
Meditación del deseo de eternidad
Meditación del deseo de eternidad
Propiamente yo no me sé que existo, es decir, no es que lo razone y de ello lo deduzca, sino que me siento existir antes de pensarlo. Ese es el aguerrido e interminable enfrentamiento entre la razón y la vida y, con ella, su deseo de eternidad.
Ahí erró Descartes, olvidose del hombre sintiente que se siente vivo y no racionaliza su existencia sino que la siente en su cotidiano vivir. También podía haber dicho hablo luego existo, que es el pensamiento verbalizado, sin embargo el hombre sabe o conoce que existe por sentirse no por pensarse ni por decirse.
Previo a la razón que es un subproducto social del lenguaje que surgió para comunicarnos, de ahí nació, está el sentimiento, personal e intransferible, el sentirse uno vivo no requiere de lenguaje para ser sentido ni de razonamiento para ser entendido. Se tiene y eso al hombre le basta.
Pues uno piensa usando un lenguaje que no es más que una forma limitada de expresar el existir, pues es algo que nació en el origen de los tiempos para expresar nuestros sentimientos a los demás pero, es claro, para expresar un sentimiento hay que tenerlo previamente para poder explicitarlo. Claramente hay que sentir para poder pensar o decir “me duele aquí”.
Luego el sentir, propiamente la vida, es previo a la razón. Ergo puedo decir “siento luego existo” y como existo no quiero dejar de existir. Lo primero es la base del vitalismo filosófico, y lo segundo es el deseo de transcendencia que no es más que desear la vida eterna, de eternizarse en el vivir en cuerpo y alma. Claro es, si uno se siente vivo lo siguiente que desea ¿qué es? Sentirse siempre así, vivo. Es decir, vivir para siempre.
Esa sencilla querencia es el origen de la necesidad de transcendencia del hombre cuando descubre que puede llegar a dejar de sentirse vivo, que simplemente un día inexorablemente dejará de vivir, dejará de ser consciente de que vive y habrá muerto: Descubrir la muerte lleva consigo descubrir el hambre de inmortalidad. Así la vida y la muerte son estadios enfrentados permanentemente cuya única resolución finalísima, que las une, es la vida eterna.
Si el hombre fuera de la nada a la nada y, en medio sólo su vida, esta se convierte en vana, y en deseando no acabarla, se ve necesitado imperiosamente de inmortalidad. Porque de no ser, al siendo y luego, muriendo, al no ser, se pregunta, primero ¿para qué? ¿Qué gasto más inútil? ¿Qué sin sentido?
Y luego ¿por qué? En eso consiste el sentido de la transcendencia. Mas el “para qué”, el padre del desasosiego humano, el meollo que nos corroe ¿para qué me he sido y me he gastado? Si nací a la vida ¿por qué acabar muerto? Si me sentí vivo, si conocíme a mí ¿por qué acabar olvidándome y olvidado? A ese agarramiento desesperado a la vida, al amor al vivir que lo sueña, va el deseo de eternidad prendido.
Se rebela el hombre contra su triste condición humana, y no hay razonamiento ninguno en ello, no lo necesita, simplemente no quiere dejar de sentirse vivo. La consecuencia inmediata del deseo de transcendencia es que, no estando en nuestra mano, debe estar en el Amor de alguien superior: Dios. Lo máximo de amarse a uno mismo es no querer morirse. Y si amo a los demás como a mí mismo, el máximo amor es desear que el otro viva eternamente.
Así dijo Jesús «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón» pero al otro, ¡Ay, al otro! A ese ámale como a tí mismo. Mateo 22:37-39 RVR1960.
“Aunque estamos en polvo convertidos, en ti, Señor, nuestra esperanza fía, que tornaremos a vivir vestidos con la carne y la piel que nos cubría”. En esta poesía de Unamuno va entera nuestra fe en la eternidad con Dios en cuerpo y alma.
Así, tuvo que venir Cristo a mostrarnos su vida de hombre, revelándonos su mensaje de Salvación y nuestra Resurrección mostrada en la suya. Y esto ya no es razón ni sentimiento, es la Revelación Cristiana escrita -legada por testigos directos alumbrados por el Espíritu Santo-, vivida, fenecida y resucitada por el mismo Dios hecho hombre.
Petrusvil
(FiN) Meditación del deseo de eternidad
A este post le sigue: Meditación: ¿Quién es Dios?
By Petrusvil













