La neolengua liberal orwelliana

Petrusvil, escritor español.

1 de junio de 2020
Tiempo de lectura: 4 minutos

La neolengua liberal orwelliana

La neolengua liberal orwelliana
La neolengua liberal orwelliana

(Escrito el 26 abr. 2020. Revisado el 1/6/2020 y el 12/02/2021)

Toda la construcción del lenguaje zurdópata se basa en dos premisas: Subir el tono verbal o bajarlo. ¡Qué bueno que empiece yo eufemizando!

La primera, subir el tono verbal o subir la nota, es la agresiva, vociferante y bullanguera. Las hay de dos tipos: nominales u oracionales.

        Las nominales suelen tener un solo vocablo. Suenan contundentes y punzantes. Buscan desangrar al adversario proclamando en el altar mediático la supuesta vileza del contrario. Tales como: austericidio, machismo, homofobia, trifachito, etc. Básicamente constituyen las profusas tablas de Moisés de la religión pagana de la izquierda. Donde se enumeran la interminable lista de los supuestos pecados de aquellos que, simplemente, discrepan de su ideología deconstructivista.  

La segunda, que he llamado eufemisticamente oracional, son las proclamas, que obran como gritos de guerra destinados a analtecer al populacho. No se me ofendan que, para las élites liberalcomunistadas, la gente, el pueblo, es el proletariado. Esa masa informe que manejan a su antojo, o eso pretenden con más o menos éxito desde sus inicios estalinistas.

La diferencia es que la clase obrera antaño oprimida ha devenido en la clase víctimada, también oprimida. Ya hay de victimario una caterva bien repleta. O no recuerdan que un tal Iglesias mostró públicamente su desprecio a los lumpenproletarios, narrando un envalentonado encontronazo con ellos. En el fondo siempre fueron clase alta, o séase casta, estos neocomunistas que querían sustituir a la existente y que se han tenido que conformar con unirse a ella.

Bueno, esto daría para otro artículo o varios así que volvamos al grito de guerra oracional que tiene ilustrativos ejemplos. Tales como: ‘No a la guerra’ , ‘Nunca máis’, ‘no merecemos un gobierno que nos mienta’. Y los mantras de las manis: ‘donde están, no se ven los/las … del pepé’ , ‘el machismo mata’, ‘trifachito a la oposición’, ‘España valiente, Pedro presidente’. En fin, es larga la relación de llamamientos, proclamas y catalizadores de histeria para uso profuso de su populacho. Y no quiero hacerles la lista a los psoitas.  

En muchas ocasiones el grito de guerra es para consumo interno. Y, a veces, se les escapa. ¿Se acuerdan del famoso «..nos interesa que haya tensión» de Zapateron a Gabilondo?

La neolengua política orwelliana

Ya vamos acabando–.

Nos queda la de ‘bajar tono verbal’. Aquí el neovocabulario zurdo trata del afán de minimizar daños, quitar importancia a ciertos temas delicados o darles un tinte eufemístico. También podemos clasificarla en nominal y oracional.

Como nominales destaca sobremanera su última invención: desescalada. Se trata de evitar la palabra tabú a toda costa, verbigracia desconfinar, desencerrar, desenjaular o liberar. Aquí la función eufemística se suele desbocar conduciéndonos a estadios mentales paradisíacos o utópicos, la neolengua política orwellianas funciona aquí en todo su esplendor.

La lista es profusa hasta la extenuación. Tercera edad por anciano o viejo, empleada del hogar por criada; sin techo por vagabundo; invidente por ciego; interrupción voluntaria del embarazo por aborto; eutanasia por suicidio; hombre de color por negro; conflicto por guerra o más elaborados como ‘técnico de residuos sólidos urbanos’ por barrendero o basurero. Claro está que, a fuerza de una repetición reiterativa y empalagante muchas de ellas ya están incardinadas en nuestro vocabulario común. Pero proceden de ese afán eufemizador que comenzó mediado el s. XX como el término gay por maricón o hacer el amor por follar.

La de «hacer el amor» a muchos resulta una expresión seductora. Pero a mí me resulta patética por su construcción sintáctica como por la banalización de algo tan respetable como el amor. Prefiero un «¿Por qué no nos amamos?» a un «¿Por qué no hacemos el amor?». O «nos amamos hasta el amanecer» a «hicimos el amor hasta el amanecer». Hasta el darse un revolcón es, al menos, más simpático y campechano que este hierático eufemismo. Si unas resultan poéticas o campechanas las otras parecen un utilitarismo grotesco de uno de los actos más placenteros y fértiles del ser humano. Aun salvando la bastedad de la coyunda o del follar, se queda en una expresión mecanicista de suceso tan amoroso.

Decir que la otrora esplendorosa RAE – limpia, pule y da esplendor- ha contribuido a esta depauperación del español, rico en expresiones tan contundentes como precisas. Suele llamarlas «proceso de creación lingüística» – ya ven, otro eufemismo y bien gordo este- y como tal denominó al engendro terminológico del «austericidio».

Salvo el desliz del proceso de creación lingüística -rendija por la que se puede colar la castración de nuestra lengua- la RAE se ha mantenido firme en temas como el lenguaje inclusivo a pesar del acoso de políticos, asociaciones feministas e incluso de la prensa.

Prosiguiendo con el lenguaraz dislate liberal, más ‘moernas’ son las expresiones eufemizantes como afroamericano, interrupción voluntaria del embarazo, crecimiento negativo. Brotes verdes, economía verde, crecimiento sostenible, regularización tributaria, ‘espacio representativo de la voluntad colectiva’ por órgano de dirección – sic Pablo Iglesias-.

Honestamente en esto entramos en lo políticamente correcto, que ya es desafortunadamente territorio común de todos los partidos. Pero el inventor, el causante primigenio del dislate semántico es el progresismo

Respecto al bajar nota oracional seré breve porque se me ha alargado en extremo el escrito. Tan breve como el penúltimo intento autoexculpatorio del gobierno «no podíamos prever lo que iba a pasar» con el coronavirus de marras o el «seguimos las directrices de los expertos» que es la otra forma del bajar tono oracional: Culpar a otro.

FiN Neolengua Liberal orwelliana

La neolengua liberal orwelliana

Escritor español Petrusvil: Japalpilpa

No tengo luces sin sombra
ni sigo renglones derechos
pero mi pulso no zozobra
en los márgenes estrechos
No vacilo en la prosa
No dudo en mis versos.

© Pedro Antonio Villegas Santos (@vilpetrus)
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