Escritor Español Petrusvil

¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

18/01/2023

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
Tiempo de lectura 11 minutos.
¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

Tabla de contenidos


¿La naturaleza humana lleva consigo una estructura moral y un fin o propósito específico que permanece constante en el tiempo y al que debemos conformarnos para prosperar? (¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?)

  • Sí.

¿O somos simplemente la materia de la que estamos hecho. Y, más allá de eso, somos libres para ser o hacer lo que nos de la gana, según nos dicte nuestra voluntad de poder interior?

  • No.

¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

El hombre del Génesis

Últimamente he estado pensando en el libro de Génesis, específicamente en los primeros tres o cuatro capítulos. No como ciencia o como historia, sino desde el punto de vista antropológico y como fundamento de la ley natural.

Génesis 1:1 “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

¿Dios creó un universo de orden o de desorden? Vemos la respuesta en toda la creación, desde el movimiento de las estrellas y los planetas hasta la suficiencia de todas las cosas necesarias para sustentar la vida en la tierra hasta los procesos más diminutos del cuerpo humano. En todo ello hay un orden establecido.

Vemos la respuesta en el último versículo del capítulo 1:

Génesis 1:31 “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”

Bueno: moralmente excelente; virtuoso; justo; piadoso: satisfactorio en calidad, cantidad o grado. Vemos que la creación está ordenada, y Dios llama a este orden “bueno”. Si la creación hubiera sido caótica, bueno, en primer lugar, no habría creación de la que hablar. Pero sospecho que Dios la habría llamado «mala» como consideró malo a Lucifer, el ángel caído, la serpiente del Génesis:

Génesis 3, 4-5: Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal

En este orden creado encontramos las raíces de la ley natural. Si se crea un orden, ese orden puede descubrirse; debe descubrirse, no puede inventarse uno nuevo como ahora se pretende. Así como podemos descubrir el orden del universo, podemos descubrir el orden de y entre los hombres. En la medida en que nos ajustemos a ese orden, estaremos a bien con la creación.

Dios nos hace a su imagen y nos entrega el don de la razón para entender ese orden por Él creado. Efectivamente, en el capítulo 1 tenemos lo siguiente:

Génesis 1:27 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Aquí vemos otro componente clave de la ley natural: todos los hombres y todas las mujeres están hechos a imagen de Dios. Este versículo es la base para comprender el comportamiento apropiado entre los hombres, Pero no dice nada de las capacidades y cualidades de ningún hombre específico.

El único sentido en el que podemos usar la frase “todos los hombres son creados iguales” es el que se ofrece en este versículo. Uno no puede hallar trazo alguno del funesto igualitarismo en la creación – aspiración comunista hoy transformada en equidad- , donde todos los resultados deben ser iguales. Vemos que todos los resultados no son iguales en el orden creado por Dios. Un ejemplo claro lo tenemos en Caín que dio un “resultado” muy distinto.

¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

Continuando con el primer capítulo:

Génesis 1:28(a) “Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: Fructificad y multiplicaos, y henchid la tierra”.

Creo que esto se explica por sí sólo. Se ajusta al orden creado apropiado que el hombre pueble la tierra. Y eso requiere un comprensión nada compleja sobre lo que esto significa con respecto al fin último de las apropiadas relaciones sexuales y la misión de poblar la tierra. Hoy tanto la finalidad procreadora del sexo como el acto de poblar de la tierra están siendo atacados. Lo primero convertido en mero proporcionador de placer como fin único, menoscabando también la pareja humana con miles de opciones sexuales generistas. Y lo segundo vilipendiado por los maltusianistas partidarios del rebaje poblacional masivo.

Génesis 1:28(b) “y sojuzgadlo, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Esto ordena, señala bien a las claras, el lugar del hombre en la Creación respecto de las otras criaturas vivientes. Criaturas a las que, como también fueron creados por Dios, el hombre debe ejercer el dominio adecuado: someter al resto de la creación. Esto ofrece dos aspectos de esta creación ordenada: el hombre es superior a cualquier otro aspecto de la creación, y el hombre debe cuidar adecuadamente de la creación.

Lo que no se puede deducir de esto es que el hombre deba ser sustraído de la creación para salvarla, como muchos persigen hoy acusando al hombre de ser malvado con los animales, la tierra y el clima. O, dicho de otra manera, para salvar la tierra hay que esclavizar al hombre, que ya no señoree la Creación y ya no “hinche” la tierra: La despoblación que pretende el maltusianismo.

Génesis 2:7 “Y Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente”.

Un ser viviente con alma (razón o logos) a imagen de Dios: ¿Hay una mejor explicación de por qué el hombre es tan completamente diferente a cualquier otro ser creado en la tierra? Que «estamos hechos de cosas» (polvo de la tierra) pero dotados de razón explica por qué somos tan diferentes de los animales, plantas o rocas hechos también de cosas. Nada de ese 99% de los genes (cosas) en común con los simios explica por qué los monos ni han escrito una novela o una sinfonía, ni han pintado una obra maestra, ni han vislumbrado el significado de la vida.

¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

Continuando con el capítulo 2:

Génesis 2:20 “Y puso Adán nombre a toda bestia, y ave de los cielos, y a todo animal del campo; pero para Adán no se halló ayuda idónea para él”.

Este fue el primer propósito de la creación de Eva (la ayuda adecuada para Adán), al menos el primer propósito identificado en la narración. Sé que no se aprecia bien esta concepción en nuestra era, pero a lo largo de toda la historia registrada hasta las últimas décadas, ha funcionado de esta manera, no por alguna voluntad generista de poder de los hombres, sino por las realidades físicas, biológicas y psicológicas tanto diferenciadas como complementarias de los hombres y de las mujeres.

El capítulo 3 describe la caída (el pecado original) y cómo esta caída nos dificulta apreciar el inmenso valor y el significado de la creación. Todos somos caídos, pero esto no significa que debamos aceptar o afirmar o celebrar con orgullo cada vez que esa caída se manifiesta en una vida humana. Ensalzar la caída es ensalzar la soberbia del hombre que se revela ante Dios.

¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

El hombre posmoderno

El hombre posmoderno no es simplemente uno que ve los sentimientos internos como lo que manda en él – domeñado por sus sentimientos en vez de la razón– sino que también rechaza en gran medida la idea de que la naturaleza humana tiene una estructura o significado moral intrínseco.

En ninguna parte Dios les ofrece a Adán y Eva vivir con sus “sentimientos internos”. Dios nunca dice, “si te sientes o te sienta bien, hazlo”. De hecho, Dios hace justo lo contrario. No comas de la fruta, no importa lo bien que creas que te puede hacer sentir.

El hombre postmoderno ha apoyado sus tesis en Hegel y Marx. Marx, por ejemplo, retoma a Feuerbach, quien dice que el discurso religioso sobre Dios no es más que una versión idealizada de la humanidad. El hombre crea a Dios– se inventa a Dios- a la imagen del hombre, no al revés. Por lo tanto, se sigue que el hombre puede crear al hombre para que sea lo que quiera el hombre (La voluntad de Poder de Nietzsche). Y en esto le hemos dado la vuelta al hombre como a un calcetín.

Prosige el construccionismo del nuevo humano usando a Nietzsche y su famoso pasaje sobre el loco (que incluye la proclamación, «Dios ha muerto«): “¿Dónde está Dios?” gritó. «Te lo diré. Lo hemos matado, tú y yo… ¿Adónde nos vamos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No estamos sumergiéndonos continuamente?»

Cuando el hombre se ha separado de Dios, no queda orden para la creación, no hay sentido ni oportunidad para la libertad, porque el orden natural (ley natural) se destruye. Dentro del orden natural está la libertad que Dios nos dio.

Santo Tomás nos dejó el concepto del libre albedrío – Dios dejó libre al hombre para seguir o no el orden previsto por Él-. La libertad humana como valor primodial es para Santo Tomás esa propiedad –o facultad- de la voluntad y la razón por la que elegimos un bien racional.

« Dios hizo al hombre desde el principio y lo dejo en manos de su albedrío. Si tu quieres puedes guardar sus mandamientos y es de sabios hacer su voluntad. Ante ti puso el fuego y el agua; a lo que tu quieras tenderás la mano. Ante el hombre están la vida y la muerte; lo que cada uno quiere le será dado. Porque grande es la sabiduría del Señor; es fuerte, poderoso y todo lo ve. Sus ojos se posan sobre los que le temen y conoce todas las obras del hombre. Pues a nadie ha mandado ser impío ni le ha dado permiso para pecar »

(Eclesiástico 15, 14-20)

¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

¿Cómo nos consolaremos a nosotros mismos, ahora que hemos matado a Dios?

Con diversiones, con entretenimientos dejaremos pasar la vida hasta nuestra muerte. Y esta mortal evidencia de la triste condición humana no creo que pueda negarla nadie aunque en ello están los visionarios que construyen futuros en busca de la inmortalidad transhumana. Pero, incluso estas diversiones nos serán dadas – “No tendrás nada y serás feliz”-, no serán nuestras sino impuestas por las élites que harán de dioses del olimpo transhumano. Nuestro fin lo determinarán otros – y no Dios- y será en contra del orden creado por Él.

Ahora se está desmontando al hombre, deconstruyéndolo. Esto conducirá, inevitablemente, a una crisis de sentido y a una pérdida de libertad. Muchos intuyeron esto en el momento en que Nietzsche lo escribió, o poco después. Pero lo estamos viviendo hoy.

Si negamos la naturaleza intrínseca del hombre y la ley natural construiremos algo que ya no será un hombre. Esa es la base del generismo desconstructivo y hasta del transhumanismo por la cual el hombre se autoconstruye en base a su voluntad de poder que nace de su interior (según Nietzsche) en vez de venir, ese fin, de Dios: La soberbia humana en acción.

Pero desengáñense, como suele ocurrir con los asuntos de los hombres, la engañifa está en marcha. La “voluntad de poder” no será la de cada uno de nosotros, sólo será la de unos pocos que, afortunadamente para nosotros, siendo hombres, aunque se empeñen en no serlos, podrán errar y no conseguir sus funestos fines.

¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

Mata a Dios y tendrás, en lugar de orden, caos

Podríamos decir que la «muerte de Dios» es también la muerte de la naturaleza humana y de la ley natural. Los hombres y las mujeres no pueden ser hechos a la imagen de Dios si no hay Dios. Lo que realmente destruye cualquier idea de ley natural como producto del orden divino. Lo que luego destruye cualquier posibilidad de que florezca la libertad, y que también conduce al hombre inevitablemente a una vida sin sentido.

No, no ocurre en todos los hombres pues el libre albedrío también funciona contra las amenazas exteriores. Sin embargo, vemos como cunde el desánimo en Occidente. Hemos observado un deslizamiento pendiente abajo evidente desde la Primera Guerra Mundial, y con las semillas que se plantaron en la Ilustración e incluso en el Renacimiento que aun en su ensanchamiento del hombre, sin embargo, en cierto modo negativo fueron alzas de la ensoberbecida voluntad de poder de los hombres.

Mata a Dios y tendrás, en lugar de orden, caos. Tal vez haya mejores ejemplos de evidencia de Dios, pero el caos que nos rodea, tan claramente evidente hoy, es un buen testimonio de que debemos volver a traer a Dios a nuestras vidas.

Santo Tomás y la Ley Natural

Como no quiero despedirme con una sensación amarga y de derrota, recordemos el pensamiento prístino de Santo Tomás sobre la Ley Natural:

Según Santo Tomás, la ley natural «no es más que la participación de la criatura racional en la ley eterna» (I-II.91.2). La ley eterna es la sabiduría omnisciente de Dios, en cuanto norma directiva de todo movimiento y acción. Cuando Dios quiso dar existencia a las criaturas, quiso ordenarlas y dirigirlas a un fin.

El hombre está destinado a este fin, y recibe de Dios una dirección hacia este fin. La ley natural, en consecuencia, está puesta en el hombre, está en su naturaleza. Por supuesto, dada la inteligencia y el libre albedrío, el hombre, a diferencia de todos los demás seres, tiene «voz y voto en su conducta».

Aquellas acciones que se ajustan a sus tendencias naturales, conducen a nuestro fin destinado, y por lo tanto se constituyen correctas y moralmente buenas; los que están en desacuerdo con nuestra naturaleza son malos e inmorales. Radicalmente, la ley natural consiste en un principio supremo y universal, del cual se derivan todas nuestras obligaciones o deberes morales naturales. Ley natural que es a la vez universal e inmutable. También es cognoscible por todos los hombres por estar hechos a imagen y semejanza de Dios que la creó (el logos).

  • «Ama a Dios como fin y todo por Él»
  • «Vivir conforme a la naturaleza humana considerada en todos sus aspectos esenciales»
  • «Observar el orden racional establecido y sancionado por Dios»
  • “Manifiesta en tu vida la imagen de Dios impresa en tu naturaleza racional”.

Fundada en nuestra naturaleza y revelada a nosotros por nuestra razón, la ley moral nos es conocida en la medida en que la razón lleva a nuestro entendimiento un conocimiento de ella. Sin embargo, sin la ayuda de la revelación sobrenatural, el conocimiento de la ley por parte del hombre será imperfecto pues el conocimiento del logos por parte del hombre está minorado por el pecado original:

Génesis 3, 11: “Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses?”


El universo (o mundo natural) fue creado acorde con el Logos. El hombre, en una forma reducida, posee este logos. La Ley Natural proviene del logos y puede ser conceptualizada por las mentes de los hombres. Las cosas que existen independientemente de las mentes de los hombres pueden ser identificadas como iguales a las cosas de la realidad a través del logos. El Logos, lo mismo que creó el universo y lo gobierna está inscrito en la naturaleza del hombre (en una capacidad minorada por el pecado original).

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia

En algunos casos ese entendimiento de la Ley Natural yerrará, será terriblemente imperfecto. Como prueba, solo necesitamos recordar que la enseñanza ética más noble de los paganos, como los sistemas de Platón, Aristóteles y los estoicos, fue desfigurada por su aprobación de acciones y prácticas escandalosamente inmorales. O también, como obran las maldades humanas, al alejarse de Dios, en ellos mismos, en los demás y en las guerras. Las dos guerras mundiales del s. XX dejaron al hombre boqueando como un pez en la orilla.

Hay que volver a Dios. La ley natural sigue estando ahí y el hombre, en el libre ejercicio de su albedrío puede volver a hallarla siguiendo las abundantes pistas dejadas por Dios.

(FiN) ¿Con Dios o Sin Dios? ¿Orden o Caos?

FiN

Cristo es el Logos del que dimanan la razón y la ciencia