
Meditación de la Esperanza
Meditación de la Esperanza
Tendemos a pensar, en términos históricos, que lo que nos pasa nunca pasó y que lo que nos ha tocado vivir es lo peor que ha pasado, en lo general.
Incluso pensamos que lo que, en ocasiones, nos sucede en nuestra vida es horrible e insalvable. En esos momentos de dolor hay que intentar distanciarse, tomar una perspectiva que aborda e incluye la visión del prójimo y de Dios. Hay que pensar que todos sufrimos en mayor o menor medida en distintos momentos de nuestra vida. Tenemos que vivir mirando por los demás y por su dolor tanto o más que por el nuestro propio, tal como nos enseñó Cristo.
Cuando sufrimos si volcamos nuestro amor sobre el que sufre damos a la vida un sentido completo y generoso que nos ayuda a superar nuestro sufrimiento con la mitigación del del otro.
Para obrar con ese mirar sosegado contamos con las virtudes teologales que son un legado divino al entendimiento humano.
Como cristianos católicos tenemos la Esperanza, la Fe y la Caridad para sobrellevar – y ayudar a los demás a sobrellevarlo- las penalidades de este mundo y las maldades o inepcias de los hombres que, instigadas por el diablo, nos influyen dolorosa y dolosamente.
De las tres virtudes decía San Pablo que la más importante es la Caridad para con Dios y para con los que sufren. Y esto es así sin menoscabo de las otras dos.
Esa es la triple perspectiva cristiana que debemos tener ante el dolor propio y ajeno.
Aquí os traigo hoy un fragmento del poeta lírico griego, Teognis de Mégara (hacia el año 570 a. C.). Estas palabras muestran un desencanto hacia la sociedad de su tiempo que bien parece el nuestro de ahora:
“ La Esperanza es el único dios bueno que queda entre los hombres; los demás se han marchado al Olimpo. La Confianza, un dios poderoso, también se ha ido; la Moderación se ha alejado de entre los hombres, y las Gracias, mi amigo, han abandonado la Tierra. Ya no se puede confiar en los juramentos de los hombres, […] la raza de los hombres piadosos ha perecido y los hombres ya no reconocen las reglas de conducta ni los actos de piedad. Pero mientras el hombre viva y vea la luz del sol […] que cuente con la Esperanza…”.
No pensemos pues sólo en el ahora pues siempre, desde que Dios creó al hombre, las tribulaciones estaban y han estado presentes. Y, ocurre, como vemos, que también la esperanza estaba en el corazón del hombre.
Esas virtudes griegas, la virtud aristotélica, y el Dios transcendente, estaban en la mente de los hombres inscritas por el Logos, el Verbo – Jesucristo- tal como dice San Juan en su evangelio (Juan 1:1-18)
Contamos también con la sencilla esperanza que nos enseñaron nuestros padres, anclada en la fe, en el sentido común y en el cotidiano vivir. ¿Qué es lo que nos decían nuestros padres cuando nos veían tristes y cabizbajos en nuestra niñez?: ¡Cariño no te preocupes que mañana será otro día!
Y contemos también, con la esperanza cristiana en la Resurrección como reparación divina de las injusticias y los sufrimientos terrenales que nos acontecen.
(FiN) Meditación de la Esperanza
Petrusvil
En Valldoreix, a 26 de agosto de 2024
Meditación sobre «biengastar nuestro tiempo»
By Petrusvil













