La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón

Petrusvil, escritor español.

13 de julio de 2021
Tiempo de lectura: 7 minutos
La juventud y la rebeldía - Gregorio Marañón

La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón

Y ahora nos toca comentar la juventud y su deber fundamental: que es la rebeldía. (La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón)

… la rebeldía como un deber

A muchos sorprenderá -tal vez escandalizará a algunos que consideremos la rebeldía como un deber. Lo cual equivale a considerarla como una virtud de esas de orden supremo a las que acabamos de referirnos,; en las que hay, tal vez, que contrariar, por voluntario amor al bien, las propias conveniencias. Cuando un ser humano marcha por la vida sin obstáculos, ya decía Santo Tomás que es necio llamarle virtuoso, por bueno que sea.

Mientras no surge la que la piedra que cierra nuestro camino, espíritu satánico, que todos llevamos dormido en el alma, prefiere no despertar. Porque, como gran capitán que es, sólo gusta de entablar sus batallas en las condiciones más favorables. Sólo entonces, en el trance difícil, es una virtud el ser rectamente hombre, por encima de todas las sugestiones que nos invitan a claudicar. Y el modo más humano de la virtud juvenil es la generosa inadaptación a todo lo imperfecto de la vida; que es casi la vida entera esto es, la rebeldía.

Al buen burgués suele erizársele el cabello, el escaso cabello, cuando oye hablar de rebeldía. Rebeldía suena en sus oídos como algo personificado en un ser frenético,; con la cara torva y las armas en la mano, que se agita contra la paz social. Es una palabra que suena a tiros, a revuelta, a incendios y, finalmente, a patíbulo. Rebelde dice de un modo taxativo el Diccionario de la Academia es aquel que se subleva o rebela, faltando a la obediencia debida.

Rebelde se llama también al indócil, duro, fuerte y tenaz.

Pero la misma Academia tranquilicemos, pues, al lector con el mismo texto oficial- añade: Rebelde se llama también al indócil, duro, fuerte y tenaz.

Pues bien: yo agrego ahora que, en efecto, el joven debe ser indócil, duro, fuerte y tenaz.

La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón

¡Gran locura la de los que no lo comprenden así! El hombre ha nacido para ser un miembro de la sociedad y contribuir – cada cual dentro de su categoría-; a la marcha unánime del organismo colectivo. Mas para ser la pieza justa de un engranaje es preciso que la pieza sea forjada de antemano; y que no sea utilizada mientras no adquiera la forma y el tamaño justos y el temple suficiente. Y este temple, que hará perfecto y durable el rendimiento gregario del hombre maduro, es la personalidad. Parece paradoja, pero es lo cierto que cada ser humano será tanto más útil a la sociedad cuanto más fuerte sea su personalidad y, por tanto, su incapacidad primaria de adaptación.

Ahora bien: la juventud es la época en que la personalidad se construye sobre moldes inmutables. Y, además, la única ocasión en que esto puede realizarse, Toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes. Podrá llenarse o no de contenido eficaz el vaso cincelado en estos años de la santa rebeldía; podrá ese vaso llenarse pronto o tardíamente, pero el límite nuestra eficacia está; ya para señalado por condiciones orgánicas inmodificables cuando llegamos al alto de la cuesta juvenil; y con el cuerpo y el espíritu equilibrados y las primeras canas en las sienes entramos en la planicie de la madurez.

… uno de los deberes que implica el ser joven es no volver las espaldas a la realidad nacional

Y esto nos lleva a añadir algo del deber de la juventud en la vida pública. Porque uno de los deberes que implica el ser joven es precisamente el no volver las espaldas a la realidad nacional, aun cuando para ello tenga que cerrar los oídos a aquellos, y, seguramente, no faltarán, que le digan lo contrario.

Yo no propugno, claro está, que el joven trueque sus trabajos y preocupaciones por la intervención militante y absorbente en la política del país a que pertenece. Pero sí que opine, que se interese. Más aún: que se apasione por ella. Contribuyendo a formar el ambiente que los hombres políticos han de menester;para que su actuación no sea una mera agitación de polichinelas ante un teatro vacío.

La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón

Pero es más, yo no creo que el joven debe limitarse tan sólo a opinar en política. Sino que, en consonancia con su juventud, debe adoptar una actitud rebelde, henchida de sentido universal y humano.

Supongo que no se habrán olvidado todavía las salvedades que antes he hecho respecto del concepto de la rebeldía juvenil. No me refiero, pues, a que el joven vaya con un fusil a las barricadas para defender un determinado ideal. Me refiero concretamente a que, siendo el estado actual de las sociedades una estructura transitoria,;puesto que no está inspirado en una realidad justa y no satisface por igual a la conveniencia de todos; sino con preferencia a la de unos con detrimento de los
demás, y siendo, por tanto, una estructura necesitada de constante renovación, la fuerza legítimamente propulsora de ese cambio tiene que ser la juventud.

Si en el organismo vivo se conservase todo, el individuo moriría al poco tiempo.

Con los años, el espíritu se endurece para las injusticias; se acaba por aceptar lo que de joven era incomprensible y por transigir ante muchas cosas que están seguramente mal organizadas, con tal de que tengan el control de la costumbre. Esta actitud, a la que los años inducen con suavidad engañosa, en la edad juvenil es ilegitima; pudiéramos decir facciosa, desde un punto de vista natural.

Yo creo en la necesidad de las mentes conservadoras, pero a condición de que exista un contrapeso de mentes inquietas y avanzadas. Si el navío avanza hacia adelante y no deriva hacia los escollos de la izquierda o de la derecha,; es porque se contrarresta el empuje contrario de las dos bandas. Espíritu renovador y espíritu constructivo, espíritu progresivo y espíritu conservador: ambos son necesarios para que el mundo avance. Y, aparte de las razones directamente políticas, hay esta oscura pero inviolable razón para inscribirse en uno u otro bando: la razón de la edad, que impone la indocilidad al organismo que se está formando, y la moderación al que ha alcanzado la madurez. El joven conservador es siempre, por esta causa, un ser anacrónico, como lo es también, desde el punto de vista biológico, el viejo rebelde.

Si en el organismo vivo se conservase todo, el individuo moriría al poco tiempo. Si vive, crece y progresa es porque, junto con el progreso plasmático, anabólico, se verifica un proceso destructivo, catabólico, pudiéramos decir revolucionario. Y las sociedades, como agrupaciones que son de seres vivos, necesitan el mismo juego de fuerzas contrapuestas para no morir y
petrificarse.

La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón

… la ley de la vida pone, inevitablemente, al joven y al que ya no lo es frente a frente.

En un sentido biológico, el ser, por tanto, rebelde o conservador está sujeto a normas naturales. Hay, sin duda, espíritus en los que el ímpetu rebelde persiste hasta la vejez. Pero se trata de excepciones tan naturales, aunque tan al margen de la regla común, como las de los viejos que a los ochenta años enhebran sin gafas una aguja, pasean sin cansarse o contraen un matrimonio fructifero. Lo habitual es que el espíritu de rebeldía se transforme a la par que se transforma el organismo; a la par que se debilita la energía locomotora;que las ideas se recogen y se cargan de responsabilidad,; que la emotividad se afina; y el metabolismo, en fin, se hace más lento y que la gracia de la silueta juvenil se sustituye por el tipo macizo y denso de la edad madura.

He aquí cómo la ley de la vida pone, inevitablemente, al joven y al que ya no lo es frente a frente. Mientras la Humanidad exista, la cabeza juvenil se levantará frente a la cabeza encanecida. Es inútil protestar. Ello es preciso para que el mundo marche. Toda acción se orienta en virtud de una reacción contraria, y lo que sirve de estímulo y de guía al paso audaz del adolescente es, aun en los casos en que él no se da cuenta de ello, el deseo instintivo de no seguir la senda hollada por el anciano, sino precisamente otra.

La guerra eterna de las edades es, pues, una guerra fecunda. Lo importante para que sea, además, una guerra limpia y digna, es que viejos y jóvenes se percaten de que al obrar así cumplen un deber inexorable, que no vulnera ningún derecho privativo de cada edad. Pero este contraste necesario no debe impedir que el anciano alumbre con el fanal de su experiencia la marcha atropellada del adolescente, ni que éste sea, al fin, el encargado de honrar la frente cargada por los años. Esta es la misión de unos y otros. El laurel – decía Oscar Wilde- se marchita cuando son caducas las manos que lo cogen; sólo la juventud tiene derecho a coronar al artista, y ése sería el oficio esencial de la juventud si ésta se diese cuenta de ello.

Hay en el joven un rasgo que le diferencia del viejo: la casi absoluta falta de recuerdos.

Y, a su vez, el hombre maduro o provecto que regatea su importancia al mozo y que no le abre paso con generosidad en la lucha por la vida es, además de necio, indigno del respeto que le dan los años.

La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón

Hay en la psicología del joven un rasgo que le diferencia fundamentalmente de la psicología del viejo: la casi absoluta falta de recuerdos. Y cuando éstos existen, su escasa valoración sentimental. Todo es en él esperanzas, mientras que en el anciano el caudal de éstas amengua hasta desaparece. Sólo hay en él recuerdos, recuerdos numerosos henchidos de trascendencia. Esta ausencia del lastre del recuerdo indudablemente al mozo hacia adelante, con ímpetu que parece irrespetuoso,;porque el respeto al pasado sólo se adquiere cuando uno empieza a ser pasado también. La actitud iconoclástica del hombre de pocos años no se debe más que a esta circunstancia, tan ligada con la esencia biológica de la juventud.

Hasta que el hombre no tiene la sensación de que al venerar el pasado se venera a sí mismo, atropella, sin darse cuenta, sin conciencia de que tal vez no obra bien – porque, en realidad, casi siempre obra bien- los fantasmas de la tradición. Sólo los años, poblando su alma de imágenes pretéritas; tanto más caras cuanto más remotas, le hacen aprender esta lección, que, cosa extraña, jamás aprovecharán las generaciones futuras. Cada generación adquirirá este conocimiento por propia e intransferible experiencia. Y así debe ser para que el mundo ruede, entre sacudidas y reacciones, hacia un porvenir mejor.

La rebeldía del mozo no se puede reprimir, pero se debe canalizar con la verdad

(…) La rebeldía del mozo no se puede reprimir, pero se debe canalizar con la verdad. Por ello me indignan tanto como los hombres maduros y como los viejos, incomprensivos ante el fecundo empuje, ferviente y quizá ciego de los jóvenes; aquellos otros que los adulan y ensalzan sólo por el hecho de ser jóvenes y admiten sin crítica todos sus gestos, por desaforados que sean. En el fondo, esto es cobardía, angustia de la propia edad. Nada da idea de la vejez prematura de un hombre hecho y derecho como su sumisión incondicional a la juventud de los otros.

FiN

La juventud y la rebeldía – Gregorio Marañón

La difícil búsqueda de la sencillez – León Tolstoi

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Pedro Antonio Villegas Santos

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