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Esperando a Montse

21/02/2024

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
Tiempo de lectura 3 minutos.
Esperando a Montse

Esperando a Montse

Esperando a Montse (Prosa poética):

En el Cielo las flores son de otros colores nunca vistos, jamás imaginados. El Amor del Padre nos llena de felicidad y de una Paz infinita. Allí es donde mi Montse me espera.

En el Cielo, el cielo es luminosamente amoroso con nubes tiernas y mullidas entre las que flotamos rodeados de ángeles que cantan para envidia y regocijo de Montserrat Caballé y Luciano Pavarotti, y la orquesta de querubines que musican sinfonías, sonatas, misas y conciertos que asombran al propio Beethoven y al mismísimo Bach. Los hombres que iluminaron la vida humana como hijos de Dios fueron preludios anticipatorios de la grandeza del Señor.

En el Cielo, la tierra es mullida, cubierta de paja dorada y de vegetación color del sol de otoño y los ríos de miel con peces dorados de sutil transparencia, y el tiempo ¡oh el tiempo! es el de una eterna primavera.

En el Cielo el tiempo no existe, tal como si, a nuestro parecer, se hubiera detenido. Cuando con Dios se está, el tiempo, que sólo es un efecto transitorio de la creación, no pasa.

Cuando yo me reencuentre con Montse a ella le parecerá que nunca se separó de mí y a mí me parecerá que ha pasado una eternidad que es lo que nos parece a los que hemos perdido a un ser querido y nos quedamos porque no tenemos donde ir. Apenas estará gozando de su bien ganado reposo eterno cuando alegre me verá traspasar las puertas que guarda San Pedro.

Esperando a Montse

Oso desmentir a Gustavo Adolfo Bécquer con un ¡qué solos se quedan los vivos! Porque si hay una soledad que causa desamparo, aquella que encoge las entrañas, aquella que aventa las nostalgias, es la de la ausencia de nuestros seres queridos.

Cualquier cosa que veamos o recordemos reaviva la dolorida querencia del ausente y llena el alma de una pena inconsolable. Es triste tener que conformarse con pensar ella en vez de verla, oírla, tocarla, olerla, abrazarla, sentir la tibia dulzura de sus labios… hasta el enfado ocasional era mejor que no tenerla.

Tendré que hablar yo solo con ella para no enloquecer pues no es loco el que habla con el ausente sino el que renuncia a ello. Yo sé que ella está viéndome escribir esto. No es que esté imaginada en mi cabeza en un delirio de dolor, es que sé con certeza certera que está a mi vera y oye mi lamento, así que en el saber que me escucha encuentro mi consuelo:

¿Y qué te parece Montsita? ¿Qué me aconsejas? Mira amor que puesta de sol más bella. Estoy triste, deja que apoye en tí mi atribulada cabeza. Dame tu mano esbelta y mírame como mirabas con esa mirada, a veces limpia y serena y otras de intensa vivencia. Dame el beso en la frente que me dabas cada noche al irte a dormir.

Desde el Cielo yo sé que me esperas y mientras me cuidas y me alientas. Desde el Cielo me aconsejas cuando la indecisión me aperpleja. ¿Qué hago ahora sin tí mi princesa cuando toda mi vida entera eras tú mi fiel compañera? Y sin tí todo me parece vacío, hosco, sin esperanza ni futuro.

Esperando a Montse:


No quiero, ni tú quisieras, verme en una fría tumba, muerto en vida el resto de mi existencia. Ni ver mi mundo convertido en un desierto sin fronteras sin tí a la vista, donde tras cada duna sólo otra duna solitaria me espera. Por eso te hablo y te hablaré para no estar sólo y que el tiempo parezca que vuela.

Yo, como sé que estás feliz en la Paz de Dios, soy feliz también mi fiel compañera. Dame tu abrigo, cuídame, confórtame e intercede por mí, que a mí se me hará muy larga tu ausencia.

Sé que mis lágrimas tú las recoges en tu regazo y mis penas viertes en una alacena para que no amarguen mi existencia. Que despejas mi camino de ariscas piedras y de locuras pasajeras.

Dame tu fe rocosa para que la mía, que es vaporosa y ligera, tenue e indefinida como la niebla, se vuelva un diamante que brille luminoso en la espera porque así anidará en mi la feliz certeza de volver a abrazarte en cuerpo y alma, entera.

Montse, mi Montse, me muero de impaciencia, no contengo el deseo de volver a verte ¡mi amor! a mi vera y contemplar juntos la luz eterna.

Valldoreix a 7 de agosto de 2023

Esperando a Montse

(FiN) Esperando a Montse

Lo que Dios ha unido, no lo separa la muerte