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La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Escritor Español Petrusvil

24/09/2021
Tiempo de lectura 18 minutos.
La tumba de Tutankamon

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La tumba de Tutankamon

Tabla de contenidos

La excepcional batalla por la conquista de las ciudades de Tenochtitlán y Tlatelolco no tiene parangón ni semejanza alguna con nada de lo que sucediera en infinidad de batallas. En esta no existían frentes, posiciones claves ni objetivos definidos que ganar. Era una guerra en modo total, de día y de noche, en la tierra y en el agua, casa por casa, templo por templo, sin cuartel. A veces los asaltantes podían ocupar media ciudad para, seguidamente, perderla y tener que retroceder. (La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III)

Prácticamente hasta el final, y tras un sitio que duró 90 días, los aztecas no dieron la batalla por perdida y el arrojo con que ambos bandos combatieron quedó plenamente plasmado en las crónicas y relaciones que tratan sobre estos acontecimientos. Es una de las más grandes batallas de la historia. La caída de Tenochtitlán marca el inicio de una nueva era, de un nuevo mundo.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Preliminares y la viruela

Cortés permaneció en tierra tlaxcalteca seis meses después de la «Noche triste»; preparando minuciosamente el ataque definitivo a la ciudad de Tenochtitlan. Reagrupó sus contingentes en Texcoco y sitio a la ciudad. Pero pronto comprendió que tendría que tomar la ciudad atacando desde el agua con bergantines; apoderándose de las calzadas y demoliendo e incendiándo casa por casa según avanzaba para no dejar reductos a los aztecas desde donde atacarán por la retaguardia.

El nuevo soberano, Cuauhtémoc (el águila que cae), era un joven de 22 años que defendió la ciudad durante 93 días. El anterior, que había sustituido a Moctezuma, Cuitláhuac, había muerto a los cuatro meses de viruela, enfermedad que ya hacía estragos en muchos pueblos de la zona.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Para comprender la complejidad de la toma de Tenochtitlán hay que conocer la estructura de la ciudad.

Para comprender la complejidad de la toma de Tenochtitlán hay que conocer la estructura de la ciudad. Estaba construida sobre una isla rocosa del lago Texcoco sobre la cual se edificaron los templos y los edificios públicos más importantes. La ciudad, fue fundada por el rey Tenoch en 1325, y fue construida sobre terrenos pantanosos.

A comienzos del siglo XVI, ocupaba aproximadamente 10 km cuadrados. En cada barrio había grupos de casas llamados Calpulli, que disponían de su templo propio, escuela y alcalde. Aproximadamente, unas 250.000 personas vivían en la capital azteca.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Sistemas hidráulicos

El entorno lacustre necesitó de sistemas hidráulicos para evitar que la ciudad se anegara con aguas salobres; y se abasteciera de agua dulce; así como para los cultivos y de canales para la propia circulación dentro de la ciudad. La inmensa urbe requirió complejos agrícolas; este tipo de estructuras eran las chinampas (islas artificiales en el medio del lago sustentadas con pilotes y gruesas capas de tierra). Las chinampas se conectaban a través de los canales con los grandes mercados y otras zonas de navegación. Los aztecas idearon sistemas de riego mediante canales, presas, diques, compuertas y depósitos donde almacenaban el agua de la lluvia.

Calzadas y cimientos

Conectaron la ciudad con la tierra firme mediante calzadas que se plantaban en el fondo lago con pilotes de madera, rellenando con tierra y roca volcánica para sujetarlos.

Sobre estas plataformas se construían las edificaciones y las principales calzadas en las que se instalaban puentes móviles de madera. Se construían tramos rectangulares con espacios para permitir el paso de canoas en los canales. Y entre los tramos se colocaban plataformas de madera que eran elevadas en caso de que el paso de una embarcación lo requiriera.

Estas plataformas constituían además una defensa por interrumpir el paso por las calzadas haciendo de barrera que protegía a los que estaban al otro lado. Las torres que elevaban el puente estaban dispuestas siempre del lado de la ciudad para evitar que el enemigo las usara en su contra.

Del mismo modo que construían las calzadas, se desarrollaban los cimientos para las edificaciones; entre las cuales se encontraban, los templos, plazas, casas y espacios urbanos en general.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Abastecimiento de agua y diques

Para solucionar el abastecimiento de agua el emperador Nezahual mandó construir los acueductos de Tenochtitlán. Destacando el acueducto de Huitzilopochco (Churubusco) construido por Ahuizotl para abastecer de agua dulce a la ciudad por la calzada de Ixtapalapa.

Los diques creaban una zona de seguridad alrededor de la ciudad. Muros de piedra y argamasa para contener o separar las aguas salobres y dulces; con un grosor de ocho metros de ancho; y una altura desde el fondo del lago de tres metros y medio. El dique tenía compuertas para permitir el paso del agua y de las canoas.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Primera parte de la épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

El asedio

Hernán Cortés y sus hombres, tiempo después de recuperarse en Tlaxcala (8 de julio de 1520) de la Noche Triste, iniciaron la conquista de México-Tenochtitlan. Para ello, Cortés disponía de 600 soldados españoles y, según sus escritos, unos 75.000 aliados locales. Se detuvieron en Texcoco y desde ahí planearon el ataque; fueron por Cuauhtitlán hasta Tacuba, y allí se dividieron en grupos para rodear la ciudad: Pedro de Alvarado se fue por el camino de Tacuba a Tlatelolco y Hernán Cortés por el camino que va de Coyoacán a México. iEn las primeras batallas de Nonoalco y Acachinanco los mexicas resistieron muy bien los ataques.

Cortés era consciente de que, pese a la inferioridad tecnológica y militar de los mexicas, estarían muy bien protegidos por la laguna; y la infinidad de canales entre las chinampas, que servirían como fosos. Es por ello que la solución militar era imponer un sitio en regla; aunque éste sería muy diferente del esperado. Se trataba de bloquear las salidas de la ciudad desde tierra firme y cortar el suministro de agua del acueducto de Huitzilopochco (Churubusco). Cortar el acceso al acueducto obligó a los defensores a beber agua del lago, lo cual desató las epidemias en la ciudad.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Los bergantines:

Decidieron, entonces, comenzar los ataques por agua. Los españoles dedicaron medio año a los preparativos de una operación naval para la que carecían de medios. Cortés había mandado construir 13 bergantines en Tlaxcala al sevillano Martín López que los construyó con la colaboración de los tlaxcaltecas, que también aportaron una innumerable flota de canoas. Sus aliados indígenas transportaron los bergantines por piezas hasta Texcoco en donde los armaron.

Y con ellos comenzaron los ataques en Acachinanco; pusieron sus banderas, tocaron los tambores y atacaron a los mexicas que tenían sus casas en el agua. Por el lado de Tlatelolco también se inició la guerra en el agua, los tlatelolcas luchaban en sus canoas; mientras los españoles reventaban los muros de las acequias con la artillería, abriéndose camino hasta Huitzilan. Al derribar los muros, los aliados indígenas llenaron de piedras y maderos la acequia para poder entrar a pie en la ciudad.

Gracias a la derrota de las canoas aztecas la escuadra de bergantines llegó hasta el gran dique de Nezahualcóyotl, que estaba roto e inutilizado. Tiene una gran brecha que abrieron los propios mexicas cuando trataban de combatir a Cortés en Iztapalapa. Ahora los navíos españoles pueden atravesarlo sin dificultades y acercarse a las calzadas que permitían el acceso al centro de la ciudad.

Cortés estableció tres reales (campamentos militares) que bloquearán México desde las calzadas durante tres meses. El campamento de Cortés en la calzada de Iztapalapa, el de Alvarado en la de Tacuba y el de Sandoval en la de Tepeyac. Olid estaría en Coyoacán reforzando continuamente el campamento de Cortés a través de la calzada. Al mismo tiempo los bergantines vigilarían que ninguna canoa escapara para conseguir aprovisionamiento y, como ofensiva, se introducirían por los canales para atacar la parte residencial de la ciudad.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

El avance por tierra:

El siguiente paso para alcanzar las ciudades de Tlatelolco y Tenochtitlán dentro de la isla es tomar las calzadas que las unen a tierra firme. Se combate con gran fiereza en las calzadas, siendo los españoles permanentemente atacados por las canoas indias. Por ello hasta que los bergantines no logran acceder a ambos lados de las calzadas no hay ninguna posibilidad de someterlas. Los bergantines limpian de canoas y bajeles aztecas ambos lados y;,al tiempo, protegen y apoyan a los que avanzan a pie.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

El combate dentro de la ciudad:

Se inicia ahora una forma de combate para la que los soldados españoles y sus aliados indios no están preparados. Por la configuración de la ciudad surcada de canales, la forma más segura de avanzar es siguiendo las grandes calzadas que se dirigen a la Plaza Mayor. Sin embargo, estas – como ya he explicado antes- se encuentran interrumpidas por fosos y puentes; defendidos por empalizadas y por un gentío que desde las casas y las azoteas dispara todo tipo de proyectiles contra los invasores. Cortés, en su empuje, llegará varias veces a la plaza del Templo Mayor, la primera vez el 10 de junio,;para retroceder seguidamente ante la imposibilidad de afianzarse sobre un terreno plagado de fuertes posiciones defensivas, repletas de innumerables e incansables guerreros mexicas.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Avance concéntrico:

Así que Cortés decide realizar ataques combinados por tres calzadas diferentes a la vez. Uno a sus órdenes y los otros dos al mando de Alvarado y Sandoval. Pero las columnas que atacan la ciudad por las diferentes calzadas se encuentran todas con el mismo problema. Avance muy lento, una lucha agotadora sin tregua, y el constante temor a ser rodeados durante los ataques y la imposibilidad de mantener el territorio ganado al termino de la jornada por falta de tropas y agotamiento.

Destrucción de las riberas:

Los mexicas tratan de combatir en el lago, infinidad de canoas acosan continuamente las posiciones de los asaltantes. Así que a Cortés no le quedó más remedio que ordenar la metódica destrucción de los refugios ribereños de estas embarcaciones, prendiendo fuego a buena parte del perímetro lacustre de Tenochtitlán y Tlatelolco.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Guerra total para ganar posiciones:

El príncipe texcocano Ixtlilxóchitl da la idea a Cortés de como asegurar un terreno que está continuamente cambiando de manos. Hay que arrasar todas las casas y edificaciones para nivelar el terreno con los escombros; cegando canales y trincheras, derrumbando posibles posiciones fuertes del enemigo. De esta manera se abría el terreno para el libre desenvolvimiento de la caballería y la infantería. Cortés empleará miles de gastadores tlaxcaltecas en una tarea que detesta ya que su mayor deseo era conservar lo más posible la majestuosidad de la ciudad para el rey de España, pero con el tipo de guerra con la que se encuentra la pérdida resultó inevitable.

A hierro y fuego:

Tras su experiencia y la dificultad de la lucha en el centro de Tenochtitlán, por la densidad y fortaleza de las edificaciones del lugar. Cortés envía por los grandes canales bergantines que, adentrándose tras las lineas mexicas, alcanzan alguno de los edificios de mayor importancia estratégica con el objeto de destruirlos. Así sucede, por ejemplo, con el gran palacio de Axayácati o la espléndida Casa de las Aves de Moctezuma, que caen presa de las llamas.

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Tácticas de combate:

Los aliados de Cortés combaten en masa y en vanguardia. Su función es desgastar a los aztecas, debilitándoles antes de que entren en combate con los soldados españoles. Si las cosas se ponen feas y los aliados retroceden son apartados y enviados a la retaguardia. Cuando los españoles van a la lucha, al choque cuerpo a cuerpo no quieren tener cerca a unos guerreros que no están acostumbrados a su forma de combatir y por ello les molestan más que ayudan.

Avance consolidado:

Tras destruir metódicamente todo el espacio que rodea las vías de acceso a la plaza del recinto sagrado, a partir del 20 de junio Cortés ya puede avanzar cada día hasta la plaza mayor e incluso sobrepasarla, manteniendo su campamento sobre la calzada en el lago. El día 23 cuando vuelve a avanzar, descubre que los mexicas se han replegado abandonando la defensa del camino que lleva a la plaza mayor. Ahora puede volcarse en lograr el contacto con la columna de Alvarado que presiona desde la calzada de Tlacopan.

Para entonces el asedio llevaba ya casi dos meses y la situación de los españoles, pese a haber vencido en la mayoría de las “entradas”, era ya de cansancio y hastío al tener que repetir la misma maniobra día tras día: Avanzar cegando con escombro los canales que cruzaban las calzadas, atacar con caballería e infantería y luego retroceder a los campamentos. Esa era la estrategia de Cortés; la de los mexicas era la contraparte: en la noche retiraban el escombro para que los canales sirvieran de pequeños fosos y reconstruían en lo posible los parapetos desde donde atacaban a los españoles. Todo esto cada día sin solución de continuidad.

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Calzada de Tlacopan

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Tlatelolco:

Hacia finales de junio de 1521 el asedio de México por las tropas de Cortés había sido devastador y Tenochtitlan estaba prácticamente en poder de los españoles. Los mexicas, sabiendo que ésta ciudad meridional ya era indefendible, se habían reagrupado en la ciudad de Tlatelolco -al otro lado de la acequia de Tezontle-, desde donde el tlahtohuani Cuauhtémoc organizó la resistencia. El urbanismo de Tlatelolco no esta tan desarrollado como el de Tenochtitlán, lo que va a ralentizar y dificultar aun más si cabe el avance de los atacantes. En esta lucha los tlatelolcas se distinguieron en evitar el avance de las columnas de españoles y de los pueblos indígenas aliados que querían llegar por la calzada de Tlacolpan y la del Tepeyac.

Debido a este avance tan lento, la desesperación de los españoles se hizo evidente y en junio de 1521 exigieron a Cortés un ataque masivo y brutal contra Tlatelolco. Cortés prefería seguir con esa misma estrategia que, aunque lenta y laboriosa, había demostrado ser eficaz en la toma de Tenochtitlan. No obstante la presión fue tal que el día 30 de junio (aniversario de la Noche Triste) el tesorero Julián de Alderete, el oficial real que acompañaba al extremeño en el asedio, logró convencerlo de efectuar un ataque general a Tlatelolco.

La decisión de atacar Tlatelolco fue muy discutida. Algunos se mostraron partidarios de seguir demoliendo e incendiando casas. El recuerdo de la Noche Triste pesaba en el ánimo de muchos. Pese a las reticencias, se optó por entrar para ganar su gran centro ceremonial.

Cortés, lanza entonces un ataque en masa sobre Tlatelolco y sufre su mas duro revés, y casi pierde la vida. Después de la debacle, durante cuatro días los españoles permanecen en sus campamentos recuperándose de la cruenta derrota.

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Segunda parte de la épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

El fracaso de Tlatelolco

La operación, una vez escuchada la misa diaria, consistía en un ataque simultáneo desde los tres campamentos castellanos —el de Cortés, el de Pedro de Alvarado y el de Gonzalo de Sandoval— con objeto de tomar el gran mercado de Tlatelolco. Cuando se perseguía al enemigo y la victoria parecía cercana, las tropas camufladas del tlatoani Cuauhtémoc contraatacaron en una calle estrecha y medio inundada, sorprendiendo a los hombres del de Medellín, que huyeron a la desesperada. Algunos españoles y aliados indígenas empezaron a ser capturados.

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Cortés herido y apresado

Los mexicas llegaron a tener preso y herido en una pierna al propio Cortés durante unos instantes dramáticos, hasta que apareció para salvarle el capitán Cristóbal de Olea quien mató a estocadas a cuatro de los captores cuando ya lo arrastraban – ayudado por Hernando de Lerma, que recibió una lanzada en la garganta, y un indio llamado Bautista -. Entre todos lograron liberar a Cortés, si bien, Olea pagó con su vida su heroica acción. Tenía a la sazón, tan solo, veintiséis años.

Según los cronistas, medio centenar de castellanos murieron en los combates. Los que fueron capturados, fueron sacrificados en ceremonias nocturnas, con grandes fuegos, gritos y tañer de tambores. Les sacaron los corazones y clavaron sus cabezas en picas delante del templo de Mumuzco. Los escuadrones aztecas, en medio de su ensordecedor griterío, lanzaban las ensangrentadas cabezas de los que habían sacrificado a los españoles.

Pese a la fe que la tropa, salvo excepciones, siempre tuvo en Cortés –»pusiéramos la vida por él», dice Bernal-, la inquietud hizo presa en la columna de Alvarado, pues no tenían noticias de él ni de Sandoval. La situación era crítica y aun más cuando se vio cómo uno de los bergantines fue asaltado por los mexicas, que no se hicieron con él gracias a la reacción de Juan Jaramillo. La flota española también estaba seriamente amenazada.

Dos bergantines que aguardaban en la calzada de Tenayuca, entraron por un canal de agua hasta cerca del templo. En su avance, el de Flores quedó atrapado en una calle, desde donde pudo ver el sacrificio de algunos compañeros. En plena refriega, los mexicas les arrojaron unas calzas y un jubón. La otra nave en la que iba Juan de Limpias, que en aquel trance perdió el oído, también pasó por serias dificultades y sólo pudo salvarse gracias al esfuerzo titánico de sus remeros, que consiguieron impulsar el barco con tanta fuerza, como para romper la estacada en la que estaban atrapados.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

De los tres ataques coordinados sólo a Sandoval parecía irle bien

Si las filas de Cortés y Alvarado andaban muy castigadas, la situación de Sandoval era diferente, pues había sido capaz de ganar algunas calles. Por ello, asediado Cortés, los mexicas se lanzaron en pos del joven capitán, al que infringieron tres heridas en el muslo, la cabeza y el brazo izquierdo. También le mataron a seis sus hombres e hirieron a muchos. Una vez más los mexicas les lanzaron seis cabezas diciendo que pertenecían a Cortés, Alvarado y otros capitanes.

La macabra escena no erosionó el ánimo de los de Sandoval, que continuaron peleando bravíamente, poniendo cuidado en mantener el orden, puesto que de él dependía su supervivencia. Para evitar el colapso de la vía, Sandoval ordenó a los tlaxcaltecas que salieran de la calzada. Así pudo regresar a su campamento protegido por los dos bergantines y el fuego de los escopeteros. Roto el cerco, y escoltado por dos de sus hombres, galopó hasta llegar a la posición de Cortés.

Sosegados los ánimos, desde aquel enclave, Sandoval y Francisco de Lugo fueron enviados en ayuda de Alvarado. Los indígenas contraatacaron bien e hicieron encallar un bergantín. Metidos en el agua hasta la cintura, Bernal, junto a diez compañeros, trataba de impedir la captura de la embarcación. Coordinados con los de las canoas, los guerreros mexicas, que hirieron en la cara a Sandoval de una pedrada, seguían batallando con fiereza desde tierra.

Ante lo delicado de la situación, era obligado retirarse. Repitiendo una acción casi mecánica, los tlaxcaltecas abandonaron la calzada, momento en el cual los españoles, cubiertos por la artillería del bachiller Pedro Moreno Medrano y por los escopeteros y ballesteros, asistidos por otros que cebaban sus armas, retrocedieron, sin perderle la cara a los enemigos. Temiendo perder los caballos, Sandoval se abrió paso entre la infantería siendo herido nuevamente.

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Compatriotas sacrificados en el teocali

Ya seguros en el campamento de Tacuba, en la oscuridad de la noche vieron cómo sacrificaban a sus compañeros. Nadie mejor que Bernal Díaz Del Castillo para transmitir la turbación y la impotencia que provocaron aquellas escenas:

« y tornó a sonar el atambor muy doloroso de Huichilobos, y otros muchos caracoles y cornetas y otras como trompas, y todo el sonido de ellas era espantable. […] vimos que llevaban por fuerza las gradas arriba a nuestros compañeros […] que los llevaban a sacrificar. jY desque ya los tuvieron arriba en una placeta que se hacía en el adoratorio donde estaban sus malditos ídolos, vimos que a muchos de ellos les ponían plumajes en las cabezas y con unos como aventadores les hacían bailar delante del Huichilobos; ly desque habían bailado, luego les ponían de espaldas encima de unas piedras algo delgadas que tenían hechas para sacrificar y con unos navajones de pedernal los aserraban por los pechos y les sacaban los corazones bullendo y se los ofrescían a los ídolos que allí presentes tenían, y lo cuerpos dábanles con los pies por las gradas abajo».

j[…] « Y estaban aguardando abajo otros indios carniceros, que les cortaban los brazos y pies y las caras desollaban, y las adobaron después como cuero de guantes, y con sus barbas las guardaban para hacer fiestas con ellas cuando hacían borracheras, y se comían las carnes con chilmole. Y desta manera sacrificaron todos los demás y les comieron las piernas y brazos, y los corazones y sangre ofrescían a sus ídolos, como dicho tengo; y los cuerpos, que eran las barrigas e tripas», echaban a las alimañas que tenían en las casas ».

Las cabezas de los soldados, y también las de los caballos, fueron incorporadas al macabro andamiaje del tzompantli. Después de eso los mexicas vovieron a atacar, amenazando a los soldados que ellos serían los proximos en el altar de Huitzilopochtli. Para aumentar el espanto, varias piernas y brazos fueron lanzados a los tlaxcaltecas

Fortalecido por la victoria de Tlatelolco, Cuauhtémoc intentó contragolpear. Para ello era preciso recuperar la confianza de los pueblos circundantes, a los que envió pies, manos y rostros de los barbudos, como prueba de que podían ser vencidos.

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Era preciso volver a la táctica original

Mientras Cortés trataba de reestructurar su ejército, cuenta Bernal, que no pudo reprimir las lágrimas. Cortés, que hubiera querido entregar la joya del imperio mexica, Tenochtitlan, al emperador Carlos, sabía que la victoria se haría a costa de la destrucción total de la ciudad y de gran parte de sus habitantes.

Era preciso cambiar de táctica, o más bien volver a la original que tanto éxito le había dado a Cortés en la toma de Tenochtitlán. por lo que se determinó que la ciudad debía ser definitivamente asolada. A partir de entonces comenzó el derrumbe sistemático de los edificios. Mientras se preparaba la ofensiva, al puerto de Veracruz llegó un barco perteneciente a la expedición de Juan Ponce de León, procedente de la Florida, con gran cantidad de pólvora y ballestas, que pronto llegaron a la ciudad. Viéndose tan fortalecido, Cortés hizo un último intento de pactar con Cuauhtémoc, a quien mandó llamar. Después de una larga espera, el huey tlatoani no compareció.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Se renueva la lucha:

Va a costar lo mismo la conquista de Tlatelolco que la de Tenochtitlán, y eso combatiendo contra un enemigo bastante debilitado y agotado, pero que pese a todo presenta una resistencia sobrehumana. El 17 de julio ya arde el templo que domina la plaza de Tlatelolco y ondea el estandarte de Cortés sobre el. Alvarado ha llegado al centro de la ciudad y lucha por conservarla. Densos grupos de guerreros mexicas, hombres y mujeres, luchan a muerte. Pasan los días y con ellos se va cerrando el cerco sobre las ultimas posiciones de los defensores.

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No hay cuartel, dia a dia se batalla encarnizadamente:

Durante la última fase de la batalla. Cortés sitúa su puesto de mando sobre la azotea de una casa de este distrito y subido al Templo Mayor, contempló cómo los gastadores continuaban echando abajo las casas, mientras los soldados batallaban. Desde allí podía dirigir las operaciones, al tiempo que se hacía visible para amedrentar a sus enemigos. Las entradas en la ciudad se sucedieron durante cinco o seis días y en cada incursión, la infantería se retraía y permitía que los jinetes alancearan a los enemigos en los espacios abiertos.

Después de aquellas jornadas, Cortés envió a Sandoval al campamento de Alvarado para solicitar quince de a caballo. Con aquellos jinetes y otros veinticinco procedentes de Coyoacán, atacó a la mañana siguiente. El golpe debía ser secundado por todos la infantería y los bergantines. Así se hizo. Cortés, que volvió a situarse en lo alto del templo, escondió a treinta caballeros en unas grandes casas próximas al centro ceremonial, e hizo entrar en la ciudad al resto de su fuerza. Simulando una retirada, la infantería atrajo a los mexicas hasta el punto acordado. A la señal de un tiro de escopeta y el grito de «¡Santiago!», los españoles contragolpearon, dejando sobre la plaza más de quinientos muertos.

Hambre y epidemias

A medida que avanza la lucha, que los barrios son conquistados, los españoles encuentran muchos cadáveres, flotando sobre los canales, dentro de las casas o en las calles, tantos que la epidemia que se provocó terminó con la vida de 40.000 aztecas más. El hambre y las enfermedades diezmaban a una población llevada al extremo.

En vista de esta situación los españoles reanudaron sus acometidas. En esta ocasión, Cortés confesó que quiso hacer todo el daño posible con el objetivo de obtener la rendición, cuando en otras muchas ocasiones había manifestado su pesar por el alto coste del asedio. Al alba, los bergantines zarparon. El capitán, con quince jinetes y buen número de peones e indios, entró en la ciudad en cuanto recibió la señal de los espías que había enviado por delante. El ataque se hizo sobre mujeres y niños que salían a buscar de comer. Aquel día murieron ochocientas personas y otras muchas fueron hechas prisioneras.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

La caída final de la capital mexica

Un día después se tomó la calzada de Tacuba en su totalidad. Alvarado y Cortés ya estaban conectados por tierra sin necesidad de dar rodeos. Los mexicas quedaron confinados en una cuarta parte de la superficie de Tenochtitlan.

El día de Santiago se lanzó un nuevo ataque, en el que, sin embargo, no se pudo dejar cegada una gran zanja tomada por los soldados. A la mañana siguiente se logró, si bien, lo que pudieron contemplar cuando la dejaron atrás, les causó gran espanto. Se trataba de un tzomplantli en el que estaban ensartadas las cabezas de sus compañeros y las de algunos caballos. Días más tarde, aquellos restos fueron cristianamente enterrados en un lugar en el que posteriormente se alzó la iglesia de los Mártires.

Cortés lo intentó varias veces más pero Cuauhtémoc se negaba a parlamentar. Por lo que llamó a Alvarado y a los aliados para un nuevo ataque. Simultáneamente, Sandoval entró con los bergantines por la retaguardia del lugar en el que estaban confinados los últimos resistentes de Cuauhtémoc, que se hacinaban dentro de una atmósfera cargada por el hedor de los cadáveres. Al decir de Cortés, el ataque causó cuarenta mil bajas más.

A la mañana siguiente se hizo otra entrada, en la cual se emplearon tres cañones. Sandoval volvió a navegar igual que el día anterior. Una vez más, un disparo de escopeta sería la señal para acometer. La intención era echar a los enemigos al agua, quedando a merced de los bergantines. Cortés dijo que quería vivo a Cuauhtémoc, pues así terminaría la guerra. En un último intento de encontrar un final pacífico, se subió a una azotea y, por medio de algunos señores que conocía, trató de enviar un último mensaje a Cuauhtémoc. Al rato, los emisarios regresaron acompañados por el jefe militar de los mexicas que, pese a la insistencia del español, se negó a aceptar la rendición. Cortés les dejó marchar.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

El 13 de agosto de 1521 una escuadra de bergantines al mando de Gonzalo de Sandoval arremetió «con gran furia» contra cincuenta grandes piraguas y canoas en las que el emperador Cuauhtémoc intentaba fugarse de Tenochtitlan. En medio de una nube de flechas, uno de los bergantines alcanzó a los bajeles aztecas, y los que apuntó con sus escopetas y ballestas. Cuauhtémoc, atemorizado, reclamó: «No me tire, que yo soy el rey de esta ciudad». La conquista de México había empezado sobre la cubierta de un navío y había terminado sobre la de otro.

Reanudadas las hostilidades, los españoles dispararon la artillería al atardecer. La estampida en dirección a las canoas fue seguida por la acción de los bergantines. Entre los que huían iba Cuauhtémoc que se embarcó junto a su familia y algunos tesoros, acaso por su connotación religiosa. Descubierta la maniobra, la flota española comenzó a perseguir a las piraguas.

Fue al capitán García de Holguín a quien le cupo el honor de prender a Cuauhtémoc. Cortés contó cómo ese capitán le trajo a Cuauhtémoc hasta la azotea desde la que había dirigido las maniobras. Una vez allí, le hizo sentar a su lado. El mexica, ricamente ataviado, colocó su mano sobre el puñal que Cortés llevaba en la cintura y le rogó que le matase. Cortés le consoló. Era el trece de agosto de 1521, día de san Hipólito. Bajo la tormenta, la ciudad quedó por fin en silencio.

Reconstrucción virtual de Tenochtitlán y narración de la batalla

No se lo pierdan. Es una maravilla visual.

La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

Completa cronología de la vida y hechos de Hernán Cortés

Aquí tienen una completísima y bien representada a través de una línea de tiempo Cronología de Hernán Cortés (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

Biografía de Hernán Cortés

Un acercamiento a la biografía de Hernán Cortés (1485-1547) (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

Y aquí acaba la trilogía sobre Hernán Cortés y la conquista de México. Espero la hallan disfrutado.

(FiN) La épica batalla por Tenochtitlán – Hernán Cortés III

FiN

El tesoro de Moctezuma – Hernán Cortés I

Narváez la Noche Triste y la batalla de Otumba – Hernán Cortés II

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