El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

Petrusvil, escritor español.

9 de julio de 2021
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El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

El escritor Giovanni Papini (Florencia, 9 de enero de 1881-ibidem, 8 de julio de 1956). Polemista apasionado que pasó de ser un escéptico ateo a un ferviente católico. Entre sus obras destaca su autobiografía, ‘Un hombre acabado‘. Falleció en Florencia con 75 años. El silencio de los poetas (Giovanni Papini).

¿Hay aún poetas en el mundo?

¿Hay aún poetas en el mundo? No los distingo, no oigo levantarse en parte alguna la voz que espero y que quizá millones de almas, igual que yo, esperan en vano. En cada uno de los momentos solemnes de la Historia humana, una vez que se hubieron vendimiado las viñas y roturado los campos, se alzaron los poetas para cantar el epicedio o el epinicio, el salmo fúnebre o el himno de victoria. Hoy reina en todas partes el silencio. Ni siquiera los soldados han tenido una canción suya, ni siquiera las víctimas fueron acompañadas por las estrofas de un treno. Sobre la inmensa presa cruenta se escucha un clamor inmenso en el cual no aletea canto alguno que sublime en lenguaje de melodía nuestro horror y nuestra esperanza.

¿Acaso los hombres se han vuelto tan torpes e insensatos que ya nada piden a los poetas? Pero si existiese un poeta, en el sentido original y sagrado de la palabra, osaría desafiar incluso esa petrificación debida a la desesperación. Misión propia de Orfeo es la de amansar a las fieras.

Los hombres ya no invocan la caridad de la poesía. Y, sin embargo, nunca como hoy necesitarían ser transfigurados, rescatados, elevados por ella. Para las catástrofes de orden material no se pueden esperar resacas ni desquites más que en el orden del espíritu. La voz de los poetas fue siempre la voz del pueblo. Si los poetas callan, quiere decir que los pueblos están ya en el coma de la agonía, que no les queda fuerza ni para gemir.

¿Por qué, pues, os ocultáis en el silencio, precisamente en esta época que necesitaría un grito tan potente que pusiese en pie hasta a los moribundos? Veo, sí, entre vosotros, a hombres que se llaman mutuamente poetas; fabricantes de ramilletes de versos, capaces de hacerlos hasta a oscuras; que echan a suertes las palabras con la esperanza, casi siempre frustrada, de ganar el premio de la poesía. Egregios joyeros del verbo, que conocen todos los diccionarios, todas las literaturas y todas las estéticas; pero que ya no saben, o no han sabido nunca, cuál es la misión humana o divina de la poesía. Son los astrólogos de la lírica narcisista: extraen horóscopos de todo el zodiaco de la realidad; pero lo que trazan sobre el sufrido papel no es poesía; es solo vaina o serrín de poesía.

Vuestra obra se semeja a la Creación

Temo que vosotros mismos, los que andáis en boca de las gentes;famosos entre las multitudes por el pecado de vuestra soberbia, no sepáis bien lo que Dios os dio y os pide. Si bien todos los hombres, en origen y principio, están hechos a Su imagen y semejanza, precisamente en vosotros – poetas-, después de los Santos,;es en quien mejor se aprecia Su imagen y Su semejanza, no sólo la de Dios creador, sino también la de Dios redentor.

El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

Vuestra obra se semeja a la Creación porque debe dar forma armoniosa al caos informe de los sentide los sentimientos y de los pensamientos; debe separar la luz de las tinieblas, es decir, hacer refulgir el espíritu ordenador sobre la sordidez de la materia. Vuestra obra recuerda el misterio inefable de la Encarnación; porque también vosotros tenéis que encerrar átomos y chispas del espíritu divino en las formas externas y físicas de los idiomas terrestres. También la inspiración, para redimir, debe padecer en una cárcel de sílabas que la manifiesta, pero la disminuye.

Vuestro lenguaje natural es la imagen poética. Con el perenne descubrimiento de las similitudentre los seres y sus aspectos, sugerís inevitablemente la unidad originaria del Universo. Unidad más visible para vosotros que para los demás; y afirmáis la hermandad de todas las criaturas destinadas a reconciliarse en el novísimo retorno a Dios.

La poesía es, pues, iluminadora, purificadora y redentora

La catarsis de toda angustia y culpa, que en vuestros cantos se opera con la magia de la belleza calmante y sublimadora, es el destello humano de la Redención que el Hijo del Hombre anunció en sus Bienaventuranzas. Estáis, aunque lo ignoréis, entre los discípulos del Sermón de la Montaña; sois, en la esfera de la palabra terrestre, imitadores de la Redención, preparadores del Reino de los cielos. En vosotros se repite, aunque sea de otra manera y en diverso sentido, el milagro de Pentecostés. También vosotros tenéis vuestra consolación, que es el conocimiento de los secretos de las almas, la ciencia de las lenguas y de su embrujo.

En los momentos de más feliz inspiración, cuando la humildad abre paso hacia lo sublime, estáis como bañados por la gracia, lo que Dios mismo os dicta y que vosotros, mártires en éxtasis, expresar con toda la fuerza de vuestros sones articulados. No obstante la pobreza de medios y la disparidad de la condición humana con respecto a la revelación divina, conseguis retener en vuestros cantos, a menudo sin daros cuenta de ello, algún fragmento y eco de la verdad absoluta.

La poesía es, pues, iluminadora, purificadora y redentora. Sois, a vuestra manera, taumaturgos, puesto que colaboráis en el milagro de trocar en espíritu la materia; en alegría el dolor; en canto de resurrección el duelo de la Naturaleza y de su Rey. La poesía así entendida – y toda otra manera de concebirla es indigna de ella- es uno de los vestíbulos más espaciosos y vastos del Cristianismo. Sois, lo sepáis o no, apóstoles de Cristo in partibus infidelium – en tierras de infieles, mediadores entre la nostalgia del hombre y la promesa de Dios.

La gran poesía es, como Cristo, camino, verdad y vida.

No es necesario que vuestros versos digan la gloria de Cristo, de sus santos y de su Iglesia; hay un color, un tono y un significado cristiano en la manera misma que empleáis para descubrir una nube; una flor, un monte, un rostro de niño, una figura de mujer. Esa nube, por virtud íntima del arte, nos recordará la nube de la Ascensión; esa flor nos parecerá el lirio de la parábola; ese monte tendrá algún reflejo del Tabor; ese niño será hermano de los que tocan las rodillas a Jesús; esa mujer, si es pura, se semejará a la Virgen; si es pecadora, a la Samaritana. La poesía disipa las sombras; hace desear el dolor en el infierno de Dante, hace amar la vida en los amargos cantos de Job.

El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

Todos los poetas del mundo, antes y después de Cristo, son solamente, aunque lo ignoren o lo nieguen, ilustradores del Evangelio. La gran poesía es, como Cristo, camino, verdad y vida.

El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

Los poetas antiguos cantaron, sobre todo, cantos de victoria, victoria sobre el enemigo y victoria sobre la mujer. Los poetas nacidos después de la Encarnación son, en cambio, semejantes a Jacob:; luchan en la noche oscura, contra el ángel, sin vencer nunca, sin ser nunca vencidos. Pero cuando la aurora arrebola el cielo, en el rostro del poeta se aprecian aún vestigios del deslumbramiento causado por el angélico fulgor. Comprenderéis ahora por qué apelo también a la poesía para la restauración de la dicha en este mundo traspasado, clavado en la sombra dura del castigo. Podéis recordar los sedientos porque han olvidado las aguas de la vida; la riqueza infinita de los pobres, la belleza del sacrificio, el consuelo de los tormentos, la fraternidad de los dolientes, la necesidad del amor universal, la potencia del perdón.

… el hombre os llama con el silencio mismo de su desesperación.

Deberíais trazar, a una luz nueva, la visión salvadora de la ciudad de Dios, de ese reino de los cielos que es futuro. Y, sin embargo, podría ser inminente si los hombres se diesen cuenta de que lo tienen ya en sí mismos, como mi Maestro y el vuestro proclamó. Podríais tener una gran parte en esta restitución de lo divino en lo humano; en esta traducción efectiva del Evangelio sin la cual no hay escapatoria posible de esta sima infernal de reptiles enloquecidos en que ha quedado convertida la tierra.

Dejad, pues, de ser los sagaces calígrafos de vuestras fantasías congeladas,;los destiladores abstemios de licores que no embriagan, los cazadores de cerebrales destellos encajeros del tedio, Volved a ser lo que Dios quiso y quiere que seáis: los liberadores de los ortigales y pedreras de lo cotidiano; los confidentes de los corazones silenciosos, los intérpretes de los misterios manifiestos, los profetas que sostienen al hombre en la ascensión a su verdadera patria. Demasiado duró el silencio.

Vuestra ausencia es uno de los signos más graves del crepúsculo de los valores supremos. Os llamo también a vosotros, hoy, porque Dios os llama en nombre de su Misericordia; porque el hombre os llama con el silencio mismo de su desesperación.

FiN

El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

El silencio de los poetas (Giovanni Papini)

El guía de los niños – Rabindranaz Tagore

Escritor español Petrusvil

Japalpilpa

Pedro Antonio Villegas Santos

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