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La unidad interior – François Mauriac

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
24/12/2021
Tiempo de lectura 1 minutos.
La unidad interior - François Mauriac

François Mauriac (Burdeos, 11/X/1885-París, 1/IX/1970) Periodista, crítico y escritor francés. Ganador del premio Nobel de literatura en 1952, fue uno de los más grandes escritores católicos del siglo XX. ( La unidad interior – François Mauriac )


Detrás de la novela más objetiva, si se trata de una obra bella, de una gran obra, se disimula siempre este drama vivido por el novelista, esta lucha individual con sus demonios y sus esfinges. Pero acaso el triunfo del genio sea precisamente que este drama personal no se traicione al exterior.

La famosa frase de Flaubert: «Mme. Bovary soy yo mismo», es muy comprensible; tan sólo hay que tomar el tiempo necesario para reflexionar sobre ello, por la poca analogía que parece haber entre este libro y su autor. Madame Bovary es una obra maestra, es decir, una obra que forma bloque y se impone como un todo, como un mundo separado de su creador, Proporcionalmente a la imperfección de nuestra obra, a través de las grietas se traiciona el alma atormentada de su miserable autor.

Sin embargo, valen más estos semi-triunfos en los que el genio no ha podido obtener esta síntesis del autor y su obra, que las producciones construidas desde el exterior y a fuerza de habilidad por un escritor sin alma o por un escritor que no quiere, que no osa o que no puede entregarse por entero a su obra.

Cuántas veces, leyendo ciertos libros o siguiendo el desarrollo de una obra, se sienten deseos de gritarle al autor: ¡Abandonaos, sacrificaos, no calculéis, no os reservéis, no penséis en el público, ni en el dinero, ni en los honores!…

La unidad interior – François Mauriac

Hay que perdonar muchas cosas al novelista por los peligros a que se expone. Porque escribir novelas no es un trabajo descansado.

Recuerdo el título de un libro: “L’Homme qui a perdu son Moi” (El Hombre que se perdió a sí mismo). Pues bien, es la personalidad misma del novelista, es su «yo», lo que a cada instante entra en juego. De la misma manera que el radiólogo tiene su carne amenazada, el novelista lo está en la unidad misma de su persona. Representa a todos los personajes, se transforma en demonio o en ángel. Va lejos, en imaginación, en la santidad o en la infamia. Pero ¿qué queda de él después de sus múltiples y contradictorias encarnaciones?

El dios Proteo que cambia de forma a voluntad, no es, nadie, en realidad, puesto que es todo el mundo. Por esto el novelista necesita, más que nadie en el mundo, una certidumbre. A esta fuerza de disgregación que obra sobre él sin descanso decimos sin descanso porque un novelista no cesa nunca de trabajar, y menos aún cuando se le ve descansar-, a esta fuerza de disgregación es necesario que le oponga una fuerza más potente, es necesario que reconstruya su unidad, que ordene sus múltiples contradicciones en torno a una roca inmutable; que las potencias opuestas de su ser cristalicen alrededor de Aquel que no cambia.

Dividido contra sí mismo, y por ello condenado a perecer, el novelista no se salva más que en la Unidad, no se encuentra a sí mismo más que cuando encuentra a Dios.

La unidad interior – François Mauriac

FiN

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