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El sentir popular en la escritura – Máximo Gorki

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
22/06/2022
Tiempo de lectura 3 minutos.
El sentir popular en la escritura - Máximo Gorki

Máximo Gorki, o Alekséi Maksímovich Peshkov ( Nizhni Nóvgorod, 28/IIi/1868-Moscú, 18/VI/1936) Escritor y político ruso, identificado activista del movimiento revolucionario ruso. (El sentir popular en la escritura – Máximo Gorki)


Puede ser útil mencionar aquí que el lenguaje es creado por el pueblo. La división del lenguaje en literario y familiar significa que por un lado tenemos un; lenguaje que podríamos denominar bruto y por el otro uno moldeado por manos maestras. 

El primero que entendió esto fue Pushkin, que también fue el primero en demostrar cómo utilizar el material del habla del pueblo y cómo modelarlo.

El escritor es el vocero emocional de su país y de su clase, es su oído, sus ojos y su corazón; es la voz de su época. Debe saber tanto como sea posible, y cuanto mejor conozca el pasado; mejor entenderá su propio tiempo, más fuerte y profundamente percibirá el carácter universalmente revolucionario de nuestra época y el alcance de sus tareas. 

Es necesario y aún obligatorio conocer la historia del pueblo; no menos necesario es saber lo que piensa sobre los problemas sociales y políticos. Los eruditos que estudian etnografía e historia de la cultura nos dicen; que la forma de pensar del pueblo encuentra expresión en cuentos, leyendas, proverbios y refranes. Y es perfectamente cierto que los proverbios y los refranes proporcionan una expresión completísima y fascinadora de cómo piensa la masa del pueblo.

El sentir popular en la escritura – Máximo Gorki

En general, los proverbios y los refranes formulan con ejemplar brevedad toda la experiencia vital social e histórica del pueblo trabajador, y para un escritor es imperativo estudiar este material, que le enseñará a apretar algunas palabras tal como se aprieta los dedos para formar un puño, y a desplegar otras palabras que han sido sucintamente comprimidas por otros desplegarlas para revelar las cosas ocultas, hostiles a las tareas de la hora, que han estado escondidas en las palabras.

He aprendido mucho de los proverbios, o, en otras palabras, pensando en forma de aforismos. 

Esta clase de pensamientos vivos me enseñó a pensar y escribir. Tales pensamientos, los pensamientos de los porteros; los empleados; los vencidos y toda clase de gente los encontré en libros en que estaban recubiertos por otras palabras. Así los hechos de la vida y la literatura se complementaban mutuamente.

He hablado ya de la forma en que los maestros de la palabra crean tipos y personajes, pero quizá resulte útil mencionar dos casos interesantes:

El Fausto de Goethe es uno de los más bellos productos de la creación artística, del principio al fin un producto de la imaginación; una ficción del cerebro, la encarnación de pensamientos en imágenes. Leí Fausto cuando tenía veinte años, y más tarde me enteré de que doscientos años; antes del alemán Goethe un inglés, Christopher Marlowe, había escrito también sobre Fausto; que Pan Tvardoski, una novela polaca, era una especie de Fausto; y que también lo era El buscador de la felicidad del francés Paul de Musset.

El sentir popular en la escritura – Máximo Gorki

Descubrí igualmente que la fuente de todos los libros sobre Fausto era un relato medieval popular sobre un hombre que vendió su alma al diablo porque quería conseguir la dicha personal y el dominio sobre los hombres y las fuerzas de la naturaleza. Ese relato, a su vez, había nacido de la observación de la vida y la obra de los alquimistas, que se esforzaban por fabricar oro y por producir un elixir de inmortalidad. Entre esas personas había muchoshonestos soñadores, «fanáticos de una idea», pero había también embaucadores y charlatanes.

 El fracaso de los esfuerzos de todos ellos por obtener un poder superior fue expuesto al ridículo en todas las narraciones sobre las aventuras del Doctor Fausto medieval, a quien ni el propio demonio pudo ayudar a conseguir la omnisciencia y la inmortalidad.

Junto a la desdichada figura de Fausto se yergue otro personaje conocido en todas partes. En Italia es Pulcinello, en Inglaterra Punch, en Turquía Karapet, en nuestro país Petrushka. Es el héroe invencible de la obra de títeres, derrota a la policía, a los sacerdotes, incluso a la muerte y al diablo, mientras él mismo permanece inmortal. En esta tosca e ingenua imagen el pueblo trabajador se encarnó a sí mismo y encarnó su firme creencia de que a la larga será él quien derrote y domine a todos y a todo.

Estos dos ejemplos confirman una vez más lo que se dice más arriba; las obras literarias tradicionales: «anónimas», es decir, los productos de autores desconocidos, están también sometidos a la ley de que las características de determinado grupo social deben recibir forma tangible por la concentración de
todos esos rasgos en un solo miembro individual del grupo. La estricta observación de estas leyes por el escritor le ayuda a crear tipos.

Tal hizo Charles de Coster para crear su Till Ulenspiegel, el tipo nacional de los flamencos; y Romain Rolland con su borgoñés Colas Breugnon y Alphonse Daudet con su Tartarín de Tarascón provenzal.

Un escritor puede crear tan brillantes retratos de personas típicas sólo si posee bien desarrollados poderes de observación, la capacidad para encontrar similitudes y descubrir diferencias, y si está dispuesto a aprender, aprender y aprender. Cuando no hay un conocimiento exacto se emplean conjeturas, y de cada diez conjeturas, nueve son erróneas.

FiN

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