
Meditación sobre el saber
Meditación sobre el saber
No es ya que “el saber no ocupa lugar”, el célebre adagio, sino que sea una motivación interior, un afán virtuoso por conocer. El hombre renacentista es un legado que debería ser atemporal, lo mismo que sus predecesores griegos.
Ocurre que el saber, amén de conocimiento, conlleva oportunidades pero también lleva aparejado dolor y sufrimiento – que hay que saber atemperar y manejar- porque te hace ver sucesos anticipadamente con más nitidez. Pero manejado bien te permite anticiparte y planificar el futuro, claro que depende de lo que del saber sepas, valga la redundancia. Y depende de que el dolor y el sufrimiento de lo anticipado por el conocer que está por venir no pueda ser evitable.
Suele desalentar al más esforzado porque nunca se termina, no tiene final cognoscible. Una ardua tarea que requiere bemoles y de un gran amor imbatible por el conocimiento.
Un aspecto que ha influido en la actitud ante el saber es la evolución hacia la especialización, cosa que creo ha sido positiva para la economía de mercado pero ha sido negativa porque el hombre masa moderno no ha querido, en general, – él es el único culpable – buscar la sabiduría sino que muchos se han quedado con lo suyo y poco más.
A fuer de ser justo la especialización también ha generado un generoso comportamiento social de ayudas mutuas entre unos y otros, me refiero al ámbito externo a lo laboral claro. Una cooperación social mutua entre personas y grupos con consecuencias claramente sinérgicas e intangibles como toda la cooperación que nace de la altruista socialización del conocimiento: El quid pro quo.
Pero hay un tipo de personas mayoritario de hoy que opta por disfrutar de la vida más que por hacerse preguntas. Barrunto que este antagónico binomio humano siempre ha existido pero el hombre moderno está desaprovechando ese nuevo descubrimiento de la “imprenta digital”, ese portador de exhaustiva información que es el smartphone (La nueva Biblia de Guttemberg portátil).
Una gran masa humana se conformaba antaño con salir adelante y llevar una vida sencilla pero plena y otros pocos – privilegiados o amantes de la causa con sus mecenas- podían dedicarse al noble arte del saber. La gran masa de hoy – era del bienestar- malgasta sus talentos y la riqueza de conocimientos que proporciona tal información extensa y ubicua inmersionándose en lo lúdico y en lo hedónico.
Una vida egoísta de entretenimiento no es plena, es huera y vana. Y lleva ineludiblemente a la servidumbre a la que propende la ignorancia. Quién le iba a decir al sarcástico ateo de Karl Max que el opio del pueblo iba a ser realmente el hedonismo y la cultura del ocio.
Petrusvil
En Valldoreix, a 20 de septiembre de 2024
(FiN) Meditación sobre el saber
By Petrusvil













