El hombre del fin del mundo en la élite

Petrusvil, escritor español.

28 de abril de 2021
Tiempo de lectura: 10 minutos
El hombre del fin del mundo en la élite

Los cientiprofetas

El hombre del fin del mundo en la élite

Recuerdan Udes. el pobre barbudo y harapiento de las películas pregonando el fin del mundo por las calles al que nadie hacía ni puñetero caso. Los hombres «sandwich-board» que deambulaban por las calles de Nueva York emparedados entre dos trozos de madera unidos por una cuerda donde escribían su proclama: «El fin del mundo está cerca». Personaje parodiado hasta por los Simpson. Estos profetas callejeros han llegado hoy a las élites que pregonan el fin del mundo junto con la omnisciente coletilla, añadida al cartel, de que ellos saben como evitarlo.

No hacía ni un cuarto de siglo que la humanidad había salido de la II Guerra Mundial y ya aparecieron los primeros profetas cientistas encabezados por el Club de Roma pregonando el fin del mundo por hecatombe demográfica.

Los llamo cientiprofetas porque fue el momento en que la ciencia encaminose por la peligrosa senda del prediccionismo en base a modelos matemáticos reduccionistas; por intentar explicar sobre un número limitado de variables la complejidad de lo inabordable. Ciertamente fue la forma de conferir credibilidad a lo que seguían siendo profecías aunque, por unos años, Nostradamus siguió teniendo más predicamento que el Club de Roma que, dicho sea de paso, quedóse en el olvido hasta hace bien poco. Sin embargo, este primer asalto cientista a la farándula adivinatoria abrió el camino al profetismo científicoide.

El denostado hombre sandwich empezaba a levantar cabeza de la mano de una nueva tipología de visionarios que, sin embargo, en esa época de esplendor humano, no fueron tomados en serio. Acabábamos de llegar a la luna y había llegado la televisión para mostrárnoslo. ¿De qué diantres hablaban estos pájaros de mal agüero?

De la contemplación del planeta visto desde la Luna surgió también la idea de fragilidad y de ella el movimiento ecologista. Pero no va por ahí mi soliloquio.

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Medio siglo vendiendo una catástrofe detrás de otra.

Sin embargo, a partir de ese momento, empezó un martilleo incesante en la prensa, un gota a gota de finales de mundo posibles. Una concatenación temporal de anuncios de catástrofes venideras que ya no cesó. Una larguísima lista nostradamense.

El hombrecito acartelado había cambiado su traje de madera por la pulpa de madera molida, el papel prensa o periódico. Naturalmente, al principio, sólo era carne de tabloides sensacionalistas pero en el transcurrir de los años llegó a infectar primero las revistas paracientíficas y luego las supuestamente científicas que se arrogaban presuntuosamente la ciencia para sí, que cayeron en el curioso arte acientífico del modelizado de futuros impredecibles pero siempre bajo el prisma tendencioso de ajustarlos a las desgracias que imaginaban.

La epidemia de profetas no tenía vuelta atrás pues llegóse a aposentar en la prensa tradicional y posteriormente inseminó profusamente los tubos catódicos – o los QLED de ahora- de aquellas novedosas ventanas de la actualidad que nos mostraban el mundo también a su peculiar y subjetiva manera: La televisión.

Sin ánimo de ser exhaustivo aquí sigue una muestra de lo que digo:

Una pequeña lista de las fallidas predicciones catastrofistas de los últimos 50 años:

1967: «Hambruna terrible para 1975»
1969: «Todos desaparecerán en una nube de vapor azul para 1989»
1970: «Edad de hielo en el año 2000»
1970: «América sufrirá racionamiento de agua en 1974
y racionamiento de alimentos en 1980″
1974: El agujero de ozono es un «gran peligro para la vida»
1980: «La lluvia ácida mata la vida en los lagos»
1988: Las Maldivas estarán bajo el agua en 30 años

1989: La subida del nivel del mar «destruirá» a la mayoría de países en el año 2000
2000: «Los niños no sabrán qué es la nieve»
2004: Gran Bretaña tendrá clima siberiano para 2020
2008: El Ártico se quedará sin hielo para 2018
2009: El Ártico se quedará sin hielo para 2014
2013: El Ártico se quedará sin hielo para 2015
2014: Tan sólo restan 500 días antes del «caos climático»

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Y para los escépticos vaya el siguiente artículo completísimo y bien documentado con artículos y portadas de periódico de las predicciones fallidas formuladas en los últimos 50 años:

(Si lo desean leer con calma, en este link.)

O este otro hilarante artículo sobre el informe de la ONU sobre cambio climático, allá por febrero de 2001 que podemos ver desde la perspectiva real e inapelable del año presente, 2021.

El caso es que, a pesar del hándicap propio de los profetas pretéritos que ha sido heredado por los modernos adivinos del futuro, como era el errar siempre en el pronóstico – no podía ser de otra manera-, la artimaña sobrevivió a pesar de la evidencia empírica constatada a lo largo de años de no acertar ni una. Y el motivo es bien sencillo, los futuros terroríficos siempre han atraído más al respetable que los utópicos. ¿Quizás sea la forma de llegar a un futuro planificado por algunos para todos a partir de infundir el terror por lo que se nos vendrá de no hacer lo que ellos dicen? Y tal parece que es lo que nos está sucediendo. Pero no nos anticipemos.

La capa de ozono y el cambio climático requirieron de la técnica de la modelización clubromanense pero ahora más teledirigida y aplicada a pronosticar futuros catastrofistas deshaciendo paulatinamente los paraísos entusiásticos que soñaron los años 60. El sistema sobrevive a base de errar y remodelizar; y volver a errar y otra vez remodelar. O, sensu contrario, «si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña» como fue cambiar el vaticinio para que se ajuste un poquito más al modelo, pasando así de «calentamiento global» al «cambio climático». O, finalmente, por el método más «preciso» de modificar los datos de partida para que el modelo prediga lo profetizado.

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La futurología por mucho que se vista de modelo, no es ciencia.

Evidentemente tal forma de proceder no es ciencia pues esta crea modelos que expliquen la realidad, sin embargo estos hombres del tabloide colgado crean modelos para explicar un futuro imaginado muy concreto; es decir nada real.

Socialmente se produjo y se produce hoy en día ese bombardeo mediático contínuo de los que se han venido a llamar «expertos». Ese modelo de adoración a una pseudociencia, dado que la ciencia no se creó para profetizar futuros sino para interpretar el presente y el pasado, y por eso esta yerra permanentemente: Es una pura profecía.

Si que puede conjeturar sobre el inicio y el fin del universo, sobre cuanto tardará en convertirse nuestro sol en una enana blanca. Mas no está a su alcance modelizar el clima de nuestro planeta, solo puede predecir el tiempo que hará y con amplios márgenes de error como cotidianamente constatamos.

Pero una cosa es predecir el clima en determinadas zonas del planeta y otra hablar de la temperatura global que no es más que constructo matemático-estadístico, una estimación en base a un convenio de parámetros. ¿Es real medir la temperatura en una localización Fregenal de la Sierra?: Si. ¿Es real «medir» la temperatura del planeta?: NO. ¿Porqué? Porque depende de los parámetros que se elijan y de como se ponderen. Y eso no es ciencia, es contabilidad.

La ciencia no conoce todavía bien los ciclos de las glaciaciones, está en ello. El estudio global del clima, que es lo que pretenden, está en pañales. No se puede modelizar porque depende de muchísimas variables y no caben todas en el modelo. Realmente lo que se nos demanda es tener una fe ciega en esa ciencia futuróloga y en lo que sus expertos digan. Expertos que no son más que humanos sometidos al vaticinio conveniente o colusorio, más que a la evidencia; condicionados por la dependencia de quién les paga el sustento. Ciertamente podríamos llamarlos los funcionarios del cientifismo profético. Esta realidad conduce ineluctablemente al ajuste de los modelos para que den el resultado deseado.

Desengáñense la ciencia no está en condiciones de predecir el futuro del clima global. Y, tal parece, que los ciclos solares, las tormentas geomagnéticas (solares), las erupciones volcánicas o la corriente de El Niño entre otras, son realmente fenómenos significativos para influir en el clima, el CO2 que emitimos desde luego que no. Siguen aquí unas cuantas incongruencias sobre el calentamiento global.

Tampoco hay consenso en la ciencia sobre el Cambio Climático. Y, por mucho que se les intente ocultar o silenciar, hay muchos científicos que discrepan de ello. Por otro lado, muchos de los que está a favor tienen las opiniones compradas por el ingente gasto público que los sostiene. Aquí tienen una lista de científicos que se oponen a la teoría del Cambio Climático con exposición de sus razones. (Wikipedia lo había descolgado y lo ha vuelto a colgar. Por si acaso, les dejo este link alternativo)

Políticos y Estados entran en escena

Algo le faltaba al catastrofismo cientificoide para alcanzar el éxito. Esto es, que los políticos y los Estados entraran al trapo cosa que no tardó en suceder. Es bien sabida la capacidad de los Estados para apropiarse de ideas que permitan su excrecencia tumoral, su crecimiento y dominación a costa de los individuos, ciudadanos los llaman. Y todavía faltaban otros actores por unirse al espectáculo de los que hablaré luego.

Por parte de los políticos un fracasado presidenciable, Al Gore, se subió al primer carro del catastrofismo futurológico: El calentamiento global. Y se hizo millonario. Su éxito significó el pistoletazo de salida para que la clase política y los Estados se fueran subiendo al carro. Se creó el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU sobre el calentamiento global. Una “gran mentira”, una gran farsa, construida sobre la manipulación de los datos de CO2 para culpabilizarr al hombre como causante de Cambio Climático. Una «estafa» que consistía en modificar los informes para eliminar cualquier evidencia de que el calentamiento se debe a procesos naturales o, incluso, que estuviera teniendo lugar.

No se creeran Udes. cómo se produjo la irrupción del Estado en la farsa. Fue una mujer conservadora, una defensora de la economía de mercado la que lanzó en los años ochenta las primeras alertas por el calentamiento global, que después Clinton llevaría a la política: Margaret Thatcher. La ilustre señora tenía su vena ecologista incorporada:

«Ninguna generación tiene el dominio absoluto sobre la Tierra y resulta absurdo pensar que los recursos del planeta son ilimitados o que no habrá costos por su uso irracional», afirmaba

Margaret Thatcher

No se pierdan un detalle de la irrupción de la Thatcher en la escena del cientismo profético, en la siguiente poblicación:

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Fue Margaret Thatcher la primera estadista en destinar fondos públicos al estudio del cambio climático y argumentaba que «la inversión destinada a combatirlos sería «dinero bien gastado» y era necesario porque «la salud de la economía y la salud de nuestro medio ambiente son totalmente dependientes el uno del otro». Conviene a estas alturas distinguir que una cosa es el respeto al medio ambiente y otra muy distinta el ideológicamente politizado Cambio Climático.

La buena conservadora no sabía lo que acababa de hacer porque inauguró el intervencionismo de los Estados en una nueva modalidad extractiva de fondos. El gasto de dinero público se disparó para sostener una pléyade de científicos «dedicados a demostrar» que el Calentamiento Global debido al hombre existía y a pregeñar protocolos (Protocolo de Kyoto), conjuntamente con los políticos, para evitar esa profetizada catástrofe. Si a uno le pagan por demostrar algo poco interés o ninguno va a tener por demostrar lo contrario. El paradigma del Estado como creador de incentivos perversos se le escapó a la bienintencionada señora Thatcher.

De cumbres «borrascosas», adolescentes y empresas.

Bien. Ya tenemos a la prensa, la televisión, los políticos, los Estados y los científicos con el cartelito colgando sobre sus hombros: «El fin del mundo está cerca y nosotros sabemos como evitarlo». Con ellos confabularon los organismos supranacionales y se crearon foros de naciones y sus cumbres para solucionar el problema inventado. Al Protocolo de Kyoto que entró en vigor el 16 de febrero de 2005. le sucedió el COP21 celebrado en París, el 12 de diciembre de 2015

Risible y muy penosa fue la instrumentalización de una adolescente con asperger; a la que sus padres le comieron el coco sobre lo malos que éramos los hombres con el planeta. La pobre Greta Thunberg despertaba más pena que otra cosa entre los adultos, salvo en los que la estaban utilizando para sus fines. Claro que era un ardid bien pensado pues, a estas alturas, toda una generación de imberbes ya había sido lobotomizada con estas ideas de que el hombre era el culpable de que el planeta estuviera gravemente enfermo. El icono mediático juvenil que nos faltaba ya estaba en órbita.

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Mientras tanto las multinacionales y las grande empresas ya habían entrado al trapo. ¡Cómo no iba a ser de otra manera! El asunto era acceder a los fondos públicos dedicados al medio ambiente, a las subvenciones y entrar en el nuevo mercado de la sostenibilidad por un lado. Y por el otro mejorar su imagen pública ya que todas, camaleónicamente, se volvieron muy verdes.

Entonces ya tenemos a la prensa, la televisión, los políticos, los Estados, los científicos, las empresas y la juventud con el cartelito colgando sobre sus hombros: «El fin del mundo está cerca y nosotros sabemos como evitarlo«.

La agenda 2030

La parasitación sostenible futuróloga ha alcanzado su cenit con la Agenda 2030 que salvará al hombre de sus pecados y lo elevara al cielo de lo sostenible o, más bien, al infierno puesto que pararnos en seco no es más que morirse en vida. Ahora bien, se nos está vendiendo como la panacea para la humanidad que librará al hombre de sí mismo.

Conclusión

El mundo lleva medio siglo (1970) hablando de calentamiento global, cambio climático y hasta de una nueva era glacial, en todo este tiempo ninguna de las predicciones se ha cumplido. En medio siglo la idea del hombre capaz de mejorar el mundo y de conseguir las más altas cotas imaginadas que la humanidad pudiera alcanzar ha transmutado al mito del hombre destructor y malsano. Sean conscientes de que estamos ya parasitados por una idea destructiva.

Como acaban de ver el hombre del fin del mundo ya está en la élite. Aquel pobre barbudo y harapiento de las películas pregonando el fin del mundo por las calles al que nadie hacía ni puñetero caso, ya está en la cima del orbe. Les recomiendo que cada vez que vean a personajes con el pin de la Agenda 2030 se lo imaginen como a aquel pobre barbudo y harapiento con su cartel: «El fin del mundo está cerca y yo sé como evitarlo». Véanlos como lo que son cientiprofetas del absurdo y, por su salud mental, física y económica, ríanse a carcajadas de ellos.

Aquí tienen un excelente artículo sobre ello: El gran cuento ‘verde’: ni ecologismo, ni consenso científico ni emergencia climática,

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FiN

Escritor español Petrusvil: Japalpilpa

No tengo luces sin sombra
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El Plan para un nuevo orden mundial totalitario

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Autor: Pedro Antonio Villegas Santos

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