La neolengua

Toda la construcción del lenguaje zurdópata se basa en dos premisas: Subir el tono verbal o bajarlo. ¡Qué bueno que empiece yo eufemizando!
La primera, subir tono o subir la nota, es la agresiva, vociferante y bullanguera. Las hay de dos tipos: nominales u oracionales.
Las nominales suenan contuntes y punzantes, buscan desangrar al adversario proclamando en el altar mediático la vileza del contrario, tales como: austericidio, machismo, homofobia, trifachito, etc. Básicamente constituyen las profusas tablas de Moisés de la religión pagana de la izqueuierda que enumera en ella la interminable lista de los supuestos pecados de aquellos que, simplemente, discrepan de su ideología deconstructivista.
La segunda, que he llamado eufemisticamente oracional, son las proclamas, que obran como gritos de guerra destinados a analtecer al populacho. No se me ofendan que para las élites liberalcomunistadas la gente, el pueblo, es el proletariado esa masa informe que manejan a su antojo, o eso pretenden, con más o menos éxito desde sus inicios estalinistas, solo que la clase obrera antaño oprimida ha devenido en la clase víctimada, también oprimida. Ya hay de victimario una caterva bien repleta. O no recuerdan que un tal Iglesias mostró públicamente su desprecio a los lumpenproletarios, narrando un envalentonado encontronazo con ellos. En el fondo siempre fueron clase alta uséase casta estos neocomunistas que sólo querían sustituir a la existente y que se han tenido que confirmar con unirse a ella.
Bueno, esto daría para otro artículo-hilo o varios así que volvamos al grito de guerra oracional que tiene ilustrativos ejemplos, tales como: ‘No a la guerra’ , ‘Nunca máis’, ‘no merecemos un gobierno que nos mienta’, ‘donde están, no se ven los/las … del pepé’ , ‘el machismo mata’, ‘trifachito a la oposición’, ‘España valiente, Pedro presidente’.
En fin, es larga la relación de llamamientos, proclamas y catalizadores de histeria para uso profuso de su populacho y no quiero hacerles la lista a los psoitas.
Ya vamos acabando. Nos queda la de ‘bajar tono’. Es claro el afán de minimizar daños o eufemioso de este neovocabulario zurdo, y también podemos clasificarla en nominal y oracional.
Como nominales destaca sobremanera su última invención: desescalada. Se trata de evitar la palabra tabú a toda costa, verbigracia desconfinamiento, desencierro o liberación. Aqueuí la función eufemística se suele desbocar conduciéndonos a estadios mentales paradisíacos o utópicos, la neolengua orwellianas funciona en todo su esplendor. Tercera edad por anciano o viejo, empleada del hogar criada, sin techo por vagabundo, invidente por ciego, muerte voluntaria por suicidio, hombre de color por negro o amarillo, hacer el amor por follar, conflicto por guerra o más elaborados como ‘técnico de residuos sólidos urbanos’ por barrendero o basurero. Claro está que muchas de ellas ya están incardinadas en nuestro vocabulario común pero proceden de ese afán eufemizador de vocablos que comenzó terciado el s.XX co el término gay o progresismo.
Más ‘moernas’ son las expresiones: afroamericano, interrupción voluntaria del embarazo, crecimiento negativo, economía verde, crecimiento sostenible, regularización tributaria, ‘espacio representativo de la voluntad colectiva’ por órgano de dirección – sic Pablo Iglesias-.
Honestamente, en esto entramos en lo políticamente correcto que ya es territorio común de todos los partidos pero el inventor, el causante primigenio del dislate semántico es el partido socialista.
Respecto al bajar nota oracional seré breve porque se me ha alargado en extremo. Tan breve como el penúltimo intento autoexculpatorio del gobierno «no podíamos prever lo que iba a pasar» con el coronavirus de marras o el «seguimos las directrices de los expertos» que es la otra forma del bajar tono oracional: Culpar a otro.

FiN
By @Vilpetrus

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