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Botta descubre la civilización Asiria (I)

Escritor Español Petrusvil

29/09/2021
Tiempo de lectura 9 minutos.

Botta descubre la civilización Asiria
Botta descubre la civilización Asiria

Tabla de contenidos

Primera publicación de la tetralogía de la civilización Asiria (Botta descubre la civilización Asiria (I)). Unas misteriosas colinas en las cercanías de Mosul y la ayuda de un nativo árabe de la zona condujeron a Botta a descubrir el primer palacio Asirio. De repente el milenario Egipto tenía un competidor en la Historia de las Civilizaciones que se remonta a más de cinco mil años de antigüedad; demostrando que la Biblia no era un mito sino que se basada en hechos históricos.

Botta descubre la civilización Asiria (I)

En la Biblia siempre estuvo escrito

La Biblia cita las expediciones de castigo de los asirios, la edificación de la Torre De Babel, la suntuosa Ciudad de Nínive, el cautiverio judío durante setenta años, y de Nabucodonosor. Habla también de las vasijas de la cólera divina que siete de sus ángeles derramaron sobre la Tierra del Éufrates. Los profetas Isaías y Jeremías expusieron sus terribles visiones de la destrucción del «más hermoso de los reinos»,»el maravilloso esplendor de los caldeos», que “sufrirán el castigo de Dios como Sodoma y Gomorra», de manera que «los perros salvajes aúllen en sus palacios”.

Durante diecisiete siglos en la era cristiana, la palabra de la Biblia no fue discutida, y lo que estaba escrito allí era sagrado. En el tiempo de la Ilustración, la crítica comenzó, pero ese mismo siglo la crítica trajo la prueba de que, estrictamente hablando, la Biblia contenía grandes verdades, aunque su lectura se prestara a múltiples y paradógicas interpretaciones.

La región por donde discurrían el Éufrates y el Tigris era completamente plana. Pero en algunos lugares se levantaron misteriosas montañas sobre las que se acumularon las tierras negras que traían las tormentas de polvo. Los beduinos que pasaron por estos lugares buscando miserables pastos para sus camellos, no sabían que estas colinas podían esconder algo. Necesitábamos alguien que se hiciera las preguntas correctas. El impulso descubridor de un hombre extranjero en esa tierra.

Ese hombre que comenzó esas excavaciones había nacido en Francia en 1803. A los treinta años, todavía no sospechaba nada de la tarea que sería la más crucial de su vida. En ese momento, siendo médico, regresaba de una expedición, cuando llegó a El Cairo, portando un gran número de cajas. La policía le pidió que las abriera; las cajas en cuestión contenían doce mil insectos cuidadosamente clavados con alfileres y perfectamente catalogados.

Catorce años más tarde, Botta, médico y coleccionista de insectos publicaría cinco volúmenes sobre Asiria, que abrió a los ojos del mundo un imperio cuyo esplendor había durado de 2000 a 5000 años.

Jardines colgantes de Babilonia

Botta descubre la civilización Asiria (I)

Mesopotamia

“Aram-nacharaim” (Asiria entre ríos) así llamaban a Mesopotamia en el Antiguo Testamento. Había ciudades sobre las cuales se derramaba la ira divina. Allí en Nínive y más al sur en Gran Babel reinaron los terribles reyes que adoraban a otros dioses y fueron exterminados de la faz de la Tierra. Mesopotamia, que en griego significa lo mismo: «entre los ríos», hoy se llama Irak, y Bagdad es su capital. En el norte limita con Turquía, en el Oeste de Siria y Jordania, en el sur con Arabia Saudita y en el Este con Persia, hoy Irán.

En Turquía nacen los dos famosos ríos que hacen del país la cuna de una cultura, como lo hizo el Nilo con Egipto. Aquí se llaman Éufrates y Tigris. Corren de noroeste a sureste, se encuentran poco antes de llegar a Basora y vierten sus aguas en el Golfo Pérsico.

Botta descubre la civilización Asiria

Botta descubre la civilización Asiria (I)

Asiria, la antigua tierra de Asur, se extiende hacia el norte a lo largo del Tigris, un río con corrientes muy fuertes. Babilonia, el antiguo reino sumerio y acadio, se extiende al sur comprendido entre Éufrates, el Tigris y las aguas del Golfo Pérsico.

En un diccionario del año 1867, en La Voz de Mesopotamia, encontramos la siguiente observación: «este país disfrutó de su apogeo bajo los dominios asirio y babilónico. Junto con los Árabes, fue la sede de los califas y alcanzó un nuevo período de esplendor. Su declive comenzó con las invasiones de los selyúcidas, tártaros y turcos, y hoy es un desierto deshabitado.»

En este páramo se levantan misteriosas colinas de las que hablamos, planas por encima pero con bordes empinados y muchas grietas, abiertas como en canal. Estas colinas despertaron de tal manera la imaginación de algunos hombres, que aquí, en la tierra de los dos ríos, la arqueología pudo celebrar sus primeros grandes triunfos como la ciencia de la excavación.

Botta descubre la civilización Asiria (I)

Paul Emile Botta

Paul Emile Botta hizo un viaje alrededor del mundo en su juventud. En 1830, entró al servicio de Muhammad Ali como médico y participó en una expedición egipcia a Sennaar, mientras recolectaba sus preciados insectos. En 1833, le nombraron cónsul francés de Alejandría. Hizo un viaje a Arabia y escribió un extenso libro sobre este país. En 1840, ya era agente consular en Mosul, una ciudad del alto Tigris. Cuando el sol se ponía y Botta huía del sofocante calor de los bazares echando a cabalgar por el campo para que el aire le refrescara contemplaba intrigado esas extrañas colinas…

No fue el primero a quien las famosas colinas llamaron su atención. Otros viajeros, Kinneir, Rich, Ainsworth, también sospecharon que bajo aquellas lomas podría haber ruinas. El más interesante de todos estos científicos fue Claudius James Rich, un niño prodigio, que estudiaba lenguas orientales a la temprana edad de nueve años; a los catorce ya estudiaba chino, y a los veinticuatro era consignatario de la East Indian Company en Bagdad, por lo cual hizo muchos viajes a través de la tierra de los dos ríos que proporcionaron un valioso legado para la ciencia de entonces.

Emile Botta era médico e interesado en las Ciencias Naturales; diplomático por vocación, por lo que sabía aprovechar todas sus abundantes relaciones sociales para sus gustos, y su curiosidad no tenía límites; pero no era arqueólogo.

El único conocimiento útil para lo que había de venir era el idioma de los pueblos nativos de la zona, junto a las habilidades adquiridas en sus viajes para establecer relaciones amistosas con los seguidores del Profeta y, finalmente, una energía ilimitada, que ni el crudo clima del oriente había podido con ella.

Con todo este bagaje, comenzó su labor. Si analizamos sus métodos en perspectiva, vemos que no tenía un plan trazado, ni hipótesis atrevidas, y que al final sólo se basó en una vaga esperanza, aderezada con mucha curiosidad, de manera que, al final, su éxito le sorprendió a él mismo tanto como al mundo entero.

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Zigurat

La búsqueda

Noche tras noche, se encerraba en su oficina y estudiaba con una tenacidad inigualable el paisaje alrededor de Mosul. Visitaba casa por Casa, cabaña por cabaña, y en todas partes hacía la misma pregunta: ¿Tienes antigüedades? ¿Jarras o vasos antiguos? ¿Dónde encontrásteis esos ladrillos con los que construísteis este granero? ¿De dónde provienen estas piezas de arcilla con extrañas marcas cuneiformes?

Se afanaba en comprar todo lo que le enseñaban; pero cuando pedía que le enseñaran el lugar del que venían las piezas, siempre se encogían de hombros, tan sólo recitaban la habitual expresión mahometana: «Allahu Akbar». Seguida de la peregrina idea de que Alá había esparcido las piezas de arcilla dura por todas partes mientras movían los brazos señalando en su derredor.

Botta, al darse cuenta de que no conseguía nada en su empeño por localizar el lugar de los hallazgos, decidió clavar la piqueta en la primera colina que se le antojó, que fue cerca de Kuyunjik.

No estaba predestinado Botta a encontrar nada en dicha colina en la que, más tarde otro descubrirá el palacio de Asurbanipal, el Sardanapal de los griegos. (Fue descubierto por Hormuzd Rassam, iraquí nacionalizado británico)

Botta, por su parte, cavaba en vano la mayor parte del tiempo. Podemos imaginar lo que significaba resistir en este trabajo siempre estéril; lo que significa trabajar más tiempo sin sentir siquiera un mísero agradecimiento de la tierra escarbada en mostrarle lo que buscaba, Y así, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Así que durante todo un año.

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El palacio de Sennacherib

El amigo árabe persistente

Lo extraño es que Botta, después de este primer año de estar atento y escuchar los numerosos informes falsos de los nativos, no prestara la menor atención a un árabe charlatán, que le hablaba de una colina, donde el francés podía encontrar lo que estaba buscando. Le echaba una y otra vez del campamento pero el árabe, insistía una y otra vez y cada vez más. Le contó que él era de un pueblo distante y habiéndose enterado de los deseos del francés, como él apreciaba tanto a los franceses quería ayudarle. ¿El francés buscaba ladrillos con inscripciones? Pues bien, en Korsabad, su ciudad natal, había muchos de ellos. Lo sabía muy bien, porque su horno estaba construido con esos ladrillos, y los usaban en todo el pueblo.

Al final, Botta envió a algunos de sus hombres con el efusivo árabe. Tuvieron que viajar unas 16 millas hasta Korsabad.

No sabía Botta que aquél pesado pero simpático árabe – del que nadie se acordó después ni su nombre se supo – iba a hacer inmortal su nombre para la historia de la Arqueología. Botta fue el primero en desenterrar los primeros rastros de una cultura que floreció durante casi dos milenios, y que luego desapareció, enterrada en las colinas que se nutrían del polvo de tierra negra del desierto levantadas en sus tempestades de arena,  en un entierro de dos mil años más olvidada por los hombres.

Una semana después de que su gente explorara el terreno, regresó un emisario muy excitado. Dijo que tan pronto como hundieron los picos, dieron cun una muralla, y al limpiar el barro de las piedras aparecieron inscripciones, relieves, esculturas de animales fabulosos.

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Palacio babilónico

Encuentra un palacio asirio

Botta montó un caballo y se desplazó al lugar.  Unas horas después  estaba en una fosa admirando las figuras más extrañas; hombres, animales, figuras de leones aladas que supera todo lo que hasta el momento era conocido por europeo alguno. Unos días más tarde, fue en busca de toda su personal de Kuyunjik. Y a pico y pala se pusieron manos a la obra. Los restos de la muralla iban creciendo ante sus ojos. Hasta que, en un momento dado, Botta no albergó duda de que se trataba de uno de los palacios más notables de los antiguos reyes asirios. Presto informó a París, Francia y, con ellos, al mundo entero.

« Creo – anotó con orgullo, y en grandes titulares lo anunciaron luego los periódicos de la época- que soy el primero en haber descubierto esculturas que se pueden atribuir a la época de apogeo de Nínive».

El descubrimiento del primer palacio asirio no solo fue una noticia sensacional en la prensa europea, sino también una novedad para la ciencia. Hasta entonces, se creía que la cuna de la humanidad estába en Egipto. Y del país de los dos ríos habló solo había constacia en la Biblia, que para la ciencia del s. XX era una mera «colección de mitos”.

El descubrimiento de Botta significó, ni más ni menos, que la confirmación de que en la tierra de los dos ríos, una civilización antiquísima había florecido, tal vez más, si creemos en lo que dice la Biblia, y que esta cultura había alcanzado un alto y magnífico desarrollo hasta que fue brutalmente exterminada.

Palacio fortaleza de Sargon_II en Dur-Sharrukin
que descubrió Botta.

Botta descubre la civilización Asiria (I)

El bajá pone serias trabas

Francia movilizó todos los medios disponibles para facilitar la excavación de Botta. Cavó durante tres años, de 1843 a 1846, trabajando contra la dureza del clima, las estaciones, contra los indígenas y contra el bajá. El gobernador turco sometía el país era un déspota que, ávido de riqueza, sólo veía una explicación a los esfuerzos de Botta: ¡sin duda estaba buscando oro!

Arrestó a los trabajadores nativos de Botta, los amenazó con tortura y encarcelamiento, y rodeó la colina alrededor de Korsabad con guardias y envió informes a Constantinopla. Pero la tenacidad de Botta era inquebrantable; no era en vano era diplomático y emplear la intriga contra la intriga. Así, los bajá dejaron actuar oficialmente a los franceses, pero prohibieron trabajar en la excavación a todos los nativos, amenazándolos con terribles castigos.

Pero Botta, sin inmutarse, siguió con las excavaciones.

Las gigantescas terrazas del Palacio quedaron descubiertas. En principio se creyó que se trataba del palacio del rey Sargón que mencionaban las profecías de Isaías; y que era el palacio de verano sito en las cercanías de Nínive, que fue construido después de la conquista de Babilonia el año 709 a.C. Pared tras pared, fueron emergiendo de los escombros patios con arcadas ricamente decorados, suntuosos salones, pasillos y habitaciones, un harén dividido en tres partes, y los restos de una torre con varias terrazas.

Sargón II reunido con un dignatario. Bajorrelieve en el muro del palacio de Sargon II en Dur Sharrukin, Asiria (actualmente Khorsabad, en Irak), ca. 716–713 A.C.

La abundancia de esculturas y relieves impresionaba. De repente, el misterioso pueblo asirio emergió desde la noche de los tiempos. Aquí están sus imágenes, sus enseres, sus armas. En los relieves se les veía en su trabajo cotidiano, en la guerra, en la caza.

Botta descubre la civilización Asiria (I)

Transporte por el río Tigris en almadias

Sin embargo, las esculturas, a menudo hechas de alabastro frágil, repentinamente despojadas de su capa protectora de tierra, se deshacían con el aliento ardiente del desierto. Eugène Napoléon Flandin, un famoso caricaturista que había viajado por Persia y publicado varias obras ilustradas sobre antigüedades, vino de París en nombre del gobierno. Flandin tenía la delicada tarea de conservar en papel aquellas frágiles obras antes de que se cayeran ante sus ojos.

Botta logró transportar varias esculturas fluvialmente en almadías. Pero el alto Tigris era un río de montaña completamente completamente indómito, no toleró aquel peso desacostumbrado. Los troncos de la balsa se desataban, perdiéndo estabilidad e inundándose, y los dioses y reyes de Asiria, que habían sido rescatadosde las sombras, nuevamente se sumergieron en ellas, en el lecho del río.

Pero a Botta no se desalentó y envió una nueva carga río abajo. Tomó todas las precauciones imaginables y esta vez tuvo éxito. Un barco recogió las valiosas piezas, y poco después las primeras esculturas asirias fueron expuestas en el Museo del Louvre de París.

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Bajorelieve sumerio

El libro de Botta sobre Nínive

Botta se encargó entonces de clasificar el vasto material gráfico, y una comisión de nueve científicos se encargó de publicarlo. Entre ellos Burnouf y Layard.

Otro cónsul francés, Victor Place, asumió el cargo de coleccionista, empezado por Botta, en Nínive, un papel que Mariette desempeñó igualmente en El Cairo.

El gran libro de Botta cuenta con un lugar preminente entre las obras clásicas de la arqueología. Su título es: “Monumentos de Nínive descubiertos y descritos por Botta, medidos y dibujados por Flandin”. En dos años, 1849-1850, aparecieron cinco volúmenes. Los dos primeros contienen tablas sobre la arquitectura y la escultura; el tercero y el cuarto, la colección de inscripciones, y el quinto, las descripciones.

El segundo texto legal de la Humanidad (el primero fue el de Código de Ur-Nammu) escrito en una gran estela de basalto negro de más de dos metros de alto. Es el Código de Hammurabi, que fue cincelado hacia el 1700 a.C.

(FiN) Botta descubre la civilización Asiria (I)

FiN

Continúa en la segunda publicación de la trilogía de Asiria: Palacio de Nemrod | Layard –  Asiria (II)

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