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Canción triste del coronavirus

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
06/06/2021
Tiempo de lectura 2 minutos.
Canción triste del coronavirus

Podéis escuchar la poesía en audio con mi propia voz mientras la leéis.


El lamento por la libertad perdida, canción triste del coronavirus

Preludio

De repente el firmamento se tornó áspero, helado y negro/
de la nada se levantó un grueso muro sin final ni techo/
el humano soberbio conoció una ansiedad, un terror inédito/
que secó sus sesos/

Todo lo que dominaba y poseía se tornó volátil, frágil y leso/
Se nubló esa virtud que nos hacía mirar ilusionados al cielo/
y soñar como crear mundos mejores, casi perfectos/
mullidos y tiernos/

Y el esplendor de la vida se transformó en un infame negrero/
el feliz orbe se tornó mustio, angustioso, frío y yermo/
El futuro presentóse con la mirada torva de lo incierto/
¡Un cobrizo infierno!/

La mirada tornose inerte y vino a nublarse el entendimiento/
nos dejó como animalillos aterrados, temblorosos y quietos/
mirando las luces del leviatán que se venía raudo y presto/
¡Muy quietos!/

Canción triste del coronavirus

El terror

El terror a esa muerte anunciada nos dejó ciegos y necios/
habíase olvidado la condición humana del ser efímero/
nos creímos la ensoñación lúdica del vivir perpetuos/
¡Qué ingenuos!/

Así el temple vital que nos sostenía ante, un día, sabernos muertos/
que forjaba la valentía de vivir sabedores del postrer hecho/
había desaparecido del alma del hombre moderno/
de afanes etéreos/

Esa dignidad ausente ya no nos salvaría de nosotros mesmos/
Abrumados por la narrada catarata falaz de los eventos/
zaheridos por los nuevos druidas de los hechos funestos/
¡Sus hechos!/

Nos dijeron lo que debía ser visto, creído y tenido por cierto/
donde debíamos dirigir la atención, el temor y el pensamiento/
Dejaron vacío el mundo de nuestros quehaceres y afectos/
¡Tal fue el enredo!/

Canción triste del coronavirus

La libertad sucumbió a las normas, los nuevos tabúes impuestos

Que ocupó por entero el hueco vital que amputó el miedo/
Un nuevo monstruo invertebrado, dominante, cruel e infecto/
Volvieron los dragones, los grifos, los enanos y los elfos/
¡Los fabuleros!/

Las brujas, los druidas, los charlatanes y los magos negros/
Volvió el mito, el retorno de los brujos, de los hechiceros/
la ciencia dejó paso a lo que el chaman diera por dispuesto/
¡La tribu de nuevo!/

El aire se enrareció, desapareció su frágil aroma fresco/
tras ese obligado colgajo de tela opaco que cubrió el verbo./
La libertad sucumbió a las normas, los nuevos tabúes impuestos/
Enajenados los derechos./

Obtuvimos la protección a cambio de la servidumbre al grotesco/
que no sabe el por qué ni el cómo pero decide sobre lo nuestro/
Habiámonos acostumbrado a una vivencia idílica, casi sin riesgo/
¡Y advino el recelo!/

Canción triste del coronavirus

¡La salud como cebo!

Y ya no sabemos vivir con lo puesto ni morir sin lamento/
ahora somos esclavos atados a lo que tenemos y tememos/
y del que promete salvarnos de algo, que dice, es horrendo/
¡La salud como cebo!/

Y hemos decidido fiarnos de lo que dicen los mancos y tuertos/
Nos gobiernan esos lisiados, que aupamos en aciago momento,/
para adormecernos en nuestro deseado, falso y creído sueño/
del bienestar eterno/

Una nueva torre de Babel de quiromantes, espurios expertos/
Que nos dividió en cien mil tribus con distintos acervos/
¿Conjuro globalista de los del nuevo orden inmenso?/
¡Reptilianos rastreros!/

Aún no sabemos si fue inepcia, dolo o conjura de necios/
ese obrar tiránico, sañudo y dañino desos ineptos/
que no laboran por nuestras libertades y nuestro predio/
¡Mesiánicos embusteros!/

Canción triste del coronavirus

¡La seguridad del siervo!/

Triste, adivino en todo lo que nos acontece un hecho cierto/
hemos dado el mando a hombres inútiles, toscos y hueros/
A nuestro pánico, sumisión, hedonismo y rampante ego/
fían los agoreros su éxito./

Por la mullida tumba de lo sostenible, de la idolatría del cuerpo,/
por huir de una muerte menos probable que en otros muchos eventos,/
hemos cambiado la libertad, por la esperanza de los borregos/
¡La seguridad del siervo!/

¿Seremos capaces de levantarnos, una vez más, de nuevo?/
Por riesgos mucho mayores no se amilanaron nuestros ancestros/
Que no renegaron de la libertad por mucho que fuera lo expuesto/
¡Y a pecho descubierto!/

¡Y esto ya no tiene remedio!

Nada creo que nos salve pues la cobardía nos ha tomado reos/
y el hombre postmoderno quiere la libertad sin pagar su precio/
Prefiere que otros hombres iluminados le digan como ha de hacerlo/
¡Y esto ya no tiene remedio! /

El miedo desaforado a la muerte es el verdadero flagelo. /
El terror propagado es el látigo de los modernos tiranuelos/
La cobardía moral, la abulia y la desidia hacen el resto./
¿Hay alguien que pare esto? /

FiN

Canción triste del coronavirus

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