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El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

Escritor Español Petrusvil

Poeta, escritor, divulgador y analista.
10/12/2022
Tiempo de lectura 8 minutos.
El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

Tabla de contenidos

El año 2020 y sus consecuentes, 2021 y 2022, los hemos sentido como “el peor de los tiempos”, según la frase de Dickens. Pero el siglo XX vio otros tiempos terribles. Después de la Gran Guerra, la inestabilidad política y económica en Europa dio lugar a ideologías totalitarias que amenazaron fundamentalmente a la civilización misma. (El aforismo de Misses para estos tiempos terribles)

El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

No todos lo vieron venir, pero un intelectual que sí lo hizo fue Ludwig von Mises (1881-1973).

Si bien sus amigos y colegas incursionaron en diversas formas de ideología socialista y fascista, y rechazaron firmemente el liberalismo tal como se entiende clásicamente, él envió advertencias en un libro de 1919, un ensayo de 1920 que sacudió la academia y un libro de 1922 que bastante bien resolvió el asunto.

Misses y su tratado sobre «Socialismo»

Misses escribió su tratado Socialismo en 1922. Se volvió todo lo “viral” que podía ser en aquellos tiempos. Fue un escrito devastador para todas las formas imaginables de la ideología socialista, incluida la que, más avanzado el siglo, se conoció como nacionalsocialismo. Comienza con una sólida teoría de la cooperación social y termina con una advertencia de que una vez que los dictadores se den cuenta de que sus planes están fracasando, activarán sus actividades destructivas. Que llevarán a cabo tanto para salvar las apariencias como para vengarse del orden extenso – en palabras de Misses- que resistió su plan ensoberbecido.

Friedrich August von Hayek escribe que fue ese libro lo que zarandeó sus ilusiones de que los intelectuales respaldados por el poder del estado podrían llevar al mundo a una especie de estado utópico de perfecta igualdad, santidad, eficiencia, homogeneidad cultural, o lo que sea que pudiera suceder. Misses demostró que la ideología socialista era una ilusión intelectual totalitaria. Que intentaba reestructurar el mundo en formas que no podían ser, dadas las realidades y limitaciones del mundo tal como lo conocemos.

Cerca del final del libro, Mises escribe un párrafo que tiene una potencia retórica y vital deslumbrante. Sin embargo, si ud. lee el texto en tiempos de paz y prosperidad, le parecerá posiblemente sobreexcitado o hiperbólico. Sin embargo, al releerlo a la luz de los bloqueos de la Covid, – y todo lo que aconteció en aquel año catastrófico de 2020- o de la crisis energética que estamos viviendo propiciada por las políticas climáticas, adquiere un tono diferente. De hecho, parece profético y convincente.

El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

El aforismo de Misses dice así:


“Todo el mundo lleva sobre sus hombros una parte de la sociedad; nadie es relevado de su parte de responsabilidad por otros. Y nadie puede encontrar un camino seguro para sí mismo si la sociedad se dirige hacia la destrucción. Por lo tanto, cada uno, en su propio interés, debe lanzarse vigorosamente a la batalla intelectual. Nadie puede quedarse al margen con despreocupación: los intereses de todos dependen del resultado. Lo quiera o no, todo hombre se ve arrastrado a la gran lucha histórica, a la batalla decisiva en la que nos ha sumido nuestra época”.

~Ludwig von Mises

Resulta en una elevación del espíritu si es leído en voz alta y a la luz de los tiempos que estamos viviendo. Consideremos y desarrollemos esta declaración frase por frase:

“Todo el mundo lleva una parte de la sociedad sobre sus hombros: nadie es relevado de su parte de responsabilidad por los demás”.

La convicción de Mises de que todos compartimos la carga de la civilización es en parte empírica y en parte moral. Su idea central en su libro – como Adam Smith 150 años antes-, se apoya en el término económico de la «división del trabajo». Aunque Mises prefirió presentar como la ley de asociación: la productividad material en la sociedad aumenta en proporción a la cual personas de todo tipo cooperan a través del comercio y el intercambio”
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Viene a significar la dependencia mutua entre todos los seres humanos,. Y por lo tanto la inclusión potencial y valiosa de cada persona, dentro de la estructura de la sociedad de mercado. Solo progresamos enfocándonos y especializándonos y eso solo es posible dependiendo de las habilidades y talentos no sólo nuestras sino de los demás. Solos languidecearíamos en la pobreza. Juntos podemos construir mundos enteros que emancipen a la población del estado dependiente de la naturaleza.

¿A quién debe la sociedad gratitud? No es una clase dominante, ni es el Estado. Ni siquiera grandes inventores o empresas individuales. Somos todos los que tenemos una deuda de gratitud con los demás porque nuestro bienestar personal depende de las contribuciones de todos los demás en el gran proyecto, quizás no de manera abierta sino inconsciente, implícita y sistémica.

Tomar conciencia de eso es una obligación intelectual e implica una carga de gratitud que debemos entregar.

Mises concluye la frase inicial con un deber moral como consecuencia: «nadie es relevado de su parte de responsabilidad por los demás». No puede haber externalización – dejar nuestra responsabilidad en manos de otros- de nuestra responsabilidad moral, ni al Estado, ni a una clase obrera, clase dominante o clase victimada como se hace hoy en día con la ideología woke. Defender el sistema bajo el cual todos nos beneficiamos es la obligación de cada persona viva. Cada persona se da cuenta de la verdad de que la sociedad funciona bien solo cuando todos están incluidos en la matriz de propiedad, familia, elección, intercambio e iguales en libertad.

El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

“Y nadie puede encontrar un camino seguro para sí mismo si la sociedad se dirige hacia la destrucción”.

Destruya el mercado, destruya el funcionamiento normal del orden social extenso y amenazará todo lo que importa para nuestro bienestar material. Destrozas la vida y el bienestar. Hundes la capacidad de las personas para valerse por sí mismas, el sentido de autoestima de todos. Diluyes el acceso a alimentos, vivienda y atención médica, y la noción misma de progreso material. Reduces, en definitiva, la vida a subsistencia y servidumbre. El mundo se vuelve hobbesiano, lleno de conflictos y, como tal, solitario, empobrecido, arisco, embrutecido y angosto.

El énfasis aquí está en la palabra “nadie”. Nadie puede aprovecharse de los demás a la larga. No hay esencial y no esencial, ninguna persona ni ente con más privilegios y privilegios que cualquier otra.

“Por lo tanto cada uno, en su propio interés, debe lanzarse vigorosamente a la batalla intelectual”.

Sin esconderse, sin reclusión, sin silencio, sin «quedarse en casa, mantenerse a salvo». Todos debemos entrar en la batalla de las ideas, en la batalla cultural de nuestro tiempo.

No se habla aquí de que sólo los intelectuales luchen. Habla de que todos tenemos en nuestro raciocinio nuestra capacidad para dar la batalla de las ideas. Y esto es así porque las buenas ideas, el sentido común, y los buenos instintos sobre cómo debería funcionar la vida, nuestra vida, están muy asentados en todos nosotros. Más asentados entre la población de lo que normalmente se supone, incluso más que entre la élite intelectual como estamos viendo en estos tiempos.

Se ha visto con la Covid como, los calificados o elegidos como «los mejores y más brillantes» aplicaron las políticas más absurdas y destructivas que imaginar se pudiera. Al revés parece que siglos de excelente escolarización y educación cuidadosa solo han generado seres soberbios, obtusos y con propensión a la dominación más que a la colaboración que exige el orden extenso del que nos habla Misses.

Esto sugiere que durante mucho tiempo hemos malinterpretado quién puede ser precisamente parte de la batalla intelectual. Todos, sin excepción, nos podemos calificar como intelectuales siempre que estén dispuestos a tomar las ideas en serio, sus ideas, y las defiendan. Aquellos que sienten la carga y la pasión de las ideas más intensamente, en opinión de Mises, tienen una mayor obligación de lanzarse a la batalla, incluso cuando hacerlo puede traer desdén y aislamiento de los demás, y hacerlo seguramente lo hará. Pensemos en cuantas personas, de toda clase y condición, se están callando hoy en día ante los grandes problemas que estamos viviendo.

El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

“Nadie puede quedarse al margen sin preocuparse: Los intereses de todos dependen del resultado”

Vuelve a insistir Misses en el tema de la obligación social. Podríamos pretender ser indiferentes, fingir que no nos importa. Dar la excusa de que nuestras propias voces no importan o invocar consignas que justifiquen nuestra indiferencia y pereza. O simplemente esconder nuestra cabeza en tierra como avestruces. De hecho, en tiempos de crisis, un egoísmo crudo no está en nuestro propio interés. No son nuestros propios intereses los que están en juego, sino también los de los demás. Cuando el orden extenso o espontáneo está siendo atacado los intereses de todos deben ser los nuestros.

«Lo quiera o no, cada hombre es arrastrado a la gran lucha histórica, la batalla decisiva en la que nuestra época nos ha sumergido».

La frase final de este breve soliloquio habla de la visión subyacente de Mises sobre el auténtico desiderátum de la narrativa histórica. Él escribe: Esto equivale a un reconocimiento de que existen los mejores tiempos y los peores tiempos. No está fuera de nuestro control si y en qué medida cualquiera de los dos es cierto. La historia es una fuerza que no está escrita por alguna entidad externa, ya sean algunos vientos exógenos de cambio o el estado mismo. Las personas mismas son las autoras de su propio destino.

Por eso precisamente hay una lucha. No hay nada escrito. Todo está determinado por lo que la gente cree, lo que a su vez impulsa lo que hace. Todos somos reclutados para la batalla en virtud de nuestra pertenencia al orden social extenso. Podemos ser afortunados de vivir en tiempos de paz y abundancia, o encontrarnos en condiciones de tiranía y destrucción. Independientemente debemos luchar por lo que es correcto y verdadero, porque el orden social no es automáticamente benévolo. La idea de progreso es algo que se debe ganar cada generación.

El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

Nuestra época actual, como la de Mises en 1922, nos ha sumergido en una batalla decisiva.

Este ha sido el caso desde mediados de marzo de 2020. Pocos lo vieron venir. Las señales salía a nuestro paso todos los días. Veíamos el desprecio por los derechos, la nueva moda de la planificación social y económica basada en computadoras, la excesiva confianza en los medios estatistas incluidos los de salud pública, el menosprecio de los postulados básicos de la civilización que alguna vez dábamos por sentados. Tal vez las creímos ver como modas intelectuales o académicas desafortunadas y pasajeras pero esas ideas habían estado ganando terreno durante años, décadas, incluso más. Quizás nunca llegamos a imaginar que prevalecerían.

Luego, en unos fatídicos días, nos encontramos encerrados en nuestros hogares, excluidos de nuestros lugares de culto, incapaces de viajar. Bloqueados de los servicios médicos, las escuelas cerradas con candado, nuestras oficinas y negocios cerrados por razones de «salud pública». Como era de esperar, conocida de siempre la naturaleza perversa de la planificación central, se obtuvieron los resultados sociales opuestos. La mayor disminución de la salud pública en una generación y el consiguiente desastre económico.

Nos dimos cuenta de que las malas ideas tienen malas consecuencias. Y efectivamente, como dijo Mises, nadie estaba a salvo. Mises tenía razón: ninguno de nosotros está realmente a salvo de la violencia impuesta por el estado en nombre del control de enfermedades hasta que todos lo estemos.

Después ha venido la crisis energética provocada por el climatismo radical y la Agenda 2030 que quiere reiniciar el mundo para regocijo de unas élites. No estamos protegidos de sucesivas repeticiones de totalitarismos si no hemos aprendido la lección que nos da Misses.

¿Estamos dispuestos a lanzarnos a la batalla intelectual para hacer las cosas bien, para restaurar y asegurar las libertades y los derechos esenciales, para erigir barreras que hagan imposible que la clase dominante vuelva a intentar experimentos con nosotros? ¿O estaremos agradecidos de poder al menos ejercer algunas libertades limitadas, aunque sea temporalmente, y aceptar la idea de que no hay nada de malo en un régimen totalitarista que actúa arbitrariamente ya su propia discreción?

La noción de obligación social ha sido propiedad de los colectivistas y socialistas de todas las tendencias durante demasiado tiempo. Siempre se ha equivocado porque buscó la igualdad – resultando en pobreza- y malinterpretando la verdadera interconexión del orden social de la libertad y los derechos individuales.

La gran contribución de Mises, una de muchas, fue cambiar el guión idealizado pero empobrecedor en la búsqueda de la igualdad del socialismo por la riqueza del orden extenso en libertad. Lo cambió mostrando en el espejo, al socialismo, su soberbia arrogancia y alzando la enriquecedora humildad de la cooperación entre individuos – ahora sí- iguales en libertad. Vivimos como una red descentralizada de personas libres, cooperando juntos por elección y para nuestro mutuo mejoramiento.

Nos debemos a nosotros mismos y a los demás luchar por el derecho a seguir haciéndolo, y rechazar todos y cada uno de los intentos de arrebatarnos ese derecho.

(FiN) El aforismo de Misses para estos tiempos terribles

FiN

El conservador en tiempos del coronavirus

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