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El macaco y la riada

01/11/2024

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
Tiempo de lectura 3 minutos.
El macaco y la riada

El macaco y la riada

El macaco y la riada

Tardó poco el presidente, arribista mocionero, en decretar el Estado de Alarma, desproporcionado, lesivo y excedido en el tiempo cuando se le vino encima la COVID después de haber mirado hacia otro lado por no comprometer los fastos feminoides ochoemeeros.

Ahora cuando el mayor temporal – dejemos lo de DANA para los moernos videntes climatólogos rappeleros- del último siglo ha arrasado la Comunidad Valenciana dejando un reguero de muertos que desgraciadamente terminarán sobrepasando a los fallecidos del 11M de funesto recuerdo, ahora digo, se pone de perfil y demora la urgente y necesaria actuación del Estado ante la catástrofe. Estamos ante uno de los desastres naturales más letales de la historia de España y su gestión de esta crisis ha brillado por su ausencia.

El motivo por el que el ruin especulador político de Sánchez ha mantenido en nivel 2 la tragedia de Valencia y no lo haya subido al 3 es porque si lo hace el Gobierno Central tendría que tomar el control y no quería. Prefería achicharrar a Mazón, que no tiene recursos para afrontar una tragedia de estas dimensiones.

El desastrado felón ególatra mira a Mazón – esta es la consecuencia de la dilución de responsabilidades que ha traído la España de las autonomías- cuando es su obligación como gobernante poner en marcha todos los recursos del Estado Central para paliar el horror, para aliviar el desastre humano, vial, en infraestructuras, viviendas y comercios. No sólo para intervenir con premura ante la catástrofe sino para restaurar la situación lo más pronto posible. Si para algo está el Estado es precisa y obligadamente para solventar estos trágicos aconteceres. Si no, ¡apaga y vámonos!

Con una cifra de muertos creciente, que se acerca ya a los 200 fallecidos; centenares de desaparecidos a los que hay que encontrar, con pueblos arrasados; con las ruinas de edificios, viviendas, negocios, puentes y con miles de coches apilados en sus calles o enterrados entre agua y lodo; con decenas de miles de personas sin agua y sin luz; con efectos devastadores en otras comunidades autónomas; con saqueos y decenas de detenidos, en un espectáculo vergonzoso, venezuélico, para un país desarrollado y qué dícese europeo.

¡Qué lo de enviar al ejército si acaso no porque eso cantaría demasiado! Y tampoco desechemos, tal es el talante carroñero del ínclito, que pueda haber un «interés político» para «desgastar al Gobierno de Carlos Mazón». En cualquier caso, la consecuencia es que «se ha dejado solos a los vecinos» al no desplegarse toda esa rápida fuerza logística y humanitaria de la que es capaz el Ejército. «Estamos solos», manifestó una vecina ubicada en la zona 0 de la catástrofe.

¿Dónde está el Sr. Sánchez para poner en marcha todo el poder del Estado – este poder sí, cuando es más necesario- cuando la desolación ha caído sobre muchos de sus ciudadanos? ¿dónde está el centro de mando central que coordine todas las labores de rescate y de puesta en marcha de la normalidad en lo posible? |¿Quién está desde el gobierno central al frente de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas para ayudar a los desvalidos afectados?

¿Quién tiene la potestad de valorar y si es necesario, qué lo es, decretar – esta vez sí y con motivo sobrado- el estado de alarma en la Comunidad Valenciana y la declaración de zona catastrófica? ¿Quién es competente sobre las infraestructuras esenciales como la A-3, la A-7, el AVE, la red de Cercanías o el aeropuerto de Valencia? La respuesta no admite la más mínima duda: el Gobierno central, el petimetre macaco que lo preside y toda la ralea de inútiles que nombró.

La respuesta del psicopático narcisista será tardía y escasa, remolona y parca, porque él no está para estas cosas sino para la safisfacción de su ego sin límites en el que no existe ni la generosidad en la subsanación del daño, ni la prestancia en el alivio moral y económico de las víctimas. Ni el honor ni la compasión tienen cabida en este ser perturbado, falto de caridad y empatía, sin remordimientos ni sentido de la responsabilidad ni de la culpa.

Ahora lo único que le preocupa es el control de daños y aprovechar el desastre en su propio beneficio para seguir agarrado cómodamente al poder como un macaco -de mirada ida- se agarra a su rama.

El macaco y la riada

(FiN) – El macaco y la riada

La despechada y el gañán