Canción triste del coronavirus

Petrusvil, escritor español.

6 de junio de 2021
Tiempo de lectura: 3 minutos
Canción triste del coronavirus

El lamento por la libertad perdida, canción triste del coronavirus

Preludio

De repente el firmamento se tornó áspero, helado y negro/
de la nada se levantó un grueso muro sin final ni techo/
el humano soberbio conoció una ansiedad, un terror inédito/
que secó sus sesos/

Todo lo que dominaba y poseía se tornó volátil, frágil y leso/
Se nubló esa virtud que nos hacía mirar ilusionados al cielo/
y soñar como crear mundos mejores, casi perfectos/
mullidos y tiernos/

Y el esplendor de la vida se transformó en un infame negrero/
el feliz orbe se tornó mustio, angustioso, frío y yermo/
El futuro presentóse con la mirada torva de lo incierto/
¡Un cobrizo infierno!/

La mirada tornose inerte y vino a nublarse el entendimiento/
nos dejó como animalillos aterrados, temblorosos y quietos/
mirando las luces del leviatán que se venía raudo y presto/
¡Muy quietos!/

Canción triste del coronavirus

El terror

El terror a esa muerte anunciada nos dejó ciegos y necios/
habíase olvidado la condición humana del ser efímero/
nos creímos la ensoñación lúdica del vivir perpetuos/
¡Qué ingenuos!/

Así el temple vital que nos sostenía ante, un día, sabernos muertos/
que forjaba la valentía de vivir sabedores del postrer hecho/
había desaparecido del alma del hombre moderno/
de afanes etéreos/

Esa dignidad ausente ya no nos salvaría de nosotros mesmos/
Abrumados por la narrada catarata falaz de los eventos/
zaheridos por los nuevos druidas de los hechos funestos/
¡Sus hechos!/

Nos dijeron lo que debía ser visto, creído y tenido por cierto/
donde debíamos dirigir la atención, el temor y el pensamiento/
Dejaron vacío el mundo de nuestros quehaceres y afectos/
¡Tal fue el enredo!/

Canción triste del coronavirus

La libertad sucumbió a las normas, los nuevos tabúes impuestos

Que ocupó por entero el hueco vital que amputó el miedo/
Un nuevo monstruo invertebrado, dominante, cruel e infecto/
Volvieron los dragones, los grifos, los enanos y los elfos/
¡Los fabuleros!/

Las brujas, los druidas, los charlatanes y los magos negros/
Volvió el mito, el retorno de los brujos, de los hechiceros/
la ciencia dejó paso a lo que el chaman diera por dispuesto/
¡La tribu de nuevo!/

El aire se enrareció, desapareció su frágil aroma fresco/
tras ese obligado colgajo de tela opaco que cubrió el verbo./
La libertad sucumbió a las normas, los nuevos tabúes impuestos/
Enajenados los derechos./

Obtuvimos la protección a cambio de la servidumbre al grotesco/
que no sabe el por qué ni el cómo pero decide sobre lo nuestro/
Habiámonos acostumbrado a una vivencia idílica, casi sin riesgo/
¡Y advino el recelo!/

Canción triste del coronavirus

¡La salud como cebo!

Y ya no sabemos vivir con lo puesto ni morir sin lamento/
ahora somos esclavos atados a lo que tenemos y tememos/
y del que promete salvarnos de algo, que dice, es horrendo/
¡La salud como cebo!/

Y hemos decidido fiarnos de lo que dicen los mancos y tuertos/
Nos gobiernan esos lisiados, que aupamos en aciago momento,/
para adormecernos en nuestro deseado, falso y creído sueño/
del bienestar eterno/

Una nueva torre de Babel de quiromantes, espurios expertos/
Que nos dividió en cien mil tribus con distintos acervos/
¿Conjuro globalista de los del nuevo orden inmenso?/
¡Reptilianos rastreros!/

Aún no sabemos si fue inepcia, dolo o conjura de necios/
ese obrar tiránico, sañudo y dañino desos ineptos/
que no laboran por nuestras libertades y nuestro predio/
¡Mesiánicos embusteros!/

Canción triste del coronavirus

¡La seguridad del siervo!/

Triste, adivino en todo lo que nos acontece un hecho cierto/
hemos dado el mando a hombres inútiles, toscos y hueros/
A nuestro pánico, sumisión, hedonismo y rampante ego/
fían los agoreros su éxito./

Por la mullida tumba de lo sostenible, de la idolatría del cuerpo,/
por huir de una muerte menos probable que en otros muchos eventos,/
hemos cambiado la libertad, por la esperanza de los borregos/
¡La seguridad del siervo!/

¿Seremos capaces de levantarnos, una vez más, de nuevo?/
Por riesgos mucho mayores no se amilanaron nuestros ancestros/
Que no renegaron de la libertad por mucho que fuera lo expuesto/
¡Y a pecho descubierto!/

¡Y esto ya no tiene remedio!

Nada creo que nos salve pues la cobardía nos ha tomado reos/
y el hombre postmoderno quiere la libertad sin pagar su precio/
Prefiere que otros hombres iluminados le digan como ha de hacerlo/
¡Y esto ya no tiene remedio! /

El miedo desaforado a la muerte es el verdadero flagelo. /
El terror propagado es el látigo de los modernos tiranuelos/
La cobardía moral, la abulia y la desidia hacen el resto./
¿Hay alguien que pare esto? /

FiN

Canción triste del coronavirus

El efecto del #8M

Escritor español Petrusvil: Japalpilpa

No tengo luces sin sombra
ni sigo renglones derechos
pero mi pulso no zozobra
en los márgenes estrechos
No vacilo en la prosa
No dudo en mis versos.

© Pedro Antonio Villegas Santos (@vilpetrus)
Escritor Español Petrusvil
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Autor: Pedro Antonio Villegas Santos

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