La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo

Petrusvil, escritor español.

29 de abril de 2021
Tiempo de lectura: 11 minutos
La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

(Primera versión el 31 de julio d 2015. Revisado el 29/4/2021)

El león Cecil

Le he oído decir a alguien: «Los animales nos conmueven mas que nuestros semejantes». Frase mentada a tenor del interés mediático y en las redes sociales por la muerte de un león en África mientras allí mismo mueren miles de personas de hambre. La red bullía en comentarios sobre el asunto del león y de ahí el enfado de mi interlocutor.

Yo, después de mucho meditarlo, creo que no hay malicia en que se hable de una cosa trivial olvidando otras de mucho mayor calado humano. Es que cada uno está a lo que está, en este caso a lo trending topic; que no es sino moda instantánea o cosa inmediata. Ni siquiera se puede hablar de bajeza moral sino de desubicación o de un estado virtual que no real. A ver si no voy a poder hablar de lo que me parezca, oiga. ¿Y qué más da? ¿Y porqué no?  

¿Que tal ha quedado? ¿Les gustó?  ¿Es malvado, o malintencionado hablar de trivialidades olvidándose del dolor ajeno? No. Ahora bien, esto de hablar de trivialidades olvidando la crueldad de la vida ajena, tiene un nombre y se llama banalización. A mi entender, la red se comporta como una abstracción de los hechos reales en el mundo virtual, una desvinculación de la realidad. Como cuando nos abstraemos para manejar, poder comprender y solucionar un problema, y luego volvemos al mundo real con nuestra solución. Pero, en este caso, la interacción es entre individuos no entre neuronas o conceptos.

No es que le esté otorgando carta de racionalidad a la red eso sería absurdo. Sino que al manejarnos en el mundo virtual de la red nos desubicamos de la realidad. Nos abstraemos y se puede parecer cruel cuando lo que ocurre es que al seguir una tendencia hacemos caso omiso del resto de realidades. Eso parece desnaturalizar las personas, los sentimientos y los hechos. ¿Es acaso malo eso? ¿Que les parece? Banal al menos lo es, si quieren, pueril. Si sistemáticamente incurrimos en ello. Sistemáticamente me olvido de lo otro, hay una parte de la realidad de la que no me ocupo ni me preocupo; entonces tenemos un problema de ocultación, la niego, me escapo y creo mi mundo-virtual ideal.´  

Cuando un león es el tema del momento en el vasto corral de vecinos de la red social aun lo del hambre sea horrible ahora no toca. El que quiera hablar del hambre en África lo puede hacer pero se coloca fuera de la tendencia, y su impacto es débil. ¿Y esto? ¡Es sólo es un frío análisis de impacto!

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

El mecanismo de crear tendencia en las Redes Sociales

El mecanismo de marcar tendencia era algo que ya hacían y hacen los mass media eligiendo qué noticias presentan y cómo; y forjando eso que llaman crear opinión pública. Ese mecanismo, digo, ha quedado empequeñecido ante el empuje de cientos de millones de individuos que pueden interactuar y no se comportan como receptores pasivos de la información. Es decir informan, interaccionan, analizan, opinan – por el lado positivo – o actúan como masa apisonadora, siguiendo mantras y consignas hasta llegar a comportarse cómo juez llegando a aplicar condenas mediáticas – en el lado negativo -.

Esto último se descalifica sólo. No admite discusión alguna que las masas no razonan sino que actúan miméticamente como una manada. Bien, entonces ya sean individuos interaccionando, por un lado o masa paciendo, domeñada, dirigida o en arrolladora estampida por el otro; ambos modos influyen en lo que importa o no en cada instante en la red social. ¿Pero cuándo es masa o cuándo es un conjunto de individualidades formando un hecho social relevante? Hay una tarea ardua y de proporciones no definidas a la que se tendrá que enfrentar la moderna sociología. Suerte le deseo porque la va a necesitar.

No pretendo analizar el complejo mecanismo de las redes sociales. Sólo lo uso para entrar en un asunto de mucho más calado humano y mas importante para nosotros. Y que a mí, ahora, es el que me interesa -. Concluyo que, al fin y al cabo, internet y las redes sociales deberían ser un medio y no un fin en si mismo. Un «úsese para su propio e individual beneficio exclusivamente» no para que Ud. se convierta en esclavo de la tecnologías. Y eso daría para un análisis psicológico de patrones de conductas adictivas, ludopáticas u otras peores. La nomofobia es casi una broma al lado de las otras.

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

¿Cómo somos nosotros, de verdad, en esta nuestra época?

Así que, vayamos a lo que nos atañe, a ¿cómo actuamos y porqué? como seres humanos ante estos eventos, o más profundo si cabe ¿cómo somos nosotros, de verdad, en esta nuestra época? Podemos decir que reaccionamos al instante ante lo instantáneo, valga la reververancia; y en el transfondo de esa forma de comportarse habita el destino vano del hombre postmoderno: el deambuleo.

El tránsito de un lugar a otro no es meditado, pausado si quieren. Es el no estar más de un brevísimo instante en cada sitio como si de una inquieta y golosa mosca se tratara. Un vagabundo en su dignidad y abandono de si mismo alcanza más cordura y nobleza que el alocado itinerante que podemos llegar a ser en las interacciones vírtuales o -en toda su extensión- vitales. Porque el deambuleo ocupa todos los espacios de la vida del hombre postmoderno.

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo

Vivimos tiempos difusos, adánicos, de una primigenia hechura facilona. ¿Y esa  inextricable cosa qué es? Pues que nos implicamos en olvidar lo valioso anterior, pou un lado, porque reconocer lo anterior impide el necesario advenimiento de lo nuevo. Ocurre, por otro lado, que cuando lo nuevo es de peor catadura moral o presenta una inquietante bajura de miras, entonces lo antiguo, por muy efectivo o genial que fuera, nos resulta resabiado. Lo declaramos rancio, caduco y molesto aún en su majestuoso obrar. Esa herencia de la humanidad molesta a nuestro relativismo. Debe cambiar porque nada es eterno en la humanidad pero lo odiamos porque no sabemos lo nuevo que queremos, es decir, hacia donde dirigirnos. Lo nuevo requiere del esfuerzo ímprobo y doloroso para ser creado y no estamos por la labor porque nuestro leiv motiv es el hedonismo vital.

Nos escoramos entonces al esnobismo en lo que se dice y habla llevándolo al límite. Es que si algo no se dice por vez primera carece de valor; y lo dicho y probado antiguo ya no vale nada por ya haber sido dicho. Sucede que a estas alturas lo dicho es mucho y a lo por decir sólo le quedan matices. Entonces, si no hay nuevas singularidades humanas creadoras, sólo nos queda lo pintoresco, lo gracioso, lo ingenioso. Tristemente lo que priva hoy es la ocurrencia. Lo banal se ha instalado en nuestra época, esa futilidad rampante; siempre novedosa pero por si sola estéril, salvo por la circunstancial risa terapéutica que pueda aportar.

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

La banalidad de las masas

Esa banalidad de las masas ya la intuyó Ortega: Para el hombre moderno «vivir es no encontrar limitación alguna – nada nos limita-; por tanto, abandónese tranquilamente a sí mismo. Si, el hombre-masa ha llegado a sentirse soberano de su vida» pero no sabe que hacer con ella mientras que «el hombre-selecto o excelente está constituido por una íntima necesidad de apelar de sí mismo a una norma más allá de él, superior a él» a cuyo servicio libremente se pone. El hombre-masa no consiente la excelencia porque le recuerda que hay cosas que están por encima de sus pretensiones. Y eso es impensable para el superhombre moderno heredero del pensamiento nietzschiano.

El hombre-excelente – me tildarán de reaccionario por esto- no es soberano sino que se debe a algo más noble que él mismo; a la sociedad, a Dios, al prójimo. Sin embargo el hombre-masa nunca entenderá que pueda renunciar para servir al prójimo toda vez que ya ha obtenido su soberanía personal. No hay límites y puede hacer lo que le venga en gana salvo la ley claro, que se convierte de facto en una moral coactiva.

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo
Gerris lacustris (Zapatero)

El hombre postmoderno es esclavo de las olas mediáticas, «habla de» y «vive con» la actualidad que presentan los mass media o las redes sociales. ¡Todo lo demás es secundario! El mundo entero es ya un corral de vecinas global. A las burbujas económicas se corresponden las burbujas temáticas; y, todo lo contrario que las primeras que tardan en producirse años, las segundas se dan por miles en un mismo día. Todo se mueve por tendencias, malhallada palabreja. Y lo que hoy es noticia mañana es olvido.

Es tal la magnitud de información generada que, comparativamente hablando, nos sentimos con la memoria del mosquito para procesar lo que nos llega. Y es sabido que al bicho su memoria sólo le dura un segundo. Esa saturación de información deviene en una enfermiza necesidad de estar informado de todo lo que ocurre en cualquier momento y lugar del mundo. Y eso, aunado a la falta de criterio personal en la elección y a la manifiesta incapacidad de ser selectivo, nos lleva a tragar sin digerir todo lo que nos llega. A un rápido y espasmódico pasar las páginas.

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

Se consume vida. Se huye de las profundidades humanas.

Tal parece que se ha vivido mucho, es la sensación que queda. Cuando, en realidad, se vive con poca calidad y escasa profundidad de vida. Se consume vida, la insalubre vida del zapatero (Gerris lacustris: Foto anterior). Sito el hombre en su charca, para él inmensa, empero de escasa profundidad porque lo que hay debajo, en las profundidades vitales, le asusta sobremanera. Así que hay que transitar consumiendo vida facilona allá donde se hace pie; y eso hace el asustadizo individuo, consumir noticias y vidas de otros en vez de vivir las suyas.  

Ya está, lo dije, me ha costado como ven, es que a mí también me pasa. Declararme culpable de lesa banalidad me ha costado un mundo, pero una vez dicho el pecado dejar de cometerlo resulta más fácil. Todos, en mayor o menor medida, estamos efectados por este mal de nuestro tiempo. Es difícil escapar a un influjo tan intenso, ubícuo y omnímodo  que forma parte de nuestro cotidiano vivir (nuestra circunstancia). Como para zafarse si lo tenemos encima todo el santo día. Formalmente se es un homo espectador y se desdeña la creación y la acción; salvo en lo que a nuestras necesidades utilitarias se refiere: obtención de ingresos, el consumo y el ocio. Adviene la utilitaria Marta y se difumina la contemplativa María.

Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano». Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán».>

Lc 10,38-42
La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo
Máscaras

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

Nos basta con la apariencia, un constructo psicológico.

En lo personal, nos construimos una apariencia y residimos detrás de nuestra máscara. Ya lo hacíamos antes pero era una táctica defensiva muy evolucionada en el trato directo. Ahora la máscara responde a un arquetipo narcisista, en correspondencia a un mundo cada vez más virtual y menos relacional. Sin ese necesario contacto humano, sin esa compleja, incomparable y rica cercanía del prójimo -. ¿He dicho prójimo? ¿Y ese quién es? Nos basta con la apariencia, un constructo psicológico en el que somos vitales, hermosos, buenos, tolerantes, bellos, solidarios, proactivos, brillantes, transversales, y la culpa o el error es ajeno. En fin, toda una gran farsa, se vive una vida de mentira – he aquí el arquetipo del hombre postmoderno-. La idolatría de la vida de la que hablaba Miguel de Unamuno:  

Toma la vida en serio sin dejarte emborrachar por ella; sé su dueño y no su esclavo, porque tu vida pasa y tú te quedarás. Y no hagas caso a los paganos que te digan que tú pasas y la vida queda… ¿La vida? ¿Qué es la vida? ¿Qué es una vida que no es mía, ni tuya, ni de otro cualquiera? ¡La vida! ¡Un ídolo pagano, al que quieren que sacrifiquemos cada uno nuestra vida! Chapúzate en el dolor para curarte de su maleficio; sé serio. Alegre también; pero seriamente alegre. La seriedad es la dicha de vivir tu vida asentada sobre la pena de vivirla y con esta pena cansada. Ante la seriedad que las funde y al fundirlas las fecunda, pierden tristeza y alegría su sentido.>

¡Adentro! Miguel de Unamuno.

Hoy se instala en nuestras mentes la sensación de que se vive mejor y más intensamente pero lo cierto es que la conciencia de existir ha menguado. Lo que hacemos lo hacemos habiendo olvidado la condición humana. Es por ello que no se vive con consciencia de ser dado que nos ocultamos que llegaremos a no ser. El morir no forma parte de nuestra vida. Por ese motivo, al negar nuestro final, nuestra vida ya no es excelsis transit, no tiene sustancia. Y lo que hacemos con ella es un sinsentido – vulgare repraesentationem – la banalidad es la norma. Vivimos instalados en una gran obra de teatro, todo es interpretación, pura apariencia.  

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

De este abstruso existencial nos es muy difícil salir

De esta cosa artificial, de este abstruso existencial que nos hemos dado es muy difícil salir porque a ello nos hemos acomodado, es de una molicie insultante. No tiene compromisos ni obligaciones, es nuestro soma – la droga del Mundo Feliz -. De facto, es la negación humana. El retorno al primigenio animal que fuimos; pero sin los peligros de antaño cuando el hombre empezó a ser consciente por vez primera de si mismo. Mas ni siquiera es una regresión a la tribu que, al menos, mantendría cierta vitalidad. Al menos, habría vehemencia donde ahora sólo hay pusilanimidad,  apocamiento,  conformismo,  hedonismo y ¿cómo se dice esa palabra que rezuma muerte en vida?  ¡Ah! «Sostenible»

Un cartel de sin salida tapona el infantil tren de la bruja. Y es que esta tramposa utopía – anticipada ya por Huxley – lo tiene todo para hacernos falsamente felices y no dejarnos salir. Es un acto humano de burdo escapismo, un acto de renuncia a ser humano.

Máscaras superpuestas

En cuanto a la libertad que tanto nos costó conseguir y, ahora, mantener: El ser, no siendo, sólo se consigue durmiendo o anestesiando el ego. Y cuanto el ego reposa y no obra, entonces comienza la imposición de los egos ajenos, de las maquinarias totalitarias y se pierde la libertad. Si ya hay que luchar denodadamente para mantener la libertad conseguida imaginen lo que ocurre cuando bajamos los brazos y nos rendimos. Quizás, la expresión «servidumbre voluntaria» -obra de Étienne de La Boétie (hacia 1548)- describe mejor nuestra actual situación moral.

La vida es como montar en bicicleta, con los pies fijos a los pedales, si dejas de pedalear te caes. Y una vez subido en ella no te puedes bajar; no puedes dejar de vivir y avanzar, de crecer. bNo podemos dejar de pedalear ni como seres humanos, ni en lo social, ni en lo personal ni en lo económico. gNo crecer es la muerte en vida – ese paupérrimo y pusilánime palabro «sostenible». ¡jNo podemos permitirnos dejar de peladear!    

«Vivir es existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir» 

Gregorio Marañón

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

El hombre sin límites amenaza diluirnos en una inabarcable llanura sin horizonte y sin referencias

Ante la indolente parada, que ya parece perenne, en la estación del tren de la bruja. En la que se niega a lo anteriormente pergeñado por el hombre y su probada valía; y que lo que se nos viene – ya se veía venir desde el último cuarto del s.XX – nada más son ocurrencias, probaturas y banalidades que son meros cambios de vestido – cómo era de esperar: la apariencia -. Apariencia que sólo consigue dejar tapados con trapos vaporosos los logros que la humanidad fecundó y asimiló a lo largo de los siglos. Entonces tenemos lo conseguido pero nada mejora a ello; y sobre todo nada prepara al hombre para asimilar los profundos cambios a los que la tecnología nos conduce a vertiginoso y trepidante ritmo.

Un cambio profundo ha de llegar pero estamos en el vagón mirando el mismo paisaje estático desde hace decenios y nadie hace amago de ponerse en marcha; y si seguimos en lo banal la decadencia será la caída de hombre a estratos animalizados, hombroides. Si la tecnología tira del sumiso individuo estamos perdidos, será ya fin y no medio, y el hombre será medio no fin.  

La humanidad debe estar en permanente cambio que no en progreso, en el decir de unos, porque muchas veces se ha progresado hacia atrás en la historia. Ese cambio no parece llegar y vivimos en un impasse permanente, acaso un zugzwang, una siniestra calma chicha infecta el aire. Una incultura deprimente, en el sentido orteguiano del término, desborda los cauces de nuestro acogedor río civilizatorio. Esos cauces oradados durante siglos de crecer y mejorar, de aquél caudaloso río donde asentábamos nuestra naturaleza y nuestra calma; que nos guiaba como una luminaria; encauzados y fuertes en nuestras límitaciones.

En malhaya la hora aparecen revueltas y fangosas sus aguas, y un debordamiento impuesto por el hombre sin límites amenaza diluirnos en una inabarcable llanura sin horizonte y sin referencias. Está cediendo el asiento de nuestras creencias que son las que nos hacían sentir la seguridad del suelo estable bajo nuestros pies.

La vida secuestrada (Primera parte): El deambuleo.

FiN      

(…..continúa en La vida secuestrada II: La trampa lábil)

Escritor español Petrusvil: Japalpilpa

No tengo luces sin sombra
ni sigo renglones derechos
pero mi pulso no zozobra
en los márgenes estrechos
No vacilo en la prosa
No dudo en mis versos.

© Pedro Antonio Villegas Santos (@vilpetrus)
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