de Roma, conversen con fantasmas como Dante, bajen a la cueva de Montesinos dentro, una hora son tres días -, encuentren el tiempo perdido que buscó Proust, experimenten un siglo de soledad, hablen de nuevo con los muertos al parecer, en Comala tienen mucho que decir y miren, quedo y sin prisa, por el Aleph: allí, al igual que el pájaro, un segundo es de algún modo todos los segundos.
En resumen, no pierdan el tiempo en el viaje trepidante y frenético hacia lo de fuera, hacia lo exigido, hacia lo aparente; mejor gástenlo en la quietud que habita en lo de dentro, en lo vedado, en el hambre crónico de sumarle, tal vez, vidas a la vida.
By Petrusvil













