
Tabla de contenidos
- El fraude de la civilización “judeocristiana”
- ‘El mito de la tradición judeocristiana’ (Cohen 1971)
- Un poco de historia del término judeo-cristiano
- El arte de la persuasión ha desplazado a la verdad.
- Los políticos apelan a la tradición judeo-cristiana, pero los eruditos religiosos dicen que no existe
- ¿Hay algo de verdad en el término “judeo-cristiano”?
- La confusión sobre el origen del judaísmo rabínico y el cristianismo es la raíz del mito judeo-cristiano
- Jesucristo y los Fariseos: Hebreismo (la Biblia) y Judaísmo (El Talmud)
- Definiendo a la cristiandad: Justino Mártir
- El fraude y conclusión final
- (FiN) El fraude de la civilización “judeocristiana”
El fraude de la civilización “judeocristiana”
Están los políticos dale que dale con lo de la tradición o la civilización ‘judeocristiana’, y eso no existe. Es un fraude. En Occidente es civilización cristiana a secas, que parece que les cuesta pronunciarlo, y, todo lo más, con fuertes influencias grecorromanas. El judaísmo no pinta nada en nuestra civilización cristiana. El judaísmo no ha aportado nada a nuestra civilización más que lo convenientemente circunstancial de que Cristo naciera en Judea, como predijeron los profetas hebreos, que no talmúdicos (Fariseos). La Iglesia es Católica, Apostólica y Romana (no judía) y Universal, no es «nacional» (Israel, Estado Judío); y tiene sus nexos entre el Nuevo Testamento y la Biblia hebrea (Antiguo Testamento) no con el judaísmo talmúdico de entonces y de nuestros días. (El fraude de la civilización “judeocristiana”)
El cristianismo su nutrió del mensaje de Jesús como Hijo de Dios, no como judío (Talmud) síno como hebreo (Biblia). [De forma que conecta la Biblia y el Nuevo Testamento]. Y recibió mucho de la filosofía griega y de la res romana que fue la vía por la que se expandió a Occidente al convertirse el emperador romano de la época: Constantino. El término judeo-cristiano es una interesada politización ampliamente utilizada a partir de mediados del s. XX que pretende unir dos realidades religiosas muy distintas.
En este post analizaré por qué la idea de una tradición “judeocristiana” es un mito y un fraude. Una conspiración de grupos de interés político-religioso para hacer frente al ateismo comunista y al avance del Islam. Empeño que quizás sea muy loable pero que auna, falsamente, dos civilizaciones completamente distintas.
=> ¿Quieren saber lo que opina el judaísmo de Jesús?: Un falso profeta…
El fraude de la civilización “judeocristiana”
‘El mito de la tradición judeocristiana’ (Cohen 1971)
=> The Myth of the Judeo-Christian Tradition, and Other Dissenting Essays –
Arthur Allen Cohen | 1 Enero 1971, ensayo original 1957.
Cohen denunció el uso y abuso del término ‘Tradición judeocristiana’ en América del Norte en las décadas posteriores al Holocausto. su tesis. Y es aquí donde podemos identificar el mito. Judíos y cristianos han conspirado juntos para promover una tradición de experiencia común y creencia común, se han unidos para reforzarse ante un desastre común ante un mundo que los considera irremediablemente irrelevantes y sin sentido. El mito es una proyección de la voluntad de perdurar tanto de judíos como de cristianos, una identificación de enemigos comunes, un abandono de los antagonismos milenarios ante amenazas que no discriminan entre el judaísmo y el cristianismo. (Cohen 1971, xix)
Según Cohen, no existe una tradición judeocristiana; esta tradición es un mito motivado ideológicamente. El enemigo común al que se refiere Cohen es el surgimiento del ateísmo y sus vínculos con el comunismo. Él escribe: «Es en nuestro tiempo que la ‘tradición judeocristiana’ ha llegado a su máxima expresión [y] tiene especial vigencia e importancia en los Estados Unidos. No es un lugar común en Europa como lo es aquí» (ibíd. xviii–xix). Si bien esto puede haber sido cierto en la década de 1950, ya no es el caso sesenta años después, pues Europa está ahora preñada de las tesis «judeocristianas» del sionismo americano..
El fraude de la civilización “judeocristiana”
Un poco de historia del término judeo-cristiano
Algunos sectores conservadores de Europa y EE.UU. y sionistas, han elucubrado interesadamente con el concepto de tradición “judeo-cristiana”. Nunca antes, en dosmil años, se había hablado de la civilización judeo-cristiana, una conceptualización que fue acuñada tardíamente en el siglo XIX, pero que no ganó amplia aceptación hasta la década de los 50´s. La profusa utilización del término desde entonces intenta reforzar la falsa idea de que el judaísmo y el cristianismo comparten un sistema de valores similares.
Aunque provinieran del «mismo Dios» – que no lo es, como veremos- y fueran de la misma «época histórica», que es el principal argumento , falso, de la apología del «mundo judeocristiano» veremos que: El cristianismo proviene de Cristo, y tiene relaciones con el mundo Hebreo de la Biblia (el Dios de Moisés sí es el mismo que el cristiano), el mundo griego y el romano. El judaísmo talmúdico de hoy proviene de las tesis fariséicas y, en la época de Jesús, se compendiaba en “La tradición de los ancianos” – que Cristo rechazó-; que, a su vez, provenía de la estancia de los judíos en Babilonia y que en nada se parecen a las creencias del antiguo pueblo hebreo de Moisés. Ver el apartado «Jesucristo y los Fariseos: Hebreismo (la Biblia) y Judaísmo (El Talmud)» más adelante.
En Europa, desde la caída del Telón de Acero, ha habido un aumento constante en el uso de la término ‘judeocristiano’ por teólogos, políticos, historiadores y filósofos europeos. El término ‘tradición judeocristiana’ fue fundamental en los debates sobre la Constitución de la UE entre 2003 y 2005 y actualmente es utilizada por políticos de todos los partidos, así como de líderes religiosos de todas las denominaciones.
En la geopolítica posterior al atentado del 11S, en occidente y principalmente en USA, esta idea ha sido utilizada por diferentes grupos de interés religiosos y políticos, para diversos fines, entre ellos el económico y el bélico.
El fraude de la civilización “judeocristiana”
El arte de la persuasión ha desplazado a la verdad.
En términos generales, los pensadores cristianos han entendido a los judíos y el judaísmo desde su propia visión del mundo cristiana o precristiana, ignorando o pasando por alto el pensamiento judío como ha sido preservado por la tradición rabínica, la única conexión que sobrevive con el judaísmo antiguo, hasta hoy.
Pasada la II Guerra Mundial hemos sido bombardeados desde todos los lados con referencias a “la religión judeo-cristiana” del mundo occidental, y “nuestra herencia judeo-cristiana”. Los líderes políticos, eclesiales y eruditos nos dicen que nuestra sociedad se basa sobre de una supuesta “tradición judeo-cristiana”.
La noción de “la religión judeo-cristiana” es incuestionable—casi sacrosanta—; forma parte tanto del pensamiento laico como religioso. El líder cristiano estadounidense Prof. Franklin H. Littel, un partidario del estado sionista, declaró que “ser cristiano es ser judío”. Y que en consecuencia era el deber de un cristiano de apoyar a la “tierra de Israel” por encima de todo. Pat Boon, el cantante y evangelista norteamericano, dijo que hay dos clases de judaísmo, uno ortodoxo y el otro cristiano.
Sin embargo, tal punto de vista tan decididamente cristiano-sionista es por lo menos, tremendamente simplista y profundamente ahistórico. Como el astuto escritor judío, Joshua J. Adler, señala: “Las diferencias entre cristianismo y judaísmo son mucho más que creer en si el Mesías ya vino o que aún se espera”
Los comentarios del autor judío Sr. S. Levin también pueden explicar la errónea necesidad que tiene el cristiano para que exista un mito judeocristiano. Escribiendo desde la revista israelí de Biblical Polemics, Levin concluye:
“Después de todo, adoramos al mismo Dios”, el cristiano siempre le dice al judío pero el judío nunca le dice eso al cristiano. El judío sabe que no adora al Cristo-dios, pero el huérfano cristiano necesita adorar al Dios de Israel y por eso, su táctica estándar sale fácilmente sin mucho razonamiento fuera de sus labios. Es una afirmación estrictamente unilateral, limitada a hacer una declaración sobre el Dios de Israel, pero nunca invocada con referencia a otros dioses. Un cristiano nunca confronta a un musulmán o un hindú con la declaración ‘Después de todo, adoramos al mismo Dios’”.
Sr. S. Levin
El fraude de la civilización “judeocristiana”
Los políticos apelan a la tradición judeo-cristiana, pero los eruditos religiosos dicen que no existe
¡En 1992, la revista Newsweek publicó un extenso artículo que escudriña las raíces de la sacrosanta luna de miel judeocristiana!
La declaración de partida del artículo de Newsweek decía: “Los políticos apelan a la tradición judeo-cristiana, pero los eruditos religiosos dicen que no existe”. “Para los estudiosos de la religión”, afirma Newsweek, “la idea de una tradición judeo-cristiana es un mito fabricado en USA que muchos de ellos no consideran válido”. Cita al eminente erudito del Talmud Jacob Neusner: “Teológicamente e históricamente, no hay tal cosa como la tradición judeo-cristiana. Es un mito secular favorecido por las personas que no son realmente ellos mismos creyentes”.
Newsweek concluye que ”…los eruditos tanto judíos como cristianos han llegado a reconocer que—intereses geopolíticos aparte—el judaísmo y el cristianismo son distintas. Incluso, religiones rivales”.
Joshua Jehouda, un prominente líder judío francés, observó a finales de 1950:
“El término ‘judeo-cristiano’, tan de voga hoy día, es un error que ha alterado el curso de la historia universal debido la confusión que ha sembrado en las mentes de los hombres, si por ella uno debe de comprender el origen judío del cristianismo. . . Si el término ‘judeo-cristiano’ apunta a un origen común, no hay duda alguna de que es una idea muy peligrosa. Se basa en una ‘contradictio in abjecto’ que ha puesto en el camino de la historia en el sendero equivocado. Vincula de un tirón dos ideas que son completamente irreconciliables, busca demostrar que no hay diferencia entre el día y la noche, o caliente y frío, o blanco y negro; y por lo tanto introduce un elemento de confusión fatal a una base sobre la cual algunos, sin embargo, se esfuerzan para construir una civilización”.
Joshua Yehoshúa (l’Antisemitisme Miroir du Monde, pp. 135-6).
El fraude de la civilización “judeocristiana”
¿Hay algo de verdad en el término “judeo-cristiano”?
¿Hay entonces algo de verdad en el término “judeo-cristiano”? ¿El cristianismo se deriva del judaísmo? ¿O el cristianismo no tiene nada en común con el judaísmo?
Cuando se revisan los últimos dos mil años de historia cristiana en Occidente no se encuentran pruebas de la existencia de una tradición judeo-cristiana.
El erudito judío Joseph Klausner en su libro Jesus of Nazareth, expresó el punto de vista judaico. Que “había algo contrario a la concepción del mundo de Israel en las enseñanzas de Cristo”. “Una nueva enseñanza tan irreconciliable con el espíritu del judaísmo”, que contiene “dentro los gérmenes de los cuales pudiera desarrollarse en el transcurso del tiempo una enseñanza no-judía e incluso anti-judía”.
Dr. Klausner cita al excepcional teólogo cristiano, Adolf Harnack quien en su última obra rechazó la hipótesis del origen judío de la doctrina de Cristo. “Prácticamente cada palabra que Cristo enseñó está hecha para ser de interés humanitario permanente y universal. Los rasgos mesiánicos son abolidos por completo, y prácticamente no se da importancia en su capacidad al judaísmo del medio de Jesús”.
Gershon Mamlak, un galardonado intelectual sionista judío, afirmó recientemente que la “tradición de Jesús” es esencialmente la última extensión del antiguo helenismo griego y está en conflicto directo con el “papel de pueblo elegido” en el judaísmo.
Dr. Mamlak, escribiendo en la revista del pensamiento judío de la Fundación Theodor Herzl, Midstream, sostiene que «la teoría dominante de que el cristianismo se originó en el ámbito espiritual del judaísmo “está anclada en una concepción errónea doble:
1) la unicidad del judaísmo se limita a su concepto monoteísta de Dios;
2) la “separación de caminos” entre los apóstoles de Jesús y el judaísmo es el resultado de la adaptación llevadas acabo por los primeros hacia las doctrinas de la cristología”.
En opinión de Gershon Mamlak, “El conflicto entre el judaísmo y la tradición de Jesús va más allá de los confines de la teología. [La tradición de Jesús] era la renuncia cosmopolita del fenómeno nacional en general. Y una hostilidad extrema a la idea de Israel como un pueblo escogido sirviendo como instrumento divino para la perfección del mundo”. El mensaje de Cristo es Unviversal y busca la Salvación de todos los hombres.
Resulta evidente, con todo lo dicho hasta ahora, que la idea de una tradición judeo-cristiana en común es más cosa de la política que de la historia de ambas religiones.
El fraude de la civilización “judeocristiana”
La confusión sobre el origen del judaísmo rabínico y el cristianismo es la raíz del mito judeo-cristiano
Los eruditos bíblicos Robert y Mary Coote muestran a las claras en su libro “Power, Politics and the Making of the Bible” que el cristianismo ni es un judaísmo remedado, ni es el judaísmo rabínico. El cristianismo es automáticamente sinónimo de la religión de Moisés y los viejos hebreos, no del judaísmo talmúdico.
Los Coote nos muestran cual era el clima religioso en Judea hace dos mil años:. “Los cultos, las prácticas y las escrituras de ambos grupos, los rabinos y los obispos, diferían de las del templo. Por lo tanto nos reservamos los términos judeanos, judío, judaísmo para los rabinos. Y utilizamos judeo (Hebreo), contrario a la costumbre, para la fuente común del judaísmo y el cristianismo…”
“A pesar de la fusión aparente de judeano y judío incluso en ciertos pasajes del Nuevo Testamento y por los rabinos que se convirtieron en gobernantes de Palestina en el siglo III y continuaron usando el hebreo y el arameo más que el griego, las raíces del cristianismo no eran judías. El cristianismo no se deriva del judaísmo de los fariseos, pero salió como el judaísmo desde el entorno más amplio de Judea del primer siglo. Los cristianos y los judíos provenía de los judea-ismos antes de los años 70 como herederos de los grupos que se iban a tomar el papel de guardianes o intérpretes primarios de la Escritura tal como se desarrollaron por caminos paralelos en relación unos con otros”.
(Power, Politics and the Making of the Bible).
El fraude de la civilización “judeocristiana”
Los escasísimos “textos probatorios” del Nuevo Testamento utilizados por los partidarios seculares del moderno mito judeo-cristiano son producto de una mala traducción. El escritor judío mesiánico Malcolm Lowe en su artículo “Who Are the Ioudaioi?” , concluye, al igual que Robert y Mary Coote, que la palabra griega “Ioudaioi” en el Nuevo Testamento debe ser traducido como “judeanos” (residentes en Judea), en lugar de la más usual “judíos”.
- Pocos cristianos están enterados de que los traductores de la Biblia a menudo traducían mal la palabra “judío” de palabras como “Ioudaioi”. Es decir, procedente de, o ser de: Como área geográfica, de Judea. La palabra de judeano, mal traducida como “judío” en el Nuevo Testamento, nunca tuvo una connotación religiosa válida. Y se utiliza simplemente para identificar a los miembros de la población nativa de la zona geográfica conocida como Judea.
- También es importante entender que en las Escrituras, los términos “Israel”, “Judá” y “judío” no son sinónimos. Ni es la Casa de Israel sinónima con la Casa de Judá. El sendero de la historia es muy divergente según se trate de cada uno de estos títulos. La autoridad Jewish Almanac de 1980 dice:. “Estrictamente hablando, es incorrecto llamar a un antiguo israelita como judío«. «Y llamar a un judío contemporáneo un israelita o un hebreo.”
- Un escritor para The Dearborn Independent, publicada en Michigan en 1922, resume el problema así:. “El púlpito también tiene la misión de liberar a la Iglesia del error que Judá e Israel son sinónimos. La lectura de las Escrituras que confunden la tribu de Judá con Israel, y que interpretan cada mención de Israel significando a los judíos, se encuentra en la raíz de más de la mitad de la confusión y división trazable en declaraciones doctrinales cristianas”.
El fraude de la civilización “judeocristiana”
Jesucristo y los Fariseos: Hebreismo (la Biblia) y Judaísmo (El Talmud)
Los Evangelios del Nuevo Testamento muestran un intenso conflicto entre Jesús y los fariseoss. Siendo estos una de las dos principales sectas religiosas de Judea (Mateo 3: 7; Mateo 5:20; Mateo 23:13-15, 23-29; Marcos 8:15; Lucas 11: 39). Gran parte de la controversia se centró en lo que más tarde llegaría a ser el fundamento y la máxima autoridad del judaísmo, el Talmud. En la época de Jesucristo, se le denominaba al Talmud como “La tradición de los ancianos” (Mateo 15:1-9).
Josefo, el historiador de Judea, escribió:. “Lo que ahora me gustaría explicar es esto, que los fariseos han entregado a las personas una gran cantidad de preceptos heredados de sus padres. Los cuales no están escritas en la ley de Moisés. . .”
Mientras que los fariseos reconocían las leyes de Moisés, también afirmaban que había un gran cuerpo de la tradición oral, que era al menos de igual autoridad que la ley escrita—. Y muchos afirmaban que la tradición era de mayor autoridad. Bajo su tradición, se comprometieron a explicar y precisar la ley. Esta fue la “tradición de los ancianos”, a la que se le dio más tarde el nombre de Talmud. Tuvo su comienzo en Babilonia, durante el cautiverio de los hijos de Judá. Entonces se desarrolló en la forma de los comentarios de varios rabinos, comprometiéndose a explicar y aplicar la ley. Este fue el fundamento del judaísmo rabínico de nuestros días.
Este judaísmo era muy distinto de la religión de los antiguos israelitas. El difunto rabino Stephen S. Wise, quien fuera Rabino Mayor de los Estados Unidos, lo expresó taxativamente:. “El regreso de Babilonia, y la adopción del Talmud babilónico, marca el final del hebraísmo (Moisés y el Antiguo Testamento), y el comienzo del judaísmo rabínico”. La Jewish Encyclopedia nos dice que el Talmud es en realidad “el producto de las escuelas palestinas y babilonias”. Y se conoce generalmente como “el Talmud de Babilonia“.
El Dr. Boaz Cohen en Everyman’s Talmud declara que el Talmud es la obra de “numerosos eruditos judíos durante un período de unos 700 años. A grosso modo, entre el año 200 [aC] y 500 [dC].”
El Rabí Louis Finkelstein en su Volumen 1 de The Pharisees, en Sociological Background of their Faith dice:. “el fariseísmo se convirtió en talmudismo, el talmudismo se convirtió en rabinismo medieval y el rabinismo medieval se convirtió el rabinismo moderno. Pero a través de estos cambios de nombre, inevitable adaptaciones de la costumbre, y el ajuste de la Ley, el espíritu del antiguo fariseo, de los tiempos de antes y después de Jesús, sobrevive inalterado”.
El fraude de la civilización “judeocristiana”
De acuerdo con The Universal Jewish Encyclopedia, vol. VIII, (1942) p.474 : “La religión judía como es hoy remonta su ascendencia, sin interrupción, a través de todos los siglos, de los fariseos. Sus principales ideas y métodos encontraron expresión en una literatura de enorme extensión, la cual una gran parte se encuentra todavía en existencia. El Talmud es el miembro individual más grande e importante de esa literatura”.
Moshe Menuhin explica que el Talmud de Babilonia personificaba todas las leyes y leyendas. Toda la historia y la ‘ciencia’, toda la teología y el folclore, de todas las épocas pasadas de la vida judía. Una obra monumental de consolidación. En el Talmud, la erudición judía y el idealismo encontraron su salida exclusiva a lo largo de la épocas, hasta la era de la Ilustración. Se convirtió en la principal guía para la vida y objeto de estudio entre los rabinos. Y le dio al judaísmo unidad, cohesión y capacidad de recuperación a lo largo de la Edad Media.
El Talmud definió tanto al judaísmo que el rabino Ben Zion Bokser admitió: “El judaísmo no es la religión de la Biblia.” (Judaism and the Christian Predicament, 1966, p.159) Es el Talmud quien guía la vida y el espíritu del pueblo judío.
“El Talmud es hasta el día hoy de la sangre circulante del corazón de la religión judía. Cualesquiera que sean las leyes, costumbres o ceremonias que nosotros [los judíos] observamos—si somos ortodoxos, conservadores, reformistas o meramente sentimentales espasmódicos—seguimos el Talmud. Es nuestro derecho consuetudinario”. ).
(A History of the Jews, Solomon Grayzel
Eruditos judíos y cristianos coinciden en que fue el rechazo explícito de Jesucristo de esta “tradición de los ancianos”., y su enfrentamiento con los fariseos lo que creó el clima que Le llevó a la cruz. Históricamente, los pensadores cristianos argumentaron que el Talmud fue directamente responsable por ser rechazado por Cristo. En su opinión, estas “tradiciones talmúdicas” cegaron los ojos de la gente hacia una verdadera comprensión de las profecías que se relacionaban con la venida del Mesías.
El fraude de la civilización “judeocristiana”
Definiendo a la cristiandad: Justino Mártir
Si, como acabamos de ver, los fariseos y el Talmud definieron el judaísmo. Entonces sin duda los escritos de los líderes de la iglesia post-apostólica cristiana pueden contribuir a entender la diferenciación de la fe cristiana con el paganismo y el judaísmo, como veremos a continuación.
Justino Mártir (dC100-165 dC) fue de hecho el primero y el más relevante de estos apologistas de la iglesia post-apostólica. Siguiendo los pasos teológicos de San Pablo., que enseñó que el Evangelio fue el cumplimiento final de la Historia Hebrea de Moisés y de los Profetas. Justino sostuvo que el Evangelio estaba en la mente de Dios desde el principio. Y se le dio a Abraham y los Patriarcas justos mucho antes de que existiera el judaísmo. Esto está en consonancia con lo que el Evangelio enseña. Que las Escrituras Hebreas encuentran su ‘florecimiento’ en la vida, el propósito y logros de Jesús, el Cristo, el Verbo, el Logos.
«… y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz. Dios verdadero
Credo de Nicena
de Dios verdadero; engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; …»
«En el principio existía el Verbo (Cristo), y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio junto
San Juan 1: 1-5
a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la
luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.»
De esta manera, los fieles cristianos han conectado y comprendido, tradicionalmente, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.
En su Diálogo con Trifón, Justino trata de convencer a un judío de la verdad del cristianismo. A diferencia de los otros apologistas, se centra principalmente en la naturaleza y el significado de Cristo. Cristo era el Logos que inspiró a los filósofos griegos. Y está presente en todos los hombres como el Logos spermatikos (razón seminal o el verbo). Por medio del Logos, los mejores filósofos eran capaces de producir obras significativas de la teología y la filosofía. Sus ideas podrían servir como faros de la verdad tanto como pueden los escritos inspirados en el Antiguo Testamento de los Hebreos. Los que vivían de acuerdo con el Logos, incluso antes de Cristo, eran cristianos. En el Antiguo Testamento era el Logos, que se reveló como Dios, porque el trascendente Padre Celestial no pudiera hablar con el hombre.
“Se nos ha enseñado que Cristo es el primogénito de Dios, y hemos declarado anteriormente que Él es el Verbo [o razón] del cual toda la humanidad participa. Los que vivieron razonablemente [el Verbo] son cristianos, a pesar de que han sido llamados ateos. Por ejemplo: entre los griegos, Sócrates, Heráclito y hombres como ellos; entre los bárbaros [los no griegos], Abraham … y muchos otros cuyas acciones y los nombres que hoy negamos a mencionar, porque sabemos que sería tedioso.”
Escribió Justino en Apología:
El cristianismo, visto a través de los escritos de Justino Mártir, alcanza una dimensión ‘cósmica’:
“Yo presumo y me esfuerzo con todas mis fuerzas que ser visto como un cristiano. . . cualquier cosa que se ha dicho con razón por cualquier ser humano, nos pertenece a los cristianos. Para después de Dios, adoramos y amamos el Verbo, que es del ingénito e inefable Dios, ya que Él también se hizo hombre por amor a nosotros, que al compartir en nuestros sufrimientos Él también pudiera traernos curación. Ya que todos aquellos escritores fueron capaces de ver la realidad oscura, a través de la semilla del Verbo implantado dentro de ellos.”
Justino (2 Apología).
Jesucristo había venido, argumentaba Justino, para restaurar la verdadera religión y denunciar la hipocresía de la religión de Judía. Debido a ese «crimen», Jesús fue crucificado. En consecuencia, el cristianismo no es una forma remendada del judaísmo o simplemente profecías judías cumplidas del pueblo Hebreo.
El cristianismo de Justino fue finalmente reducido a tres grandes principios:
(1) la adoración de Dios, sobre todo a través de la oración personal y la comunicación del ser;
(2) la creencia en una vida futura con recompensas y castigos por las acciones de uno en este mundo;
(3) la importancia de llevar una vida virtuosa en imitación de Cristo y en la obediencia a sus mandamientos.
Los romanos mataron a Justino por su religión. Él alguna vez fue conocido como Justino Mártir, y no como San Justino. Sus obras definen el cristianismo como una religión culminante y una fe “universal”, no de un pueblo elegido. Que incorporan la verdad esencial y perenne de la tradición religiosa precristiana. El cristianismo fue la reafirmación de una doctrina muy antigua que abarca y consuma las grandes verdades del Antiguo Testamento.
Dos siglos más tarde San Agustín aclaró de nuevo la fe cristiana en estos términos cuando escribió:
“Eso que se llama religión cristiana hoy en día existía entre los antiguos (antes de Cristo). Y nunca dejó de existir desde la implantación de la raza humana hasta que Cristo vino en la carne Y en ese momento la verdadera religión que ya existía comenzó a ser llamada cristianismo.”
Justino no sólo mostró que Cristo es la culminación y la finalización de todo el conocimiento parcial de la verdad en la filosofía griega. Él es también la culminación de la historia del antiguo Israel, digámoslo una vez más del antiguo pueblo hebreo no del «moderno Judaísmo· talmudiano«.
Esto quiere decir, por tanto, que el mensaje central del Antiguo Testamento se ha cumplido en el Nuevo Testamento. Se debe entender que esta ha sido y es la posición de la cristiandad durante al menos 1.900 años. Era la posición, no sólo de Justino Mártir, también de Ireneo e Hipólito. Una posición abrazada por Martín Lutero y Juan Calvino, las dos figuras más destacadas de la Reforma Protestante.
Aquí tenemos no sólo una clara separación del cristianismo y el judaísmo, sino un desafío directo al dogma central del judaísmo como pueblo escogido. Un punto que no se ha perdido por los escritores judíos.
El fraude de la civilización “judeocristiana”
El fraude y conclusión final
Tradicionalmente los estudiosos judíos, como acabamos de demostrar, han sido muy críticos con el mito judeo-cristiano.
El cristianismo histórico ha mirado hacia el triunfo final del Reino de Dios en toda la tierra. Sin embargo, el judaísmo talmúdico es celoso en “conseguir la perfección del hábitat terrenal del hombre”. (Gershon Mamlak, Midstream, Ene., 1989, p.31). El judaísmo no tiene ningún mensaje de salvación para el alma individual, como el cristianismo lo tiene. Todas sus ideas están ligadas a la existencia de la «nación judía”. (Studies in Jewish Nationalism).
Impulsada por las agendas políticas, judios y cristianos comprometidos, comenzaron, a mediados del s. XX, a difundir la hasta entonces jamás expresada doctrina de que el cristianismo se originó en el judaísmo. Y que los dos comparten una visión del mundo en común. Y eso, como acabamos de ver, es falso
El Dr. Gordon Ginn, un erudito cristiano estadounidense, hizo un comentario muy atinado cuando señaló:. “Es muy interesante, por cierto, que los rabinos y estudiosos judíos como Mamlak y White están de acuerdo con la cristiandad ortodoxa e histórica que ‘judeo-cristiano’ es una contradictio in terminis. A pesar de que esa verdad está aún por ser descubierta por los cristianos evangélicos y fundamentalistas contemporáneos” (Smyrna, agosto, 1993.)
El cristianismo y el judaísmo son dos herencias religiosas distintas. Esto dicho a pesar de todos los intentos simplistas llevados a cabo por los eruditos modernos para la fabricación de una falaz tradición “judeo-cristianisma”. El mismo término “judeo-cristiano” es un nombre inapropiado y bellaco sin validez histórica o bíblica.
Las religiones del mundo son el producto de revelaciones progresivas a una humanidad diversa, por separado. Y expresan, como lo hacen, las grandes realidades metafísicas de la vida. Los intentos de distorsionar o eliminar estos patrones únicos, antiguos y divinamente ordenados, a través del sincretismo ateo y brebajes políticamente interesados va contra la tradición y constituye un verdadero acto diabólico.
Un llamamiento a la unidad histórica inexistente y para una teología modernista y banal no hacen nada por la comprensión religiosa y el respeto mutuo. El mito de la civilización “Judeo-cristiana” debe ser visto por lo que es —otro fraude del siglo XX, laico y paganista—. Una idea lanzada con fines políticos perversos, que es sumamente irrespetuoso con todos los verdaderos creyentes.
FiN
(FiN) El fraude de la civilización “judeocristiana”
Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia













