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Captar el ritmo extraño e irregular de la vida – Henry James

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
27/06/2022
Tiempo de lectura 3 minutos.
Captar el ritmo extraño e irregular de la vida.  - Henry James

Henry James (Nueva York, 15/IV/1843-Londres, 28/II/1916) fue un escritor y crítico literario estadounidense, nacionalizado británico. Figura clave en la transición del realismo al modernismo anglosajón, cuyas novelas y relatos están basados en la técnica del punto de vista. (Captar el ritmo extraño e irregular de la vida.  – Henry James)


Yo me hago un lío para imaginarme cosa alguna que debe gustarle o no a la gente; (por lo menos en este asunto de la novela). Se puede estar seguro de que la selección se realizará por sí misma, porque tiene tras ella móviles constantes. Ese móvil es la simple experiencia. De igual manera que la gente siente la vida, siente asimismo el arte que se halla más estrechamente unido a ella.

 Al hablar del esfuerzo de la novela, no debemos olvidarnos nunca de esta relación estrecha. Hay mucha gente que habla de ese esfuerzo como de una forma ficticia, artificial, como de un producto de la habilidad, cuya tarea consiste en alterar y arreglar las cosas que nos rodean, para trasladarlas a modelos convencionales, tradicionales. Esto, sin embargo, es un punto de vista del asunto que nos lleva a muy pequeña distancia, y que condena al arte a una repetición eterna de unos pocos clichés familiares, que corta su desarrollo, y nos lleva derechos a un punto muerto. 

El intento cuya fuerza enérgica mantiene en pie la novela es el de captar la nota misma y el truco, el ritmo extraño e irregular de la vida. Sentimos que estamos tocando la verdad en proporción a como vemos la vida, sin arreglos previos, en lo que ella nos ofrece; y sentimos, en proporción a como la vemos con arreglos, que se nos aparta de ella con un sustituto, con una transacción o con un convencionalismo. Se oye con frecuencia la extraordinaria seguridad con que se anuncia en relación con este asunto del arreglo previo, del que se habla como si fuese la última palabra del arte.

A mí me parece que el señor Besant corre el peligro de caer en el gran error con su manera desprevenida de hablar acerca de la selección. El arte es esencialmente selección, cuyo principal cuidado consiste en ser típica, en ser inclusiva. El arte significa para mucha gente cristales de ventana coloreados de rosa, y la selección equivale a elegir un ramillete para la señora Grundy.

Captar el ritmo extraño e irregular de la vida.  – Henry James

Le dirán locuazmente a usted que las consideraciones artísticas nada tienen que ver con lo desagradable, con lo feo; parlotearán vulgaridades de poco fuste sobre el reino del arte y los límites del arte, hasta que usted les conteste con algo sobre el reino y los límites de la ignorancia. 

Me parece a mí que nadie ha podido realizar jamás un serio intento artístico sin adquirir conciencia de un aumento inmenso de libertad, de una especie de revelación. Por la luz del rayo celestial uno percibe en ese caso que el reino del arte es la vida toda, todo el sentimiento, toda la observación, la visión toda.

Es todo experiencia, según intima con tanta justicia el señor Besant. 

Esta es una respuesta suficiente para quienes sostienen que no debe tocar las cosas tristes de la vida, para quienes pegan en su divino regazo inconsciente, al extremo de unos palos, pequeñas inscripciones prohibitivas, como las que vemos en los jardines públicos: «Prohibido caminar por el césped; prohibido tocar las flores; prohibido entrar con perros o prohibido permanecer dentro después de oscurecido; se ruega llevar su derecha.» 

El joven aspirante a la novela, al que seguimos imaginándonos, no hará nada sin gusto, porque en ese caso su libertad le serviría de muy poco; pero la primera ventaja de su buen gusto consistiría en revelarle lo absurdo de los pequeños palos y letreros. Debo agregar que, si él tiene buen gusto, tendrá, como es natural, habilidad, y con la referencia poco respetuosa que acabo de hacer a esa cualidad no trato de afirmar que es inútil en la novela. Pero es solamente una ayuda secundaria; la primera es la facultad de recibir impresiones rectas.

Captar el ritmo extraño e irregular de la vida.  – Henry James

Una novela es, en su definición más amplia, una impresión personal y directa de la vida; esto, para empezar, constituye su valor, que es mayor o menor según la intensidad de la impresión. Pero no habrá en modo alguno intensidad, y por consiguiente no habrá valor, a menos de que haya libertad para sentir y para decir. El trazar una línea que seguir, el dar un tono que tomar, una forma que realizar, es una limitación de esa libertad y una supresión de la verdadera cosa por la que mayor curiosidad sentimos. 

La forma, me parece a mí, debe ser apreciada después de la realidad: después el autor realiza su elección, y su norma es indicada; después, podemos seguir las líneas y direcciones, comparando tonos y parecidos. Podemos luego disfrutar, en una palabra, del más encantador de los placeres, podemos estimular la cualidad, podemos aplicar a la novela la prueba de la ejecución. 

La ejecución pertenece exclusivamente al autor; es lo más personal que tiene y lo medimos por ella. La ventaja, el lujo, tanto como el tormento y la responsabilidad de un novelista, estriba en que no existe límite a lo que él puede intentar como ejecutante; no hay límite a sus posibles experimentos, esfuerzos, descubrimientos y éxitos. Aquí es donde él trabaja de una manera especial, paso a paso, igual que su hermano del pincel, del que siempre podremos decir que ha pintado su cuadro de la manera que mejor sabía. Su manera es su secreto, que no es necesariamente un secreto celoso. No podría exhibirlo como una cosa general, aunque quisiese; se encontraría perdido para enseñárselo a los demás. 

Digo esto con el debido recuerdo de quien ha insistido en la comunidad de método del artista que pinta un cuadro y del artista que escribe una novela. Puede el pintor enseñar los rudimentos de su práctica, y es posible aprender a pintar y aprender a escribir por el estudio del buen trabajo (supuesta la aptitud). Sigue, sin embargo, siendo verdad, sin daño para el rapprochement, que el artista literario tendría que decir a su discípulo, mucho más que el otro: «Bueno, usted debe hacer como pueda.»

FiN

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