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De la observación silente del escritor – Marcel Proust

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
22/06/2022
Tiempo de lectura 3 minutos.
De la observación silente del escritor - Marcel Proust

Marcel Proust (París, 10/VII/1871-París, 18/XI/1922) fue un novelista y crítico francés; cuya obra maestra, la novela «En busca del tiempo perdido» fue enormemente influyente tanto en el campo de la literatura; como en el de la filosofía y la teoría del arte. (De la observación silente del escritor – Marcel Proust)


El literato envidia al pintor; le gustaría tomar apuntes, notas, pero está perdido si lo hace. Pero cuando escribe no hay un gesto en sus personajes; un tic o un acento;que no le haya sido llevado a su inspiración por su memoria; no hay un nombre de personaje inventado bajo el cual no se puedan poner sesenta nombres de personajes vistos; de quienes uno fue tomado como modelo para una mueca; el otro, para el monóculo; uno, para la cólera, y otro, para el aparatoso movimiento del brazo. 

Y entonces el escritor advierte que si su sueño de ser pintor no era realizable de una manera consciente y voluntaria; se encuentra, sin embargo, con que lo ha sido y que también el escritor ha llevado consigo, sin saberlo,; su libreta de apuntes…, pues movido por el instinto que había en él; el escritor, mucho antes de creer que lo sería algún día,; omitía regularmente mirar tantas cosas que los demás tienen en cuenta; cosa que le hacía ser acusado por los demás de distracción; y por él mismo de no saber escuchar ni ver. 

Pero durante ese tiempo dictaba a sus ojos y a sus oídos que retuviesen para siempre lo que a los demás les parecería insignificancias pueriles; el acento con que había sido dicha una frase; el aspecto del rostro y el movimiento de hombros que había;hecho en determinado momento tal persona, de la que quizá no se sepa nada más; hace ya muchos años de ello; y esto porque ese acento ya lo había oído o sentía que podría volver a oírlo, que era algo renovable y duradero; es el sentimiento de lo general el que en el escritor futuro elige por sí mismo lo que es general y podrá entrar en la obra de arte.

De la observación silente del escritor – Marcel Proust

Pues no ha escuchado a los demás más que cuando, por imbéciles o locos que fueran; repitiendo como loros lo que dicen las gentes de carácter parecido, se habían hecho, por lo mismo, los pájaros profetas, los portadores de la palabra de una ley psicológica. No recuerda más que lo general. 

Por medio de tales acentos; lpor tales juegos de la fisonomía; por tales movimientos de hombros, aunque hubiesen sido vistos en su más lejana infancia,; la vida de los otros está representada en él; y cuando más tarde escriba le servirá para recrear la realidad; sea componiendo un movimiento de hombros común a muchos, verdadero como si estuviera anotado en el cuaderno de un anatomista; pero grabado aquí para expresar una verdad psicológica, sea ligando a este movimiento de hombros un movimiento de cuello realizado por otro,;habiendo dado cada uno su instante de modelo.

No es cierto que para crear una obra literaria la imaginación y la sensibilidad no sean cualidades intercambiables; y que la segunda no pueda sustituir sin grandes inconvenientes a la primera, como la gente cuyo estómago es incapaz de digerir carga esta función a su intestino.

De la observación silente del escritor – Marcel Proust

Un hombre nacido con sensibilidad y que no tuviese imaginación, podría, a pesar de esto, escribir novelas admirables. El sufrimiento que le causarían los demás, sus esfuerzos para prevenirlo; los conflictos que éste y la segunda persona cruel crearía; todo esto, interpretado por la inteligencia, podría crear la materia de un libro; no sólo tan hermoso como si fuera imaginado, inventado, sino incluso también exterior al ensueño del autor; si había sido entregado al mismo infeliz, tan sorprendente para él mismo y tan accidental como un capricho fortuito de la imaginación. 

Los seres más tontos por sus gestos, conversaciones y sus sentimientos involuntariamente expresados manifiestan leyes que no perciben, pero que el artista sorprende en ellos. A causa deeste género de observaciones, el vulgo cree en el escritor malo; y cree equivocadamente, pues en un ridículo el artista ve una hermosa generalidad; y no lo imputa más a cuenta de la persona observada como el cirujano no la desestimaría por estar afectada por un trastorno bastante frecuente de la circulación; de este modo se burla menos que nadie de los ridículos. 

Por desgracia, es más desgraciado que malo cuando se trata de sus propias pasiones; con todo y conocer tan bien la generalidad, se libera menos fácilmente de los sufrimientos personales que ellas ocasionan. Sin duda, cuando un insolente nos insulta, hubiéramos preferido que nos elogiara; y, sobre todo, cuando una mujer a quien adoramos nos traiciona, qué no daríamos para que fuera de otro modo. Pero el resentimiento de la afrenta, los dolores del abandono, habrían sido entonces tierras que no hubiésemos conocido jamás; y cuyo descubrimiento, por penoso que sea para el hombre, se hace precioso para el artista. 

Por esto los malvados y los ingratos, a pesar suyo, a pesar de ellos, figuran en su obra. El panfletario asocia involuntariamente a su obra la canalla a la que ha escarnecido. Puede reconocerse en toda obra de arte a aquellos a quienes el artista ha odiado y, ¡ay!, incluso a aquellos a quienes más ha querido.

FiN

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