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Serenidad y lucidez – Charles Morgan

Escritor Español Petrusvil

17/10/2021
Tiempo de lectura 6 minutos.
Serenidad y lucidez - Charles Morgan

Charles Langbridge Morgan ( 1894 – 1958) , dramaturgo y novelista de inglés de ascendencia galesa. Los temas principales de su trabajo fueron, como él mismo lo expresó, «Arte, amor y muerte», y la relación entre ellos. (Serenidad y lucidez – Charles Morgan)

Serenidad y lucidez – Charles Morgan

… parecemos avergonzarnos de ciertas partes de nuestras almas.

Las palabras sereno y serenidad han caído casi en desuso y, sin embargo, la idea que expresan no ha dejado de existir. Por qué entonces han caido en ese desuso? Las palabras quedan fuera de circulación por nuestro consciente deseo de evitarlas. Hace cincuenta años nuestros padres y nuestras madres hubiesen utilizado laboriosos circunloquios, que hoy nos harían reir, para evitar ciertas palabras necesarias para la descripción de ciertas partes y ciertas funciones de nuestro cuerpo. (Nota del editor: Este texto fue escrito en las primeras décadas del s. xx)

Muchas de esas palabras las usamos hoy con absoluta indiferencia y nos enorgullecemos de ello. Y, sin embargo, hay que admitir que existen otras palabras que intentamos evitar siempre. Si nuestros padres se sentían incómodos al pensar sobre algunas partes de nuestro cuerpo, nosotros parecemos avergonzarnos de ciertas partes de nuestras almas.

¿Por qué procuramos no pronunciar esas hermosas palabras que se refieren a la vida espiritual, como dignidad, inspiración, libertad, serenidad? Porque las ideas que contienen esas palabras han sido el reclamo con el cual hemos sido perjudicados muchas veces. Se ha abusado de ellas y hoy representan nuestros fracasos, nuestra sentencia. A nadie le place el eco de las palabras que componen su sentencia de muerte. Sin embargo, repito, esto también constituye la apariencia de la realidad; no la realidad misma. Dignidad, inspiración, libertad, serenidad no son palabras que constituyen ninguna pena de muerte. Solamente el desquiciado desorden de nuestra época, la degeneración de la tragedia humana en una farsa vil e ilógica, nos induce a despreciar nuestro único medio de salvación, es decir, el logro de un desenlace de esa tragedia que le dé sentido y la complete en si misma.

Decir que la inspiración es algo «pomposo» y que la palabra «dignidad» merece desprecio, es dejar en libertad a una pandilla incontrolada de payasos para que golpeen a Fedra con sus globos multicolores y derriben a Cleopatra de su pedestal. Eso es precisamente lo que hemos logrado, el grado de civilización que hemos alcanzado; pero si estamos tan seguros de que esos payasos van a perdurar durante mucho tiempo, nos equivocamos lamentablemente. Una ráfaga de viento los barrerá del escenario. Y la tragedia humana se hará de nuevo diáfana e inteligible.

Serenidad y lucidez – Charles Morgan

… una cara serena es solamente aquella que se ilumina con la luz del espíritu.

Lúcido. Sereno quizás es una palabra más expresiva, puesto que presupone la idea de lucidez. Un cielo sereno es a la vez transparente y tranquilo; en cambio, un cielo tormentoso puede presentar intervalos luminosos. No obstante, es importante asociar ambas palabras, puesto que la penetración en la esencia de las cosas, a través de la luz, constituye el último fin de la serenidad. Es posible estar tranquilo sin hallarse sereno; una cara puede poseer una expresión de estúpida tranquilidad; una cara serena es solamente aquella que se ilumina con la luz del espíritu.

Parece, pues, que la serenidad marca la esencial distinción entre la alta tragedia y el melodrama o la farsa; entre lo que posee forma y lo que carece de ella. Me atrevo a añadir que la serenidad es lo que distingue incluso el bien del mal y que su presencia o ausencia es uno de los medios por los que pueden ser identificados ambos conceptos morales. La alternativa no radica, pues, como pretende la crítica moderna de la vida y el arte, en la elección entre el optimismo y el pesimismo, entre el sentimentalismo y el realismo objetivo, ni entre el romanticismo y el naturalismo.

Estas distinciones quizá puedan tener su importancia a efectos de clasificación, pero en modo alguno son esenciales. La distinción esencial debe realizarse entre lo sereno, lo luminoso y lo atormentado y oscuro. En música jamás se han compuesto páginas más trágicas que las del movimiento lento del Quinteto de Mozart. Ni tampoco páginas más serenas. Poseen toda la calidad indefinible de los cielos de Bellini y del sueño de Ilaria.

Por lo tanto…
Ah, temo que existan demasiados «por lo tanto». No quiero obligar a nadie a que manifieste su opinión. Han visto ustedes alguna vez a un niño que, en pleno disírute de sus juegos, se detiene y fija sus ojos en el cielo como si una mano invisible le hubiese tocado el hombro? Yo recuerdo que esas ocasiones se producían, no sólo durante mi infancia, sino también en mis tiempos de adulto, cuando al ver una cosa que momentos antes tenia muchos significados y ninguno en particular, se convertía de pronto en algo único y se aislaba ipso facto de la corriente del pensamiento como si fuese la fuente de ese pensamiento y no un objeto cualquiera.

Serenidad y lucidez – Charles Morgan

Un artista es un niño que mira a través de las ventanas de la vida …

¿Qué es eso que miran los niños? No es ni una flor ni una gota de rocio ni tampoco un rostro. La cosa que vemos y que detiene nuestro proceso intelectivo no es un muro, sino una ventana. Lo oscuro se ha convertido en serenidad; miramos a través de ella, a través de las incoherentes apariencias de las cosas a la que llamamos realidad y distinguimos el origen de la luz que ilumina todo lo que existe en el mundo. Lo que asusta al niño no es el hecho de haber llegado a un entendimiento intelectivo del orden natural de las cosas, sino el darse cuenta de que existe ese orden.

¿La finalidad del arte no es reverdecer y renovar esta percepción? Registrar hechos es función del periodismo; comentar esos hechos sigue siendo periodismo; adaptarlos a un orden conveniente de una ideología es mentir; penetrar en ellos es ser artista. Un artista es un niño que mira a través de las ventanas de la vida y no a los muros impenetrables que la rodean. Degas dijo en cierta ocasión que él solía mirar por el ojo de las cerraduras. Miraba de dentro a fuera: “Là tout n’est qu’ordre et beauté” (Allí todo es orden y belleza, poema de Charles Baudelaire ).

Pero un artista es algo más que un niño que mira y ve. Debe comunicar su visión. Su trabajo debe, además, estar presidido por una total serenidad, es decir, no puede ser opaco ni oscuro, sino manifestarse estremecido por la presencia de de la Luz. De primera intención uno está tentado de afirmar que ese efecto se logra por medio de la lucidez intelectual. Pero la aseveración resulta incierta; el Código de Napoleón es intelectualmente lúcido, pero aun cuando a Stendhal le resultase ser útil, no era en sí mismo una obra de arte.

Serenidad y lucidez – Charles Morgan

Rima, ritmo, cadencia y estructura

La finalidad del arte consiste en lograr un nexo de comprensión entre el artista y su público. Para ello es necesario que el artista diga claramente lo que tenga que decir y que, al mismo tiempo, cree en su público un estado de ánimo que le capacite para recibir su mensaje, salvando la imperfección del lenguaje que está obligado a manejar. Si quiere comunicar la totalidad de su visión, debe transmitir no sólo el contenido de la misma, sino también su encanto.

Rima, ritmo, cadencia y estructura -todos esos conceptos que comprende la idea de la forma, no constituyen simples elementos decorativos ni reglas académicas, sino un medio eficaz de prestar el encanto sin el cual toda obra de arte resulta incompleta. Su valor reside precisamente en el hecho de crear en el lector una serie de emociones expectantes que, al ser continuamente satisfechas, le hacen concebir la idea “d’ordre et beauté” que parece contradecir al aspecto exterior de las cosas. Cuando esta condición de receptibilidad previa haya sido lograda, el público podrá leer entre líneas el mensaje intelectual de la obra. El cielo de la tragedia se habrá llenado de serenidad para él.

Serenidad y lucidez – Charles Morgan

… es la serenidad lo que hace que uno jamás se canse de admirarlas …

La tragedia humana, tal como hoy aparece a nuestros ojos, ha degenerado en farsa vulgar e incoherente por la razón de que no se sigue en su creación un proceso intelectual y formal lúcido, Todos podríamos comprender perfectamente por qué los hombres se han vuelto locos, si imaginásemos que Shakespeare hubiese escrito sus obras en clave secreta o Racine en alejandrinos imperfectos y se obligase al mundo a escuchar sus creaciones día y noche a través de altavoces.

Esas confesiones, contrarias a la naturaleza y a la razón, obtenidas gracias a la aplicación de tormentos mentales con las que nos obsequian con habitualidad los tribunales de justicia soviéticos, son en cierto modo parecidas al teatro, a la poesía, a la música y a la pintura que crea el mundo occidental, ya que participan del mismo confusionismo y de la misma subversión de valores. Carecen de lucidez intelectual y formal. Se manifiestan como fenómenos que nada comunican. El niño humano las mira y ve solamente los tétricos muros que se cierran sobre él y que parecen gritarle.

Serenidad y lucidez – Charles Morgan

No fue un académico, sino Renoir, quien escribió lo que sigue:

«Pero, si bien el oficio es la base y lo que presta solidez al arte, no lo es todo. Hay algo más en el arte de nuestros antepasados que determina la belleza de sus producciones: es esa serenidad la que hace que uno jamás se canse de admirarlas y la que nos da una idea de lo que debe ser una obra eterna. Esa serenidad residía en ellos, no solamente a causa de sus vidas simples y tranquilas, sino también gracias a su fe religiosa.

Se daban perfecta cuenta de sus debilidades y, tanto en sus éxitos como en sus fracasos, asociaban sus actos a la divinidad. Dios estaba siempre allí y el hombre no contaba. En la antigua Grecia eran Apolo o Minerva; los pintores de la época de Giotto se colocaron también bajo la advocación de un protector celestial. Precisamente por eso sus obras adquirían ese aspecto de dulce serenidad que les presta un encanto profundo y las hace inmortales.»

Pierre-Auguste Renoir

Serenidad y lucidez – Charles Morgan
FiN

Trabajo y paciencia – Rainer Maria Rilke

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